Razón tenía el padre de la libertad americana cuando advertía que por el engaño nos han dominado más que por las armas.

La sumisión de las mentes ha hecho posible la sujeción de los brazos; el rumbo trazado con sutil violencia ha logrado mantener la marcha uniforme  de quienes por tener la mirada en el suelo, no han admirado la inmensidad del firmamento; quien no se ha maravillado con el fulgor de las estrellas, no puede menos que conformarse con las piedrecitas del camino que “alumbran” con los rayos solares del ocaso.

A lo largo de la historia, el Saber, aquel sol prodigioso que redime de la penumbra, ha sido custodiado por infernales ángeles y angelicales demonios que a sangre y fuego han velado por que éste no salga mas allá de los estrechos límites de las fortalezas desde donde los opresores de todos los tiempos han pretendido signar el curso de los días.

Conscientes son que su dominio y su poder, no reposan en mandatos divinos o en imparciales leyes terrenales, de ahí su empeño en restringir el acceso al conocimiento, pues en la medida en que las personas sean conscientes de su realidad, podrán entender los mecanismos que las oprimen y a lo mejor tomen la decisión de confrontarlos.

Largo y tortuoso ha sido el camino que la humanidad ha recorrido para abrir las puertas del Saber a aquellos que durante centurias se vieron subyugados por la ignorancia y la superstición: destellos de antiguas  hogueras humeantes nos recuerdan el precio que pagaron quienes se atrevieron a pensar diferente, a dudar de lo que “todos” decían, a buscar el conocimiento pleno de las cosas más allá de las opiniones de dios; prisión y destierro soportaron otros que con valentía anunciaron su palabra transgresora en contra de la “razón de estado”, y se opusieron sin tapujos a la dominación que unos cuantos imponían.

 Durante los últimos tres siglos el conocimiento liberador ha sido el combustible que ha puesto en marcha gran cantidad de cambios y transformaciones sociales, sin embargo la institucionalización del saber (creación de escuelas, colegios y universidades) ha operado como estrategia de contención y control social, en tanto los modelos educativos se ajustan a los requerimientos del modelo económico imperante, con lo cual se instrumentaliza - en el caso concreto del capitalismo-, la labor pedagógica, reduciéndola a la mera transmisión de datos, asumiendo al estudiante como un ser “sin luz” (de ahí la palabra “alumno” que no me gusta), al que hay que iluminar con el conocimiento previamente avalado por las “autoridades” académicas.

Ser estudiante es mucho más que asistir puntualmente a un edificio y pasar horas enteras “recibiendo” cátedra, presentando exámenes de suficiencia y esperando escalar en la pirámide social.

Grandiosos e inolvidables ejemplos hemos recibido de cientos y cientos de compañeros y compañeras, que han asumido su condición de estudiantes, con la profunda convicción de que el Saber, debe estar siempre orientado a la búsqueda del bienestar (material y espiritual) de las mayorías y además que no es algo que exclusivamente se encuentre en un salón de clases, por el contrario han hallado en la relación con su entorno social y con los sectores populares fuentes inagotables de sabiduría creadora.
Estudiantes: que esta conmemoración que rescata vuestro perfil revolucionario y evoca la existencia de los que han caído en la lucha por la defensa de una educación pública al servicio del pueblo, sea un motivo más para avivar la llama de la rebeldía que flamea en vuestros corazones y que junto al anhelo imperecedero de los más humildes, será la chispa que desate el incendio que reducirá a cenizas este mundo superfluo y banal que nos han legado los oligarcas, para que germinen en estos suelos fértiles las semillas de una Colombia Nueva.

Esteban Ramírez
Montañas de Colombia, junio 2011