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Uno se pregunta, si la mediocridad y la visión sesgada de un artículo de opinión, escrito por un profesor universitario, son el reflejo de su labor profesional como académico;  y lo que esto implica en la formación de profesionales, en un nivel  tan importante como lo es la universidad. Escribo esto a raíz de un artículo reproducido en el sitio “Rebelión” (25-06-2015) bajo el título “la mala hora del proceso de paz. Anatomía de la crisis”, firmado por Carlo Nasi; quien según nota del artículo  es Profesor Asociado del Departamento de Ciencia Política, de la Universidad de los Andes.


Textualmente dice: “La escalada  de la guerra en las últimas semanas despertó la sensación de que las negociaciones de La Habana están en crisis” y a reglón seguido escribe  que “es importante interpretar correctamente la naturaleza de la crisis”. Es decir, que   por arte de magia, sin ningún argumento que lo sustente,  da por sentado que existe una crisis al interior de la mesa de diálogos. Simplemente, porque da la “sensación”  y a partir de este intríngulis, intenta “aclarar qué está pasando con el proceso de paz en  la Habana”,  es  decir, nos va a dar cátedra sobre la naturaleza de una crisis que supuestamente  existe; no sin antes, hacer eco del llamado de “algunos dirigentes y sectores a suspender las negociaciones con las FARC o a corregir drásticamente su rumbo”. 

No hay que extrañarse de la magnitud de las contradicciones en el seno de las conversaciones. Son dos visiones perfectamente contrarias, de un lado los representantes de un país retardatario, ultraconservador y fascista, liderado por el gobierno; y del otro lado, la expresión de un país profundamente revolucionario, abierto a la confrontación de las ideas y por esencia  humanista, que encarna el movimiento guerrillero. 

Más adelante en el mencionado artículo, en un acto destacado de malabarismo, el ilustre nos dice que “la crisis tiene varias aristas y no se explica exclusivamente por la escalada terrorista de las FARC”. O sea, que la supuesta crisis que acontece  en  mesa  de  Diálogos de Paz en la Habana,  producto de la escalada de la guerra,  tiene un culpable: la escalada terrorista de las FARC. Entonces, la culpa la tienen las FARC, por supuesto.

Calificar las acciones bélicas de la insurgencia revolucionaria,  como actos terroristas;  y a las prácticas terroristas del estado, como actos de guerra, es un concepto que forma parte del inmenso arsenal de recursos, que los medios de comunicación emplean para crear matrices de opinión entre los colombianos, con la finalidad de desprestigiar  y usando  la mentira, asesinar ante la opinión pública, la imagen política y la justeza de la lucha insurgente.

El terrorismo es contrario a los principios revolucionarios, entre otras cosas, porque victimiza inocentes y va dirigido  ante todo a sembrar el miedo, en medio del caos y va dirigido contra las grandes masas de la población  en general. El terrorismo es contraproducente a cualquier proyecto revolucionario, que se catalogue de tal; por el contrario, es ejercido para frenar y retrotraer los avances de proyectos, de contenido progresista; muchas veces distantes, de ser proyectos revolucionarios.

No se es objetivo  minimizar, cuando se trate  de hacer un análisis sobre el recrudecimiento de la guerra en Colombia,  los ingentes esfuerzos por la parte insurgente, por  lograr un clima de sosiego, que sin el vértigo constante de la guerra, le de fortaleza a las conversaciones.

En este punto,  no reconocer  en  el  gesto de paz,  como el que brindo la guerrilla con  el cese unilateral del fuego, decretado por el mando fariano;  y  del acatamiento  de la  orden por parte de  sus filas; como  la muestra más contundente, de su entrega a encontrar caminos de reconciliación  entre los colombianos;  y más aún, cuando la respuesta del gobierno, ante este gesto de buena voluntad y humanismo;  fue la orden de arreciamiento  de la ofensiva militar en contra de las FARC en tregua.

Y no se puede olvidar el alto costo que por esta osada iniciativa pagaron los insurgentes. Dicho sea de paso, es una lástima que el país no halla logrado comprender las dimensiones que este gesto tuvo; en el contexto de las posibilidades, de encontrar una salida negociada a la guerra, entre el estado colombiano y la insurgencia. Además, no respondió adecuadamente a la osadía guerrillera, dando un espaldarazo a su iniciativa; y saliendo en masa  de manera organizada a las calles,  a respaldar esta medida y a exigirle al gobierno reciprocidad ante esta prueba de voluntad de paz de las FARC-EP.

Más adelante en su escrito el señor Nasi, utilizando como excusa, el modesto resultado que en los hechos las conversaciones   en la Habana han dejado  hasta hoy,   justifica a Santos diciendo: “Santos no ha tenido más remedio que oscilar entre la defensa tímida de la paz negociada (cuando hay avances) y la amenaza de patear la mesa de negociación (cuando ha habido retrocesos)”.

No se puede de manera ligera  justificar el juego sucio, que desde la orilla de los poderosos, y con ayuda de una gigantesca y eficiente maquina  comunicacional, se le impone como norma, al desarrollo de los Diálogos de Paz para entorpecerlos y/o debilitarlos.

Va  quedando  claro, que a lo que juega el gobierno es al desgaste, dilatando los avances y tratando al mismo tiempo de poner contra las cuerdas a la insurgencia, fijándole plazos y tratándole de imponer hechos de facto; mientras con descaro absoluto, se le exige a esta que llego el momento de dar pasos verdaderos hacia la paz.

En este sentido se hace necesario  salirle al paso, al trabajo tendencioso de personajes que con frac de prestigiosos ilustres;  y  sin reparo alguno, lo único que hacen es manipular la opinión de la gente, insensibles ante el dolor y el sufrimiento que la tragedia de la guerra,  le causa fundamentalmente, al grueso del pueblo colombiano.

Es de suponer que para el académico Nasi, el éxito de los Diálogos de Paz está supeditado al desarme y sometimiento de los insurgentes ante el poder que  han combatido durante más de medio siglo; pues como el mismo lo dice “el desarmarse es lo único que les ayudaría a quitarse el motete de “terroristas” ”. Ya sabemos que el desarme es sinónimo de entrega.

No sé, pero a mí me pasa, que a veces siento asco al leer determinadas cosas; sobre todo aquellas que despiden tufo a mala fe. “El estancamiento de la agenda”, además de “la escalada terrorista de las FARC” es otro factor que según Nasi motiva la “crisis” en los diálogos; pasando por alto aspectos trascendentales, producto de los acuerdos, como lo es por ejemplo la conformación y puesta en funcionamiento  Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas  (CHCV), cuyas conclusiones son fundamentales para una apreciación objetiva de este tema y cuyo estudio debiera estar a lo orden día en todos los estamentos de la sociedad colombiana.

Ni que decir de la recientemente  anunciada  Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición; la cual debería ser prioritaria en el contexto actual, y no esperar con pretextos para ponerla de inmediato en funcionamiento. Al referirse  a esta, Nasi resalta  en su texto, “las reacciones agrias que ha provocado la propuesta de una Comisión de la Verdad”.

Con seguridad estas “reacciones agrias” no provienen de los sectores del  campo popular, ni de las organizaciones de izquierda; ni de los defensores de derechos humanos; ni mucho menos de las víctimas;  y uno se pregunta, porque algunos le temen tanto a esta comisión; cuando debieran los que acusan a las FARC, utilizarla a profundidad, para demostrarle al país la “verdad” de lo que a través de la propaganda durante decenios, han dicho de la insurgencia. La verdad se construye con hechos y la comisión de la verdad los va encontrar y entonces a muchos  les saldría el tiro por la culata.

Tampoco dice una palabra sobre las sub comisiones que al alero de la mesa se han conformado y que muestran avances importantes en el desarrollo de los diálogos; avances estos que para no ser tirados al cesto de la basura necesitan el respaldo de todos los colombianos que en verdad añoran un país en paz.
Lo que si pone de manifiesto el profesor universitario  Nasi, es  que “el estancamiento es comprensible en lo tocante a la justicia transicional, pues es evidente el obstáculo que implican las posiciones tan opuestas de las partes: la insistencia de las FARC en que “no pagarán un solo día de cárcel” y la insistencia del gobierno (y otros sectores) en que “no puede haber paz con impunidad”.

No creo que la estulticia del teacher sea tanta, como para creer que la “justicia transicional”  promovida por el gobierno sea para combatir la impunidad; al contrario, el intento desesperado por imponerla es justamente para eso: para mantener la impunidad que hasta el día de hoy disfrutan los responsables de infinidad de delitos, que al amparo de la guerra han cometido contra la Patria y el Pueblo colombianos.
Pero hay más, el profe Nasi aunque menciona el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, no menciona –quizá no lo sabe- el principio de igualdad alcanzado y plasmado en un documento escrito entre las partes; el cual debe mantenerse vigente, – y valga la redundancia- como acuerdo que es,  como requisito indispensable para el buen desarrollo y éxito final de las conversaciones. En tal sentido en el acuerdo, no hay vencedores ni vencidos y lógicamente ninguna de las partes puede a su vez ser juez y parte.

Por otro lado, este acuerdo estipula según lo pactado, que las determinaciones que se tomen en torno a la agenda  deben ser producto  de las discusiones, al interior de la mesa; y en ese sentido, el tema de la justicia transicional, por no haber emanado de la mesa de Diálogos de Paz  carece de legitimidad; por lo tanto, no es vinculante; menos aún, como expresión de un sistema de justicia carcomido por extremados niveles de corrupción y desprestigio.

El tema de las víctimas, Nasi nos quiere hacer creer que su “enredo” es a problemas de dinero y nos dice: “menos comprensible es el hecho de que no se haya concluido un acuerdo sobre el tema de las víctimas, aunque sin duda es un asunto complejo. Tal vez esta discusión se enredó por la sostenibilidad fiscal de las medidas propuestas o por los desacuerdos entre el gobierno y la guerrilla sobre el universo de víctimas a incluir”. Atribuir a asuntos de dinero el “enredo” para llegar a acuerdos, es de una fantasía infantil; al  igual que atribuírselas  al “universo de víctimas a incluir”. En este caso,  sería más razonable hablar del universo de victimarios a incluir; aunque el asunto de fondo, es a la falta de respuestas por parte del gobierno al torrente de solidas propuestas, puestas a consideración ante la contraparte en la mesa, por los miembros de  la Delegación de Paz de las FARC-EP.

Otro factor coadyuvante a la “crisis” según el profe Nasi son los “gestos ineficaces de las FARC, que no han logrado buena acogida en la opinión pública”. Si el clamor nacional e internacional a favor de un cese al fuego bilateral, no refleja una aceptación indiscutible de la opinión pública ante esta propuesta reiterada  y sin cansancio de las FARC, con el  complemento además, de más  de una decena de gestos de buena voluntad por la paz, efectuados por esta; entonces debe ser que la “opinión pública”, para el susodicho Nasi, es la opinión del gobierno y la de los sectores de la ultraderecha fascista que representa.

Por otra parte tampoco es cierto,  al referirse al fracaso de la tregua insurgente, afirme que “el “des-escalamiento” sucumbió ante la lógica del conflicto armado”; no señor, sucumbió fue ante la lógica guerrerista, que no solo se beneficia del negocio de la guerra; sino que además, alucina con aplastar bajo toneladas de explosivos a la insurgencia, para que en Cuba de rodillas,  ésta acepte el perdón de los poderosos, por haberse atrevido a ejercer el derecho a la rebelión y haber optado por la dignidad, sin importar el precio que hubiese que pagar por Ella.

De todas maneras, donde se manifiesta palmariamente el carácter panfletario del mencionado artículo es cuando justificando los intereses oscuros de Santos en las conversaciones dice: “el propio presidente Santos, quien encabeza las negociaciones con las FARC, ha defendido el proceso de manera tibia. Dado que las FARC han engañado y usado tácticamente los procesos de paz en el pasado, ha sido literalmente imposible para el presidente (y para cualquiera) defender a ultranza la negociación de paz”. Este tipo es un desvergonzado, porque solo la desvergüenza hace posible que se mienta de manera tan descarada. Cualquiera que de manera seria quiera abordar la historia de los procesos de paz entre el gobierno y la insurgencia en Colombia, al menos debiera notar –utilizando el adjetivo de Nasi- la defensa a ultranza que de la paz han hecho las FARC; la cual constituye el pilar principal de su lucha, solo que esta paz tiene apellido: Paz con Justicia Social.

El gobierno colombiano y las élites que representa, ni  ahora ni nunca han recurrido a los diálogos con real vocación de paz. Solo han usado   la Mesa con el objetivo de lograr en ella, lo que no han podido en años,  en los campos de batalla: derrotar la justa rebeldía popular. A pesar de ello, conscientes  de su responsabilidad  ante la historia, sabedores de la trampa y la perfidia que amenaza -ADN del poder en Colombia- y  con las banderas de la paz flameando, los insurrectos   se la juegan toda por contribuir, persistiendo con todo su empeño, en erradicar ese terrible flagelo, como lo es la guerra de  nuestra patria.
Ya al final de su artículo Nasi afirma: “La mayoría del electorado siente que los acuerdos de La Habana son ajenos, inocuos, o abiertamente injustos. Es sumamente complicado persuadir a los colombianos de que los acuerdos son benéficos para el país…”

Lo que parece demostrar “la mayoría del electorado” colombiano, es que cada vez es menos pendejo; al menos si uno se fija en  su  índice mayoritariamente abstencionista,  y sabiendo o intuyendo  manifiesta  con su comportamiento, su rechazo y desprecio por un  sistema electoral absolutamente oscuro y asqueroso, donde reina como soberana la corrupción.

También en su artículo hace una referencia al punto de la agenda sobre drogas ilícitas; pero silencia de manera elocuente que los eslabones blindados del narcotráfico son los beneficiarios del negocio: el sistema financiero internacional, los bancos y los capos receptores de la droga que se origina en Colombia; y por lo tanto, la represión no debe caer sobre los cultivadores y/o los consumidores.

En lo que si le doy la razón al catedrático Nasi es que es “sumamente complicado persuadir a los colombianos de que los acuerdos son benéficos para el país” puesto que como ya lo dije antes, la gigantesca, poderosa y eficiente maquinaria comunicacional, hace cuanto esté a su alcance para ocultar, manipular o distorsionar lo que ocurre en la Mesa de Diálogos de Paz y en especial con el caudal propositivo que emana de las FARC-EP. En este sentido, constituye un deber moral y ético, tener un mínimo de honradez al abordar el tema del conflicto armado en Colombia; sin soslayar que dicho conflicto va más allá de lo armado, y es necesario enfocarlo en su contexto económico político y social; sin olvidar la incidencia determinante que potencias extranjeras tienen el él, y otros aspectos como el cultural, ecológico y medio ambiental.

Rubén Darío Segundo V, es graduado de la universidad de la vida, asociado a la esperanza de millones   de que otro mundo es posible y necesario; y miembro sin honores, de tantos millones, que ni siquiera  pudieron terminar su bachillerato.

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