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Desde el Movimiento Juvenil Bolivariano queremos extenderles un saludo de total apoyo y solidaridad con la lucha que viene desarrollando el sector estudiantil por la defensa de la educación pública y por la construcción de un nuevo modelo de educación, que es en últimas el objetivo que tenemos que buscar en medio de la actual arremetida del Neoliberalismo. Bajo estas capuchas hay estudiantes de universidades publicas y privadas, también hay jóvenes que no lograron acceder a una universidad.

 

 

Aquí esta la juventud que no se ha cansado de reiterar su compromiso con las luchas del pueblo, consciente de su papel en la lucha por la Educación, por un futuro diferente, no por la educación que reproduce las actuales condiciones de miseria y explotación. La educación por la cual luchamos incansablemente es una educación digna que forme los hombres y mujeres que el país necesita, acorde a sus necesidades sociales y económicas, una Educación para el bienestar de las mayorías.

Entonces ¿Qué busca la clase dirigente de Colombia con esta nueva ley? Es claro que esta propuesta legislativa pretende divorciar de una vez por todas al Estado de su responsabilidad con la educación pública y ahondar el modelo Neoliberal que se nos impuso desde los años noventa. La clase dirigente nos propone aumentar la cobertura, el personal docente y mejorar la planta física reduciendo el presupuesto, utilizando la lógica con la que día a día desangran el país: Donde se muestra lo público como ineficiente y lo privado como eficiente y desinteresado benefactor.

Se hace necesario entonces fortalecer el movimiento y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. En esta oportunidad tenemos la fuerza y debemos mantener la decisión de vencer en una lucha que el pueblo no puede perder. El combate no va a ser fácil puesto que el Estado fascista ya está efectuando su arremetida como lo demuestran los hechos acaecidos la semana pasada en las instituciones públicas Pascual Bravo, ITM y Politécnico Jaime Isaza Cadavid.

En hechos inconexos y presentados de manera engañosa por los medios de comunicación, un estudiante fue muerto y otros resultaron heridos en una riña entre traficantes en el Pascual Bravo, a lo que se suman las amenazas de las que fue víctima el representante estudiantil del ITM y una supuesta amenaza de explosivos que serian utilizados en las movilizaciones de esta semana. Esto dio pie a justificar resoluciones arbitrarias por parte de entes administrativos de dichas instituciones y medidas extraordinarias de seguridad por parte de la policía, tales como cierre temporal de los claustros, requisas y allanamientos con perros anti-explosivos.

No es gratuito que los medios presenten estos hechos articulándolos con la supuesta “zozobra” que generan las movilizaciones estudiantiles en defensa de la educación pública, medidas absurdas que intentan sabotear el movimiento estudiantil, como lo evidencia el caso del Jaime Isaza Cadavid, que aunque no tuvo ningún acontecimiento de consideración cerro sus instalaciones incluso en su sede Rionegro después de que casualmente sus estudiantes salieran a paro.

En esta ocasión también queremos llamar la atención sobre un discurso que circula al interior del movimiento y que pretende el fraccionamiento del mismo. Se trata del llamado discurso de la “no violencia” que sale a flote en medio de marchas y asambleas, señalando y estigmatizando a todo estudiante que se cubre el rostro con la intención de rayar un muro o responder físicamente a los abusos de la fuerza pública. Aceptando obviamente que se debe estar alerta contra algunos saboteadores que usan la violencia con oscuros fines, y que el movimiento esta en pleno derecho de autorregular el nivel y la intensidad de sus acciones. El ejercicio de reflexión nos invita a dejar de lado esa satanización que se viene dando contra las formas de protesta popular, que se asimila evidentemente al lenguaje falaz y mentiroso que brota de la policía y sus portavoces en los medios de comunicación privados, a los cuales hacen eco algunas organizaciones que se dicen estudiantiles y revolucionarias que sin ningún pudor hoy están enarbolando los estandartes electoreros. Figura como una traición el hecho de que acusemos como “violento” el acto de expresarnos en un muro, mientras que los medios de comunicación nos callan todo el tiempo y sólo nos muestran cuando hay roces con la policía, para calificarnos de vándalos y terroristas. Figura como una traición el hecho de excluir y llamar vándalos a quienes se atreven a tirar una piedra al mismo policía que entra, sin ningún respeto por nuestra Universidad, a gasear y golpear sin escrúpulos a quien se encuentre en el claustro; acciones brutales que en los dos últimos años en nuestra ciudad han dejado a estudiantes sin ojos y manos por defender con dignidad su derecho a la educación.

Rechazar la violencia ejercida por los oprimidos como medio de rebelión y no rechazar la violencia que es ejercida por el sistema como forma de opresión es manejar una doble moral. Es legitimo el accionar de quien mediante sus capacidades resiste y defiende sus derechos y libertades aunque éstos no sean reconocidos o no estén contemplados en un papel. Es legitimo el ladrón que para sobrevivir tiene que robar comida, ejerciendo violencia contra un sistema que sólo le deja la opción de morir y ver morir a los suyos. Es legitima la defensa de la vida, de quienes por nuestra opinión y consecuente actuar frente a la realidad, tomamos partido en contra de un Estado verdaderamente violento y terrorista que mata lenta y sistemáticamente de hambre a millones de niños, y a bala y moto-sierra a campesinos, sindicalistas y estudiantes.

Respecto al estudiante encapuchado debemos juzgar en base a la memoria histórica y preguntarnos si el Estado ha permitido el debate abierto de ideas o, por el contrario, los estudiantes que a él se han aventurado, defendiendo una posición critica y radical han sido asesinados, desaparecidos o exiliados, como muchos casos lo confirman: el líder estudiantil Gonzalo Bravo Pérez, Gustavo Marulanda, Martin Hernández Gaviria y recientemente Yan Farid Cheng Lugo, entre muchos otros compañeros. Este contexto histórico presenta a una oligarquía sostenida en el Estado a sangre y fuego, en el que muchos estudiantes legítimamente han decidido tomar las armas para continuar su lucha como Oscar Darío Sánchez (estudiante de Matemáticas de la Universidad de Antioquia) y Manuel de Jesús Muñoz Ortiz (Economista de la Universidad de Antioquia) o el camino de la clandestinidad como forma de ser consecuentes con un proyecto de país diferente y así poder salvaguardar su vida, su libertad y sus ideales.

“El primer deber del gobierno es darle educación al Pueblo”
Simón Bolívar

"Le tengo que decir a la Universidad que se pinte de negro, que se pinte de mulato; no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores. Que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo; porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo que está hoy a sus puertas. La Universidad debe ser flexible, o quedarse sin puertas. El pueblo las romperá y pintará a la Universidad con los colores que le parezca"
Ernesto Guevara



MOVIMIENTO JUVENIL BOLIVARIANO

¡EL PETARDO NO ENSORDECE, ABRE LOS OÍDOS!
¡EL TROPEL ES LA DIGNIDAD DE LA UNIVERSIDAD!

www.resistencia-colombia.org

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