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El Presidente emplea de mil modos la bandera de la solución civilizada al conflicto armado. Manifiesta su devoción por figurar en la historia como el hombre que consiguió la paz. Riñe incluso con los declarados defensores de la solución militar. Pacta con la insurgencia una Agenda sobre la cual realizar conversaciones definitivas. Se ufana de los avances alcanzados y habla de perseverar. Hasta promociona en el exterior el post conflicto.

La semana que termina, de paso por Madrid, el Presidente Santos sacó provecho del destacado papel de James Rodríguez y Carlos Bacca, que juegan respectivamente en el Real Madrid y el Sevilla de España, hablando de ellos como la expresión de una Colombia alegre, próspera y con fe en su futuro. Los colombianos hoy entran a las elites de la excelencia como proyección de un país moderno que pisa fuerte en los escenarios globales, afirmó categóricamente.
La creciente relevancia que adquiere la Mesa de Conversaciones de La Habana ante la opinión pública mundial, obliga a reflexionar sobre procesos inherentes a la historia reciente de nuestro país que en coyunturas anteriores han sido usualmente postergados o silenciados y han demorado la llegada de la tan anhelada Paz.
Los que de una u otra manera hemos resistido y combatido la ferocidad del régimen oprobioso que caracteriza el Estado colombiano, no esperamos de este la más mínima muestra de sensatez u objetividad en cuanto los hechos que ocurren en medio de la confrontación social, política económica y armada en la que está sumida el pueblo colombiano.
La mayoría de los medios noticiosos, en particular los pertenecientes a los poderosos monopolios mediáticos, celebran la proximidad de la firma de un acuerdo final en La Habana. El Presidente Juan Manuel Santos declara haber emprendido una campaña decidida por la paz, centrada en lo fundamental, en la abierta difusión de su optimismo en torno a un acuerdo de paz definitivo. Parece estar en marcha una ola irresponsable de sensacionalismo en torno al tema.