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En 2002 Andrés Pastrana, presentó al gobierno Clinton el borrador de un plan encaminado a la superación del conflicto social y armado que vive Colombia. Dicho escrito, sin resistir comparación con el Plan Marshall, encaminado a  la reconstrucción de Europa una vez terminada la Segunda Guerra Mundial; daba prioridad a la inversión social sobre la militar y de coerción judicial.

Con la arrogancia propia de los tiranos , fieles a la  máxima: “quien pone la plata, impone las condiciones”, el gringo envió sin miramiento la tibia propuesta de Pastrana al cesto de la basura, notificando con el humillante gesto  a la delegación colombiana quien mandaba y  a quien le correspondía obedecer.

De la copa, boca abajo, del sombrero del Tío Sam, los asesores de Clinton, con la rapidez de  Mandrake el mago extrajeron, redactado en idioma inglés una Directiva contrainsurgente; enmascarada bajo el remoque de “lucha contra el narco tráfico”. Esta debía  ser obligatoriamente aplicada en Colombia y luego extenderla por todo el continente.

Era la época en que los Estados Unidos buscaban afanosamente el reposicionamiento económico  y militar en la sub-región tratando de imponer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como forma de dominación neocolonial acorde con las políticas neoliberales practicadas sin pudor por unos gobernantes dóciles.

Un verdadero enjambre de altos funcionarios de los Departamentos de Estado, Tesoro, Pentágono, Comando Sur, Congresistas, delegaciones de las compañías multinacionales de los Estados Unidos; viajan por el continente en cumplimiento de misiones diplomáticas requiriendo  apoyo para el la iniciativa comercial, cuyo complemento e instrumento militar es el PLAN COLOMBIA, de guerra total contra las FARC-EP.

Para los estrategas gringos era claro que exterminada  la guerrilla colombiana la resistencia a los planes de sometimiento se harían más fáciles  y por otro lado se aseguraban que no pudieran  surgir otras guerrillas en el continente las cuales pudieran amenazar a los gobiernos burgueses e impedían que en el futuro se pudieran presentar  revoluciones triunfantes por la vía armada en América Latina y el Caribe.

Fracasado el intento de Área de Libere Comercio (ALCA) y carente de apoyo político regional el PLAN COLOMBIA; el imperio opta, en lo económico por los Tratados de Libre Comercio. En lo militar sacan la  variante de la “Iniciativa Regional Andina”, que murió de inanición al producirse los triunfos electorales de Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en el Ecuador, éxitos obtenidos por los pueblos inspirados en el ejemplo de la Revolución  Bolivariana.

Ante la situación creada, la regionalización del Plan Colombia debía esperar una mejor oportunidad.

A Washington le preocupa que cada vez más países en América Central y en la parte Sur abandonen su órbita y no acepten sumisos sus dictados. Es evidente que cada día se levantan nuevas voces de dignidad y resistencia a las pretensiones re colonizadoras de los Estados Unidos de América.

Los “tanques pensantes”  del imperio recomiendan actuar cuanto antes para evitar  que la situación se torne inmanejable dificultándoles apropiarse de los recursos energéticos, hídricos, maderables, genéticos, materiales, viales y hasta humanos tan variados y abundantes en esta parte del globo  mientas escasean o  han sido arrasados en el primer mundo.

Para ejecutar esa concepción global  en nuestra América fue que se ideo el PLAN COLOMBIA. La Casa Blanca ha sido coherente en su aplicación. Solo introduce las modificaciones que la situación requiera.

La impotencia de Uribe frente a la insurgencia de las FARC-EP; la frustración gringa al no poder deshacerse de Chávez, Ortega, Evo, Correa, a partir de  la oposición interna con golpes de estados incluidos en los respectivos países; el avance independiente de los pueblos de nuestra América; la incursión comercial de otras potencias en el área que le cercenan mercados; la aparición de organismos multilaterales no controlados por Washington; los avances en la unidad continental; la desobediencia al sometimiento a la política exterior norteamericana; convencieron a  Obama de la necesidad de instalar siete bases militares en Colombia.

Casi todos los Presidentes de la región fueron sorprendidos por el anuncio cuando todos conocen la forma de actuar del imperio que encontró en Uribe el instrumento dócil para continuar el expolio general.

Ahora aprovechando la privilegiada posición geoestratégica desde la patria de Nariño se dará el zarpazo contralas riquezas y los pueblos de las naciones hermanas, se tratará de revertir procesos revolucionarios y de aniquilar cualquier intento serio de cambios para imponer por la fuerza de las armas el Status Quo imperialista.

 

Pretendiendo  esconder sus macabros propósitos los gobernantes del país del Norte y su vasallo Uribe posan de inocentes y tiernas “caperucitas”; se tornan paradigmas de  altruistas causas; emprenden, cual andantes caballeros, ¡guerra al “terrorismo”!. Eso pregonan los mismos que lanzaron la bomba atómica contra el Japón, los que desatan guerras injustas, invaden pueblos, torturan, desaparecen y asesinan opositores; los que discriminan al negro y al latino; los que tienen al oro por su dios; los que explotan y oprimen continentes enteros.

¡Guerra al “terrorismo”! repite el ventrílocuo Uribe, el de las fosas comunes, hornos crematorios, ejecuciones extrajudiciales, el paramilitar asesino, fiel discípulo inquisidor, genuino terrorista de Estado y buitre insaciable del cementerio colombiano.

¡Lucha contra el “narco tráfico”! exclaman los mismos que se nutren con  los seiscientos ochenta mil millones de dólares (680.000 mil  millones)  que produce el negocio de narcóticos; los mismo que la impusieron la juventud de su país como una forma de escapismo de esa decadente sociedad capitalista; los mismos que llenan sus arcas  con las voluminosas ganancias producto de la venta de precursores químicos y de armas consustanciales al sucio negocio; los que irrigan su sistema financiero con las enormes fortunas amasadas con la degradación humana; los que financias guerras con sus narco dólares.

Guerra contra el “narco tráfico” repite el ventrílocuo Uribe, traficante referenciado con el número 82 en la lista de la DEA; el amigazo del Capo Pablo Escobar  quien lo llamaba cariñosamente “Doptor Varito” cuando era  ficha clave del Cartel de Medellín, en la aeronáutica civil para que desde allí expidiera patentes de funcionamiento de aviones y pistas de aterrizaje, propiedad de la organización criminal; el mismo que compró fincas y ganados pagados con cocaína; el mismo que desde la Presidencia de la República le ordenó al Departamento Administrativo de Seguridad (DAS)entrar en el negocio de la droga para ayudar a financiar la guerra  contra las FARC-EP, como lo hizo Oliver North  contra los Sandinistas en Nicaragua.

Definitivamente no les luce a Obama y Uribe disfrazarse de inocentes abuelitas, porque los ojos ensangrentados de lobo feroz delatan los modernos radares; las enormes orejas son escuchas espiando a los vecinos; las protuberantes mandíbulas plagadas de afilados dientes son sus cohetes y aviones, las garras son su soldadesca infernal y todo su cuerpo el monstruo que nos tragaría si en nuestra América solo existieran lobos Uribes y no hombres, mujeres, gobernantes y pueblos con dignidad y entereza, prestos a derrotar la fiera  luchando por la patria grande, libre y soberana, que anida en el sueño eterno de Bolívar.

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