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La creciente relevancia que adquiere la Mesa de Conversaciones de La Habana ante la opinión pública mundial, obliga a reflexionar sobre procesos inherentes a la historia reciente de nuestro país que en coyunturas anteriores han sido usualmente postergados o silenciados y han demorado la llegada de la tan anhelada Paz.
La mayoría de los medios noticiosos, en particular los pertenecientes a los poderosos monopolios mediáticos, celebran la proximidad de la firma de un acuerdo final en La Habana. El Presidente Juan Manuel Santos declara haber emprendido una campaña decidida por la paz, centrada en lo fundamental, en la abierta difusión de su optimismo en torno a un acuerdo de paz definitivo. Parece estar en marcha una ola irresponsable de sensacionalismo en torno al tema.
Natalia Springer, columnista del diario El Tiempo, en su nota “Cómo acabar el proceso de paz”, se ha referido a este desde una óptica difícil que no permite ver la luz de la reconciliación que muchos colombianos percibenen el horizonte como esperanza que no se puede dejar escapar
 
La paz, como cima de todos los derechos y como anhelo creciente de las mayorías nacionales, no se puede enredar con los sentimientos de la mitad de los ciudadanos que votan en un país donde casi siempre triunfa la abstención; una abstenciónque atrae y congrega como bola de nieve el descreimiento y desencanto de mucha gente frente a sus gobernantes.
Creo que conviene a estas alturas abordar el tema de la guerra en cuanto enfrentamiento armado entre dos partes contendientes. Pese a que en la Mesa de La Habana se alcanzan avances significativos, en todo el territorio nacional continúan los combates con saldo trágico en vidas, lesiones y graves afectaciones a la población civil no combatiente. De uno y otro extremo se levantan voces que con razón expresan su desconcierto ante esta cruda realidad. ¿No deberían el gobierno nacional y las guerrillas proceder de una vez por todas a un cese el fuego bilateral?
Su contenido se ha vuelto un lugar común, frases machacadas para que cualquiera las pueda entender pero que dicen en realidad muy poco. Su versión de la realidad nacional podría sintetizarse en frases tan breves como país modelo en desarrollo económico y social, con los mejores índices en todo sentido, en crecimiento, en empleo, en reducción de la pobreza y la miseria, en la carrera contra la desigualdad, en escolaridad y lo que usted quiera agregar.

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