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El pensamiento crítico, la protesta, el conocimiento puesto al servicio de la solución de los problemas sociales, permanece latente en esa población que hoy tiene el privilegio de ocupar los claustros universitarios. Clandestina o legalmente, esa sensibilidad social que no deja ahogar en el silencio el clamor de nuestro pueblo, resiste con la fuerza de la razón y la justeza de sus principios.

En todas las épocas de la historia universitaria de Colombia, la cúpula dirigente y militarista del país ha intentado secar esta fuente inagotable de rebeldía legítima. Cuando el marxismo - leninismo se masificaban como teoría científica entre los explotados del mundo para proveerle las herramientas teóricas e ideológicas para su liberación como clase, las cortes inquisidoras de las burguesías locales y del imperialismo, arremetían contra ellas con toda la fuerza de la manipulación mediática, de la tergiversación, el engaño y por supuesto a través de la violencia de Estado.

En nuestro país es tristemente célebre el señalamiento y la persecución sin tregua que la oligarquía hizo durante el mandato de Gustavo Rojas Pinilla, contra los comunistas y contra el estudiantado rebelde; recordemos que con la excusa de que el comunismo internacional se estaba metiendo a Colombia a través de las universidades, cerró la Universidad Nacional y posteriormente fueron asesinados más de una decena de estudiantes. Esa política de represión fue heredada cada cuatro años hasta la fecha presente cuando Uribe Vélez le da continuidad y reproduce los señalamientos contra los estudiantes incluso de universidades privadas que parecían campo - santo de la clase dirigente del país.

El hecho denota la preocupación siempre latente de la oligarquía con relación a los universitarios. No es el comunismo el perseguido, es lo que encarna esa idea de convivencia humana, que supera las injusticias del modo de producción capitalista. Es la idea de que se pueda distribuir equitativamente la riqueza nacional, que se posibilite realmente la igualdad de oportunidades, es eso lo que se persigue, y a quienes abrazan esas banderas, la de la justicia social, la del trabajo digno, la de la lucha contra el latifundio que no genera sino violencia; esas ideas que materializadas redundan en mayor suma de felicidad para el pueblo son las que detesta la oligarquía.

Y esas ideas, independientemente de si quien las acoja se declare comunista, bolivariano, guevarista, martiano, maoísta, etc; son las que mantienen encendida la esperanza en medio de la muerte. Son ellas el alimento del espíritu crítico y rebelde. Por ello no podrán exterminarlas de la universidad, precisamente por su carácter universal, magnánimo y profundamente humano.

Hoy, en universidades como la de Antioquia, vuelven a aparecer las listas negras, las firmas de grupos abiertamente declarados anti - comunistas; grupos de fascistas que amparados en el discurso vetusto del reelecto presidente de igual esencia, buscan hacer desertar del alma máter, las ideas de justicia social que florecen aun en medio del terrorismo de Estado.

{mosimage}Con la reelección presidencial, este tipo de prácticas de vieja data, que aparecen en los manuales de guerra sucia y guerra preventiva de la Escuela de las Américas, no hacen más que empujar al movimiento social a la lucha clandestina y armada. El gobierno sabe que su segundo mandato será de mayor intensidad en la confrontación contra el pueblo, sabe que las universidades son un encendedor de la protesta social; por ello actúa combinando formas y métodos de represión e intimidación para mellar la voluntad de lucha de los universitarios. No le queda más que hacer, la violencia es su naturaleza.

El movimiento estudiantil debe hacer frente a esta situación rodeado de la solidaridad de los demás sectores sociales. ¿clandestina o legalmente? Combinando todas las formas de lucha. Pero es claro que en la medida en que se haga más crudo el terrorismo de Estado, la opción más segura seguirá siendo la clandestinidad. En estos momentos de oscuridad para el futuro inmediato del país no queda tiempo para la vacilación ni para la duda. El enemigo está actuando, prepara nuevas armas y lleva a cabo la guerra contra el pueblo sin importarle nada ¿porqué dudar en defender nuestras vidas y derechos combinando formas y métodos?

Si la oligarquía no tiene entre sus planes estratégicos hacer concesiones al pueblo y lograr una solución política al conflicto a través del diálogo entre las partes enfrentadas, ¿Por qué rehuir a la obligación moral que tenemos de adelantar la guerra de resistencia y vencer la tiranía?

Las puertas siguen abiertas, las propuestas organizativas siguen desarrollándose y preparándose para la contienda, el Movimiento Bolivariano, el MJB, sigue siendo alternativa, la insurgencia armada.sigue siendo alternativa, y cada vez la mejor y más necesaria alternativa.

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