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Si la Inversión Extranjera en Colombia sumó cerca de 16 mil millones de dólares en 2012, y esto es indicador de éxito entre gobernantes y analistas, ¿qué se puede decir de la importancia que tienen los 10 mil millones de dólares que se lavaron ese año? Todo indica que ni el Estado ni la oligarquía tienen entre sus objetivos acabar con el narcotráfico. Es un negocio demasiado rentable tanto en términos económicos como en la política de seguridad contra sus enemigos.

Desde la década de 1980 se ha acentuado la estrategia de estigmatizar a la guerrilla colombiana, particularmente a las FARC-EP, como un pretendido cartel de las drogas disfrazados de ejército revolucionario. Para esta labor las clases dominantes han tendido un entramado mediático y jurídico de enorme magnitud que implicó que en buena parte de Colombia y de la comunidad internacional se considere a la insurgencia como un cartel más, ilegítimo políticamente y ajeno a la lucha revolucionaria que le había dado origen.
Dicha versión oficial se cae por su propio peso si se investiga a profundidad la industria de la producción y tráfico de drogas ilícitas, una industria capitalista que, a pesar de su ilegalidad, se imbrica directamente con las democracias burguesas y con el orden imperialista internacional.

A pesar de las limitaciones para la investigación social y de la persecución contra el pensamiento crítico, los investigadores sociales en Colombia han hecho el diagnóstico y han planteado sus recomendaciones frente a un problema histórico como es la violencia, y por su parte el Estado a través de sus gobiernos de turno, se ha incomodado y desoído tales conclusiones y recomendaciones. La ciencia advierte e incomoda y el Estado anula y calla. Es la práctica común en la historia de Colombia.

El Paro Nacional Agrario y Popular aumentó las preocupaciones de las Fuerzas Militares en materia de legitimidad. Saben que los resultados positivos en las encuestas de favorabilidad, hacen parte o pueden ser producto del marketing, pero no sirven para dar cuenta de la aceptación en el corazón del Pueblo. Ellos conocen del elemento moral en la estrategia y el Paro demostró que las razones del alzamiento en armas y la desobediencia del Pueblo ante la autoridad ilegítima, son más que evidentes y justas. En las FFMM se tiene el reduccionismo según el cual se es legítimo, en tanto se respete la ley.

Basta tomar cualquier periódico, escuchar una emisora o encender un televisor para percibir todas las mentiras preparadas en los centros del poder, confiados, de que el pueblo colombiano les cree.
Por fortuna, la realidad nos viene dando muestras en sentido contrario. El auge de la protesta popular indica que los sectores populares tienen sus propias fuentes de información, medios alternativos legales y clandestinos. Entre estos la Cadena Radial Bolivariana, Voz de la resistencia (CRB-VR) y las páginas www.resistencia-Colombia.org, www.pazfarc-ep.org entre otras que muestran la realidad del país.

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