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Razón tenía el padre de la libertad americana cuando advertía que por el engaño nos han dominado más que por las armas.

La sumisión de las mentes ha hecho posible la sujeción de los brazos; el rumbo trazado con sutil violencia ha logrado mantener la marcha uniforme  de quienes por tener la mirada en el suelo, no han admirado la inmensidad del firmamento; quien no se ha maravillado con el fulgor de las estrellas, no puede menos que conformarse con las piedrecitas del camino que “alumbran” con los rayos solares del ocaso.

Luego del encuentro realizado en Copenhague acerca del calentamiento global que sufre nuestro hermoso planeta tierra es increíble no hacer énfasis en posiciones de muchos países acerca de la conciencia capitalista con que se disculpan ante millones de personas que estamos preocupadas al respecto de la crisis ambiental. Por ende, me gustaría dar a conocer la importancia del ambiente en que vivimos para el movimiento campesino y porque no sólo ellos tienen la responsabilidad de alimentar a miles de millones de personas y preservar esta Tierra para las futuras generaciones. Con esto era imperativo que fueran escuchados en esta cumbre.

En la cultura campesina se trabajan comúnmente técnicas agrícolas que pasan de generación en generación las cuales son esenciales para el manejo integrado de cultivo. Técnicas estas que deben tener un lugar privilegiado pues sobreviven a través del tiempo y que ahora son desconocidas por la academia del agro. Estas técnicas también llamadas saberes ancestrales son la recopilación de experiencias o como le llamamos en la Agroecología ensayos populares realizados por las comunidades indígenas, afro-descendientes y criollos para construir una agricultura digna y sustentable.
Al comenzar una nueva década el  pueblo colombiano sigue siendo víctima de la más perversa,  prolongada, desconocida y atroz guerra  de las mencionadas como de “baja intensidad”, quizás con el larvado propósito que pase desapercibida, invisible, ante la mirada impasible de las otras naciones del orbe tratando de evitar que otros se solidaricen con la justa lucha de resistencia que adelantan los agredidos.
El proyecto político-criminal que se tomó el poder en Colombia
A comienzos de la década de los años ochenta comenzaron a hacer gala de grandes fortunas diversas personas y grupos familiares en el departamento de Antioquia, especialmente en la ciudad de Medellín capital de ese departamento. En las elecciones para congreso de 1982 uno de estos personajes se postuló como candidato, logrando conseguir una curul en la Cámara de Representantes (Cámara baja del congreso colombiano, el cual es bicameral).

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