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“Nuestra lucha revolucionaria es justa e inaplazable,
y por lo tanto imposible de derrotar”.

Manuel Marulanda Vélez”.


Compañera Celia, con aprecio por sus convicciones, compartimos con usted las reflexiones de un poeta de las montañas: Allá, hermano, donde tremola la flama de Bolívar, resisten los invisibles, los insurgentes de Manuel, envueltos en el humo del olvido de la pólvora que difumina el viento.

Si la solidaridad acelera con sus alas el parte de victoria de los pueblos, ¿quién dio la orden de matarla?, ¿qué Torquemada la mandó al infierno, cuando es principio de revolución y libertad? Amamos la solidaridad del pueblo llano que da todo lo que tiene: su afecto, que es pertrecho y es fuego moral”.

Reciba, por favor, nuestra humilde y sincera declaración de reconocimiento desde lo más profundo de los corazones insurgentes, donde sin duda existe un altar de gratitud para usted y todos quienes, con sus palabras y sus hechos, nos han brindado camaradería y hermandad en todos los momentos y circunstancia. Nuestra gratitud es la de los colombianos oprimidos, que llenan de moral su pecho con cada aporte que como el suyo, están hechos con tanta generosidad para lanzarlos al campo de la batalla ideológica en defensa del sagrado derecho que tienen los pueblos a optar por la rebelión armada cuando se trata de buscar la emancipación frente a la tiranía de las oligarquías y el imperialismo, hasta las últimas consecuencia

Gracias Celia, a usted y a la amada Cuba guerrillera, a esa del machete de Titán de Bronce, a esa del fusil de Guevara, a esa del estoicismo de Camilo Cien Fuegos, a esa de la entrega incondicional de Celia Sánchez Manduley, a esa de Fidel Castro y los “aventureros” del Moncada, a esa de aquel Apóstol amado que murió de cara al sol…; gracias a los millones de hombres que saben y comulgan como tú en que ahora más que nunca se requieren dos y tres Vietnam y hacer de los Andes la Sierra Maestra del continente. Gracias a los hombres y mujeres que jamás renegarán de la ruta de Abelito Santa María por luctuosa y desafortunada que fuera la mala hora del Moncada.

Por toda esa siembra de amor en la que se han empeñado muchos buenos hermanos del continente, ayudando poderosamente a forjar el sueño de justicia y dignidad para los pobres de la tierra; por la fe y esperanza con decoro que mantienen en nuestra causa, siempre deseando un mejor destino para los sufridos, con el convencimiento de que “la lucha de clases incluye también la insurrección”, desde la humilde posición de militantes bolivarianos, nuestro tributo y homenaje a tanta solidaridad no puede tener menor expresión de gratitud que la de proseguir la senda trazada por el Comandante Manuel Marulanda Vélez, guerrillero de Nuestra América y del sueño inaplazable de socialismo y patria grande. Ante el ejemplo de su vida combativa, hemos jurado vencer y venceremos.

 

Montañas de Colombia, julio 15 de 2008.

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