Víctima por no trabajar con el Estado colombiano.


Mi nombre es Haider Henao Naranjo. Nací un día treinta de noviembre del año 1980. Mis padres son Plinio Henao Carmona y María Martha Naranjo Orozco, ambos de familias humildes, trabajadoras y muy católicos. Mi padre es oriundo de Florencia, Caldas y mi madre de Nariño, Antioquia. Somos siete hermanos: 4 mujeres y 3 hombres.


Mis primeros años los pasé en la finca donde nací que se llama Santa Rosa, del municipio de Florencia, Caldas, la cual era de mi papá. Vivíamos del café y el cacao, con eso escasamente comíamos, cuando no había cosecha mi papá jornaleaba. Nunca aguantamos hambre pues mi papá sembraba mucha comida y cuando no había carne, él se iba de casería, traía animales del monte. Con eso y un poco de sal y manteca nos alimentaban. Teníamos varios perros de casería, gallinas, cerdos y unas reces que un señor se las había dado a mi papá al aumento. Como también teníamos un trapiche donde sacábamos miel para el gasto y vender, una casa grande con corredor alrededor.


Desde que pude caminar siempre mantenía detrás de mi papá. Cuando uno es niño no le preocupa nada solo comer y jugar.


A los 5 años nos fuimos a vivir a Bogotá con mis otros tres hermanos disque para buscar un futuro mejor. Mis padres comenzaron a trabajar en lo que hubiera para traernos comida. Ya no estábamos en la finca, allá con lo que sembrábamos, en la ciudad si no hay plata no comemos. Nos entraron a estudiar pero nosotros éramos muy montañeros y tímidos, pasamos muchos trabajos para adaptarnos a la ciudad. Con dificultades sobrevivimos 4 años en esa ciudad. Mis padres al mirar que no conseguían nada nos devolvimos para la finca a volver a sembrar comida.


Para esos momentos ya éramos 6 hermanos, pero mis dos hermanos mayores se quedaron en Bogotá trabajando. Yo estaba en tercero de primaria, nos entraron a estudiar en una escuela que para llegar a ella nos demorábamos dos horas caminando. Cuando llegábamos de estudiar nos poníamos a hacer las tareas y el resto del tiempo para ayudarle a mi papá.


Recuerdo una vez que mi papá me llevó para el pueblo, ese día eran elecciones para presidencia de la república. Yo escuche decir a la gente que están dando 5 mil pesos para el que vote por un candidato en espacial. Le conté a mi papá con la intención que él se ganara esa plata para que me comprara unas botas, las que tenía ya estaban muy rotas pero no me hizo caso y me respondió que eso era pecado vender el voto.


Pasamos otros 3 años en la finca, ya teníamos otra hermana. Mi papá vendió la finca y nos fuimos para Fusagasugá. Ya no nos dio tan duro la ciudad pues con la plata de la finca mi papá y hermano mayor compraron diferentes tipos de mercancías y las revendían a crédito. Mi papá vendía en el pueblo y mi hermano en el campo.


Para ese entonces yo tenía doce años, no quise seguir estudiando y me puse a trabajar con un tío haciendo armarios. Comencé a ganar plata para por fin poder comprar ropa nueva, comencé a acompañar a mi hermano que andaba en moto. Fue cuando en esas veredas comenzamos a mirar la guerrilla, andaban de civil pero se les miraban las armas. Nos paraban y nos hacías encargos, pero a mí me daba miedo porque en las noticias decían cosas malas de la guerrilla, pero no era así como en los medios de comunicación nos metían ideas en la cabeza, poco a poco me fui dando cuenta que por lo que luchan era algo justo y necesario.


Pasaron dos años más, mi hermano mayor ya era miliciano.  Al pasar otro tiempo más yo ya era miliciano también. Ya tenía claro porqué luchábamos.


Pasó el tiempo y en el año 2011 me abordaron dos sujetos, se identificaron como miembros de inteligencia del ejército, que eran de un programa institucional del ministerio de defensa que tenía una orden de captura contra mí y también contra otros miembros de mi familia y amigos. Comenzaron a mostrarme fotos, videos del seguimiento que tenían contra mí pero comenzaron a decirme que tenía una salida, que trabajara con ellos y como a mí y el resto de gente no los capturaban.


En esos momentos me sentí sin salida porque lo que más me decían era que a mi mujer se la iban a llevar también, entonces que pensara en mis hijos.  


Sí claro tengo una salida, les dije listo, qué toca hacer. Se pusieron contentos y ya me hablaban con otro tono de voz, me llevaron a una cafetería disque para no dar visaje. Estando ahí comenzaron a mostrarme de nuevo las fotos de mis comandantes y unos videos. Entonces caí en cuenta de que el que más les interesaba era xxxxxxx. Entonces para que no me hicieran más preguntas les dije listo, yo se los entrego, pero ¿cuánto hay? Me respondieron mil doscientos millones y lo sacamos del país.


¿Qué me toca hacer? No por el momento siga haciendo lo mismo, que nosotros le vamos diciendo.
¿Cuándo tiene viaje para allá? Les dije que en esa semana, me dieron un celular, dijeron nosotros lo llamamos.
Pasaron dos días. Me llamaron. ¿Qué cuándo viaja? Mañana por la noche. Me respondieron que cuando llegara a Villavicencio les marcara al número que me estaban marcando.
Viajé, cuando llegué al terminal los llamé y al poco tiempo llegaron. Me dijeron que por ahora no le vamos a dar nada para que lleve. ¿Cuánto se demora? 8 días. Cuando salga nos llama y nos cuenta todo ¿listo?
Cuando llegué a La Julia, Meta, busqué contacto con xxxxxxx y les conté todo con peros y señales. Les dije ¿qué debo hacer? Se quedaron pensando. Me dijo, pues sigámosle el juego a ver que les sacamos.


Pasaron 8 días, los camaradas me dieron instrucciones qué debía decirles. Viajé y cuando llegué a Bogotá los llamé a los del ejército. Me dijeron que debía ir a la ciudad de Villavicencio, me pusieron una cita en el Éxito. Viajé, cuando ya estuve en el sitio me estaban esperando. ¿Qué tiene para nosotros? Les dije todo lo que me habían ordenado los camaradas, se miraron entre ellos y me dijeron que nos toca corroborar la información. En esos momentos fue cuando me amenazaron, me dijeron que si los traicionaba me mataban o me metían preso con el resto de mi familia y amigos.


Ahí fue cuando pensé que esos mane hablan en serio porque nosotros sabíamos que ya habían desaparecido gente, entonces me devolví para La Julia con mi mujer y hermano. Le dije a xxxxxxx que no quería seguir con ese juego, que me iban a matar, me respondió que sí es mejor que se quede.


Pero tan solo pude estar un año más en libertad. El ejército y unos de la DIJIN hicieron el operativo con la ayuda de un sapo, nos ubicaron y capturaron. Simultáneamente hicieron lo mismo en Bogotá con mis otros compañeros.


Pues no me mataron, pero hicieron un gran montaje judicialmente y acusaron a mi mujer y cuñada injustamente. Ellas no tenían nada que ver con la organización. Pero lo manes d la DIJIN me dijeron que eso era para presionarnos para que colaboráramos, pero nunca pensaron que iban a dejar unos niños sin papá ni mamá. Esa separación nos afectó mucho sicológicamente, pero nunca lograron lo que querían.


Nos trasladaron en helicóptero hasta La Macarena en el Meta. De ahí en un avión a Villavicencio. Cuando llegamos al aeropuerto llegó un comandante del ejército, me golpeó la espalda y me dijo: si mira por no trabajar con nosotros.


Los investigadores de la DIJIN y la Fiscalía montaron un gran montaje para poder involucrar a nuestras mujeres con la organización, tanto que en sus interceptaciones de audio salieron unas conversaciones íntimas violando el derecho a la intimidad.

Pero para mayor sorpresa cuando nos leyeron los delitos financiación del terrorismo, porte y tráfico de armas, concierto para delinquir agravado, unos delitos que eran para la delincuencia común, lo que tenían que hacer era el delito de rebelión. Pero eso lo hacían para seguir presionándonos y torturándonos sicológicamente. En esos momentos de la audiencia cada que hacíamos un receso los investigadores de la DIJIN y el fiscal a cada rato me decían colabore y les soltamos a sus mujeres, que lo hiciera por los hijos que iban a quedar solos. Como no lo hice, para la cárcel todos.


Como a los tres meses nos llevaron para el bunker de la Fiscalía disque para que hiciéramos un preacuerdo. Comenzaron de nuevo: usted tiene buena información, colabórenos y les soltamos a las mujeres y a ustedes les queda en solo rebelión. Les dije: yo les ayudo pero suéltennos a todos. Dijero: no usted vuelve y es mejor pájaro en mano que cien volando. Mis compañeros me miraban y preguntaban qué hacemos. Les dije no vamos a hacer nada, ya estamos en manos del gobierno, él no cumple y además cuando ya no tengamos información nos matan. No les de miedo que a nosotros quieran o no nos tienen que dejar esos delitos en rebelión y además si insisten tanto es porque no tienen nada, Sigan firmes y unidos, que con uno que se raje nos va mal a todos. Pero mi esposa y cunada seguían diciendo: pero nosotros no somos nada. Y verdad. Los siete que sí éramos conscientes de sí pertenecíamos a la organización, a como nos lean rebelión aceptamos, sino lo hacen nos tienen que soltar por mal imputación de cargos. Para terminar el fiscal dijo no firmen, ustedes son los que pierden. Y si nadie firma seguimos en el juicio.   


Pasaron casi dos años y la Fiscalía cambió 5 veces de fiscal y cuando ya estábamos en la preparatoria del juicio, el último fiscal me llamó y me dijo: señor Jaider no alarguemos más las cosas, acepte el mero tráfico y les dejo la pena en 12 años y a su mujer y cunada en complicidad y les quito los otros delito. Le dije señor fiscal, si usted quiere llegar a un acuerdo con nosotros nos tienen que dejar todo en rebelión y a las mujeres en complicidad y con domiciliaria. No lo pensó mucho y dijo listo para la audiencia el juez aceptó.


Al me siguiente estábamos de nuevo en la Fiscalía. El señor fiscal comenzó otra vez a torturarnos. A su mujer no le puedo dar la complicidad, usted no ha colaborado en nada. Así me tuvo dos días, lo que duró la negociación. Comenzó que para mi hermano y para mí 8 años y para el resto seis años y medio. Le dije señor fiscal no le firmo nada hasta que le deje en complicidad a las mujeres nuestras. A lo último dijo listo hermano, hágale 9 años a eso y les doy la complicidad a sus mujeres. Y no apeló para la domiciliaria para ellas, pues me arregló como quiso y le firmé.
Hasta esos momentos ya me habían torturado sicológicamente la DIJIN, la Fiscalía y el Ejército.


Pero ahí no se acabó todo. Desde que quedé en manos del IMPEC he venido sufriendo malos tratos como sicológicamente y maltratos físicamente por parte de GRI y el CORES. Por parte de GRI un día en una rascada (así llamamos a las requisas) un cabo me pegó una palmada en la cara apagándome un cigarrillo disque porque ellos no fumaban y les molestaba el humo. Inmediatamente mi respuesta fue devolverle un puño en la cara pero como siempre me agarraron entre varios y me tiraron al suelo presionándome con esos palos, casi me ahorcan. También en las requisas nos hacían desnudar delante de todos.


El CORES en los traslados para las audiencias nos empujaban y nos decían insultos. No dejaban que nuestras familias nos llevaran comida impidiendo el ingreso de los alimentos. Nos ponía a aguantar hambre todo el día. Como tampoco dejaban que nuestras compañeras hablaran con nosotros, impidiendo que nos pusiéramos actualizados de todo para nuestra defensa.


Lo más grave que hasta el momento han hecho con nosotros, es aislarnos de nuestras familias. Trasladándonos a mie hermano para Yopal, Casanare y a mí para La Tramacuda de Valledupar sin justificación alguna. Acá llevo un año sin visita familiar y conyugal pues mi familia no tiene recursos económicos para trasladarse hasta acá y para la conyugal nunca nos han dado respuestas a los diferentes derechos de petición que hemos mandado, pues para mi esposa venir necesita permiso del IMPEC ya que se encuentra en prisión domiciliaria en la ciudad de Fusagasugá, Cundinamarca, violando nuestros derechos fundamentales como el derecho a la familia y conyugal.


Para terminar, en esta cárcel donde me encuentro diariamente sufrimos por causa de que no tenemos agua en las celdas, hace demasiado calor y no dejan tener ventilador. Nos meten de a tres personas por celda estando estas acondicionadas para dos personas. Malos tratos por parte de la guardia, la comida es poquita y mal preparada. Acá no sirve nada, para resumir las cosas. Como pudieron darse cuenta soy una víctima por parte del Estado colombiano por no trabajar con ellos y por el hecho de ser pobre y reclamar mis derechos oponiéndome al Estado.