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QUE PIENLO SA LA MILITANCIA SOBRE LOS DIÁLOGOS

Por: Samuel Pardo, Integrante del Partido Comunista Clandestino Colombiano

Muchas versiones falsas y tergiversadas se han presentado desde los medios de comunicación acerca de lo que piensa el combatiente fariano, el guerrillero de base, el militante comunista clandestino acerca de las conversaciones que se desarrollan actualmente en La Habana. La re-producción de este tipo de falsas suposiciones es una arista más de la guerra psicológica y propagandística realizada por el Estado, a través de sus fuerzas militares que dictan la línea editorial a los grandes medios de propaganda.


No ha escatimado fuerzas la oligarquía para convertir un espacio de diálogo, paz y conversación como lo es el escenario de La Habana, en un elemento más de su guerra contrainsurgente, buscando poner los elementos de la mesa a favor de la desmoralización de la militancia revolucionaria.


Muchos y continuos han sido los intentos por posicionar versiones creadas desde las oficinas donde se dirigen los teatros de operaciones. Solo por mencionar algunos: primero, intentaron posicionar la matriz mediática según la cual la insurgencia se sienta a dialogar porque está derrotada y no tiene otro camino sino la desmovilización. Muy difícil les quedó la tarea, gracias a que la insurgencia luego de medio siglo de resistencia se muestra más viva y vigente que nunca, avanzando en lo político y golpeando en lo militar. Luego, lanzan una campaña donde afirman que en La Habana están los jefes, bailando son y tomando ron, engordando, y dedicados a los menesteres del turismo mientras en Colombia están los guerrilleros rasos sacrificándose en una guerra sin sentido. Por otro lado y con el falso deseo de presentar a una organización completamente dividida, comienzan a lanzar la mediocre teoría de la línea militar y la línea política, para mostrar una insurgencia donde hay mandos de línea militar que se oponen férreamente a las conversaciones y no permitirán que prosperen, y otros mandos cansados de la guerra y dispuestos a negociar su desmovilización, por unas cuantas prebendas o cupos en cargos electorales.


En el terreno de la práctica todas estas falacias han sido dignamente derrotadas por las FARC-EP. Sin embargo, desde la humildad y grandeza de la militancia comunista de base, clandestina por las condiciones que nos han impuesto, quiero compartirles lo que piensa la militancia sobre el escenario de las conversaciones en La Habana. Digo la militancia, ya que es una visión colectiva comprobada y reiterada en diálogos que he tenido la oportunidad de sostener, siempre que la compartimentación y las medidas de seguridad lo han permitido, con otros militantes del Partido Comunista Clandestino Colombiano.


Los militantes comunistas antes que ver una insurgencia derrotada, sentada porque no tiene otro camino, vemos a un Estado que se vió impelido a dialogar porque le quedó grande derrotarla militarmente.  Contrario a lo que quieren demostrar, fue el Estado el que se vió obligado a sentarse en la mesa de diálogo. Para la insurgencia el diálogo, la solución política del conflicto, siempre ha estado dentro de su visión estratégica.


Las FARC-EP salió victoriosa de la más agresiva ofensiva militar desarrollada contra movimiento revolucionario alguno en el hemisferio. Por lo tanto, llega dignamente a La Habana, vencedora y con la frente en alto, de la mano de las grandes mayorías nacionales que anhelan la paz con justicia social en Colombia, a poner sobre la mesa las propuestas de los sectores populares de los cuales hace parte íntegra.


Vemos a una Delegación de Paz digna representante de todos y cada uno de los combatientes farianos. Disciplinada, estudiosa, preparada, entregada por completo al cumplimiento de la misión, abnegada, la Delegación de Paz de las FARC-EP representa y encarna la forma de actuar de la organización, la del trabajo comunista y desinteresado, la de la dirección colectiva y la solidaridad revolucionaria. Por mucho que se esfuercen los grandes medios de comunicación en demostrar lo contrario, tenemos que decir que la Delegación de Paz de las FARC-EP cuenta con el apoyo, respaldo y confianza de todos y cada uno de los combatientes de las FARC-EP.


Contrario a lo que dicen, cuando vemos a nuestros camaradas sentados allá en La Habana con el enemigo, sentimos que somos nosotros mismos los que estamos sentados frente a frente, en igualdad de condiciones, con un enemigo mil veces más poderoso desde el punto de vista militar y tecnológico, pero también mil veces inferior en moral de combate y disciplina. Por eso valoramos enormemente la titánica labor desarrollada por nuestra Delegación, y sabemos de su compromiso y capacidades.


Por otro lado, el escenario de diálogo de La Habana ha sido el espacio propicio para derrotar en la práctica, la tesis de una guerrilla dividida, sin unidad de mando, indiciplinada y con líneas opuestas en su interior. Los ceses unilaterales que se han dado gracias a la voluntad de Paz de la insurgencia, han demostrado efectivamente la subordinación de las estructuras a los organismos de dirección, el cumplimiento disciplinado de las orientaciones y la férrea unidad de mando y acción que existe en nuestra organización.  En fin, ha sido el apoyo irrestricto de todas las estructuras farianas a este emprendimiento de paz, la muestra fehaciente e irrebatible de nuestra unidad política y cohesión interna, baluarte y patrimonio de la lucha popular y revolucionaria en Colombia. Cabe resaltar que es precisamente nuestra férrea unidad como movimiento revolucionario, lo que nos ha permitido llegar completamente victoriosos a este 50 aniversario.


Por otro lado, con el espacio de diálogo que se abre en La Habana gracias al clamor del pueblo colombiano, ha sido derrotado y se cae por su propio peso el discurso imperial de la “organización terrorista”. Un diálogo de Paz donde aparecen cuatro países directamente involucrados: el gobierno de la República de Cuba y de la República de Noruega en calidad de garantes, y el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de la República de Chile como facilitadores; donde otros múltiples países han ofrecido su apoyo directo o indirecto para el buen desenvolvimiento de la mesa; un escenario donde ha sido el CICR el responsable de garantizar el éxito de los traslados, extracciones y movimientos de los delegados de las FARC-EP; un espacio de diálogo que cuenta con mecanismos claros y expresos de participación de los movimientos sociales, organizaciones políticas, instituciones civiles y académicas; que cuenta con el apoyo mundial de líderes y personalidades además de la gran mayoría del pueblo colombiano; mal podría llamarse un espacio con estas características, como “diálogo con una organización terrorista”.


Muy por el contrario, un escenario de este tipo solo es posible con una organización política completamente vigente, beligerante, de influencia nacional e internacional, con unos objetivos políticos claramente trazados y un plan para alcanzarlos; con una inmensa disciplina, una alta moral, y una cohesión interna indestructible; con apoyo de grandes sectores de la población colombiana; y sobre todo, con una organización que no ha podido ser derrotada pese a los miles de millones de dólares invertidos, y que no va a poder ser derrotada nunca mientras las causas que generaron su surgimiento sigan existiendo.


Por eso, cuando la militancia mira hacia La Habana, su elevada moral de combate crece aún más, porque avizora en el horizonte la construcción de una Nueva Colombia, en Paz y con Justicia Social. Y además porque ve en ese espacio un escenario de lucha y aprendizaje para el movimiento revolucionario mundial en general, y para los sectores populares colombianos en particular. Un espacio y momento histórico, el escenario de La Habana es la muestra palpable de que la oligarquía ha perdido la batalla. Definitivamente no fue capaz de derrotar el movimiento revolucionario por la vía militar. No le quedó de otra que sentarse a dialogar.


Samuel Pardo

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