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Aunque todos tenían claro que el proceso revolucionario en Colombia sería un proceso largo para la toma del poder, con la clase obrera y el pueblo trabajador, el optimismo en las posibilidades organizativas que se daban era total. La Conferencia contó con la presencia de 250 delegados, y ya eso era mucho decir tomando en cuenta que quienes allí llegaron sabían que el compromiso era el de actuar en una sola dirección, como un mismo esfuerzo, con una misma línea; es decir, como una sola organización.

El desenvolvimiento de la lucha no podía seguirse dando con una multiplicidad de pequeños grupos dispersos, había que unificar las experiencias y las voluntadas, y eso era lo que se estaba haciendo; pero ahora, además, con una nueva noción sobre la lucha; con una concepción que planteaba romper definitivamente con el apego a la autodefensa dando un salto hacia una mentalidad ofensiva que realmente nos convirtiera en guerrilla.

Constituirnos en FARC, además de darnos el nombre, implicó trazar un plan de crecimiento, de organización de masas, de desarrollo, de movilidad, de acción. La Conferencia elimina las denominaciones de grados similares a los del ejército, que existieron en los años cincuenta; se comienza a manejar la idea de lo que es el cuerpo de mando, con el comandante de Frente hasta el reemplazante de escuadra; se nombró un Estado Mayor, eligiéndose al camarada Manuel Marulanda como el Comandante Superior y a Ciro Trujillo como segundo al mando; aprobamos el estatuto de reglamento del régimen disciplinario y las normas de comando…

En esa idea de ir cubriendo nuevos territorios, en esa idea que siempre tenía el camarada Manuel de ir desplegando la fuerza en todo el país, en esa idea de despegarnos de los territorios de origen en el desenvolvimiento de un ejército integrado por guerrilleros que están pensando en la toma del poder y no en la parcela que tenían en uno u otro lugar solamente, se traza un Plan que orienta desplazar diferentes destacamentos hacia regiones y con misiones distintas; por ejemplo, los camaradas Marulanda y Jacobo Arenas se dirigen hacia el Pato y hacia Caldas y Quindío; bajo la dirección de Ciro Trujillo, viaja otro grupo de combatientes, y será bajo su responsabilidad que se produce el casi aniquilamiento de la fuerza y la profunda crisis que sobreviene y se mantiene hasta finales de la década, en forma tal que tan difícil trance nos llevó a asistir a dos Conferencias solamente a balancear graves reveces y a buscar la forma que permitieran volver al nivel que se teníamos en época de la Conferencia Constitutiva.

Fue por toda esta negativa experiencia entre el 66 y el 68 que la Tercera Conferencia concluye que nuestra pequeña fuerza menguada carecía aún de conocimientos adecuados para el desarrollo del movimiento guerrillero, que se traducían en la violación de los planes delineados por la Segunda Conferencia, y en los fracasos como el de Ciro Trujillo en el Quindío. Para el camarada Manuel, todo lo que estaba ocurriendo no era sino “el producto del liberalismo que se había generalizado como conducta” y que condujo, como efectivamente ocurrió con Ciro Trujillo, al incumplimiento de los lineamientos de una guerrilla móvil y clandestina. Esta práctica tan criticada en la Conferencia era señalada por el camarada Manuel como la causa fundamental del golpe recibido por Ciro, de la muerte de Arrayanales en el Valle y del encarcelamiento de muchas otras personas.

Así que el período entre 1968 y 1974 fue de reconstrucción de la Organización, y es en este marco que debemos ubicar el hecho de la Operación Sonora, pues hay unas razones que llevaron a nuestro Comandante en jefe Manuel Marulanda Vélez a movilizarse por la cordillera Central y con ello a generar la situación que se produjo en un área que ya había sido estigmatizada por muchos combatientes como zonas imposibles para la operatividad guerrillera.


2. El antecedente.

El concepto de movilidad y secreto había tenido lamentable aplicación en la Cordillera Central especialmente; de error en error se había hecho tránsito hacia el retroceso. Esa era la experiencia que existía, y sobre sus hombros se había montado el mito de la imposibilidad de operar en dicha cordillera.

Marulanda no creía en tal mito; él pensaba por el contrario, que si era posible subsistir en ese espacio que había sido antes escenario de desarrollo importante de la resistencia armada comunista, y en ese afán por encontrar las causas de los fracasos mostrando las soluciones y las experiencias que permitieran continuar con el avance de las FARC, estaba dispuesto a demostrarlo.


3. Manuel Marulanda marcha hacia la Cordillera Central.

Con ese pensamiento, Marulanda toma la decisión de marchar con una columna hacia la mal afamada cordillera. Había permanecido ya un tiempo en el Pato y recogido experiencias de combate en comisiones que estuvieron hacia Huila, San Vicente y Guacamayas evadiendo la presencia militar y buscando recursos para la subsistencia de la columna. Se escuchó por esos tiempos, entre las muchas casos que vivió el camarada Manuel la resonancia, por ejemplo, de un combate en Nuevo Mundo, donde casi se aniquiló a una patrulla militar.

Con la voz de su enorme experiencia Marulanda, al analizar los fracasos de las comisiones diversas que se habían enviado a la Central, con acento crítico le llamó “teoría extraña” a aquella creencia que decía que en la Cordillera Central no pegaría ninguna guerrilla y que ese “era terreno estéril para tal propósito”.

“¿Cómo así -se preguntaba Marulanda- que regiones tan nuestras durante tantos años, como Marquetalia, Gaitania, Toribío y otras zonas del Cauca, el Valle y el Huila en tan corto tiempo se nos van a hacer imposibles? Y lo peor es, decía, que haya combatientes convencidos de que la población de esas zonas no nos respalda”. El camarada, en las reuniones que se tenían de vez en cuando por ahí de manera informal, y también en una reunión que hubo de Estado Mayor, insistió en que no creía en esos cuentos que le echaban la culpa de nuestros fracasos al terreno y a la población.

Él mismo se postuló, entonces, para salir con una columna guerrillera a andar por la cordillera Central porque no creía que en esa zona que había trajinado tanto guerrilla, no pudiera prender el proyecto revolucionario.

Con guerrilleros de Marquetalia y El Pato principalmente, el camarada Manuel, tomando gente que conocía como firme y disciplinada, organizó una pequeña columna, en realidad era una guerrilla grande, con 27 o 30 combatientes, a la que se denominó La Móvil. Personalmente hizo, además, el entrenamiento físico, político y psicológico durante un lapso de dos meses, con marchas en la noche y en la madrugada, sin prender linternas; se trataba de marchas de resistencia a las oscuras, dándonos la idea de que iríamos a encontrarnos con muchas dificultades, pero insistiendo en que el objetivo de hacer la travesía y volver con un parte positivo se lograría. Todo fue preparado minuciosamente para una marcha de mes y medio que se debía hacer aprovechando la noche y aplicando el secreto; sabíamos que apenas pisáramos San Rafael, en el Huila, el terreno era destapado y no podríamos usar la linterna durante muchas jornadas.


4. Comienza la Marcha:

Así narraba el Comandante Efraín Guzmán pocos días de morir en las montañas de Colombia: “salimos desde un campamento que teníamos sobre el río Coreguaje enrutados hacia el cañón del río Duda, cruzando una zona montañosa en el Guayabero. Teníamos que pasar hacia el sur del Tolima cruzando por San Rafael que ya es terreno pelado y por el pie del páramo de Sumapaz.

En realidad, haciendo descansos de camino desde que salimos de San Rafael hasta llegar a Bilbao, en el cañón de Chile, calculábamos que nos podíamos gastar casi dos meses; pero la demora, más era porque la mayor parte del tiempo debíamos andar de noche, muchas veces sin linterna y caminando 8, 10 y hasta 12 horas a partir de las seis de la tarde hasta encontrar los encaletaderos donde teníamos contactos de confianza.

Nosotros íbamos haciendo el recorrido, pero al mismo tiempo intercambiábamos nuestras impresiones para sacar algunas conclusiones que nos permitieran tomar decisiones acertadas”.

Así, el Comandante en Jefe Manuel Marulanda Vélez, cuando ya habían cruzado los territorios de la ruta que estaba sobre el departamento del Meta, luego los del Tolima, y ya se había logrado penetrar al departamento del Cauca sin ser detectados por el enemigo, dice: “vea que ya estamos aquí y nadie nos descubrió, y resulta que antes apenas cruzaban el río Magdalena, ya estaba la tropa encima”. Y claro, complementa el comandante Efraín Guzmán, “todos entendíamos que el camarada lo que estaba era mostrándonos que lo que antes se había estado dando era un problema de indisciplina, y que esa era y no otra la razón por la cual las comisiones anteriores no se bajan de 10 y 12 muertos cada vez que intentaban el mismo recorrido”.

Ya estando en el Cauca surcaron territorios de Santo Domingo, Corinto…, por lugares conocidos algunos y otros que recién se visitaban, algunos con población goda y hostil y otros con mejores condiciones. Entre trocha y trocha volvieron a Herrera y Bilbao y luego nuevamente al Cauca. Lo cierto es que el secreto siempre se mantuvo en buen nivel; así que el camarada Manuel cada día se convencía más y su tropa con él, sobre que sí era posible, con disciplina, operar en esa extensa región.

En efecto, se volvió a hacer un reconocimiento de terreno, y nuevamente compenetrados con la región, el camarada Manuel decide que hay que pelearle al ejército. “Digamos que estábamos era más que entrenados, dice el camarada Efraín Guzmán, porque la disciplina no mermó para nada, ni por confianza; ya íbamos para dos años de estar en esa andanza cuando volvimos a Bilbao para planear una acción militar sobre la policía de ese lugar. Y hasta ahí, a pesar de todas la dificultades, la subsistencia la conseguíamos en la mismas zonas que recorríamos”.

“Para no alargarme en este asunto de Bilbao, digo que la operación que haríamos no cuajó. Después de un mes de estar haciendo la inteligencia, el día que empezamos a ejecutar el Plan, ya llegando al objetivo el camarada Manuel suspendió la acción porque detectó algo raro en la ruta; por un instante observó tenues luces que se encendieron en un lugar donde antes no se habían visto. Eso fue como a las 20:00 horas, entonces regresó rápidamente al personal; y, claro, al día siguiente nos dimos cuenta que se trataba de la contraguerrilla que nos tenía una emboscada montada. Parece que por tantos días de estar en la zona, nos habían detectado y ya nos estaban esperando”.

Inmediatamente el camarada Manuel decidió buscar nuevos encaletaderos y saca a algunas a hacer trabajo organizativo. Como conocedor de la región envió a un camarada de nombre Asnoraldo para que se hicieran contactos. Durante aproximadamente 20 días se mantuvieron en tal labor, logrando hacer una buena red de apoyos, consiguiendo en Bilbao y la Herrera buena solidaridad entre la gente a la que deciden acercarse luego de considerar si era o no pertinente. “En eso jugó un papel magnífico el camarada Asnoraldo, dice el camarada Efraín. Él había sido guerrillero liberal, se conocía bien el terreno y la gente; la verdad que lo respetaban mucho por esos lados. Eso ayudó bastante en la tarea de acercar gente a la guerrilla en esa zona tan difícil en tanto que allí antes se habían librado serio combates entre limpio y comunes”.


5. El Gringo.

Las explicaciones del camarada Efraín narraban sobre cómo, entonces, después de más de dos años recorriendo trochas y parajes de territorios en Tolima, Valle y Cauca, Marulanda había considerado que estaban dadas las condiciones para comenzar a realizar algunas acciones militares contra el ejército estatal. Varias de ellas fueron intentos fallidos en tiempos en los que hacían presencia en las áreas rurales de Rioblanco, Planadas y Herrera, pero en todo caso era acumulación de experiencia y rompimiento en la práctica con la equivocada tesis que hablaba de la imposibilidad de la operatividad en ese territorio.

La planificación, era la acertada en el desenvolvimiento de aquella determinación; solo que el ejército se desplazaba con destreza evadiendo los puntos seleccionados por el comandante Manuel para golpear. Buscando Marulanda, como siempre solía hacerlo, las causas de la falta de éxitos notó que el ejército se desplazaba en aquella extensa región sorteando con cuidado los puntos críticos, para lo cual contaba con la pericia de una contraguerrilla de nombre Luís Ángel Ospina al que apodaban El Gringo. Este tipo parecía conocer al dedillo las formas de la operatividad guerrillera, y efectivamente, se conoció que tiempo atrás había sido seguidor del guerrillero liberal Peligro, quien había dado la voltereta hacia las bandas de pájaros cuando La Dirección Nacional Liberal pactó con los conservadores el Frente Nacional y el exterminio de los comunistas. Pero El Gringo, entonces, había dado la voltereta también pero comenzando con volverse enemigo y perseguidor de sus propios ex compañeros de la guerrilla liberal, como bandolero, hasta que finalmente estando en la región de la Herrera se vinculó directamente a trabajar con la contraguerrilla.

Siempre el ejército lo buscaba para guiar patrullas militares o bandidos pájaros de civil, los paramilitares de la época. Y así había ido formándose como sapo y como matón. La gente lo odiaba. Por eso el camarada Mnauel consideraba que dándolo de baja, al tiempo que se le daba un golpe al ejército, a las aterrorizadas comunidades se les libraría de un sanguinario perdonavidas.

Balín, conocía al Gringo desde que era un niño, ellos vivían como vecinos en aquella región, así que quién mejor que él para ayudar a buscar su pista para ajusticiarlo.


6. Honorio.

Hacia 1973, después de muchos ires y venires, nuevos reclutamientos, contactos, etc. había logrado la Móvil crear las condiciones para fundar el Sexto Frente de las FARC. “Habíamos hecho un trabajo intenso de organización en el que contribuyó mucho el Partido Comunista. Guardando muy bien el secreto sobre la presencia del camarada Manuel Marulanda, a quien llamábamos Honorio, las comisiones salían a realizar el trabajo de organización, atendiendo semanalmente a las orientaciones que daba y que de manera directa controlaba el camarada Manuel, pero de quien las unidades guerrilleras tenían la orden de decir que se encontraba en El Pato. Siempre la gente de las regiones por donde avanzaba la Columna haciendo su trabajo político se preguntaba si él, Manuel Marulanda, estaba vivo o muerto”, dice el comandante Guzmán.

La gente dudaba de su existencia porque los medios de comunicación hablaban mucho de que había sido dado de baja en uno u otro lado. Los guerrilleros destinados al trabajo organizativo portaban una carta en la que decía que pronto estaría por el área y eso animaba mucho a la gente por la admiración que profesaban por el Comandante guerrillero.

Manuel Marulanda Vélez tenía por hábito mudarse constantemente de caleta; “él mismo escogía el sitio donde habría de resguardarse, organizaba los mecanismos de seguridad y los procedimientos para mantener los contactos con los que salíamos a hacer el trabajo organizativo; siempre se movilizaba de noche, y mientras las comisiones salían para uno u otro lugar, él se ubicaba en un sitio diferente con cinco ó seis unidades a esperar su regreso, que se pactaba con tiempo preciso”, dice Guzmán.

Toda actividad que se realizaba se informaba, en cada reencuentro se efectuaba un análisis, una especie de balance en el que además se recogía opiniones de los combatientes. Las conclusiones eran estudiadas para reiniciar un nuevo plan que incluía aspectos políticos y militares. Así, poco a poco, fuimos ampliando la presencia y la influencia sobre Florida, Tuluá y Palmira, en el departamento del Valle; Miranda, Corinto, Toribío en el Cauca y otros importantes lugares del Quindío, tales como Sevilla y Génova.


7. La muerte del Gringo.

Fue a finales de 1973, “por allá en septiembre o en octubre, dice el camarada Guzmán, cuando nos previno el camarada Manuel de que había rumores de su presencia en la zona. Andábamos en cercanías de Palmira, en departamento del Valle, por un punto llamado El Toche. Al mismo tiempo, nos dijo, está regada la voz también de que la contraguerrilla había subido y que ahí andaba el Gringo”.

Recuerda el camarada Efraín que “el camarada Manuel ya tenía clara toda la rutina del Gringo en La Herrera, que era su llegadero cuando le tocaba descanso después del patrullaje por varios días en el área. Allí había un billar y decían nuestros informantes que solía presentarse vestido de blanco a jugar durante horas, de día y de noche apostando en el juego”

 

“Marulanda hasta había pensado en la posibilidad de pistolearlo en el billar, o si no se podía, entonces montarle una emboscada. Un sábado muy temprano, se montó la emboscada, y ya enterados de que los tipos venían y que entre ellos no faltaba el gringo. El camarada Manuel envió a un guerrillero de civil a dar una vuelta para que observara, comprase algunos comestibles y pasarse por donde se suponía que iba marchando la patrulla con la excusa de que iba rumbo a la Herrera a buscar trabajo. Así se hizo, tal cual, y entonces el guerrillero logró toparse con el ejército, les brindó dulces, y pudo darse cuenta bien de que ahí iba el Gringo, cual era, en que lugar venía…, detallarlo; hasta logró hablar con él. Todo lo que craneó como Plan el camarada Manuel para tener certeza de que el tipo venía había ido resultando.”

Darle de baja al Gringo se había convertido en una tarea muy importante, porque ello implicaba un golpe sensible para el ejército, pues ya en la zona los militares lo tenían como si fuera sus ojos, su olfato. El Gringo, además, era una carga de 20 años de abusos y crímenes sobre los hombros de la gente más humilde a la que trataba con tiranía.

Eran días difíciles aquellos…; desde fines de agosto se había desatado contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN) la operación Anorí en el departamento de Antioquia, causando serias dificultades a esta organización insurgente. En las ciudades se había reprimido a los transportadores que –convocados por la CTC y la UTC- habían ido a paro, y lo mismo ocurría con el magisterio a nivel nacional. Entonces se veía venir la intensificación de los operativos también contra las FARC, pues el gobierno de Pastrana y sus fuerzas militares estaban envalentonados.

“La emboscada reventó a las 11 de la mañana. Ese día, como cosa rara, el Gringo tomó la cabeza de la marcha y por eso fue el primero en caer. Le habíamos puesto tres tiradores. Eso fue rápido; un poco más de media hora desde el inicio hasta la retirada. No les dimos tiempo de disparar. Todo el grupo que venía adelante con el gringo, 12 en total fueron abatidos y otros tres heridos, y recuperadas todas las armas que traían. Incautamos unas carabinas M1 y M2 y otras armas cortas. La retirada la hicimos con calma, como quien toma rumbo hacia Florida, pero andando tierras del Tolima”, recuerda Guzmán.

La emboscada había estallado el 13 de octubre en el punto Bejuqueros, vereda La Albania en el municipio de Planadas. Se trataba de un importante éxito, sobre todo en momentos en que para organizaciones insurgentes como el ELN y el EPL, que habían sufrido duros golpes, se vislumbraba un período de crisis. Nuestras mismas FARC apenas comenzaban a recuperarse de la crisis de la época de Trujillo; de tal manera que esta acción en una zona supuestamente controlada de manera casi absoluta por ele enemigo, generaba un impacto altamente positivo en la confianza de los combatientes y en el ánimo de la población. De manera práctica Marulanda había derrotado la tesis sobre la imposibilidad de tener guerrilla en tal región no sólo con su propia presencia sino accionando con éxito luego de varios intentos que si bien no resultaron con partes como el de Bejuqueros, eran evidencia de que sí era posible desenvolver el proyecto organizativo, político-militar donde antes se habían presentado tantos fracasos.

Al día siguiente el golpe de las FARC contra el ejército era noticia de primer orden en la radio y la prensa nacional. Mucho se habló de la muerte de los militares a manos de las FARC, y entre tantos argumentos, el de la muerte de un “civil” que servía de guía. Se trataba de Luís Carlos Ospina Aguirre, el mismo Gringo. Hasta allí llegó su historia.


8. La Operación.

Esa misma fecha, 13 de octubre de 1973, se podría tomar como de inicio de la OPERACIÓN SONORA, que se da con el anuncio –al lado del despliegue de la noticia de la emboscada-, de la visita del Inspector General del Ejército José Joaquín Matallana, quien tenía la misión de planificar acciones para aniquilar a la guerrilla que actuaba dirigida por Marulanda Vélez y José Losada (Losada), otro insigne combatiente fariano asesinado años más tarde por la seguridad del Estado, indefenso en Bogotá mientras asistía a un tratamiento médico .

En la operación conducida por Matallana participarían unidades militares asentadas en Valle, Huila y Tolima, planteándose una persecución de los guerrilleros por aire y tierra, tomando como epicentro de las maniobras a La Herrera.

Mientras las noticias de radio y prensa especulaban sobre que la emboscada del 13 de octubre había sido planeada con el objeto de distraer a las tropas que tenían cercado a los guerrilleros del ELN en Anorí, el despliegue diseñado por Matallana seguía su avance contra las FARC, insistiendo en que era Joselo quien había realizado la acción contra el ejército, y que Marulanda no había estado en esa emboscada, puesto que tenían informaciones fidedignas de que este se encontraba en “otro lugar del país organizando otras cuadrillas de bandoleros”; pero, aclaraban que el hecho si habría sido una orden suya.

El camarada Efraín Guzmán continua su narración explicando que “cuando quisimos tomar el cañón de Guayabal, sobre el páramo, ya abiertos del camino principal, sobre territorios del departamento del Valle, la persecución del enemigo venía en marcha. Ya habían pasado seis días desde que ocurrió la emboscada, y la radio al mi9smo tiempo que hablaba de la intensa persecución a las FARC, daba la noticia de la muerte en combate de Manuel y Ántoni, los hermanos de Fabio Vásquez Castaño en la Operación Anorí que ya iba completando dos meses. Esa noticia entristeció al movimiento revolucionario. Se trataba no solo de la muerte de los hermanos Vázquez, sino de un golpe demoledor para el ELN. Así o miraba el camarada Manuel; él decía que era un golpe para todos y que por eso el compromiso de lucha se hacía mayor.”

“Nuestra marcha de retirada hizo un alto en el Cañón de La Virgen, donde permanecimos hasta finales de noviembre. Y desde allí nos trasladamos hasta el municipio de Rioblanco, ubicándonos en un punto del Cañón de la Recta llamado La Sonora. Era un sitio que aparentemente nos prestaba condiciones para aprovisionarnos sin estar muy en evidencia”, precisa el comandante Guzmán.

Sobre otros detalles, complementa: “Esa misma semana habíamos salido a buscar una remesa, cuando vimos al ejército que venía hacia la finca donde estábamos; entonces dimos el aviso al camarada Manuel y el procedió a distribuirnos para montar una emboscada. Estaba claro que nos habían descubierto. Creo que fue el mismo día cuando la patrulla chocó con un pequeño grupo nuestro que estaba al mando de Mauricio en una avanzada. Entonces, apenas reventó el tiroteo llegó la aviación y se produjo el desembarco de tropas”.

“Ese grupo lo había despachado el camarada Manuel para que nos cayeran de sorpresa, y preciso que al día siguiente muy temprano, cuando estaba comenzando a clarear, sonó la totazón. Esa mañana, en total hubo tres tiroteos fuertes con cuatro guerrilleros que estaban en la avanzada”.

“Ya en la tarde el camarada Manuel recogió el grupo hacia donde habíamos definido que nos replegaríamos para hacer la retirada y salirnos del cerco. La misma noche nos salimos”.

La guerrilla comenzó a desplazarse, entonces, por el único terreno que le brindaba las posibilidades de evadir al ejército. Se trataba de una geografía muy abrupta, difícil en un gran tramo sobre todo porque el trayecto habría que hacerlo totalmente a oscuras hasta salir a una trocha segura que según la visión del Marulanda podía conducirlos a un territorio menos vulnerable. Toda la noche se camino aquel primero de diciembre para que cuando llegara el día estar ya en un tramo en el que se pudiera continuar de día. Así fue la marcha entonces, toda la noche y gran parte del día siguiente hasta lograr un lugar en el que se pudieron reorganizar mejor.

“Desde que iniciaron la primeras peleas el camarada Manuel había indicado que se buscaría una salida hacia las primeras fincas del páramo, por un cañón del que ya teníamos noticia de que era más o menos transitable. La información señalaba que tiempo atrás otros camaradas habían pasado por ahí, y que las primeras fincas se encontrarían después de unos ocho nueve días de marcha”.

Continúa el comandante Efraín Guzmán comentando que “la idea del camarada Manuel era la de montar una emboscada, enviar una avanzada de exploración que asegurara la retirada y pelearle al ejército unos días para luego perdernos de vista en el cañón. Pero esa información que teníamos no habíamos podido constatarla directamente, entonces resulta que los datos eran equivocados. Así que lo cierto fue que se montó la emboscada cerca de un potrero, marcando bien el trillo para que el enemigo lo siguiera. Se envió la exploración de tres unidades para que avanzara rápido y en dos días estuviera asegurando la parte más crítica del cruce hacia el páramo”.

 

“Cada paso se iba dando pensando en que la emboscada reventaría sin falta porque el ejército había desembarcado tropa por todo lado y las noticias no cesaban de hablar de la persecución sobre nosotros”.

“Al segundo día de montada la emboscada llegaron los soldados, pero nos generaron una pequeña sorpresa porque aparecieron por la parte de atrás de la emboscada y casi encima de las caletas donde estaba el grupo del camarada Manuel…; hubo fuego nutrido, y dos compañeros que estaban ubicados como francotiradores, cundo escucharon la plomera y bajaron a apoyar fueron abatidos por el fuego enemigo.”

“Para ese momento específico de la operación podemos decir que nos fue mal desde el principio; resulta que mientras nos pusimos a hacer los tres o cuatro días de pelea pensando en que luego nos perderíamos de vista tomando el cañón que conducía al páramo, el ejército nos estaba cercando. Cuando quisimos tomar en firme la retirada salimos fue al descubierto antes del tiempo previsto, pues la comisión de exploración en realidad no duró sino un rato de la tarde y parte de la mañana para estar ahí. No eran cinco ni seis días de marcha lo que tendríamos por delante, y desde el mismo momento en que llegaron habían divisado al ejército ya ubicándose en el terreno, tomando posición para esperarnos”.

Las noticias comenzaban a anunciar del cerco de la columna de Marulanda: que Tirofijo huía herido, que las bajas eran muchas y el aniquilamiento estaba próximo; que ésta era otra operación Anorí…, y de paso anunciaban que lo que se venía era el derrumbe de las FARC, porque en Cali habían detenido a Jaime Guaracas, y desde el mismo siete de diciembre, un día después que lo capturaron lo habían comenzado a procesar para hacerle Concejo Verbal de Guerra.

Expresa el camarada Guzmán que “cuando nos encontramos con la avanzada que se había enviado adelante, el camarada Manuel se preocupó porque además que la emboscada no resultó bien y nos habían causado dos bajas mortales, ahora nos encontrábamos con que el ejército nos había anillado. Desde que llegamos al sitio donde estaba Balín (Asnoraldo) con los otros compañeros, antes de hablar con ellos y recoger el informe, el camarada había dicho que ahí no podíamos permanecer, así que eso fue almorzando y de una vez sacando las exploraciones para salirnos. Apenas partió la exploración sonó la balacera en la retaguardia. Entonces, nos tocó improvisar la salida por un filo, subiendo. En total se hicieron dos peleas hasta que logramos tomar un pequeño morro cuando ya caía la tarde, pero desde allí nos tocó movernos sobre el filo hasta que encontramos un rincón escasamente cubierto por la vegetación, donde también ayudaba a camuflarnos la neblina y la penumbra del final del día”.

Habían quedado ubicados en tres partes: en el centro, un grupo con el comandante Manuel Marulanda, un grupo de retaguardia y un grupo de vanguardia a unos trescientos metros uno y otro de donde estaban los del centro.

 

Durante toda la noche sonaron las balas sin destino preciso, como rebuscando en la oscuridad los cuerpos de los guerrilleros. Los soldados disparaban desde un amplio potrero y una montañita que habían tomado para cortar a la gente de Marulanda la retirada por la parte que suponían sería utilizada en busca del terreno más cubierto y de más fácil tránsito. En todas las horas hubo ráfagas y disparos de mortero. En silencio, amarrando la respiración al alma, la guerrilla esperaba la madrugada para salir del lugar cuando ya hubiera algo de luz.

Considera el camarada Efraín: “A las 05:00 salimos. Pienso que para no irnos bien, tampoco nos fue tan mal. En los combates de la tarde anterior dimos de baja dos soldados y resultamos ilesos, pero estábamos dentro del cerco. Caminamos media hora por el filo para luego abrirnos hacia un lado por un terreno bastante feo, de vegetación de páramo bastante rala, lo que llamamos rucio. Íbamos lentos, por ratos caminando entre enredaderas que crecen uno y dos metros sobre el capote del páramo. En ese terreno se nos acabó el día, con frío, con hambre, cansados y sin comida; pero al menos parecía que habían cesado los combates…”

Desde el mismo día que la guerrilla salió de La Sonora, el asunto de la comida se había complicado. Desde el principio de la retirada les tocó deshacerse de gran parte de la comida, carne y granos, para alivianar la carga y poder así desplazarse con mayor rapidez en la maniobra que debían hacer para salir del cerco. Al momento de montar la primera emboscada los combatientes pudieron reaprovisionarse matando una novilla que prepararon para tazarla durante el tiempo que vendría sin tener muy claro hasta cuando y donde podrían hacer el siguiente reaprovisionamiento; de tal manera que los días transcurrieron más con hambre que sin ella, pues la incertidumbre sobre el rumbo que podría tomar la situación obligaba a las mayores restricciones.

“El día que tomamos el rucio –dice Guzmán-, apenas teníamos en el estómago el almuerzo del día que nos encontramos con Balín, y por ahí uno que otro pedacito de panela que se combinaba con pequeños trozos de carne frita que aún conservábamos de la novilla que habíamos matado tres o cuatro días antes. No llevábamos agua, en todos se notaba el cansancio…, aún no teníamos certeza sobre que nuevas adversidades podrían presentarse…; pero no, la situación fue cambiando; lo pero había pasado…, el cerco había sido superado”.

Con las nuevas experiencias y la práctica de la operatividad correcta, con la aplicación de la disciplina y la ejecución correcta de la planificación Marulanda había logrado demostrar que si existían condiciones para que la guerrilla echara raíces en cualquier parte del territorio nacional como necesidad y deber de resistencia a las injusticias, con absoluta posibilidad de sobrevivir y triunfar.

Los tiempos venideros traerán éxitos y satisfacciones en medio de una aguda confrontación en la que las FARC se irían fortaleciendo. Ya para 1974 la Cuarta Conferencia habían balanceado los primeros pasos de superación de la crisis de la época de Trujillo. Los destacamentos guerrilleros asumen el carácter de Frentes y se desarrolla una nueva concepción operacional y de despliegue de la fuerza. Mucho aportará para la definición de este rumbo, la experiencia heroica de la Operación Sonora, de tal manera que cuando se llega a la Quinta Conferencia el camarada Manuel Marulanda manifiesta: “Ahora sí calculo que nos hemos repuesto de esa terrible enfermedad que casi nos aniquila a todos...”.

Según la opinión de Jacobo Arenas en la Quinta Conferencia “el balance dijo que volvíamos a disponer de una fuerza guerrillera semejante a la que se hizo presente por intermedio de sus delegados en la Segunda Conferencia”. Y como “lo más importante”, el Comandant6e Arenas destaca el surgimiento de un “criterio sobre la organización de Frentes Guerrilleros en diversas áreas del país, aunque todavía no existía en nuestra mente la idea clara de una estructura de mandos de frente, ni de una estructura de Mando Nacional.”

La Quinta Conferencia valorará los frutos del trabajo de la guerrilla encaminados a construir y fortalecer los Frentes. En ese momento las condiciones para la creación del Quinto Frente eran un hecho. El Cuarto Frente ya operaba en el Magdalena Medio. Y en el Cauca y Valle el Camarada Manuel había logrado regar, con sus hombres, las semillas para el nacimiento del Sexto Frente durante su épica embestida sobre la cordillera Central en 1.973, después de torear la famosa "Operación Sonora".

¡Comandante Efraín Guzmán, hasta la victoria siempre!

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