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La Cuarta Brigada del ejército de la oligarquía colombiana es toda una máquina de terror. Está cumpliendo un siglo en sus tareas anti-pueblo y en la lucha anticomunista ha dejado ver todo el macabro potencial de la doctrina de seguridad nacional. Ha servido de centro de detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones. En sus instalaciones se han diseñado planes de exterminio popular y de creación de grupos paramilitares. De ahí mismo han salido comandos para la realización de masacres especialmente en Medellín, la ciudad que le sirve de sede.

Todavía es 7 y ya se percibe mucho ajetreo por todo el campamento; los guerrilleros han comenzado los preparativos para la comida del día siguiente. El horno está prendido desde hace varias horas: ya salieron unas tortas y están casi listos los panes que el hornero ha preparado con tanto esmero. Durante la noche, el horno estará ocupado por un cerdo con sus respectivos aliños; los guardias tendrán la responsabilidad de estar al pendiente de que no se queme y de mantener el fuego vivo.



El colapso del socialismo real y sus fatídicas consecuencias, para el avance revolucionario de los pueblos que buscan incansablemente sacudirse de las lacras del capitalismo, ha tenido un lado positivo, como lo sostiene Renan Vega, en su libro Marx y el siglo XXI: “Por otra parte, como todo hecho histórico tiene dos caras, la disolución de la URSS ha tenido una consecuencia positiva: ha roto las cadenas que impedían pensar un sistema socialista diferente al que supuestamente allí existía y ha liberado la reflexión para imaginar nuevas formas de socialismo”.

¡Un intento diletante de restaurar a los restauradores!

El mundo de la igualdad, libertad, justicia y fraternidad solo puede florecer en el reino de la abundancia material. Por lo mismo ese reino no podrá florecer de la voluntad de ningún individuo, grupo, país o clase. Solo será el resultado inevitable e inalterable del propio desarrollo de la ciencia y de la técnica –de la “gran industria” en términos marxistas- aplicadas a la producción de bienes “(…) la gran industria y la posibilidad, condicionada por esta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias (…) este avance de la industria brindara a la sociedad cantidad suficiente de productos para satisfacer las necesidades de todos”[1]
La Editorial Monte Ávila de propiedad del Estado venezolano ha publicado una gavilla contra Lenin. Siendo generoso, no hay forma distinta para calificar el texto “A 100 años del ¿Qué hacer? Leninismo, crítica marxista y la cuestión de la revolución hoy (2006). Y seguramente no habría que comentar las infamias contra a éste revolucionario, sino vinieran de uno de los centros de producción intelectual del proceso bolivariano. Y es una oportunidad también para sostener que al mencionado proceso le hace falta, mucha falta, el legado de Lenin y, por ello, es sin duda un gran error, cuando menos, que su capacidad editorial se desperdicie en este tipo de publicaciones.