• 1

Todo estaba en calma, mucha calma; la quietud suspendida medio mecida por la brisa tenue del momento, parecía una situación un poco extraña al camarada, pues algo inusual, no se escucha ruido de aviones hacia ninguna parte. Durante dos días la pereza del tiempo parecía haberse apoderado de cada rincón de la montaña y de los cielos.
Marulanda, entre el ropaje de su serenidad dejaba ver un poco la inquietud que lo acompañaba. Esa mañana, en el parte del día había dicho sin titubeos: “hoy es un día muy sospechoso, no me convence esta quietud, es extraño, ¿estén listos para partir?...” Dos horas después, aparecieron 3 aviones K-fir, 12 helicópteros pasaron por encima de donde habíamos estado acampados y las aeronaves descargaron sus bombas en un lugar próximo, precisamente en el campamento del camarada Jorge Briceño.

Marulanda parecia tener el don de los presagios; pero no, era su experiencia y su intuición legendaria la que le hablaba desde el fondo de su conciencia para advertirnos con certeza y convencimiento: Ya estando en otro terreno, hacia la parte alta de los ríos Yamu y Perdido, sobre la trocha que conduce a El Pato, un día irrumpió en el patio de formación y sin mediar explicaciones llamó de urgencia a todos los mandos. Con pocas pero precisas palabras dijo, el tiempo de estar en esta región esta más que suficiente, no podemos seguir aqui, y que de complemento en esa área los últimos días transcurridos habían estado como mandados a hacer para que entrara la aviación. Tenemos que salir ya, nos dijo, con determinación, a los cuarenta minutos de estar alistando para la marcha aparecieron en el firmamento “4 súper Tucanes” 4 K-fir y “La Marrana”. Las bombas no se hicieron esperar, seguido de ametrallamientos, en ocho puntos, en direcciones diferentes se sentían las explosiones y los rafagazos, menos el lugar de nuestro campamento. El miraba con atención el panorama, con los estruendos cercanos, no dejaba de impartir orientaciones: lo más importante ahora es salirnos del área de los bombardeos dijo, al tiempo que indicaba la ruta con su mirada profunda.
Ese mismo día caminamos 10 kilómetros sin parar hasta que él considero que había que parar para descansar y evaluar la situación, así fue que salimos a un lugar donde el silencio volvió a ser el compañero de nuestro reposo, pero al día siguiente muy temprano, nuevamente el comandante Manuel ordenó reiniciar la marcha.
Ya habíamos caminado 30 kilómetros; una jornada bastante extenuante para cualquiera, entonces cuando no vimos, que había intención alguna de parar, entre unos cuantos de más confianza nos atrevimos a preguntarle, porqué caminábamos tanto?
No podemos dejar trillo de campamentos en estos recorridos, es mejor seguir de largo. A las 17:00 horas llegado al sitio que creíamos él había definido ya para descansar, los mandos le dijeron, camarada, mientras descansa nosotros buscamos donde amanecer, a lo que respondió, no señor, ni más faltaba. Espérenme y vamos a buscar sitio de dormida juntos.
Por otra época, en el año 95, en un lugar que habíamos bautizado Campamento de los Venados, sobre los extenso llanos del Yari, había un campamento muy hermoso por la exuberancia de su paisaje, vegetación, preciosa fauna múltiple y abundante, cantos de pájaros de todo tipo y en la mente, las historia misteriosas de los indígenas legendarios que reinaban en las profundidades de las cataratas de El capitán. Su lengua indescifrable esconden los mitos antiguos del alto Vaupés cerca. Son sin duda aquellos parajes, los paraísos terrenales de nuestra Colombia olvidada y marginada. Pero bien¡¡, en ese remoto y bello lugar del universo iba comenzar un curso político-militar con varios mandos del Bloque Oriental, aprovechando que el camarada Ivan Vargas había llegado de otro lugar de recibir instrucción de fuerzas especiales. La idea era poner al servicio de un nuevo grupo de mandos, esa nueva experiencia que traía.
Mientras ocurrían los ajetreos del día, preparando una cosa y otra para adecuar el sitio una babilla o cachirre, pequeño caimán de agua dulce, apareció de repente y se comió una de las gallina que el camarada Manuel cargaba para que pusiera huevos. A todos nos cogió por sorpresa, el ave termino completa en las fauces del reptil. Un poco con pena y con molestia, a una voz dijimos los que estábamos presentes: ¡matémosla, matémosla, que se comió la gallina del camarada! El, que estaba cerca, alcanzó a escuchar la algarabía y la carrera para ir atrás de la babilla, de inmediato y en todo fuerte dijo: “no señor” nosotros somos los que tenemos la culpa por invadirle su territorio, cojan todas esas gallinas y háganles corral, pero el animalito lo dejan quieto!, hasta ahí llegó la cacería.
En otra ocasión, en el 2007, un 13 de mayo de sol muy opaco, como de ambiente húmedo y medio frio, las riveras del rio Papamene estaban arropadas por una nuve ligera pero extensa, un poco adormitada sobre el follaje como con ganas de caer sobre los árboles, estábamos en tiempos de lluvia, algo que no deja de ser favorable para los guerrilleros, de especial tenía el día del cumpleaños del camarada Manuel, anunque él poca atención le prestaba a esos detalles, pues siempre pensaba que si se le festejaba a uno había que festejarles a todos, y entonces tendríamos que estarnos la vida entera de festejo en festejo. Sin embargo los muchachos no dejaban de hacerle pequeñas y muy modestas celebraciones.
Ese día, como de costumbre, nos reunió para darnos indicaciones, el parte cotidiano, y aunque hubo una brevísima celebración él se centró en darnos orientaciones sobre la situación política del país, y luego habló sobre los nuevos acontecimientos del Plan Patriota, de sus descomunales dimensiones, de la saña con que se desplegaba, que era como si el gobierno colombiano estuviera combatiendo contra una nación enemiga; los aviones superaban todos los días el ruido del rio, bajando carga a la Macarena, 120 toneladas diarias con avituallamientos para la sierra que luego se distribuían rápidamente a las patrullas que estaban insertadas a lo largo y ancho de los cinco municipios que antiguamente habían servido para dialogar por la paz del país. El camarada al finalizar, lanzó con su voz a media asta un mensaje que nos llenó de nostalgia: ¡¡Ya llegó mi etapa final¡¡, nos dijo serenamente, agregando que ninguno de su entorno familiar había superado la edad de los 80 años, y que él ya estaba completando ese tiempo; entonces no puedo ser la excepción precisó, pidió que nos preparáramos para el acontecimiento de su partida.
Todos quedamos más que tristes, preocupados, lo uno y lo otro al mismo tiempo... pero él, con su paciencia, firmeza y ternura de siempre, nos fue metiendo de nuevo en las actividades cotidianas, en las exploraciones, transporte de alimentos, avanzadas...; encaletadas de economía, víveres, todo tipo de provisiones para tener de reserva porque probablemente el enemigo no nos daba mucha tregua y había que continuar la resistencia. Eso nos había enseñado durante toda su vida y ese es el ejemplo que nos acompaña ahora, porque sin percatarnos, poco a poco, él había también guardado muchas cosas buenas en nuestras mentes...

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Videos