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Del archivo general de correspondencia de las FARC-EP, extractamos, en consideración al sexto aniversario de su muerte, la carta que el Comandante Manuel Marulanda Vélez dirige, a fines del año 1972, a los delegados al Pleno de Estado Mayor Central de las FARC, desde algún lugar de la cordillera central en el departamento del Valle.

Gran parte de la agenda que trazaron las comunidades rurales, por la que están dispuestas a un nuevo paro nacional agrario y popular, es la misma que el gobierno se niega a discutir en los diálogos de paz en la Habana, y que enarbola un alto significado patriótico y democrático. Para el gobierno una reforma estructural agraria no debe contemplar el reordenamiento territorial, la liquidación del latifundio improductivo, la democratización institucional que permita a las comunidades intervenir en la política agraria y se niega a suprimir los TLCs, la extranjerización de la propiedad de la tierra, las depredadoras concesiones de los territorios a las multinacionales mineroenergéticas y la militarización de la vida rural, entre otras medidas necesarias.

Lo que más impresiona de este hombre de obras tan grandes es su sencillez, su fuerza de carácter, su dulzura y su determinación, sus conocimientos teórico-políticos y un corazón enorme, que le permite crear una empatía positiva en quien lo escucha y se queda encantado para aprender de él. Jesús perdió la visión por culpa de una enfermedad crónica, pero como recuerda él, “basta la luz del alma para ver en las tinieblas”.

A propósito  del cuarto punto del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, y en él, “la solución al problema de las drogas ilícitas”,  que se está desgranando poco a poco en la mesa de conversaciones en la Habana, vale la pena  repasar el reciente pasado sobre lo poco o lo mucho,  hecho por las FARC EP a lo largo de su historia, alrededor de la escogencia hecha por los campesinos colombianos, en algún momento, para sobrevivir: cultivando coca (principalmente), marihuana y amapola.

Quizás sí sea necesario hacer una pausa en las conversaciones; abrir un compás de espera, que permita que el país nacional digiera la gravedad de lo que está pasando y dé tiempo al Presidente Santos para esclarecer los hechos, determinando también el grado de culpabilidad de la CIA en los mismos.