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Tanto la democratización en Colombia, como la reincorporación política del nuevo partido, exigen las condiciones acordadas y firmadas por el Estado colombiano con testigos internacionales. Ese es un largo camino. Pero hay que decirlo, pues hay quienes insisten en analizar la democracia, minimizando el impacto de las reglas del juego en el resultado electoral. Esa línea no cuestiona los procedimientos con los cuales los poderosos se perpetúan en el poder y sostienen sus privilegios en medio del empobrecimiento masivo. Centrado solo en las cifras, alguien se atrevió a decir que “Uribe ha hecho sus votos a pulso”, y no a sangre y fuego como en verdad lo es.

Así también se analizan los supuestos resultados de FARC el 11-M. Con la baja cifra supuestamente obtenida por el nuevo partido, algunos sumaron argumentos para repetir que son producto del rechazo, que fue una aventura, que arrancan de cero y cosas así… Incluso hay quienes califican al pueblo de ignorante, sin cultura política, que no vota o no vota bien. Para estos análisis, no cuentan la institucionalidad de la disputa por el poder en Colombia y de manera particular la FARC luego de un Acuerdo de Paz. Y no solo este partido: más de la mitad del censo electoral se abstiene de votar, entre otras razones, por no encontrar condiciones para participar. ¿tampoco las encontrará en la Paz?

 Hay por lo menos dos factores que tienden a ser inbisivilizados o reducidos a cero en el impacto sobre la contienda electoral, olvidando, en primer lugar, la historia de la represión contra la oposición al capitalismo; y en segundo lugar, la corrupción, exacerbada de una manera utilitarista en la campaña, pero sin ningún control preventivo en la misma:

 Sobre lo primero, un número importante de población pasó de la esperanza al miedo. Mientras FARC sacó las armas de la política, otros no lo hicieron. Por ejemplo, fue notable el cambio de las jornadas de Pedagogía de Paz lleno de entusiasmo al ambiente sufrido en la coyuntura electoral. En eso ayudó el asesinato de líderes, militantes de FARC y familiares; durante los últimos 3 meses distribuyeron panfletos amenazantes recordando que oponerse al poder no es un juego; hubo amenazas directas para algunos que abiertamente buscaban votos para la rosa roja. Obviamente, en esas condiciones, votar por FARC, vea... 

 En segundo lugar, la democracia, la corrupción y el dinero en la política son objeto del Acuerdo de Paz. La financiación privada de las campañas ha llegado a límites que deberían dar vergüenza entre los demócratas. El dinero propicia prácticas verdaderamente vulgares en la captura masiva de votos en medio de la pobreza generalizada y acudiendo al individuo más básico de un sistema en decadencia; en definitiva, facilita los delitos electorales que no tienen control de ninguna autoridad. Mientras el dinero fue casi apabullante en la propaganda de los partidos de la corrupción, a la FARC no le fue permitida ninguna financiación y el presupuesto se le entregó a última hora. 

 Así las cosas, por mucha autocrítica y por mucho que haya que reflexionar internamente, lo cierto es que para el 11-M se la pusieron inviable a la FARC. El resultado no dice tanto del Partido, como si mucho del régimen político que no incorporó el Acuerdo de Paz para la democratización de Colombia. Que los cambios necesitan tiempo: sí. Pero sobre todo decisiones. Para una Democracia Avanzada: FARC decidió cumplir, el Estado colombiano no. Entonces ¿En qué queda la disputa por el poder en la Colombia del pos acuerdo?

 

 

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