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Y en este proceso se dan cuenta de que para poder hacer Arte de verdad, del que es simple y llanamente la manifestación de nuestra esencia, sin estar contaminado por la banalidad que se le agrega cuando se le quiere convertir en mercancía, para poder hacer Arte sencillamente Arte, resulta necesario rebelarse contra los modelos estéticos que imperan y se imponen, no sólo como justificación de una realidad cada vez más lamentable, sino para garantizar la reproducción de una lógica social en la que la fetichización de todo, absolutamente todo incluidos nosotros mismos, se convierte en algo necesario para poder “encajar”,  ser aceptado por la sociedad.

 

Se les plantea de esta forma a los artistas que su creación no va dirigida a las personas, sino al consumidor; que su obra no debe propender por la transformación del mundo, sino por la reproducción del sistema de mercado; y es por eso que la simplicidad se reemplaza por la banalidad y que la abstracción se convierte en ficción y no vuelve a ser manifestación; y cuando los artistas rechazan hacer parte de esto, la incredulidad, la inconformidad, la rabia y la esperanza se convierten en ingredientes constantes de su creación; la esquina, el callejón y los lugares olvidados, en trinchera, así como el conocimiento popular en su argumento.

Porque descubre la belleza que nos niegan, esa que radica en la templanza y el coraje poseído por aquellos que a pesar del miedo y el temor levantan su mirada y se resisten a aceptar las cosas como están; y descubre, además, la necesidad de resignificar nuestro accionar, la importancia de mirarnos y contarnos a nosotros desde nosotros mismos, a nuestra forma, con nuestros ritmos, desde nuestra perspectiva y con nuestra voz.

Así, su lucha se convierte en la necesidad de crear Arte para poder mostrarnos, y también mostrar a los demás la nobleza de nuestra lucha y la grandeza de nuestra propuesta. La lucha es crear Arte, porque sólo éste, entendido como la más solemne manifestación del espíritu humano, posee los elementos necesarios para describir la proeza de un pueblo que durante más de quinientos años se ha negado a ser esclavo, porque solamente el Arte podrá inmortalizar nuestra memoria, porque solamente él podrá representar lo inverosímil de nuestra historia.

Hoy, en la denominada era de la globalización pareciera imposible hacerle frente a la capacidad poseída por los medios de comunicación para crear, distorsionar, contar, reproducir, etc, etc, modelos de conducta, patrones de comportamiento, modas y estilos de vida.  Sin embargo y a pesar de ello, la vieja premisa marxista según la cual el capitalismo no sólo crea los hombres y mujeres que lo enterrarán, sino que desarrolla las armas con las que lo harán, cobra mayor vigencia, los ritmos se han mezclado, las técnicas se han fundido, los estilos se combinan y gran parte del mundo logra gritar al unísono ¡Ya no más! cada quién a su manera y con su estilo, desde su trinchera y sin dudar de que en muchos lugares del mundo habrá millones de personas que comprenderán y miles de historias que se parecerán.

El Arte Popular, el ingenio popular y la lucha popular son nuestra única esperanza, la única manera que tenemos de soñar un mundo diferente, la única estrategia que nos permitirá reconocernos como iguales, como hermanos, camaradas, militantes de la vida, combatientes del sistema.

La creatividad suele ser característica de aquellos seres que se encuentran en apuros; el que lo tiene todo nada tiene que inventar. Nuestro Arte y nuestra creatividad han sido convertidos en mercancías mediante las cuales nos engañan y manejan. No se puede permitir que esto siga ocurriendo. Debemos aportar con nuestros talentos a la construcción de otra realidad, de una Colombia Nueva, de una Patria Grande, de ¡Latinoamérica Unida!

“La lucha es crear Arte”, sí, pero Arte popular, para nuestra gente; arte que resignifique, arte que no se venda, arte para tod@s.


Núcleo Bolivariano Ciro Trujillo

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