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Este mes de mayo, al cumplirse 13 años de los hechos dolorosos de Bojayá, estamos en la distancia del tiempo, pero en la cercanía del corazón de un mismo pueblo, nuevamente expresando nuestro sentimiento de dolor por aquellos hechos que nunca debieron ocurrir, tejiendo la memoria por lo acontecido, recordando además lo que en diciembre del año pasado, 2014, les manifestamos acá en La Habana ante testigos nacionales e internacionales a las víctimas de esa tragedia, así como a sus comunidades y organizaciones acompañantes, entre ellos a la Iglesia y a otras instituciones.

Era un día cualquiera de enero 2005 sobre las riberas del rio Guayabero, a la altura de Repartos, a unos 2 mil metros sobre el nivel del mar, ahí las playas son tan hermosas que parecen como salidas de un cuento mágico. Creo que nadie resistiría la tentación de pasear sólo para deleitarse en un lugar así, mirando la naturaleza, tomando el aire fresco, escuchando las aves del monte, el baiben de los arboles y sus ramas que se mueven con la brisa suave..., que buscan los claros por donde se filtra el sol para hacer sentir la fuerza de sus rayos. Porque, sí ya propiamente en las orillas arenosas de aquella corriente de agua, abundante, pura y fresca, el sol es ardiente.

Pudiera hacer el recuento de las acciones heroicas de Gilberto, de su intrepidez, de su ser guerrillero, de su Don de Mando, de sus capacidades para cumplir planes militares, de su entender político, de sus condiciones de líder popular, de su fidelidad a las Farc y a su pueblo.

A ella, se le hace un homenaje, en su quinto aniversario de muerte, porque Mariana está viva, y se evidencia cuando nuevamente hay diálogos de paz, esta vez en La Habana, donde hay una subcomisión de género, que es uno de sus legados. Mariana fue otra vocera de la paz.

Pasado un año de las opiniones que vertí, sobre uno de los jefes guerrilleros más sobresalientes de nuestra América, admirador del CHE y convencido como el Guerrillero Heroico  que en una revolución se triunfa o se muere si es verdadera; hoy rebuscando en los recuerdos, me impongo la tarea de continuar describiendo sobre todo lo humano que era MONO, para él como para Carlos Marx nada de lo humano le era indiferente.