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Han transcurrido cincuenta años de lucha gloriosa que han arrojado grandes victorias contra un enemigo militarmente muy poderoso que destina a la guerra alrededor del 15% del presupuesto nacional; que ocupa el tercer lugar en el planeta en recibir financiamiento, apoyo militar y tecnológico de los EE.UU. Con una gran experiencia en el uso de la barbarie, adquirida durante dos siglos fomentando decenas de guerras civiles lideradas por las cúpulas liberales y conservadores en la puja por repartirse el territorio nacional y sus riquezas.

Como FARC-EP, pese a que sabíamos que tendríamos que nadar contra corriente, no sólo mantuvimos en firme las banderas revolucionarias, sino que reivindicamos el derecho de los pueblos a la rebelión armada. El pueblo consciente, organizado y en armas, sería la única alternativa de sobrevivencia en un contexto como el colombiano, que bien podría ser comparado con el de muchos pueblos hermanos.

Por el contrario, como movimiento político revolucionario, en el Partido Comunista Clandestino Colombiano acudimos a la inspiración marxista como una fuente en la que encontramos los elementos necesarios no sólo para entrar en la batalla de las ideas y en la confrontación militar, sino también para demostrar con exactitud las principales configuraciones presentes en la sociedad capitalista y su posible superación con un horizonte hacia el socialismo.

La situación política y social desde el Frente Nacional parece no cambiar, pues las estrategias de la clase política utilizadas históricamente para mantenerse en el poder siguen siendo las mismas, sin importar el gobierno de turno o el contexto político internacional. Ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, masacres, detenciones masivas y arbitrarias, e incluso el exterminio a partidos y/o movimientos políticos siguen siendo mecanismos eficaces y eficientes para el establecimiento y en consecuencia el mantenimiento de las relaciones de dominación y de exclusión. 

El aporte de Gabo fue a la humanidad, porque fue un colombiano universal. Su aporte son sus letras, sus obras traducidas a múltiples idiomas, legado para toda la raza humana. Abrió las mentes de millones, pero además creó la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y la Escuela Internacional de Cine y TV, donde se han formado profesionales de más de cincuenta países; creó la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, donó un premio que ganó para destinarlo a la fundación de un organismo defensor de derechos humanos y prisioneros políticos, donó la biblioteca que le sirvió para escribir el General En Su Laberinto, pero al parecer estas y otras muestras de desprendimiento no son dignas de mencionar para la ilustrada columnista.