EL MUNDIAL, LA FIFA, LAS PROTESTAS SOCIALES Y EL CAPITALISMO EN BRASIL

Por Carlos Pineda
Integrante del Partido Comunista Clandestino Colombiano

Lo poco que en el pueblo colombiano conocemos sobre Brasil se reduce al fútbol, la samba, las playas, las mujeres bonitas y uno que otro sitio turístico, que por estos días están saliendo con más intensidad en la televisión y en los periódicos de nuestro país. No es para decepcionar a nadie, especialmente a quienes creen que Brasil es un paraíso, pero la verdad debe ser dicha. Este gigante latinoamericano reconocido por ser una de las economías más grandes del mundo, también sufre todos los males que la barbarie capitalista ha ocasionado en el mundo entero.


Los dos motivos por los cuales Brasil está llamando la atención en todo el mundo, en realidad es sólo uno. En una primera impresión se puede identificar El Mundial de Fútbol de la FIFA y las grandes protestas sociales como los temas de fondo, pero lo que en realidad allí se presenta, es el capitalismo como raíz más profunda. A continuación haremos una breve presentación de los dos motivos mencionados, para demostrar el por qué estos no son más que manifestaciones de una contradicción mucho más compleja, que corresponde al Modo de Producción sobre el cual se reproduce esta sociedad.

LA COPA MUNDIAL DE FÙTBOL DE LA FIFA

La grandeza de las luces, los estadios y las ciudades donde se juegan los partidos de fútbol es tan sólo la parte bonita que la mayoría del mundo logra ver cuando se desarrolla el campeonato de fútbol organizado por la FIFA, no obstante detrás de tanta magnificencia, se esconden situaciones escandalosas, que de ser conocidas por la mayoría de los aficionados, este importante campeonato se tornaría un foco de críticas mucho mayor que el que hoy ya es.


Basta recordar el Mundial de Argentina 1978, donde mientras la mayoría de aficionados estaba entretenida viendo los juegos por televisión, los militares aprovechaban no sólo para continuar desapareciendo, encarcelando y torturando, sino también para legitimar su gobierno dictatorial ante todo el mundo. Con el transcurrir del tiempo y la creciente complejidad del capitalismo, la Copa del Mundo cumple papeles que ejecutan a cabalidad los objetivos trazados por el capitalismo transnacional y nacional, tal y como hoy está quedando claro en Brasil.


Para iniciar vale la pena recordar los enormes escándalos de corrupción al interior de la FIFA, organismo controlado por grandes magnates que lo menos que les interesa es el fútbol, pues tienen centrado sus intereses a la producción de capital; pese a que tales escándalos salen a la luz pública, las personas de la misma clase política que se siguen eligiendo y se hace reelegir para hacer del fútbol y la integración de los pueblos un simple espectáculo con ánimo de lucro totalmente excluyente.


En su gran mayoría, las ciudades donde se juegan algunos partidos tienen que hacer grandes reformas de infraestructura cumpliendo los criterios ordenados por los entes internacionales en cabeza de la FIFA. Millones de dólares del presupuesto público son invertidos para remodelar los estadios y las zonas urbanas cercanas a éstos. Detrás de esta renovación del paisaje lo que en realidad se encuentra es la remoción y el desplazamiento de miles y tal vez millones de familias que viviendo en una humilde casa, tienen que verla caer para después intentar construir una nueva. Sin embargo, la valorización de las zonas urbanas y por tanto el encarecimiento de la vivienda, los servicios públicos, el transporte, entre otros, impiden que sean las mismas personas que allí vivían, quienes tengan acceso a la nuevas viviendas. Es posible ver entonces que bajo el control de la especulación financiera se ejerce el desplazamiento forzado de muchas familias que cada día nutren los cinturones de miseria de las grandes metrópolis.


Por otro lado, lo que queda en evidencia es la articulación capitalista entre el Estado Burgués, la FIFA y los monopolios de la construcción que se ven beneficiados con contratos multimillonarios. Tumbar parte de una ciudad que es juzgada por la burguesía nacional e internacional como “fea” o poco “moderna”, para levantar  una infraestructura que no corresponde con el paisaje y las condiciones económicas del país, es un acto violento del capital en contra de los trabajadores y gente humilde que con el sudor de su frente cada día tienen que ver cómo hacen para sobrevivir. Queda claro que la idea de la clase burguesa es producir dinero y apropiarse de los mejores territorios urbanos, tarea en la que la Copa Mundial cumple un buen papel.


Como siempre ha sucedido, y como va a suceder en el Mundial de Brasil 2014, los altos costos sociales, políticos, económicos, culturales y ambientales los tiene que asumir el pueblo, para satisfacer los intereses de las empresas transnacionales y de la clase burguesa que tiene las condiciones económicas para venir desde el otro lado del mundo a disfrutar del turismo y del campeonato mundial. Ninguna de las medidas de modernización beneficia al pueblo brasilero, y tan sólo están dadas para recibir como en hotel de 5 estrellas a los burgueses del capitalismo central. Si en Colombia la gente está animada para participar de este mundial debido a que está muy cerca, deben ser conscientes que los costos de viaje, hospedaje, alimentación e ingresos al Estadio, no rebajan de 20 millones de pesos por persona; así pues que antes que entusiasmarnos y empeñar lo poco que tenemos para poder ver un partido de fútbol, lo mejor que podríamos hacer es indignarnos y solidarizarnos con las luchas sociales que desde el 2013 se vienen presentando en las diferentes ciudades de Brasil.

LAS PROTESTAS SOCIALES EN BRASIL
Todos vimos cómo durante junio y julio del 2013 las calles de las principales ciudades brasileras se colmaban de gente manifestando su inconformismo frente a diferentes temas. Las principales avenidas de ciudades como Porto Alegre, Rio de Janeiro y San Pablo se convirtieron en escenarios de protestas sociales, que en poco tiempo se transformaron en campos de batalla. Por su parte, en Brasilia, ciudad capital, no sólo las calles sino los edificios gubernamentales fueron rodeadas por los manifestantes.


En apariencia, el motivo central de las protestas fue el aumento de los pasajes urbanos, que en ciudades como San Pablo alcanzan el precio de 1,3 dólares (casi tres mil pesos colombianos), mientras que un pasaje de metro en Buenos Aires cuestas cerca de 4 centavos de dólar. Sin duda las tarifas de transporte impulsaron la participación de diferentes sectores sociales que se ven afectados con las políticas gubernamentales, sin embargo, en la medida que las manifestaciones crecían, cada sector mostraba su situación particular acrecentando los motivos de las protestas.


Los estudiantes, los sindicatos, los partidos políticos de izquierda, los movimientos sociales y la gente del común se tomaron las calles demostrando que no están de acuerdo con los rumbos por los cuales el gobierno lleva al país, lo que deja claro que no hay consenso en administrar el Estado al servicio del capital, dejando solo un mínimo recurso para la satisfacción de las necesidades del pueblo. Si bien se deben reconocer algunas medidas adoptadas por el gobierno para reducir la pobreza, la verdad es que la desigualdad social aumenta, y quien lleva la mejor parte son las elites históricamente privilegiadas.


Viendo desde este ángulo las manifestaciones sociales en Brasil, es totalmente erróneo afirmar que su motivo principal sea el aumento de pasajes; si bien este fue un detonante y un motivo más que consiguió movilizar a millones de brasileros, en realidad hay temas estructurales que abordan otras realidades como la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la vivienda, la educación, la salud, la seguridad social y otros, que hacen de este país uno más donde el capital se impone negando los derechos de los ciudadanos.


El ciclo de protestas no ha acabado. El 2014 inició con manifestaciones en contra del aumento de pasajes que nuevamente intenta ser implementado por algunos gobiernos departamentales. Por su parte, el sector de la salud enriquece sus debates y desarrolla actividades exigiendo mejores condiciones para toda la población; mientras que sectores sindicales como los petroleros, los profesores y funcionarios públicos se alistan para un largo año de protestas. Sin duda alguna, los movimientos de derechos humanos cumplirán un papel fundamental en las próximas manifestaciones, no sólo para denunciar las agresiones policiales de las que las protestas están siendo víctimas, sino porque la violación sistemática a estos derechos, es una condición que tienen que afrontar día a día los sectores marginales que viven en las favelas.


El 2014 parece ser un año donde se junta las inconformidades que se manifestaron el año pasado y que poco a poco encuentran elementos en común para seguir avanzando. Las elecciones presidenciales y la Copa Mundial de Fútbol serán escenarios que posibiliten la articulación del movimiento social y la denuncia de las medidas que el capital está implementando en el país. Al igual que otros países de América Latina, el capital tiene que recurrir a la fuerza y a medidas cada vez más excluyentes, que vienen generando la reacción del pueblo. Por el momento en Brasil existen cientos de organizaciones políticas que representan los intereses del pueblo, sin embargo, el reto es construir la articulación de la gran mayoría de éstas luchas, porque sólo así será posible enfrentarse con eficiencia al capital, parando las medidas devastadoras como en las que actualmente se desarrolla la Copa Mundo de Fútbol.


Atacar las acciones implementadas por el capital en cada uno de los países es responsabilidad directa de los respectivos pueblos nacionales, sin embargo, el principio de solidaridad y el reconocimiento de la lucha contra el capital como una lucha de clases, nos exige acompañar las luchas revolucionarias, aunando esfuerzos para acabar con la barbarie y construir las bases para el socialismo.