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Con la aprobación de la reforma al fuero militar, después de un fuerte debate sobre sus puntos más polémicos (que son prácticamente todos), la población quedó expuesta a las bestialidades que bajo su mampara legal, las fuerzas militares y todo el estamento castrense, llámese como se llame cada dependencia, quiera cometer contra la ciudadanía.

 

 

 

 

 

 

El señor Francisco Santos, vicepresidente de Colombia durante los 8 años de mandato del presidente narco paramilitar Álvaro Uribe Vélez, arrebatado ahora por el más extraño frenesí, ha resuelto empuñar con desparpajo cínico, la bandera de las víctimas del conflicto colombiano.

“Ni los dioses ni los diablos han condenado a Colombia a una pena de violencia perpetua, que tiene causas terrestres y no es una fatalidad del destino”.
Eduardo Galeano.

Da mucha alegría sentir la solidaridad, el compromiso y el respaldo de personalidades del mundo como el argentino Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz; el paraguayo Martin Almada, Premio Nobel Alternativo de la Paz; Paul Emile Dupret, asesor del Parlamento Europeo; el sociólogo estadunidense James Petras; Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y demás escritores, artistas, filósofos y periodistas, los cuales firmaron un manifiesto “por la solución política al conflicto colombiano”.

A Juan Camilo Restrepo no podríamos tildarlo de Pastorcito Mentiroso, porque sus palabras no encierran mentiras inocentes. Sus argumentos obedecen al desenvolvimiento de planes bien diseñados en el marco de la guerra de baja intensidad y de la guerra psicológica que adelanta el régimen contra la insurgencia colombiana.
Se le olvidó el índice Gini a Juan Camilo. Se le olvidaron las masacres del paramilitar Rodrigo Cadena, de la casta política tradicional y la Infantería de Marina.

 “Pueblo, por la restauración moral, ¡a la carga!
Pueblo, por la derrota de la oligarquía, ¡a la carga!
Pueblo, por nuestra victoria, ¡a la carga!”.
Jorge Eliécer Gaitán.

Con la llegada de los españoles se inició la conquista. La violencia era la técnica preferida  utilizada por los invasores para someter a los nativos de este continente. Se combinaba con la negación y la división de los de abajo, la perpetuación de la ignorancia, el engaño y la superstición. Se especializaban cada día más en el manejo de la espada y de la cruz para subyugar y aniquilar, para aterrorizar y someter. Tras la invasión,  los propósitos altruistas solamente se dieron en casos excepcionales de algunos sacerdotes desinteresados y gentes del viejo mundo que abrazaban el humanismo. Fue durante la letárgica y prolongada noche de más de tres siglos de dominación colonial, donde con mayor claridad resalta la aseveración.

 En una fecha muy especial como el día de las madres, canonizaron a la Santa Laura. Y hasta podemos compartir la  emoción y el júbilo  que  esta noticia produce en el mundo católico de nuestra Colombia. Que bien que se haya tenido en cuenta a una mujer que dedicó su vida al servicio de los más necesitados, que en nuestro país son la mayoría.  Sin embargo, en Colombia hay muchas “santas” que merecen este honor y que pueden ocupar un lugar en la historia  por los grandes aportes que hacen al anhelo de bienestar  y paz de la patria...

El presidente Juan Manuel Santos anunció con bombos y platillos la entrega formal de 91 viviendas en el municipio de Pradera, Valle del Cauca. Hacen parte de las 100 mil que construye el gobierno nacional y que entregará gratis a las familias más necesitadas.

¿Cuál es la causa para este derroche de publicidad con la entrega de sólo 91 casas? ¿100 mil casas realmente solucionarán el déficit de vivienda siquiera del municipio de Pradera? ¿Tiene algo que ver este anuncio con las declaraciones del presidente sobre que no va a entregar “ni un solo milímetro del territorio nacional” para adelantar los diálogos con las FARC-EP?

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