Días después, en las paginas del diario La Opinión se ofrecían nuevos rostros de las luchas del Catatumbo. Un cortejo de campesinos alzaba el féretro de uno de sus compañeros asesinado por la policía en plena vía pública bloqueada, apenas a metros de los homicidas. Cualquier curioso podría notar que el color rojo y negro se repetía en el fondo de la imagen. ¿La razón? Varios de los compañeros asistían a este acto simbólico con la camiseta del Cúcuta Deportivo, el club de sus amores.

Y así como la juventud campesina tropeleó en las vías de Norte de Santander con sus casacas futboleras puestas, confrontando la brutalidad policial y la injusticia, en las tribunas populares de todo el país, jóvenes hinchas desplegaron banderas de solidaridad con los campesinos catatumberos: la juventud urbana se hermanaba con la lucha de la juventud campesina.

Dicha cercanía entre fanatismo futbolero y luchas sociales no es nueva en Colombia. En 1952, durante los días más duros del gobierno conservador de Urdaneta, el ejército ingresó al estadio de la Universidad Nacional para reprimir fuertemente a los jugadores e hinchas de Independiente Santa Fe en un acto de abuso de autoridad altamente censurable que pasó silenciosamente por las páginas de la prensa (en momentos de altísima censura). Como respuesta, la indignada hinchada cardenal protagonizó expresiones de rechazo al hecho y las tribunas santafereñas (gaitanistas por tradición) se consolidaron como fortín de conspiración liberal.

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(Esta galería esta incompleta, como bien nos lo comentaron varios lectores, con mucho gusto seguiremos publicando imágenes de las diversas manifestaciones de apoyos al paro desde las barras...)

Años después, en plena dictadura de Rojas Pinilla, un hincha del América de nueve años, Omar Caicedo, resultó asesinado a balazos en la entrada de la tribuna de sombra del Estadio Pascual Guerrero de Cali. La indignación popular fue tal que se tuvo que remover la vigilancia policial para los partidos de los diablos rojos. Una  placa en la entrada del estadio recordó el lamentable incidente, hasta que un alcalde neoliberal remodeló el viejo edificio y desechó el recuerdo de este primer mártir de la pasión futbolera colombiana.

El 2 de febrero de 1968, en el marco de la Jornada Mundial de Solidaridad con el Pueblo de Vietnam, un grupo de jóvenes comunistas entre los que se contaban Jaime Bateman y Lucho Otero (luego fundadores y líderes del Movimiento 19 de Abril) realizaron una acción intrépida en el partido internacional por Copa Libertadores entre Millonarios y Estudiantes de La Plata: vestidos como hinchas embajadores, ingresaron clandestinamente una bandera solidaria con el pueblo del Tío Ho, y la desplegaron en plena ceremonia de himnos, consiguiendo tanto la visibilidad de la campaña como tener que enfrentar una persecución policial televisada en medio de los propios jugadores.

Y, para no ir más lejos, recordemos las barras populares solidarizándose con la lucha de los estudiantes contra la reforma a la ley 30 en el combativo año 2011 y con el Paro Cafetero de 2013.

Ahora, con ocasión del Paro Nacional Agrario y Nacional, la respuesta no se hizo esperar. Hinchas de Millonarios, Santa Fe, Deportes Tolima, DIM, Atlético Bucaramanga, Nacional, Deportivo Cali, América y Deportivo Pereira enarbolaron en las tribunas su solidaridad con los miles de luchadores del Paro que conmocionó al país y ahondó la crisis de legitimidad del gobierno Santos. Incluso un grupo de hinchas estudiantes de la Universidad Industrial de Santander llevaron un enorme trapo de solidaridad con el Paro y lo desplegaron por algunos minutos durante el partido Colombia vs Ecuador en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Acertadamente lo coreaban los hinchas de Millos:

“Policía, policía:
asesinos con poder.
¡Suelten a los campesinos
que les han dado de comer!”

Las rutas de la resistencia en Colombia son enrevesadas y complejas, pero tienden a la unidad y la lucha. Que la pasión futbolera ya transite por ellas es una ganancia enorme. Seguiremos trabajando en este sentido para así poder apoyar desde las tribunas populares la construcción de la Nueva Colombia.