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Desde luego, la ausencia de democracia niega la posibilidad de ejercer una oposición real. La oligarquía solo acepta como “oposición” los matices que en su seno se presentan transitoriamente, pero por ser matices de una concepción común a toda la clase gobernante y sus intereses de Estado, carecen de la condición de verdadera oposición: no pueden ser los uribistas oposición real al gobierno Santos, simplemente porque este último representa la continuidad de una política económica desarrollada en los sucesivos gobiernos como política de Estado. La oligarquía y su estado no admite nada cercano a una oposición real y vehemente, nótese la persecución a Petro y las talanqueras puestas a éste para que no pueda desarrollar su gobierno en Bogotá.

Durante el proceso del Cagúan, las FARC-EP se disponen plenamente al dialogo y la posibilidad real de construir los acuerdos necesarios para poner fin a la guerra y avanzar en la democratización del país. En aquella ocasión, la gran prensa hegemónica realiza todo un show mediático condenando la ausencia del comandante Manuel Marulanda en la mesa de diálogo. La imagen que fue presentada al país, fue la del presidente Andrés Pastrana cabizbajo y solitario en una mesa que tenía la bandera colombiana como telón de fondo. Lo que no fue dicho al pueblo a través de la gran prensa, es que la ausencia del comandante Manuel en aquel encuentro se debía al descubrimiento de un plan de la derecha reaccionaria para atentar contra la vida del comandante. Como no lo habían podido asesinar en los más de 50 años de persecución que adelantaban en su contra, pretendían aprovechar la oportunidad de tenerlo cerca para aniquilarlo.

A los acuerdos sobre desarrollo agrario y democracia y la convocatoria a la constituyente con amplia participación popular les salió competencia. Ni la oligarquía ni los organismos multilaterales al servicio del imperialismo le perdonan a las FARC que proponga políticas acertadas para sacar a Colombia de la miseria y mucho menos cuando esas ideas están en sintonía con las miles de propuestas enviadas por las organizaciones populares a la mesa de diálogos. Ese protagonismo no lo aceptan, no lo toleran, no lo reconocen. Con lo cual ratifican no solo su miedo al pueblo, también su odio.

Desde la sensatez que invocamos es que planteamos la urgencia de buscar alternativas al presente de muerte que nos agobia; nuestro clamor se fundamenta en la necesidad de emprender nuevos caminos que conduzcan a la mayor suma de felicidad posible para nuestro pueblo, retomando el principio bolivariano de imponer los intereses de las mayorías sobre el de las minorías: no puede ser la guerra civil el destino de la Patria, tampoco puede ser la miseria eterna y la falta absoluta de oportunidades el destino del pueblo, como si morirnos de hambre, excluidos de derechos como la salud o la educación, fuera el único futuro posible para los pobres.

En éste documento haremos un breve y esquemático repaso de la política anti-drogas, en especial de la cacareada y derrotada Política de Seguridad Democrática. Cabe anotar que en los presupuestos anuales no se desglosan las partidas contra el narcotráfico. Todo es seguridad y defensa del Estado y de las multinacionales. Mostraremos con las cifras oficiales, que los resultados son pírricos, con los cuales se podría concluir: la política antidrogas es un fracaso. Pero el verdadero fracaso es no haber derrotado a las FARC y al ELN, propósito central de la política. Retomando las palabras del camarada Timoshenko, había que crear un enemigo que justificara el enorme aparataje bélico y las políticas injerencistas.

Como suele ocurrir con los grandes hombres, la dimensión del camarada Alfonso crecerá con los años haciéndose inolvidable su imagen, pero sobre todo por su legado y aporte a nuestro desarrollo y crecimiento como organización y como individuos; es recurrente que entre charlas amenas, jornadas de estudio, debates político-académicos, reuniones del célula, asambleas guerrilleras, instancias de planificación militar, desde un núcleo de MB en cualquier vereda hasta el secretariado, nos remitamos a las palabras del Comandante Cano para encontrar el camino más expedito y aclarar dudas, por ser él un constructor aventajado de la línea política y de la teoría revolucionaria de las FARC-EP y de la lucha popular en Colombia. 

El acto fue, ante todo, muestra del sentimiento que despierta en la guerrillerada y en los pobres de Colombia y la Patria Grande, la figura del Comandante Cano, su inmarcesible legado y obra constructora, su desprendimiento y sacrificio. Este sentimiento que despierta Alfonso, que se desbordó este cuatro de noviembre como el río que nos da de beber y comer, se une a los sentimientos inspiradores de los demás héroes caídos, sentimientos que se expresan a través de la cultura que germina en los campamentos guerrilleros y que aflorará en la sociedad cuando no haya explotación, cuando la solidaridad se impregne en la piel y el ser humano y su sentir sea el centro neurálgico del nuevo sistema.

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