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Ante el adiós de Madiba

Del sur de África percuten lamentos de tambores difundiendo la noticia. Coros de sentidas voces se elevan al viento cantando su dolor por la muerte del Padre. No existe rincón de la Tierra donde las almas no se encuentren estremecidas por la partida de Nelson Mandela al encuentro feliz con sus antepasados. Se fue su sonrisa, la misma que lucían los primeros humanos que partieron de ese mismo lugar a poblar el mundo hace miles de años. Queda su huella indeleble, su eterna presencia.

Formado en el rigor de las leyes, Mandela no vaciló para alzarse contra ellas cuando las sintió injustas. Su Lanza de la Nación, perseguida y acorralada por los racistas, recogía en su insurgencia los más elementales principios de humanidad pisoteados por el opresor de piel blanca. Su Congreso Nacional Africano representó la causa más justa enarbolada por la dignidad humana. La fuerza moral de su verdad juntó el mundo entero en torno a su lucha, hasta vencer. No haber claudicado jamás fue el sabio secreto de su triunfo.

Durante casi treinta años no se conoció de él más que la fotografía de un rostro tras las rejas. Ninguna de las grandes potencias decretó jamás un bloqueo económico contra el régimen del apartheid surafricano, como en cambio sí lo hicieron contra Cuba, la única nación del orbe que envió miles de voluntarios a enfrentarlo con sus armas en Angola y Namibia. Aquel abrazo intenso del Presidente Mandela con Fidel Castro celebró la real solidaridad internacional por la libertad. Y por el mundo sin injusticias que todos soñamos construir algún día.

¡Nicosisikelele Colombia!, ¡Salvemos a Colombia!, exclamó el Presidente Mandela refiriéndose a nuestro país e invitando al mundo a contribuir para la paz en nuestra tierra. Son muchas las cosas que faltan por componer en las patrias de Nelson Mandela y Manuel Marulanda. Como allá, aquí se requerirán de las fuerzas de la gran mayoría ignorada y despreciada por las élites. Sólo de ellas podrán emerger los alientos necesarios para desterrar para siempre la guerra y la violencia. Paz en la tumba de Madiba, y paz para todos los hombres y mujeres del planeta.

SECRETARIADO NACIONAL DE LAS FARC-EP

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