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La Colombia en Paz es Soberana

Tomado de: Foro Permanente 
Por: Louverture

Qué es lo fundamental y qué lo secundario, en una sociedad en la que la oligarquía ha impuesto la guerra a todo un pueblo, y en que el movimiento social hoy irrumpe con una fuerza demoledora abriéndose camino frente a un Estado y sus instituciones que aparecen cada vez más fosilizadas, con una oligarquía  que desde  sus aparatos mediáticos se empecina en desvirtuar la insurgencia y el auge de las masas.

En este mar de contradicciones transita la sociedad Colombiana, un sector minoritario representante de la   decadencia,  queriendo presentar la  ola masiva de protesta, como de seres enfermizos; ocultándole a la sociedad que la  enfermedad que padece el movimiento social y la insurgencia es la del crecimiento. 

Sobrepasar los distintos planes contrainsurgente frente a la alta tecnología de punta  en el aspecto militar, ha servido a la creación de otra generación de combatientes, altamente cualificados en el terreno militar. Resultado que el alto mando colombiano no esperaba, introduciendo  dentro del seno del enemigo una multiplicidad de planteamientos no solo en el orden táctico y estratégico; pues concomitantemente se ha sumado el auge de la protesta con alcance de organicidad en todo el territorio con un pliego programático.

La mesa en la Habana ante  la actual situación que vive la sociedad colombiana no es una casualidad ni cae del cielo, es una necesidad en respuesta  al cúmulo de contradicciones que vive la sociedad Colombiana frente a la clase gobernante, y del presupuesto que se hicieron en derrotar la insurgencia y no dejar levantar la protesta organizada del movimiento social.

Por lo que las cerca de 200 propuestas que plantean las FARC, constituyen el eco del clamor del pueblo y representan la piedra en el zapato  al Estado  Colombiano y sus objetivos neoliberales. Ya que la construcción de la paz con justicia social requiere de cambios profundos en las estructuras y políticas del Estado.

Más aún, asumiendo que el Estado es una “fuerza especial de represión” en que el ejército y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del poder del Estado. Agravado, en un país intervenido por fuerzas extranjeras, expresado no solo con la presencia de 7 bases yanquis cuyos  recursos económicos y logísticos  conllevan al desarrollo del plan estratégico de los gringos,  que reposan en una serie de documentos y acuerdos que afectan no solo al país sino a toda  la región. Un país en guerra e intervenido militarmente, hace que  la soberanía pase a ser un aspecto fundamental como llave para resolver todos los demás problemas de orden estructural engendrados en la violencia que genera la clase dominante en la sociedad Colombiana.

 La naturaleza del actual Estado colombiano no escapa a la época que vive el mundo de hoy ya que esta insertado en el mismo, con una oligarquía que le sirve de peón a la voracidad del sector financiero de las multinacionales en especial a las extractivas,  mancornada al militarismo como expresión de fuerza hacia el despojo. Los que nos han impuesto la guerra no pueden pretender imponer la paz, Las clases dominantes anhelan la paz  extractiva de las mineras, cavando nuestra soberanía, o esa paz (obrero, patronal) laboral entre el capital y trabajo, o la paz a lo más de 5 millones de colombianos que conforman el pueblo errante por el despojo de su tierra. ¡Una paz falsa!

Colombia hoy comienza a tambalear en la medida  que ejerce su legítimo derecho a pensar, ese derecho de gente abre paso al conocimiento, y necesariamente va gestando los cambios hacia una sociedad nueva, democrática y soberana. Este es el proceso que se vive, es  un salto adelante, cuyos resultados dependen de la unidad y la contundencia de  la acción política combinada en la que participen los sectores más consecuentes de nuestro país, los campesinos organizados, trabajadores asalariados, intelectuales, estudiantes todos insurgentes junto a la insurgencia. 

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