El capitalismo, para crecer tiene que producir más, y por tanto necesita vender más. Sin embargo, esto último no ha pasado. Durante la última década en todo el mundo se ha dado un fenómeno llamado subconsumo, que es que se vende mucho menos de lo que se produce. La riqueza, el valor, se genera durante la producción de mercancías, pero para que ese valor se haga efectivo, la mercancía se tiene que vender. Por tanto, ese subconsumo, el que se consuma menos de lo que se produce, necesita de mucho crédito. Porque las empresas, al no poder vender sus productos, tienen que recurrir al crédito para seguir produciendo. En España o Irlanda se tiene el ejemplo claro de esto. En España se han construido casi tantas viviendas como en el resto de Europa en el mismo tiempo. Millones de viviendas vacías, que no se podrán comprar. En Irlanda se llegó incluso a destruir edificios de viviendas.

La crisis es intrínseca al capitalismo.

En España, del ´85 al ´95 el PIB español se dobla, mientras que los salarios bajan un 10%. Si se crece es porque se produce más, pero ¿cómo se van a comprar más mercancías si los que las compran ganan menos? Pues con créditos. Un sector financiero super inflado, que dio créditos baratos a los europeos para que siguieran consumiendo como si fueran ricos.
Comprando casas con hipotecas a 40 años con cuotas mensuales que equivalían a un sueldo mensual. La deuda de las familias en España pasó de ser un 70% de su renta en el 2000, a ser el 130% en el 2008. Ese juego se terminó, y la burbuja estalló.

Y si al final el capital financiero es trabajo explotado, ¿de dónde venía tanto dinero? Pues del imperialismo, de la explotación de los recursos y los pueblos del sur. América Latina se pregunta cómo muchos países pertenecientes a la UE se encuentran en una crisis de esta magnitud. ¿Cómo es posible que se haya llegado a esa situación? Y es que durante décadas los ciudadanos imperiales fueron el muro de contención, la base del termitero, hasta que
no aguantaron más. Ese crédito “infinito”, el consumo desmedido, y la repetición incesante de que el Euro y la economía europea son los más fuertes del mundo, hizo creer a las clases populares que no tenían nada que ver con  las clases populares de los países empobrecidos, que eran de... otra clase.
También se pregunta Latinoamérica cómo los pueblos del sur de Europa apenas si ofrecen resistencia a ajustes estructurales que la América bien conoció en décadas anteriores. Italia, Portugal, Grecia, Irlanda y la “Madre Patria”, España, sufren niveles de desempleo que superan el 20%. En concreto, en el sur de España, regiones enteras están por encima del 40% del desempleo. Eso realmente significa que una de cada dos personas está buscando activamente empleo, es una situación desesperante. En esos países más de la mitad de los jóvenes menores de 25 años no tiene trabajo, la otra mitad está formándose con la esperanza de encontrarlo algún día.

Grecia lleva cinco años cayendo por el barranco. La tasa de desempleo supera el 25%, un 11% de la población está en la extrema pobreza, eso significa que no tiene electricidad o calefacción y que tienen que comer de comedores sociales. ¡En los últimos 5 años han perdido un 20% de su PIB! Eso significa que el país ha perdido un 20% de su riqueza. Grecia se enfrenta a una emergencia humanitaria, ignorada por los poderes europeos y los medios de comunicación de masas. La Unión Europea está mandando alimentos a España y Grecia, tratando de aliviar el hambre y la desesperación. Desesperación bien aprovechada por partidos neonazis como Amanecer Dorado.

El expolio al pueblo griego tiene muchos siglos, pero se ha acentuado en las últimas décadas. A Berlín y Londres no sólo llegaron las reliquias históricas de la civilización griega, sino un flujo de recursos que parece no tener fin. Alemania destruyó Grecia, que resistió heroicamente primero al exterminio nazi y después a una larga dictadura. Aun así, Grecia, junto a otros países europeos perdonó la mitad de la deuda a Alemania, algo que Alemania parece olvidar.

Por primera vez en muchas décadas no sólo se destruye empleo, sino que también se destruye riqueza. A eso lo llaman crisis, crecimiento negativo, o recesión. Los poderes mediáticos hacen un llamamiento primero a la paciencia, a la resignación, a que vendrán tiempos mejores, que se volverá a crecer, crear empleo, y volverán las vacas gordas. Sin embargo, es un cuento, una canción de cuna para adormecer a las clases populares. Esta
situación que explotó en el 2007, si bien es cierto que empezó como crisis, se convirtió rápidamente en una estafa. Hoy, en Europa entera, la crisis ha llevado al aumento de las desigualdades.

Las 100 personas más ricas del mundo ganaron en 2012 todo lo que el Estado español gastó en sanidad, desempleo y pensiones. El tercer hombre más rico del mundo es Amancio Ortega, español, cuyos beneficios aumentaron un 63% el año pasado. Los más ricos de España ganaron un 8% más que en el año anterior. Parece que no hay crisis para todos.

Y es que la crisis conllevó a una serie de políticas económicas, viejas recetas del FMI en América Latina, de ajuste estructural. En Europa lo llaman “austeridad”. Mientras inyectan a los bancos cerca de un billón de euros € para salvarlos de su codicia, se recortan todo tipo de servicios públicos. La sanidad se privatiza y las medicinas escasean en Grecia porque las multinacionales farmacéuticas se niegan a suministrar a los hospitales por impago. Las pensiones se reducen, e incluso peligran. Todas estas medidas de recortes que se producen para rescatar a los bancos de la bancarrota socializan las pérdidas, mientras que durante décadas se privatizaron los beneficios.

El saqueo es tan descarado que en Chipre, tras amenazar a los ciudadanos con el total colapso de la economía, la Comisión Europea rescata a la banca chipriota con la condición de que se “retengan” los ahorros de todos los ciudadanos. Los ciudadanos pagando directamente el festín de los especuladores. Lo irónico de este caso es que el presidente de Chipre ganó las elecciones con la amenaza de que si lo hacían los comunistas, éstos se quedarían con los ahorros de los ciudadanos.

Por primera vez, la generación mejor formada de la historia de Europa vivirá peor que sus padres. Cientos de miles de españoles, la mayoría jóvenes formados, han abandonado España en los últimos años en busca de una vida mejor en el extranjero. España, que ha sido receptor de inmigrantes, vuelve a hacer las maletas. Ahora tiene que llamar a la puerta de aquellos a los que maltrató, utilizó como mano de obra barata o como esclava del hogar.

Los pueblos de América Latina se preguntan asombrados cómo ha podido pasar, y especialmente, cómo es posible que no reaccionen. Y es que, como teoriza Naomi Klein en su Doctrina del Shock, los ajustes estructurales tuvieron que imponerse a sangre y fuego en el continente. Los pueblos latinoamericanos no se iban a dejar vender tan fácilmente. Dictaduras y guerra fueron necesarias para doblegar a los pueblos mestizos. Lo mismo pasa en los países periféricos europeos, los pueblos están en shock. Aun así, la movilización y la resistencia existen, y están creciendo. Los niveles de represión aumentan a la par. El desenlace, incierto.

Hablaremos en el futuro de las distintas formas de resistencia que se están articulando en los países “neo-empobrecidos” de la Unión Europea, y sus semejanzas con la resistencia latinoamericana. Ahora, pueblos europeos y latinoamericanos más hermanados que nunca.

El futuro de unos influenciará a los otros.