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El pueblo colombiano está viviendo un momento único en su historia, se está haciendo realidad la posibilidad de concretar exitosamente la salida política dialogada al conflicto armado interno, generado por la inequidad social, la desigualdad en la distribución de la riqueza y especialmente por la política del exterminio físico al contradictor político e ideológico; es importante recordar que dicho fenómeno lo heredo la clase gobernante de la corona española que ya en 1543 emprendió un proceso de exterminio y persecución en contra de Cacica la Gaitana, tal como lo documentó el escritor colombiano Nicolás Buenaventura en su libro Unión Patriótica y Poder Popular, fue justamente la resistencia indígena la que sembró la semilla de la independencia  en el Valle del Alto Magdalena.

La guerra de guerrillas desarrollada por Cacica Gaitana y su ejército anticolonial nunca fue derrotada, esa misma lucha fue encarnada por José Antonio Galán y los comuneros en 1781, Simón Bolívar en 1812, la República de los artesanos de 1854, y en el siglo XX con el desarrollo del capitalismo en Colombia especialmente con la industria en el campo, avanza la alianza obrero-campesina, la misma que ya en 1918 se había gestado entre los obreros de las bananeras,  el movimiento cívico y los campesinos colonos quienes habían emprendido una lucha contra  el avance de la industria capitalista en las zonas rurales; alianza que en 1928 sufrió un bautizo de sangre, la transnacional United Fruit Company en contubernio con las fuerzas militares de Colombia masacran a más de 3000  trabajadores que protestaban contra la falta de garantías laborales y la violación sistemática de los derechos humanos.

La clase social dominante durante siglos ha desarrollado una política de cierre democrático y exterminio contra sus contradictores de clase, como efecto de dicha restricción en 1964 surgieron las FARC-EP con lo cual, la lucha de resistencia popular se cualificó ideológicamente tomando un carácter de clase definido y sustentado en el desarrollo de un partido en armas cuya estrategia seria la superación del régimen capitalista. Al tiempo que se fortaleció la histórica alianza obrero-campesina, en un proyecto de toma del poder con y para el pueblo.

Después de más de medio siglo de confrontación política y armada entre las FARC-EP y el gobierno colombiano, hoy 27 de junio del 2017 gracias a la voluntad de paz de las FARC se ha logrado materializar la dejación total de las armas y asumir como única arma de lucha la palabra y los argumentos.

La dejación total de las armas de las FARC-EP es un hecho histórico para el país y el mundo, es el sello que ratifica la decisión de paz de todo el colectivo fariano, y para el pueblo colombiano debe ser mucho más que el simple desarme de una guerrilla, debe ser la certeza que construir un país deferente si es posible y necesario; de hoy en adelante se necesita de todo el apoyo de los colombianos para imponer el cumplimiento por parte del Estado, y cerrarle toda vía de desestabilización y saboteo a la ultraderecha, quien está empeñada en enterrar toda posibilidad de paz.

Los colombianos deben ser conscientes que el proceso de paz entre las FARC-EP y el gobierno de Santos es uno de sus mayores logros, que ha traído consigo momentos históricos e inimaginables hace unos años (firma del cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo, X  conferencia guerrillera fuera de la clandestinidad, firma del Acuerdo Final de Paz, actos de constricción  y reconciliación entre las FARC-EP y las víctimas del conflicto, el desplazamiento de las FARC  a las ZVTN Y PTN, la participación de las FARC en la feria del libro en Bogotá, entre otros) el proceso de dejación de armas por parte de las FARC-EP que se inició el primer semestre del presente año a pesar de los incumplimientos por parte del Gobierno Nacional es muestra del compromiso indeclinable que tienen las FARC en la construcción de una paz estable y duradera.

Los enemigos de la Paz representados en cabeza del hoy senador Álvaro Uribe Vélez junto a la desinformación de los medios masivos de comunicación, han intentado de todas las formas posibles opacar los momentos más significativos del proceso de paz y de implementación, insensibilizando al pueblo para que no reconozca ni participe activa y decididamente del momento histórico que vive el país.

Solamente los enemigos de la paz se creen capaz de ocultar el sol con un dedo, y seguir pregonando su discurso de odio y guerra, nadie más que ellos han sabido sacar provecho de hechos tan trágicos como atentado del 17 de junio en el Centro Comercial Andino para expeler desconfianza y tender una cortina de humo sobre la culminación del proceso de dejación de armas llevado a cabo por las FARC-EP.

Es evidente la intención que tiene la ultraderecha de enlodar y enrarecer el ambiente, de opacar e invisibilizar el espíritu de paz y los anhelos de una Nueva Colombia que germinan en quienes realmente han sufrido los rigores del conflicto. Solamente para quienes dependen de la guerra para hacer política es posible desconocer la voluntad de paz de la insurgencia, para desechar la importancia de la dejación de las armas y ocultar que según el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas más del 80% de las víctimas generadas por el conflicto armado son responsabilidad de agentes del Estado y su aparato paraestatal.

A los agentes de la guerra, no les conviene que el pueblo colombiano en su totalidad conozca qué proponen las FARC, qué ofrecen los acuerdos y qué significa para un país que ha vivido en conflicto armado, la dejación total de las armas. Ellos necesitan generar desconfianza, llamar al odio y al resentimiento porque de una u otra forma necesitan evitar que se implementen los Acuerdos de la Habana por que ponen en riesgo el statu quo que mantiene a la mayoría de los colombianos en la más profunda pobreza mientras ellos acumulan capital y terminan de vender lo poco de Colombia que aún no han vendido.

Los enemigos de la paz gritan a toda voz que el Acuerdo Final beneficia solamente a las FARC y olvidan los millones de campesinos que se beneficiarán de la Reforma Rural Integral, desconocen la alegría de las madres que acarician la posibilidad real de un mejor futuro para sus hijos, borran con una palabra a todos sectores minoritarios y excluidos de la institucionalidad colombiana que se beneficiaran con la democratización de la vida política, es así como los enemigos de la paz han pretendido aislar al pueblo de un acuerdo de paz que fue construido y pensando en todas y todos los colombianos. 

Aunque persistan sectores que llaman a la guerra, la paz se abre camino en los corazones de los colombianos, sembrando sentimientos de reconciliación y humanismo; porque es deber del pueblo en todo el territorio nacional forjar con sus manos una Nueva Colombia, donde la democracia y el respeto al ser humano sea el único arbitro entre quienes piensan diferente. Por eso hoy 27 de junio los colombianos no pueden dejar que los enemigos de la paz les arrebaten el derecho a vivir y recordar esta fecha como el día en el que las FARC-EP hicieron dejación total de las armas, como símbolo de paz y tránsito a partido político legal.

 

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