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Inicio por decir que Jorge Beinstein, el maestro Jorge Beinstein, no es un escritor científico de la prospectiva y la economía global al que haya que hacerle presentaciones de novel o iniciado; pues es amplia y muy conocida su actividad académica y de militante revolucionario, al menos en el contexto latinoamericano, al que ha aportado con su ejemplo de abnegación en el estudio, en la investigación social y en la lucha hombro a hombro con los desposeídos. No obstante, desde una posición muy inferior en el conocimiento de los temas que se abordan en el texto que ahora se comenta, y quizás, por ello mismo, sin la posibilidad de brindar una visión objetiva de los argumentos, aventuro estas reflexiones desde mi condición particular de combatiente antiimperialista, que busca encontrar razones sensatas y vías posibles para continuar la búsqueda de un estadio superior de organización social, en la que no impere la explotación del hombre por el hombre.

En tal sentido, y destacando primeramente que he tenido la experiencia personal, digamos que la fortuna, de encontrar en el texto una clara orientación para entender de mejor manera las circunstancias que rodean las luchas de resistencia frente al capital, como implacable monstruo que devora a los pueblos del orbe, es que escribo estas lineas que pretenden dar una valoración de estudiante, que no de estudioso, al que le parece que este material constituye brillante síntesis y complemento de una extensa obra que desnuda la anatomía del capitalismo, en tiempos de crisis sistémica.

Aunque breves, los contenidos son profundos en la manera en que se esbozan los aspectos esenciales de la decadencia belicista de occidente dentro de la perspectiva de lo que J Beinstein denomina “prolongado ciclo histórico de la civilización burguesa”, al tiempo que señala los engaños que como alternativa, fragmentando la realidad, nos presentan los ideólogos del sistema.

Al leer Capitalismo del siglo XXl. Militarización y decadencia, nos encontramos con tres capítulos que compilan de manera coherente e ilustrativa, las tesis esenciales que respecto a la crisis del capitalismo se contienen en una serie de conferencias y seminarios expuestos por el maestro Beinstein en varios centros académicos de primer orden en América Latina. Esos capítulos que prosiguen a la introducción son: el primero, La ilusión del metacontrol imperial del caos, subtitulado como La mutación del sistema de intervención militar de Estados Unidos; el segundo, Convergencias, origen y declinación del capitalismo y el tercero, Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías.

J Beinstein, actualmente es Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires en Argentina, ha ejercido como docente de instituciones de educación superior en nuestro continente y en Europa. Con esa experiencia, nuevamente instrumenta sus conocimientos e inquietudes, su enorme capacidad de análisis, para llevar con verbo fluido y muy pedagógico, la cátedra, a un escenario más amplio que el campus. Por ejemplo, tenemos los combatientes de las FARC-EP en la montaña y en los centros urbanos donde por las rutas de la clandestinidad circulan sus planteamientos, la posibilidad de acceder a una excelente cátedra sobre “Globalización y crisis”, en la que se nos brindan las claves críticas para la interpretación del estado actual del capitalismo, como una era de decadencia irreversible y las posibilidades reales, en el sentido de la categoría marxista de posibilidad real, que tenemos de construir el comunismo. Y digo de construir, porque si bien el maestro Beinstein argumenta el carácter irreversible de la crisis del capitalismo como sistema global, no nos invita a quedarnos esperando su deceso. No, el profesor Beinstein nos invita a luchar, porque tal como lo recomienda el insigne comandante Fidel Cástro en la Segunda Declaración de la Habana “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo”.

En alguna de sus conferencias, que también circulan grabadas por manos de gente consecuente que luego de asistir a las mismas en centros universitarios las envían a la montaña, J Beinstein explica con argumentos contundentes que lo peor que podría ocurrirle al planeta es que el imperialismo se derrumbe solo, pues arrasaría consigo al conjunto de la humanidad. Asistiríamos, entonces, no al sepelio del imperialismo sino al sepelio de la humanidad.

Esta visión de las cosas es coincidente con las razones que motivan a un movimiento revolucionario como las FARC-EP a persistir en la batalla por la emancipación del continente y de la humanidad. Con el espíritu alimentado por este tipo de planteamientos es que abogamos por la cohesión del movimiento revolucionario en Nuestra América, obviamente respetando a quienes tengan divergencias no antagónicas con la causa de la emancipación de los pobres de la tierra, como diría el Apóstol José Martí. Y como la batalla es con los fusiles y la pólvora, como lo es con las ideas y el debate, consideramos de suma importancia dotar a las nuevas generaciones de un arsenal de reflexiones como las que nos entrega el maestro Beinstein para luchar con tino contra la descomunal máquina de desinformación y alienación que posee el sistema imperial.

Valga aclarar que en este escrito, no me refiero en detalle a las ideas fuerza de cada parte del libro. Se trata de una visión general que a veces se detiene en aspectos que a mi modo de ver son fundamentales, y sobre todo dejo el testimonio del inmenso aporte que de manera práctica hace un intelectual consecuente como lo es el maestro Jorge Beinstein, a las luchas emancipatorias de Nuestra América; al menos a lo que es la lucha revolucionaria, bolivariana, de la insurgencia de las FARC-EP en el camino de alcanzar un orden social comunista para nuestro pueblo.

El primer texto de Jorge Beinstein que tuve oportunidad de leer un día cualquiera de enero de 2010 fue un trabajo titulado Comunismo del siglo XXI (del declive de la sociedad burguesa global a la irrupción del postcapitalismo revolucionario), el cual posteriormente, en marzo de 2010, fue publicado en Caracas por Trinchera Editores. El sólo título del libro indicaba un planteamiento concreto en cuanto a que el curso de la historia había llegado a una etapa en que lo que se vislumbraba era el transito del sistema imperial o del capitalismo como sistema global, hacia una era postcapitalista, indefectiblemente.

Jorge Beinstein venía insistiendo en esta tesis desde los tiempos en que la avalancha ideológica de moda en el orbe, sostenía que el deterioro o decadencia del capitalismo que se evidenció entre 2007 y 2008 no era más que una turbulencia pasajera, o una especie de “mega reconversión positiva del sistema”, a la que dieron en llamar “globalización”.

Para el profesor Beinstein la “crisis” no tenía carácter pasajero ni superable; estaba enraizada en los finales de los años 60 e inicios de los 70, de manera tal que la evaluación de la “prosperidad” del capitalismo con características de financierización, degradación ambiental, urbanización cancerosa del territorio, agotamiento de recursos naturales o la hipertrofia militar de los Estados Unidos, indica que lo que había era un proceso de deterioro prolongado; es decir, de decadencia. La avalancha ideológica que teorizaba sobre la “mega reconversión positiva del sistema” no era más que una ficción, y el “neoliberalismo”, simplemente la degeneración parasitaria de la economía Keynesiana.

Con un marco teórico marxista, agregando conceptos como lumpenburguesía, lumpen-acumulación yEstado gansterizado,el profesor Beinstein asume las acepciones desarrolladas por autores como Ernest Mandel y André Gunder Frank (Ernest Mandel: Ensayos sobre el neocapitalismo, México, ERA., 1976. y André Gunder Frank: Lumpenburguesía, lumpendesarrollo. Dependencia, clase y política en América Latina. Barcelona, LAIA, 1972.), en cuanto a que el capitalismo como sistema mundial reproduce la relación de dependencia de la periferia en favorecimiento de la acumulación en los países capitalistas más poderosos, apropiándose de la plusvalía excedente de esa periferia.

Este “método” de acumulación capitalista, en opinión de Mandel, obstaculiza y deforma la industrialización de los países periféricos. A. Gunder Frank lo caracteriza como “lumpendesarrollo” y a las burguesías dependientes que lo practicaban como “lumpenburguesías”, que seríanlas responsables del atraso económico y la desigualdad social que padece la América meridional. Para el maestro Beinstein, dentro de esta perspectiva, sufre nuestro continentelas consecuencias de una estrategia de conquista de largo plazo desplegada por Estados Unidos en la manera depredadora en que se desenvolvió en Eurasia, con el agravante que su sistema de poder contiene el desespero originado por una senectud que lo hace más agresivo en su lógica de reconquista desbordada.

Aludiendo metafóricamente al ocaso y peligrosidad del imperio, dice J Beinstein que este enfermo “es gigantesco pero está plagado de puntos débiles, el tiempo es su enemigo, aporta nuevos males económicos, nuevas degradaciones sociales y al mismo tiempo su reproducción decadente amplía, contra su voluntad, las áreas de autonomía y rebelión” (Jorge Beinstein: Comunismo del siglo XXI, del declive de la sociedad burguesa global a la irrupción del postcapitalismo revolucionario. Caracas, TRINCHERA EDITORES, marzo de 2011. Pág. 24).

Entonces, decía, ya en este libro mencionado y citado, que la crisis actual del capitalismo está ligada a la decadencia y al ocaso de la civilización burguesa; lo que podría llamarse el crepúsculo de su ciclo vital. Y sentencia que no habrá reconversión plena ni renacimiento del capital industrial, sino una era de largo estancamiento con períodos recesivos muy fuertes, que derivan en el no crecimiento del sistema.

En explicación de este acabose dilatado del capitalismo, Beinstein dice que sus estrategas han aplicado disímiles pero ineficaces fórmulas de salvación, entre ellas los estímulos financieros, presentada al lado del militarismo, como sus dos muletas históricas a lo largo del largo ciclo de hipertrofia. Y si bien reconoce que las medidas salvaron al sistema del derrumbe, lo degradaron de manera irreversible, pues “las altas burguesías centrales se desplazaron en su mayor parte hacia las cúpulas de los negocios especulativos, fusionando intereses financieros y productivos, convirtiendo la producción y el comercio en complejas redes de operaciones gobernadas cada vez más por comportamientos cortoplacistas (...). La división entre economía «real» y «financiera» quedó reservada para los discursos académicos o políticos que siguieron (y siguen aun hoy) navegando en tradiciones ideológicas anacrónicas; el verdadero capitalismo, el capitalismo realmente existente fue quedando bajo la jefatura estratégica de círculos parasitarios” (Jorge Beinstein: Comunismo del siglo XXI (del declive de la sociedad burguesa global a la irrupción del postcapitalismo revolucionario. Caracas, TRINCHERA EDITORES, marzo de 2011. Pág. 24).

Para el maestro Beinstein la era senil del capitalismo, caracterizada por el individualismo consumista, la desintegración de la cultura y de los fundamentos ideológicos e institucionales del orden burgués, la deslegitimización de la institucionalidad y de los sistemas políticos en general se ha degradado y han aparecido deformaciones mafiosas de las burguesías centrales y el desarrollo de un complejo abanico de lumpenburguesíasperiféricas, en el sentido en que las definen E. Mandel y Gunder Frank, diferenciándolas de las llamadas “burguesías históricas, que en esencia eran innovadoras, con cultura industrial. Las lumpenburguesías comparten condición o se asemejan más a algunas burguesías del mundo subdesarrollado, que son parasitarias y combinan en el espacio financiero de negocios legales e ilegales “desde la compra-venta a término de petróleo hasta el tráfico de drogas…” (Beinstein, ibidem). Existen, entonces, ahora, lumpenburguesías centrales, globales, clases dominantes imperialistas completamente degeneradas, atravesadas por comportamientos mafiosos; en fin, una élite real de bandidos. Y es esta otra característica de la decadencia capitalista que, hay que reiterar, al contar con un arsenal gigantesco, colocan nuestra especie en peligros reales de extinción.

Al respecto, con mucha razón, de manera realista ha afirmado el comandante Fidel Castro para referirse a la amenaza del imperialismo, aludiendo al riesgo inmenso que implican los cohetes cruceros que apuntan hacia objetivos militares de Siria “que solo la verdad nos podría ofrecer un poco mas de bienestar y un soplo de esperanza”.

El comandante Fidel expresa que este valiente país árabe situado en el corazón de mas de mil millones de musulmanes, con un espíritu proverbial de lucha declaró que resistirá hasta el último aliento cualquier ataque a su país. Entre tanto el gobierno conservador y lacayo de Londres envió sus bombarderos a la Base Aérea en Chipre, y los alistó para lanzar sus bombas sobre las fuerzas patrióticas de la heroica Siria, mientras en Egipto, calificado como el corazón del mundo árabe, miles de personas eran asesinadas por los autores de un grosero golpe de Estado.

Los miembros de la OTAN, agrega Fidel, aliados incondicionales de los Estados Unidos y unos pocos países petroleros aliados al imperio, garantizan el abastecimiento mundial de combustible de origen vegetal acumulados a los largo de mas de mil millones de años. Y complementa: “la disponibilidad de energía procedente, en cambio, de la fusión nuclear de partículas de hidrógeno, tardará por lo menos 60 años. La acumulación de los gases de efecto invernadero continuará así creciendo a elevados ritmos y tras colosales inversiones en tecnologías y equipos”. Y así mencionando de manera muy general algunos de los aspectos de la coyuntura actual, nos recordaba que no es una hipótesis el planteamiento del declive de occidente, su crisis multifacética de la que hace parte incontrovertible esta realidad. Y al respecto de tal crisis, respecto a la cual cada día hay más convencidos, es que el profesor Beinstein nos da elementos de fondo, que hacen entender su irreversibilidad, coincidiendo en la tesis de que el capitalismo declina teniendo como uno de sus cangrosfundamentales el problema colosal de la crisis energética. Beinstein nos explica que la producción petrolera ha llegado a su máximo techo y decrece sin remedio y sin alternativas a corto plazo.

El libro del maestro Beinstein comienza con una breve introducción en la que se contextualiza el contenido de los capítulos, indicando que su desarrollo apunta a argumentar la presencia irrebatible de la crisis mundial del capitalismo, con una característica esencial que es la decadencia belicista de occidente ubicada en el prolongado ciclo histórico de la civilización burguesa.

El primer capítulo del libro, “La ilusión del metacontrol imperial del caos. La mutación de sistema de intervención militar de los Estados Unidos”, comienza con un par de citas que aluden al manejo ilusionista, que sobre el mundo imprime el Imperio. La primera es una frase de St. Vulestry, poeta que expresa: “Las ilusiones desesperadas generan vida en tus venas” y la segunda, es una reflexión deKarl Rove, asesor de George W. Bush, manifiesta en el verano de 2002 , que dice que : “La gente cree que las soluciones provienen de su capacidad de estudiar sensatamente la realidad discernible. En realidad, el mundo ya no funciona así. Ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras tú estás estudiando esa realidad, actuaremos de nuevo, creando otras realidades que también puedes estudiar. Somos los actores de la historia, y a vosotros, todos vosotros, sólo os queda estudiar lo que hacemos”.

De Vulestry había tenido noticia de su poema Tragedia del Sol Naciente (Requiem Japón), referido a la tragedia que este país sufrió como consecuencia del terremoto y el tsunami de marzo de 2011, que el poeta describe como un verdadero apocalipsis del error, quizás refiriéndose a una situación derivada de la mano humana movida por el interés desenfrenado del capital que suele desatar fuerzas de la naturaleza a las que no está seguro de poder controlar, como ocurrió con el desastre nuclear padecido por el “abatido sol naciente” durante el “tempestuoso encanto del terror”. Vulestry inquiere contra aquellos que “no aprendieron a rogar… Porque nunca necesitaron. / No aprendieron a perder… Porque siempre ganaban./ No aprendieron a huir… Porque no se les obligó a correr./ No sabían vivir… Jamás aprendieron a morir/.

Inicia entonces el maestro Beinstein con una forma plástica de definir las realidades que hoy expresan el mundo, tomando a este autor que nos cuenta que “mientras los versos se arrastran a través de tus musicales oídos, mientras imágenes proyectas en pixeles imponen en tus imaginaciones que perturban tus sentidos, mientras ríes, cantas, lloras, o sueñas, cada segundo, de hecho, las ilusiones desesperadas generan vida entre tus venas”.

De contraste coloca las palabras cargadas de perversidad de Karl “Jamón” Rove, considerado el consejero mayor y principal estratega político de George Walker Bush durante su mandato presidencial, y uno de los principales propulsores de la invasión de Irak.

Con estos textos de suficiente motivación continúa, entonces, haciendo un análisis sobre el intervencionismo norteamericano, su constante intencionalidad de acrecentar y afianzar su poderío y derrocar a cualquier gobierno que se muestre contrario a sus intereses. El sistema de intervención imperialista va sufriendo mutaciones que han transitado, sin perder su carácter militarista, hacia formas que no se basan solamente en la destrucción de la fuerza bélica de la contraparte, sino que se ocupa de la destrucción de las culturas que considera enemigas, para lo cual instrumenta la llamada guerra de cuarta generación que incluye formas de guerra cultural, comunicacional o ciberguerra, la utilización de procesos de integración de mercenarios a las operaciones militaresconstituyéndose una característica de privatización, informalización y elitización de estos factores de intervención, cuyo colofón es la persistencia de la ocupación por parte de ejércitos tradicionales.

Jorge Beinstein explica las relaciones entre la economía y el sistema militar de los Estados Unidos haciendo una periodización de las mismas, resaltando entre los ciclos, el de chaos

despegue ocurrido hace unas seis décadas, el de auge y el más reciente que es el de agotamiento, el cual abre un proceso actual de militarismo-decadente.

Beinstein se apoya en lo teorizado por Michal Kalecki en 1942 sobre la experiencia de la economía militarizada de la Alemania nazi, sobre la predisposición de las burguesías de Europa y de Estados Unidos a favorecer las políticas estatales que se orientaran hacia las actividades militaristas y en las descripción que hace durante la Guerra Fría, de lo que fue el “triángulo hegemónico del capitalismo norteamericano”, el cual combinaba la prosperidad interna con el militarismo, en cuanto a que hacían converger gastos militares con manipulación mediática de la población y altos niveles de empleo. A partir de estas definiciones, explica el contraste de lo que se conoce como “Keynesianismo militar”, o “Economía de la guerra permanente” con una fase subsiguiente poskeynesiana.

En la etapa keynesiana el crecimiento de la economía militar se presenta como una fuerza de arrastre e impulso del empleo, de la prosperidad y en la siguiente fase poskeynesiana, la cual considera iniciada a finales de los noventa del siglo pasado, el crecimiento de los gastos militares ya sin tal efecto de la “prosperidad”, sin contribución alguna al aumento del empleo, deviene en un inmenso déficit fiscal y el consiguiente endeudamiento.

En una reflexión síntesis Beinstein plantea que esta dinámica “permitió transformar el dispositivo militar del Imperio convirtiendo su maquinaria de guerra tradicional en un sistema flexible a medio camino entre las estructuras formales regidas por la disciplina militar convencional y las informales agrupando una maraña confusa de núcleos operativos oficiales y bandas de mercenarios”.

Beinstein presenta este planteamiento como una linea a la que han adherido otros autores importantes, entre los que menciona al ya fallecido economista marxista Harry Magdoff, reconocido analista de la era del imperialismo, forjado como teórico al calor de las luchas obreras de las primeras décadas del siglo XX.

Al lado de Magdoff coloca a su colega Paul Sweezy, editor desde 1969 de la revista Monthly Review, la cual desde su fundación a mediados del siglo anterior desarrollaba la crítica antiimperialista en los Estado Unidos. Sweezy junto a Paul Barán en su libro “El capital monopolista” sostenían que la economía del Imperio tendía al estancamiento retardado gracias a fenómenos como los gastos militares, la demanda de autos, la rápida expansión de los suburbios, el sistema de autopistas interestatales, etc.

Como lo explica Beinstein estos autores señalaban el “éxito a corto-mediano plazo de la estrategia de “Manteca + Cañones” (“Guns and Butter Economy”) que fortalecía al mismo tiempo la cohesión social interna de los Estados Unidos y su presencia militar global (pero también) sus límites e inevitable agotamiento a largo plazo”.

Beinstein resalta que fue un acierto de Sweezy y Baran pronosticar “hacia mediados de los años 1960 que uno de los límites decisivos de la reproducción del sistema provenía de la propia dinámica tecnológica del keynesianismo militar”, considerando que la sofisticación técnica del armamento tendía a aumentar la productividad del trabajo reduciendo sus efectos positivos sobre el empleo y que al final “la costosa carrera armamentista tendría efectos nulos o incluso negativos sobre el nivel general de ocupación”. Eso, según Beinstein, se hizo evidente desde finales de los años 1990, época en que se inicia la nueva etapa de gastos militares ascendentes que aún pervive. Se marcó ahí el fin del keynesianismo militar, para continuar el desarrollo en Estados Unidos de una industria armamentista que incrementa el gasto público, el déficit fiscal y el endeudamiento, sin contribuir a aumentar en términos netos el nivel general de empleo.

El keynesianismo militar, es señalado por Beinstein como un factor central y dominante de la existencia de los Estados Unidos como centro del mundo capitalista y fue a comienzos de la segunda guerra mundial que entran en la era de la Economía de la Guerra Permanente, con una génesis marcada por el nazismo, al que se considera como primer “ensayo exitoso-catastrófico” de “keynesianismo militar”, cuya trama ideológica que lleva hasta el límite más extremo el delirio de la supremacía occidental, sigue aportando ideas a las formas imperialistas más radicales de Occidente, como los halcones de George W. Bush o los sionistas neonazis del siglo XXI. Tal fenómeno de raíces europeas y norteamericanas, después de la guerra asumió en los Estados Unidos un rostro “civil” y “democrático”, que ocultaba sus fundamentos bélicos.

Ya en su decadencia el keynesianismo militar encuentra una primera explicación en su hipertrofia e integración con un espacio parasitario imperial más amplio donde la trama financiera ocupa un lugar decisivo. En una primera etapa el aparato industrial-militar y su entorno se expandieron convirtiendo al gasto estatal en empleos directos e indirectos, en transferencias tecnológicas dinamizadoras del sector privado, en garantía blindada de los negocios imperialistas externos, etc. Pero con el tiempo, con el ascenso de la prosperidad imperial, incentivó y fue incentivado por una multiplicidad de formas sociales que parasitaban sobre el resto del mundo al mismo tiempo que tomaban mayor peso interno.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde los años 1990 en que el derrumbe de la URSS y la euforia financiera dieron pie a la prepotencia ideológica que hacía loas al capitalismo, llevándose por delante las resistencias culturales e imponiendo una doctrina imperial con pretensiones de pensamiento único.

En sus elaboraciones se decía que concluida la etapa del capitalismo productivista keynesiano, o del comunismo burocrático propios de un siglo de estatismo (cerca de 80 años de guerras, revoluciones y contrarrevoluciones) el mismo había sido superado por una “nueva generación de hombres de negocios informatizados”, que convirtiendo a la rentabilidad en la medida de todas las cosas nos harían llegar pronto al paraíso.

No obstante, lo que ocurrió fue que en los años 1990 sobrevinieron las turbulencias financieras que fueron potenciando y deteriorando al sistema en forma cada vez más ostensible, de tal suerte que las respuestas, las explicaciones de los expertos mediáticos en cuanto a que se trataba de una seguidilla de “crisis de adaptación”, del quiebre de las “resistencias conservadoras a la gran revolución tecnológica en curso”, o de la llamada “destrucción creadora” Schumnpeteriana que nos acercaban a un nuevo mundo feliz quedaron sin piso.

Para explicar el fenómeno, quizás con ironía contra el eurocentrismo, Beinstein comienza trayéndonos una cita de Pierre Chaunu referida a la caida de los imperios: “lo que caracteriza a la decadencia es que no suele ser percibida por la civilización afectada” (Pierre Chaunu, “Histoire et Décadence”, Librairie Académique Perrin, Paris, 1981).

Un caso ejemplar de decadencia y fin de un imperio que trae a colación Beinstein es el de Roma, para lo cual cita a Henri-Irenée Marrou: “la actitud de los contemporáneos de la declinación del imperio romano puede ser resumida con una sola frase: no tenían conciencia de la misma” (Henri Irenée Marrou, “La fin du monde antique vue par les contemporains” en ·Les terreurs de l'an 2000”, Hachette litérature, 1976).

Beinstein explica entonces, que la percepción sobre tal declinación se produce “cuando fue imposible ignorar la magnitud del desastre”. Dice en desarrollo de esta idea que hacia fines del siglo IV San Ambrosio al comentar la derrota infligida por los “bárbaros”a las fuerzas imperiales en la batalla de Adrianópolis donde pereció el emperador Valente, lanzó su memorable frase: “vivimos el ocaso del mundo” (es decir del Imperio Romano).

Marrou, había llegado a plantear que el conjunto de la población romana no se percataba de la ruina del imperio, precisando que los que sí lo hacen son San Agustín, San Jerónimo y San Ambrosio. Pero al preguntarse sobre las características de la decadencia romana o de la antigüedad tardía, plantea que no resulta fácil determinar el límite entre la antigüedad tardía y la edad media bizantina, porque hubo una continuidad en lo político; y que sería un error hablar de decadencia en temas como el arte (recordar la iglesia de santa Sofía); la pintura alcanzó su esplendor a la par de la arquitectura.

De cualquier manera la derrota romana en Adrianópolis tuvo consecuencias indiscutibles para la caída del imperio. El hecho mismo de la masacre y la imposibilidad de recuperar el número de soldados y oficiales caídos en la batalla obligó al abandono del sistema de legiones en el ejército y a variar las formas de hacer la guerra, utilizando pequeñas unidades de guardias fronterizos dirigidos por duques que gobernaban sus zonas y se apoyaban en ejércitos móviles que acudían a los lugares donde se presentasen los problemas de frontera.

Tras la muerte de Valente su sobrino Graciano, emperador de occidente encargó del gobierno de oriente al general hispano Flavio Teodosio, quien más tarde, como Teodosio I el Grande, unificó el imperio. A él se le asigna el hecho de haber llevado la nueva modalidad de operaciones del ejercito también a occidente. Pero el declive era inminente.

Teodosio I el Grande es considerado el último emperador en gobernar el mundo romano. Después de su muerte el imperio se divide definitivamente; pues la gran derrota de Adrianópolis había generado un caos que permitió que las tribus nómadas de hunos gobernadas por Atila cruzaran el Danubio y generalizaran el saqueo. Aunque el llamado Azote de Dios, a su paso por la Galia fue derrotado por Teodorico, rey de los godos, quienes fueron los únicos que estuvieron en disposición de combatir por el imperio, aquel volvió en 452 contra Italia generando una situación ya insostenible que derivó en la atomización del imperio y su reparto entre los ejércitos “bárbaros”: visigodos, vándalos, burgundios. alamanes y rurgios. Para entonces, el ejército romano ya no era tal, sino que estaba compuesto por mercenarios pertenecientes a las “tribus bárbaras” cristianizadas. Dentro de la semejanza que Beinstein hace con el imperio estadounidense, la caída de Roma fue en realidad una larga agonía, con una sociedad feudalizada que no sabía ya de otro gobierno que no fuera el de señores poderosos apoyados en mercenarios.

Establecido el marco comparativo con símiles breves pero muy ejemplificantes, Beinstein recuerda a Francis Fukuyama uno de los corifeos de la “reconversión positiva del sistema” quien señalaba el fin de la historia humana en tanto fin de la lucha entre ideologías y victoria universal y definitiva del capitalismo. Y nos dice, entonces, que si nos atenemos a esos pronósticos realizados hace un cuarto de siglo que presentaban al “liberalismo democrático” como única opción viable, pensamiento único sostenido en la valoración de que las ideologías ya no son necesarias remplazadas por la economía “deberíamos haber ingresado al paraíso durante la década pasada”. Lo que ocurrió, por el contrario, es que “ingresamos en un infierno marcado no solo por el deterioro económico sino además (sobre todo) por la fuga militarista hacia adelante de los Estados Unidos, la cabeza imperial de Occidente”.

Beinstein ubica los planteamientos de Fukuyama como parte de la masa de utopías reaccionaria destruidas por el paso del tiempo, y explica que en realidad lo que ha sucedido es la declinación belicista de occidente como aspecto que le da identidad histórica cultural concreta a todo el sistema global que constituye.

Para el maestro Beinstein, imperialismo occidental y capitalismo son la misma cosa, y su decadencia belicista se ubica en la perspectiva del largo ciclo histórico de la civilización burguesa. La declinación belicista la encabeza Estados Unidos, pero en realidad de lo que se trata es de la declinación belicista de Occidente. Entonces, si el capitalismo aparece como creación occidental, como sometimiento al imperio de Occidente del espacio geográfico del Oeste de Europa y los Estados Unidos incluyendo a su deteriorado socio Japón, el aburguesamiento universal equivale a la occidentalización del planeta.

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

Leer la segunda parte: Capitalismo del Siglo XXI: el imperio del caos

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