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Estudiar el pensamiento político de nuestro libertador Simón Bolívar no solo es un imperativo moral en este bicentenario del grito de la independencia, sino también la clave para resolver los problemas más actuales que nos plantea la lucha a los revolucionarios colombianos.

 

 

La unidad patriótica del pueblo colombiano para acabar con las profundas injusticias y desigualdades que aquejan a la patria es la necesidad más apremiante para cualquiera que este pensando en realizar cambios profundos en las estructuras políticas, económicas y sociales de nuestro país.

 

No será la cacareada “unidad nacional” de los oligarcas la salida a los quebrantos de los colombianos, por el contrario, es el símbolo vivo y palpable de la irreconciliable contradicción entre las masas populares y las viejas castas oligárquicas.

 

No será el sindicalismo promovido por Angelino Garzón la solución a los problemas de los trabajadores, a esa contradicción tan profunda entre el capital oligárquico colombiano y la clase obrera, constantemente masacrada en los escenarios de lucha de campos y ciudades.

Si algo hemos aprendido del libertador Simón Bolívar es que una nación verdaderamente grande solo se puede construir sobre la base de la independencia y soberanía, y que la justicia social no se le mendiga a los opresores, sino que se conquista en el campo de batalla. Por eso es doctrina de los opresores esparcir el odio y la discordia entre los colombianos, aislar a las masas populares de la ciudad y del campo, sembrar los odios entre estratos sociales y la violencia entre las juventudes de las barriadas populares. La experiencia nos ha demostrado que es allí donde hay mas presencia militar del estado donde hay más tráfico de drogas, asesinatos de civiles, lavado de dinero y corrupción. Allí donde esta el estado está la desconfianza, la cizaña, el desmembramiento de la nación. Hemos visto a policías y militares promover la guerra entre las juventudes populares para apoderarse de territorios para vender drogas. Hemos visto a policías y militares asesinar civiles y hacerlos pasar como “bajas en combate” para cobrar recompensas e irse de vacaciones.

También es política de la clase dirigente aislar a los revolucionarios entre sí, comprando a algunos y sembrando provocadores en otros. La punta de lanza de esta política es el actual vicepresidente, quien se rasga las vestiduras y se da ínfulas de dirigente sindical mientras divide al movimiento obrero desde el interior y profundiza las políticas neoliberales que atentan contra los derechos más fundamentales de los trabajadores. Pero el régimen no se contenta sólo con dividir, sino que quiere forjar su propio movimiento de masas profundamente antipatriótico y reaccionario. Sus antecedentes están en la marcha del 4 de febrero de 2008 promovida por los medios de comunicación y las castas oligárquicas regionales vinculadas al paramilitarismo. Su objetivo principal es minar la voluntad de lucha de los revolucionarios y servir como argumento político y jurídico para negarle una salida política al conflicto armado.

Porque es de bolivarianos y revolucionarios todos el querer darle una salida política al conflicto armado. También es un anhelo de los colombianos que anhelan un país próspero y con justicia social construido sobre la base de la independencia y soberanía nacional, porque si algo ha quedado claro es que el régimen ha pisoteado la soberanía y la independencia para poder incrementar sus ganancias. Ya lo advertía el Libertador: “Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la providencia para plagar de hambre y miseria estos pueblos latinoamericanos en nombre de la libertad”

Es política del estado destruir la base social de la nación, que somos la clase obrera, los sectores populares. Y debe ser imperativo nuestro, y el combustible de nuestra lucha la unidad de los más amplios sectores del pueblo para expulsar de la patria a esa casta oligárquica santanderista que se tomó el poder económico y político y entregó el país a los imperialistas yanquis. Los colombianos que comprenden la realidad de la patria, los que no se dejan cegar por los aparatos ideológicos de la burguesía saben que Bolívar vive en los anhelos y en la lucha de las masas populares.

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