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Comentando “La Paz en Colombia” de Fidel


Pero además, como bien recoge Fidel del libro de Alape, Marulanda es de origen liberal y en su proceso de transformación en militante comunista supo diferenciarse de ciertas concepciones y actitudes presentes entonces en el Partido Comunista Colombiano.

Ese proceso de creación y desarrollo de las FARC como fuerza militar conducida por comunistas nunca fue un proceso libre de las tensiones que generalmente surgen en ese tipo de relación (partido legal y fuerza insurgente penalizada) y en el contexto de una compleja combinación de esas estructuras y formas de lucha.

La ruptura finalmente tuvo lugar en 1993. Las FARC se separaron del PC legal y crearon primero el Partido Comunista Clandestino y luego el Movimiento Bolivariano como estructura más amplia y flexible, también clandestina.

Como PCC legal pudo haber amarras al centro soviético. Pero como FARC realmente no. Esta organización político-militar se conformó con mucha autonomía en todos los órdenes.

No creo, pues, que en este aspecto (posicionamiento respecto a la URSS) puedan sustentarse los relativos distanciamientos político-ideológicos entre los líderes de las FARC y los líderes de la revolución cubana.

Porque además, la revolución cubana y el Partido Comunista de Cuba, mas allá de su origen herético y su gran independencia inicial, más allá del peso de la cubanidad a su interior, también fue influido por la URSS (incluso más allá de la gravitación del viejo PSP pro-soviético), al punto que su modelo de transición al socialismo resultó impregnado en no pocos aspectos por los grados de dependencia de esa gran potencia euro-oriental y por el peso de su gravitación ideológica.

La “copiadera”, como el propio Fidel la bautizó, no fue poca cosa, aunque siempre hubo tensiones y choques entre los/as más inclinadas hacia la sovietización y los/as defensores/as de la originalidad.

Fidel, pese a su indiscutible espíritu independiente y creador, resultó ser un gran árbitro de esas tensiones y por tanto hubo de representar expresiones combinadas de esas corrientes y balancear situaciones. Nunca se produjo la subordinación total, pero si no pocas concesiones y pasos condicionados junto a expresiones de autodeterminación y hasta de rebeldía.

Esto también se reflejó en la política exterior del partido y del Estado, donde se registran muchas iniciativas soberanas y también actitudes complacientes como fue el respaldo a la intervención soviética en Checoslovaquia y la aceptación, sin una reflexión critica, del status quo del sistema soviético afectado por una crisis evidente. A estas alturas todavía el PC de Cuba no ha hecho un análisis institucional que explique a profundidad las causas del derrumbe del llamado socialismo real.

La escuela del pensamiento soviético, el marxismo dogmatizado, penetró profundamente en la academia cubana, sobre todo en las ciencias sociales, en el sistema de educación, en el partido, en las fuerzas armadas y en muchas otras instituciones cubanas.

En consecuencia, nos se ajustaría a la verdad histórica presentar a las FARC como seguidores del PCUS y al Partido Comunista de Cuba como algo totalmente independiente y distinto como se ha insinuado.

 

La evolución de las FARC hacia un marxismo cada vez más creador, hacia una certera combinación del pensamiento socialista revolucionario moderno con el bolivarianismo, es cada vez más acentuada y esa realidad merece ser valorada en el debate actual. En las FARC se estudia a Marx, a Lenin, a Rosa Luxemburgo, al Che, a Fidel, a Mariátegui, a Gramsci, a Bolívar, a Martí, y a los pensadores revolucionarios de estos tiempos. Esto coexiste también con un pesado lastre dogmático.

Cuba avanzó muchísimo al inicio en cuanto pensamiento critico, a la recuperación del pensamiento martiano y a su combinación con el marxismo herético. Pero ha sufrido serios periodos de involución por la gravitación de la escuela soviética, conservando y desarrollando a la vez una gran cantidad de cuadros y dirigentes reacios al dogmatismo y defensores de un marxismo creador y un pensamiento crítico e innovador.

Perdura esa brega histórica y hoy ella tiende a expresarse con renovados bríos cuando se pone a la orden del día la necesidad de un cambio de modelo, de una nueva transición revolucionaria que supere el burocratismo y el estatismo mediante un programa de socialización de la propiedad y de la gestión pública, y transformaciones políticas y sociales hacia una democracia más participativa y más integral.


  • No ingerencia

Los limites entre la ingerencia y la solidaridad no son fáciles de establecer, sobre todo en el terreno de las relaciones entre fuerzas revolucionarias desiguales y con escenarios y procesos de lucha diferentes. Igual la relación entre hegemonía, seguidísimo, independencia y vínculos mutuamente respetuosos.

La experiencia vivida indica que las tensiones y contradicciones que esas relaciones generan resultan más difíciles de resolver armónicamente cuando una de las partes se constituye en fuerza conductora de una revolución transformada en poder.

No pocas veces el equilibrio necesario se rompe y las tendencias a la imposición y a la dependencia afloran.

Pero también suceden estas situaciones en las relaciones entre Estado y gobiernos aliados y entre Estado y gobierno disímiles.

Cuba ha sido muy cuidadosa en el tratamiento de las relaciones con otros gobiernos y Estados latinoamericanos con regímenes económicos, sociales y políticos diferentes.

Fidel ofrece en “La Paz en Colombia” varias muestras de su delicadeza en ese plano y también saca a relucir actitudes prudentes y respetuosas con otras fuerzas revolucionarias de la región.

Eso ha sido así en términos concretos. Pero no siempre, ni en todos los periodos, casos y circunstancias.

Pero además, la delicadeza que puede tener Fidel, no siempre las tienen todos lo cuadros y funcionarios de los departamentos de la Sección Internacional del PC de Cuba o del aparato diplomático cubano.

En el periodo de predominio de la concepción “foquista” (versión reduccionista de su propia y certera variante guerrillera) se implementaron no pocas veces métodos injerencistas, modalidades de reclutamiento, presiones indirectas y directas que conformaron actitudes hegemonistas, que a su vez estimularon posiciones seguidistas que hicieron daños a diferentes procesos nacionales. Esto también se ha expresado en otras circunstancias.

La tolerancia frente a la diversidad revolucionaria no siempre ha acompañado la política cubana, menos aun cuando se han expresado críticas o diferencias significativas respecto al modelo vigente en Cuba y a los modelos de transición socialistas. Me refiero a críticas o divergencias desde claras posiciones de izquierda, revolucionaria, socialista, comunista.

Los protagonistas de las revoluciones triunfantes tienden a ver los demás procesos a través de sus propios lentes y experiencias vividas, y tienden a responder al acoso imperialista y a la hostilidad de otros Estados con esa visión sesgada, empeñándose en la expansión de esa experiencia en forma un tanto mecánica.

Esos factores se cambiaron en Cuba para fortalecer tendencias a la instrumentalizar otros movimientos revolucionarios en función de ese interés y de esa visión.

Posteriormente la contaminación dogmática ha tenido presencia significativa en no pocas instancias del partido y el Estado cubano, generando diversos grados de intolerancia y la consiguiente penalización de la no coincidencia.

Dirigentes, cuadros, militantes y organizaciones revolucionarias, históricas y firmemente solidarias con la revolución cubana (como los/as que más), pero no incondicionales y si con capacidad y valor crítico, han sido progresivamente marginados/as, excluidos/as de determinados escenarios e incluso descalificados con opiniones no veraces e estigmatizaciones injustas…por el hecho de plantear una visión diferente sobre la construcción del socialismo, las relaciones partido-estado, el tipo de democracia, los procesos de burocratización y dogmatización, y las políticas implementadas en una u otra vertiente.


Y lo digo por experiencia propia y también ajena.

La dirección revolucionaria cubana tiene muchos méritos y no pocas virtudes y aciertos. Pero en verdad no es acertado considerarla infalible o ponerle 100 en todas las materias.

En las relaciones de amistad, cooperación y solidaridad se han cometido errores significativos que no se deberían obviar a la hora de evaluar.

No han faltado excesivas preeminencias de las relaciones de Estado y de gobierno sobre –y a veces en detrimento- de relaciones solidarias con las fuerzas revolucionarias de los países con los cuales Cuba tiene vínculos oficiales y de otra índole de Gobierno a Gobierno.

A menudo la prioridad política desde la óptica revolucionaria se invierte, sobre todo si las organizaciones revolucionarias están enfrentadas a esos gobiernos.

La tendencia a valorar a los demás gobiernos y partidos por la actitud que tengan frente a Cuba muchas veces predomina por sobre sus negativas características políticas e ideológicas y por sobre sus nefastas prácticas de gobierno al interior de sus países.

Esto casi siempre desata presiones de hecho y distanciamientos notables entre los actores revolucionarios de ambos países, y generalmente del más fuerte hacia el más débil, que tiende a perder mesura y delicadeza. Y eso también ha pasado en la política e instituciones de Cuba encargadas de las relaciones internacionales.

Creo que en diferentes grados, según los temas y periodos, muchas de estas reacciones y posicionamientos dieron lugar a inconsecuencias y a enfoques y posturas no acertadas respecto a las FARC y al proceso colombiano.


  • Guerras cortas y guerras prolongadas

Es verdad que las circunstancias de la guerra revolucionaria en Cuba han sido muy distintas a la de Colombia. Y por eso mismo no creo que sea uno de los factores que motivan las contradicciones reales entre la dirección cubana y las FARC, la diferencia de criterio sobre la duración de la guerra popular, como creo que ningún líder revolucionario desea prolongar la insurgencia armada por prolongarla. Los tiempos varían porque las condiciones son distintas.

En el caso de las FARC, como en el del ELN, no se trata de una determinación antojadiza, de un criterio pre-determinado al margen de las condiciones y circunstancias en que se desarrollan sus luchas, de un interés de permanecer más del tiempo necesario armas en manos en las montañas. Es más bien un dato de la realidad, una situación impuesta por circunstancias específicas.

La disposición, la preparación mental y logística para combatir por un largo periodo generalmente se deriva del análisis de la correlación de fuerzas, de la naturaleza del régimen opresor, de la magnitud de la guerra desatada desde el poder y del respaldo externo que pueda recibir la oligarquía y la partidocracia dominante.

No era lo mismo enfrentar militarmente al régimen de Batista o al de Somoza, que dar inicio a la lucha armada a partir de la guerra sucia desatada por a oligarquía conservadora colombiana y posteriormente reforzada.

No es lo mismo la insurgencia armada antes o después de la victoria cubana, ni después la intervención en República Dominicana.

El enemigo posteriormente ha desarrollado la concepción y las técnicas de contrainsurgencia a niveles insospechados, diseñó las guerras de baja y mediana intensidad, y el imperialismo estadounidense decidió potenciar variadas formas de intervención militar y renovadas generaciones de armamentos.

A Colombia le ha tocado una de las peores situaciones para resistir.

Por eso se puede estar de acuerdo con la modalidad de insurgencia cubana en su situación específica y también con las características de la guerra popular en Colombia, una con desenlace victorioso de corto plazo y otra de larguísima duración y todavía pendiente de decisión final. No creo que haya que contraponer estos procesos y derivar contradicciones donde realmente no las hay.

A ese tipo de lucha como a cualquier otro no se le pueden poner plazo, aunque es natural preferir el desenlace triunfal en corto plazo. Definitivamente esto no depende de la voluntad o el deseo de sus protagonistas y conductores. Tampoco lo determina una concepción específica desligada de la realidad.


  • La silla vacía

Dejar la silla del comandante Manuel Marulanda vacía en el acto de inauguración de lo diálogos del Caguán no fue necesariamente un error, ni tampoco revela desprecio por el diálogo y la negociación.

Creo con Fidel que Marulanda fue un dirigente de una gran honestidad, sagacidad política, inteligencia y genialidad militar. En consecuencia no tenía que mentir para explicar su ausencia en esa ceremonia, mucho menos actuar torpemente para darle ventajas o crear situaciones aprovechables por el Presidente Pastrana.

Si habló de trama para matarlo a él y a Pastrana en esa ocasión, es porque tenía las informaciones correspondientes.

A esa actividad yo estuve invitado y llegué un poco tarde porque hubo retraso en el visado. José Arbesú ya se había marchado, pero estuve con el comandante del FMLN, Leonel González, con el Secretario General del PC Argentino, Patricio Echegaray, con la dirigente comunista uruguaya, Marina Arismendy, con Raúl Reyes, Jorge Briceño, Joaquín Gómez y Manuel Marulanda, con otros dirigentes comunistas de América Latina y el Caribe y con muchos otros comandantes y combatientes farianos.

Allí pasamos varios días y fue entonces cuando sostuve un largo intercambio con el camarada Manuel Marulanda, sobre el cual he escrito en varias oportunidades.

Recuerdo que se nos informó de la razón por la cual el camarada Manuel no asistió a ese acto. Se habló del posible atentado y además se nos dijo que el tema de su presencia allí estuvo cruzado por el análisis de su conveniencia o no, dado que era necesario ponderar muy bien si convenía o no crear muchas ilusiones en esos diálogos, dada su fragilidad.

La presencia del comandante en jefe de las FARC podía desatar expectativas por encima de las posibilidades reales y favorecer un cierto entrampamiento. Pero siempre se nos aclaró que las informaciones de última hora sobre el atentado fue lo determinante en esa decisión de no asistir.

Se trató de hechos y razonamientos políticos de relevante importancia, no de indisposición caprichosa y predeterminación negativa a la negociación. Y esto último lo prueba que mas adelante el camarada Manuel se entrevistó en varias ocasiones con el presidente Andrés Pastrana.


  • Los informes a Fidel

No voy aquí a analizar hasta donde las informaciones recibidas por Fidel de parte de sus enviados o delegados reflejan o no fielmente los contenidos de las conversaciones de éstos con los comandantes de las FARC.

Tampoco voy a entrar en el tema de hasta donde el mensaje escrito por el camarada de las FARC, Marcos Calarcá refleja exactamente lo comunicado por el comandante Marulanda y si se trata o no de una versión casi cablegráfica.

Eso le toca hacerlo a los candidatos farianos que participaron en esas conversaciones y que conocieron en detalle el pensamiento del camarada Manuel Marulanda sobre el tema en cuestión.

Lamentablemente el líder de las FARC está ya imposibilitado de ver y valorar lo que le informaron a Fidel y lo dicho por Fidel.

Si hay que tener en cuenta que con los informes de ese tipo, que no son trascripción de grabaciones, ni versiones taquigráficas traducidas, acontece casi siempre, que por resumidos, resultan esquemáticos y/o incompletos.

Pero además, siempre el que lo escribe le imprime su subjetividad, su percepción, no necesariamente exacta o fiel a lo que se dijo o se quiso decir; es común que se cuele algo de su valoración y hasta de sus prejuicios.

A mi me ha pasado no pocas veces y ahora me viene a la mente como fue deformada por dos camaradas cubanos una intervención que hice en un seminario del PT de México, a raíz de un debate sobre las experiencias socialistas cubana, china, vietnamita y coreana.

El informe sobre lo que dije allí, llegó a la alta dirección cubana, específicamente a José Ramón Balaguer, entonces responsable ideológico y de relaciones internacionales del PCC, totalmente distorsionada y eso contribuyó a enrarecer nuestras relaciones.

No digo que el caso de los intercambios colombo-cubanos eso haya sido así, mucho menos con esas características y en esa dimensión, pero cuando se emplean esas formas de comunicación la posibilidad de la inexactitud y la deformación existe y solo los protagonistas directos de esos diálogos pueden en ese orden hacer las precisiones y observaciones de lugar.


  • Voluntad negociadora y posibilidad de acuerdos

Pienso sinceramente que en los diálogos del Caguán no se enfrentaron un Pastrana (o el gobierno colombiano) con voluntad de negociar y llegar a acuerdos y un Marulanda (Secretariado FARC) escéptico, desconfiado, desinteresado en negociar y negado a llegar a acuerdos posibles.

Puedo estar equivocado –y lo he estado no pocas veces- pero esa valoración de las partes es la impresión que me dejaron los testimonios y valoraciones tanto de los compañeros cubanos que participaron en las conversaciones con ambas partes como el propio compañero Fidel. Percibí en sus escritos que estiman que el presidente colombiano estaba en mejor disposición para los diálogos que la comandancia fariana y que el propio Marulanda.

Creo, repito, que realmente eso no fue así.

Entiendo que íntimamente ambas partes sabían que era prácticamente imposible que esos diálogos dieran frutos concretos para la superación del conflicto armado; esto es, que concluyeran con un desenlace exitoso para cada parte y en un acuerdo beneficioso para el país.

En el fondo de sus almas –y no estaban despistados- sabían que cualquier acuerdo implicaba grandes ventajas para una de las partes, debido a la esencia narco-paramilitar-terrorista del Estado colombiano, a las características de la oligarquía y de la derecha colombiana, y a los niveles de intervención militar estadounidense en ese país incluidos los planes militares del Pentágono relacionados con la conquista de la Amazonía.

Ambos sabían eso, pero a ambos les convenía políticamente abrir esos diálogos y mostrarse en favor de la paz anhelada.

Los diálogos del Caguán tuvieron mucho de encuentro de jugadas políticas dirigidas a ganar tiempo y espacios políticos desde las dos partes. Pero ellas estaban convencidas de que razones estructurales relacionadas con la naturaleza del poder y la dominación en Colombia impedían producir acuerdos mutuamente ventajosos y significativos, incluso un acuerdo “suis generis”, que al parecer era una de las convicciones y de las sugerencias de Fidel. En fin de cuentas Pastrana no podía echar a un lado el poder real en que estaba sustentada su presidencia.

Y digo al parecer, porque aunque de eso se habla en el libro, en él no se incluyó el texto integro del mensaje enviado por Fidel a través de Arbesú sobre ese y otros aspectos. Otros informes y mensajes fueron incluidos textualmente, pero de ese solo aparecen alusiones parciales a su contenido.

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