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Pienso que el Acuerdo de Paz firmado en La Habana con el gobierno, además de un buen acuerdo con base en las realidades existentes en el momento,  es una acertada decisión política tomada por nuestra organización.

El Acuerdo refleja una realidad que muchos olvidan a la hora de hacer análisis individuales o colectivos, la correlación de fuerzas.  Puede quererse más, pero en política se necesita fuerza para imponer los objetivos propios.

Si examinamos a nuestra contraparte en los diálogos, podríamos hablar  de un gobierno dividido y con creciente pérdida de prestigio para implementar los acuerdos. Peor quizás, con la intención planificada de incumplir para desmotivarnos.  Eso dentro de un Estado que aún conserva  sus estructuras y concepciones fascistas, rabiosamente antipopulares. Una fuerte oposición a la paz y ansiosa de guerra, envuelta en graves responsabilidades frente al paramilitarismo, en crímenes de Estado, y sumida en la corrupción.  Una pesada burocracia a la que se suma la improvisación,  la tramitología planificada al extremo, entre otros mucho factores.

Todas ellas son grandes dificultades que nos generan serias preocupaciones. Hay graves incoherencias en el proceso de implementación y reincorporación integral de las FARC. Lo que no quiere decir que no se ha avanzado en la implementación y sobre todo en la reincorporación. Claro que se han hecho importantes avances. Hemos dado pasos muy importantes, estratégicos, dijera yo, para ir consolidando el proceso de paz.  Nadie se ha puesto a relacionar  uno a uno los avances, nos vamos siempre  por todo lo malo, y esto no es sensato. Veamos algunos logros fundamentales:

El paso de movimiento armado a partido político abierto y legal, la bancarización, el servicio de salud, los documentos de identidad, la acreditación, la certificación, ECOMUN, la capacitación y validación de saberes, las visitas a nuestros familiares, los plenos nacionales,  el congreso fundacional, la participación en distintos eventos nacionales, la labor de pedagogía, el afloramiento de nuestras expresiones culturales y artísticas, Voces de paz, el CNR, los cursos de escoltas y su implementación a través de UNP, becas de medicina en Cuba, curso de seguridad en La Habana, la inscripción de nuestro partido ante el CNE.

Sumemos la amnistía, la seguridad prestada por la UNIPEP y la fuerza pública en los distintos espacios y movimientos, las visitas de personalidades y personas del común a nuestros campamentos, el apoyo de gobernaciones,  alcaldías y otros entes a nuestros proyectos  en varios lugares, el reconocimiento y apoyo a nuestra organización por parte de distintos presidentes y la comunidad internacional. Ahora mismo podríamos sumar la sentencia de la Corte Constitucional que blinda jurídicamente los Acuerdos de Paz  por los siguientes tres periodos presidenciales.

El proceso ha  logrado    un empoderamiento y si  logramos  generalizarlo en la opinión pública, con un lenguaje claro, incluyente, que nos acerque a todos los sectores sociales, nos puede reportar importantes réditos  políticos a mediano plazo. Creo que la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, vive  un momento muy importante en la construcción de la paz y el futuro del país. Ojalá nuestro entusiasmo sobrepasara la realidad y que los sueños se cumplieran como los concebimos. Pero todo es una lucha, un acumular permanente, con toda seguridad estamos mejor que hace 10 años.

El Establecimiento, por su parte, seguirá haciendo lo imposible por destruirnos y desanimarnos. No podemos ignorar que en cierta forma lo ha conseguido con sus incumplimientos programados. Claro que debemos exigir del gobierno  cumplimiento en todo lo pactado, pero también debemos autogestionar nuestros proyectos económicos  con organizaciones sociales y solidarias. No hay camino más esperanzador que el que abre el esfuerzo colectivo.

Por lo que se escucha, muchos excombatientes hombres y mujeres, buscando soluciones inmediatas, han hecho sus propias experiencias laborales, unos con sus familias y otros con particulares, dejándonos solo desesperanzas. Nuestro deber es rescatar la fuerza del trabajo colectivo, aquel que siempre nos acompañó en los largos años de guerra, donde todos contribuíamos uno para todos y todos para uno. Nuestra  vitalidad fue el trabajo comunitario, cada quien ayudaba según su capacidad y todos teníamos los mismos derechos y los deberes, según la capacidad de cada quien.

Ese  interés colectivo nos sacó de tremendas dificultades. Ahora será igual, si sabemos aprovechar todo el potencial humano, político ideológico que poseemos. Hay algunos “Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación” donde el trabajo colectivo ha sido ejemplar, y no solamente en lo que tiene que ver con la parte económica, sino en la explosión de las expresiones artísticas y culturales que poseemos. Sí, es verdad, el Acuerdo de Paz, habla de financiación de la reincorporación, pero si nos ponemos a esperar estos dineros, nos aplasta la situación económica. La autogestión social y solidaria es bien importante.

Es lo que hacíamos en la guerra en tiempos de cosecha. Eso no podemos olvidarlo. Y claro, si la población nos mira en  esa actitud nos va a ayudar, como está aconteciendo en muchas partes. Desde luego que hay que sumar a esto  nuestra pelea para que el gobierno cumpla lo acordado. El  proceso de paz, sus normas e implementación avanzan. Me parece muy interesante el desembolso financiero anunciado por nuestra dirección política para proyectos existentes en los “Espacios Territoriales de Capacitación  y de Reincorporación”.   

Para nosotros y el pueblo nada ha sido fácil. Construir las FARC-EP nos llevó 53 años. El proceso de paz avanza en medio de dificultades e incoherencias, pero existen a la vez unas posibilidades y realidades que no podemos desconocer. Hemos logrado que el gobierno cumpla en algunas cosas sustanciales que nos permitirán en seguir la lucha política, como lo hemos hecho toda la vida. Estamos seguros de que mediante el trabajo colectivo de nuestro partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, y nuestra unidad política, ideológica y organizativa, haremos posibles el cumplimiento de los acuerdos y nuestra reincorporación  integral a la vida civil.

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