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Al pueblo que día a día lo entrega todo en su trabajo para sólo conseguir lo básico para vivir, a los ocho millones de habitantes del campo que viven en la miseria total y a más de la mitad de colombianos que viven en la pobreza extrema, más que un saludo es recordarles que nuestro compromiso es de total entrega y abnegación en sus luchas por conquistar  condiciones dignas de vida; nuestro amor por el pueblo del que somos parte, es el que nos inspira día a día en esta difícil lucha contra los enemigos de la patria.

En un país donde la exclusión es el pan de cada día, donde el hambre es el silencioso y mayor asesino de compatriotas, donde el gasto militar es exorbitante y las fuerzas armadas, agentes principales de la represión y del terrorismo de Estado, tienen un presupuesto 16 veces mayor al de todos los institutos del sector agropecuario, puesto que en las políticas del gobierno de la Prosperidad Democrática la prioridad no es sembrar alimentos sino sus bombas de terror y desolación, es innegable reconocer que vivimos un conflicto social, armado y político. Llevamos más de 50 años  donde el pueblo pone los muertos y el imperialismo norteamericano pone las armas, donde la miserable y arrodillada oligarquía colombiana se consume las energías del pueblo llenándose sus bolsillos.

Mientras la oligarquía inunda los medios de comunicación con cánticos de victoria, el Pueblo Colombiano así como nuestra organización anhela una paz, pero no la paz de los sepulcros, no la pax romana que el imperio está imponiendo en todo el mundo; el día de hoy le queremos decir al imperio y a la oligarquía que no queremos su paz, no queremos su democracia de papel, tampoco nos interesa la paz de las fosas de los paramilitares ni la paz que nos condena a morir de hambre, miseria y desesperanza. ¡El día de hoy venimos a romper con nuestro grito de esperanza la paz que complace a los oligarcas corruptos de este país!

En el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia exigimos y luchamos por una paz con justicia social, una paz sin intervención gringa, partiendo de una solución negociada al conflicto social y armado. Mientras el régimen habla de paz, la oposición no puede poner en marcha sus propias iniciativas, le han arrebatado el discurso al pueblo, hablar de la paz de los de abajo implica inmediatamente cárcel, exilio y muerte. ¡Y si la paz sólo puede estar en boca de la oligarquía, si como pueblo hablar de paz es un delito, el pueblo hablará de victoria, de lucha, de organización, de movilizaciones y si también es necesario, muchos más seguirán alzándose en armas, porque en el monte también se está gestando la Nueva Colombia!

En nuestro país el terrorismo de Estado, la persecución política, los señalamientos, nos impulsan a estar detrás de estas capuchas de dignidad. Somos estudiantes, hijos de obreros y campesinos. Estamos aquí combatiendo desde las trincheras de la clandestinidad a las que nos vimos empujados porque en el escenario político de este país, los intereses del pueblo no tienen su lugar: ser opositor es un delito, callar el pueblo a toda costa se convirtió en política de Estado. Estamos en la clandestinidad porque el Estado colombiano sólo nos deja dos opciones: la sumisión o la muerte.

Como organización revolucionaria tenemos también la responsabilidad de evidenciar el conflicto armado que hay en nuestra ciudad, de la muerte que esta reinando en nuestros barrios. Denunciamos el derramamiento de sangre, el desplazamiento intraurbano, las fronteras imaginarias y las masacres que son el pan de cada día en las comunas y que cobran la vida de decenas de inocentes a manos de los paracos entrenados por Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Y lo peor de toda esta tragedia, y que los medios de comunicación tratan de ocultar intencionadamente, es la complicidad de la Policía y el Ejército con estos asesinos.

BACRIM, que son la continuidad del paramilitarismo, Ejercito y Policía, suman unos 600.000 hombres y mujeres que han apuntado las armas contra el pueblo, sumando 3'000.000 de integrantes de la Red de Informantes, se han convertido en los sabuesos de las contadas familias que detentan el poder político y económico en nuestro país desde la independencia. Aquellos, que ayer se opusieron al proyecto político del libertador y que hoy intentan acallar los focos de pensamiento crítico y libre que quedan en esta sociedad sometida al hambre y al embrutecimiento, ambicionan posar sus manchadas manos sobre la Universidad Pública para finiquitarla de una vez por todas, volviéndola un objeto mas  de consumo y cambiándole el sentido fundamental que es el de construir conocimiento para transformar, entregándola a su único dios verdadero: el libre mercado.

No es gratuita la actual arremetida en contra de la Educación Pública, pues es conocido que el Tratado de Libre Comercio, con nuestro “gran hermano” del norte, pide como “garantía de pago” nuestra salud y educación, por ello la Ley 30 y el Plan Nacional de Desarrollo marchan en esa dirección.

El llamado al pueblo es a la lucha, es un deber inaplazable e ineludible, no podemos seguir en la indiferencia convirtiéndonos en asesinos por omisión, no podemos regalar nuestro futuro a cambio de migajas y fantasías, es hora de tomar el futuro en nuestras manos para abandonar el camino que desangra nuestra patria. El Pueblo tiene que irrumpir con su grito libertario en el silencio impuesto por los sepultureros. En las calles ya se escuchan otras voces, voces de inconformidad de la inmensa mayoría. A Colombia no sólo la inundan las lluvias, también la miseria, la falta de oportunidades, la represión, los “falsos positivos”, las chuzadas, la corrupción, la desatención en salud, los bajos salarios, el desempleo, la informalidad laboral, las privatizaciones, el intervencionismo de los EEUU, el clientelismo, la mala educación, la falta de vivienda y los altos costos de los servicios públicos.

Si hoy somos miles mañana será todo el Pueblo Colombiano el que enarbole  las banderas de dignidad.

Somos herederos del legado guerrero y revolucionario de nuestro libertador Simón Bolívar. Su espada esta en nuestros corazones que anhelan día a día el sueño de la Nueva Colombia, la Patria Grande y el socialismo.

Desde la ciudad de la eterna primavera bajo el manto seguro de la clandestinidad manteniendo en alto la dignidad del pueblo. Somos la parte que no está cansada; estamos ahí, en pie de lucha.

¡Comandante Jimmy, 11 años de lucha son parte de Victoria... VENCEREMOS!

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