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Los voceros de las FARC-EP en la mesa  de diálogo hemos recibido suficientes certezas de que el presidente Santos representa a sectores pertenecientes al gran capital transnacional, controlado por los grupos financieros, que son refractarios a cualquier tipo de reforma  o transformación estructural que signifique un desarrollo verdadero del mundo rural, que beneficie a sus pobladores siempre marginados y empobrecidos por las políticas mezquinas de quienes detentan el poder. Este gobierno, sin duda alguna, ha profundizado la concentración de de la tierra en favor de las inversiones especulativas,  social y ambientalmente depredadoras.
 
Cuando nos hemos referido a los avances en las conversaciones ha sido para destacar un trecho andado en la búsqueda de la paz, gracias a la perseverancia de quienes reclamamos la solución política al conflicto interno. Pero siempre hemos precisado que tales avances son nimios respecto a lo que se requiere para concretar una verdadera reforma rural integral, democrática de beneficio popular. Dentro de esta circunstancia, hemos informado al país la existencia de desacuerdos sobre temas nodales para lograr un acuerdo definitivo de paz, como es aquel de la persistencia del latifundio, o de la extragerización de la tierra o de todas aquellas medidas que apuntan al despojo “legal” y a la descampesinización del campo.  A tales desacuerdos debemos volver más adelante para resolverlos, ya sea en la Mesa de diálogo o en el escenario del proceso constituyente abierto que está en marcha y que debe desembocar una Asamblea Nacional Constituyente.
 
Con el parlamentario Wilson Arias, como con otras personalidades políticas, académicas y dirigentes sociales, más que diferencias, sentimos que encontramos coincidencias estratégicas. Está claro, por ejemplo, que el llamado enfoque "moderno" de la ruralidad del Santismo, ha sido peor que el latifundio tradicional de por sí solo, y ha puesto en crisis la existencia del territorio como espacio natural, social, cultural e intercultural donde hunden sus raíces la historia y la memoria de nuestros pueblos. Pero además, desconoce a los campesinos hasta su derecho a existir como garantía de nuestra soberanía alimentaria. Los imagina solo como jornaleros empobrecidos y subyugados  a la gran empresa con el engaño, repetido una y mil veces, que la asociatividad los convertirá en prósperos empresarios, como el sofismático Juan Valdez de la propaganda “modernizante” del Presidente.
 
Aunque tenga que desvirtuar las referencias del Senador Arias respecto a voceros de la Delegación de paz de las FARC-EP, valoro la forma respetuosa como las realizó, quizás un poco desinformado o tocado por las tergiversaciones mediáticas. En todo caso, destacamos sus razonamientos  como parte de las bases espirituales para la paz. Es una lástima que esas visiones tengan de por medio la rémora de las élites que se resisten a la interlocución de las FARC-EP con otros sectores y personalidades comprometidos en la búsqueda de la solución política a esta larga y horrible noche de conflicto. Resulta inexplicable que un gobierno que logró la reelección con la bandera de la paz, trivialice el sentimiento nacional de paz y mantenga el propósito de impedirle a la sociedad en su conjunto su vinculación activa a este proceso de diálogo, que es lo que  establece el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.
 
Con el Senador Wilson Arias coincidimos también en la necesidad de darle espacios al debate -diáfano, crítico y constructivo- sobre las lecturas que hacemos de esta coyuntura nacional quienes estamos comprometidos en la lucha por las transformaciones democráticas. Pero a falta de diálogo, se han fortalecido las divergencias por las que hemos llegado a disyuntivas en que muchos compatriotas han tenido que bajarle el velo a la vergüenza y asistir a eventos como la pasada jornada electoral. Como decía el Libertador, "El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces". De luces y rectitud han adolecido quienes no contribuyen a construir una verdadera alternativa política que le devuelva a los colombianos la posibilidad de rehacer su destino.
 
Coletilla: No existe escrito público ni privado alguno donde los dirigente de las FARC-EP se haya manifestado o insinuado santistas, ni uribistas, ni en coqueteo con alguna de las facciones de la derecha militarista que estos señores representan, aparte de que nuestras críticas a la política neoliberal, así esta se disfrace de “modernidad” y “democratización”, son concretas, argumentadas y sin ambigüedades.
 

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