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“(…) El sábado 18 de diciembre se apareció por el patio la directora de la cárcel y Granda aprovechó para hacerle una insólita petición:
-Doctora, yo soy muy aficionado al fútbol, hincha furibundo del Nacional para más señas, ¿por qué no nos manda un televisor para poder ver la final del campeonato que es mañana? – le insinuó el guerrillero. 
-Aquí había televisión pero el que pidió que la quitaran fue ahí su compañero, dizque porque hacía mucho ruido y no se podía concentrar en sus lecturas – le contestó la directora señalando hacia la celda de Palmera.
 
Simón, que estaba atento a la conversación de la directora con Granda, gritó desde su celda que él también quería ver la final pues era hincha del Junior, el equipo que enfrentaría a Nacional por el campeonato del fútbol colombiano. 
 
Fue así como el domingo, después del mediodía, llegó un televisor al patio y a eso de las tres de la tarde los dos jefes guerrilleros fueron sacados de sus celdas. Simón quedó ubicado en una silla al lado izquierdo de la pantalla, con dos guardias a su lado. En el centro se sentó otro guardia y a la derecha quedó Granda, también custodiado por dos funcionarios de la cárcel. Cuando se saludaron, Granda notó que Trinidad llevaba una revista Semana enrollada en su mano.
 
El partido, calificado por los especialistas de la época como una de las mejores finales del fútbol colombiano, no careció de emociones ni de goles. Nacional necesitaba ganar por más de cuatro goles para ser campeón pues había perdido 4-1 con Junior en el partido de ida jugado en Barranquilla, y metió el acelerador a fondo desde el pitazo inicial. Faltando tres minutos para terminar el juego, el conjunto local avasallaba a su rival 5-1 y Granda celebraba a rabiar, en medio de un clima más o menos relajado. Fue entonces cuando Trinidad intentó pasarle la revista que había aprisionado durante todo el partido, pero el guardia que estaba entre los dos se interpuso violentamente. Mientras el partido agonizaba, Trinidad agarró fuertemente por la muñeca al guardia que se quería quedar con la revista, se la arrebató y ya lo tenía agarrado del cuello para darle una trompada en el rostro, cuando, en medio de gritos y pitos y alarmas, Granda logró calmarlo, impidiendo que el asunto pasara a mayores. Terminado el tropel, cada uno de los reclusos fue llevado a empujones a su celda y lanzado a ella como un bulto, tras lo cual se escuchó el estruendo de las puertas al cerrarse.
 
Después, el patio fue invadido por un silencio de plomo, mientas los guardias sacaban el televisor del lugar.
-A pesar del escándalo por lo sucedido, yo me acosté tranquilo y hasta feliz esa noche, pues mi Nacional había logrado otra estrella. Sin embargo, cuál no sería mi rabia al otro día, cuando descubrí por las noticias que mientras acontecía aquella pelea entre el camarada y la guardia, Junior había metido un gol que obligó a la definición por penales y había quedado campeón.
La revista de la discordia contenía una carta de Simón que Granda nunca pudo leer. (…)”
 
Tomado de Jorge Enrique Botero, Simón Trinidad, el hombre de hierro, Edición ampliada, Ocean Sur, 2014.

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