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El 15 de agosto de 1805, comienza su gesta libertaria: en el Monte Aventino de Roma, Simón Bolívar jura -en presencia de su maestro, Simón Rodríguez- liberar del dominio español a la tierra que lo había visto nacer. Aquel joven sería a la postre el autor del Manifiesto de Cartagena, de la Carta de Jamaica, del Mensaje al Congreso de Angostura y el ejecutor de la “Campaña Admirable” y el “Cruce de los Andes”. Aquel hombre luchó en 49 batallas, escribió 2532 cartas, emitió 172 proclamas; recorrió 123 mil kilómetros, 65 mil a caballo; ese gran hombre supo unir a los pueblos oprimidos para luchar contra sus opresores.

Simón Bolívar brindo su esfuerzo y su vida para la emancipación americana de la opresión colonial española; fue el fundador de una postura clara y firme frente al naciente imperialismo norteamericano. Desde entonces, Bolívar se constituye en voz de los oprimidos que emprenden los combates, en todas las formas, por la liberación de nuestra América y la construcción de una Patria para todos, sin regímenes coloniales ni explotadores, combates que se prolongan hasta nuestros días.

Bolívar fundo su aspiración de independencia en concretas reivindicaciones de las masas indígenas, las clases subordinadas y las “castas” discriminadas. Su conciencia nacional estaba fundada en su conciencia social. Sabemos que la poderosa fuerza que lo motivó fue el huracán de masas inconformes con la opresión. Bolívar fue triunfante por el apoyo de las mismas, hasta que la intriga y la mezquindad oligárquica logró dividir y confundir al pueblo y a las naciones hermanas. Sin embargo, la vigencia del objetivo que se trazó desde sus primeras armas hasta su última proclama es cada vez más evidente en la lucha diaria de los pueblos de nuestra América: una patria libre, solidaria y unida. Por eso su gloria continúa creciendo hoy incontenible.

Acoger la herencia bolivariana entre los latinoamericanos y caribeños comprometidos con el futuro de Nuestra América, es cumplir con el deber que nos exigen nuestro tiempo y nuestra historia. Hoy, su legado sigue, cada vez más vigente, como fuente de pensamiento y acción, de lucha y resistencia, enmarcadas por la unidad, la solidaridad y el antiimperialismo:

• La unidad es necesaria para los pueblos de Nuestra América, pues solamente unidos podremos encontrar un destino común de independencia, libertad, justicia, democracia y paz, sobre la base de un proyecto que permita recrear históricamente la posibilidad de un orden social, político, económico y cultural, más justo y más digno de ser vivido, y que sin duda alguna es el socialismo.

• La solidaridad es indispensable con todos los pueblos en cada lugar del continente, con cada lucha, con todas las resistencias, con todos los procesos revolucionarios. La solidaridad es la ternura de los pueblos y es expresión de unidad en los logros y dignidad en las resistencias. Por ello que es urgente la solidaridad real y concreta con el pueblo colombiano y su lucha guerrillera y popular, con el pueblo cubano y su gobierno socialista y revolucionario, con Venezuela y su proceso bolivariano. Solidaridad con los presos políticos de todo el continente, algunos extraditados para ser juzgados en los mazmorras del imperio; con los Sin Tierra y los sin Techo de Brasil; con los Piqueteros y las Madres de Plaza de Mayo de Argentina; con los trabajadores, indígenas y campesinos de Bolivia, Perú, Ecuador, Chile y todo el Caribe; con los trabajadores emigrantes en Estados Unidos, la mayoría sometidos a la explotación y el racismo de un gobierno y una sociedad enfermos.
Solidaridad también, con todos los pueblos sometidos o amenazados con la guerra imperialista del capital, en donde quiera que se produzca: Palestina, Afganistán, Irak y Líbano, Siria, Irán, Corea del Norte.

• El antiimperialismo de los pueblos de la nuestra América y de otros pueblos oprimidos del mundo, es indispensable para construir estrategias de defensa común frente a las agresiones imperialistas y sus embates colonialistas como el ALCA, el Plan Puebla Panamá, La iniciativa Regional Andina, el Plan Colombia y los tratados de libre comercio con Estados Unidos. Es también el primer paso para la construcción de un polo de poder político y militar que garantice la soberanía de nuestros pueblos y la construcción y desarrollo de una alternativa política, social, económica y cultural conjunta.

El legado antiimperialista, la afirmación de la posibilidad y necesidad de la unidad latinoamericana, y la solidaridad en la lucha y determinación de liberación, son ideas que desde Bolívar vienen floreciendo y profundizándose como actitudes y aspiraciones desde el siglo XIX hasta la actualidad. Estos aspectos se entrelazan e incorporan a la tradición de lucha, compromiso y acción que constituye parte de la identidad nuestramericana y que perdurará entre nosotros hasta que se cumplan la liberación de nuestros pueblos y se concrete la unidad latinoamericana. Seguidores de estas ideas han sido también: San Martín, Sucre, Morelos, Hidalgo, Martí, Juárez, Mariátegui, Farabundo Marti, Augusto César Sandino, Julio Antonio Mella, el Che, Caamaño, Camilo Torres, Jacobo Arenas, Salvador Allende, Omar Torrijos, Carlos Marighella, Carlos Fonséca Amador, Roque Dalton, y muchos otros patriotas que han dado su vida en esa lucha común.

La lucha de nuestros pueblos por transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales está llamada a alimentarse de una de las fuentes más importantes que tenemos los latinoamericanos: el legado de los grandes hombres de Nuestra América. Puede decirse con toda seguridad, que el pensamiento bolivariano sigue más vivo que nunca. El proyecto del Libertador es hoy el fundamento de una verdadera estrategia de liberación, unidad, y dignidad para nuestros pueblos que permitirá enfrentar los embates del imperialismo y del neoliberalismo.

Bolívar rompe hoy los cristales de las vitrinas de museo y los cuadros donde lo tenían secuestrado. Monta en su caballo Palomo y guía con mano maestra el accionar de las FARC, Ejercito del Pueblo, en Colombia; va al reencuentro de su Venezuela bolivariana; conversa con los movimientos indígena y popular en Bolivia, Ecuador y Perú; dialoga con los pobres de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil; llama a la organización a Centroamérica y el Caribe; y a la América toda la invita a dar la batalla para conquistar la “Segunda y Definitiva Independencia”.
 


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