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1. LA DESMOVILIZACIÓN DE El DAVIS.

 

En junio del 53 se anuncia que cayó el gobierno conservador, y toma el poder Gustavo Rojas Pinilla, quien de inmediato ofrece una amnistía para los alzados en armas.

 

En El Davis se da cierta confusión: ¿negociar la amnistía con los militares o mantenerse alzados en armas? “Algunos veían el gobierno de Rojas Pinilla como una opción positiva frente al terrorismo que había impuesto el gobierno conservador.  Otros, en cambio, consideraban a Rojas como un dictador militar”, precisa el Comandante Guzmán en sus relatos.

 

Todos esperaban una orientación que les propiciara claridad sobre qué rumbo darle a sus vidas. Entonces llegó la determinación del Partido: organizar comités de autodefensa en asociaciones pacíficas de campesinos.

 

“Muchos campesinos se habían ilusionado con la idea de la paz y querían retornar a sus hogares a descansar de las penurias de la guerra. La mayoría de los dirigentes del Comando, en cambio, vaticinaron lo peor con la dictadura y así lo expresaron públicamente”, explica el Comandante Efraín Guzmán, y agrega que “Richard, por ejemplo, expresó que la confrontación apenas iniciaba y se queda combatiendo en Calarma por unos días. No obstante, sus palabras y su ejemplo no bastaron para impedir que muchas de las estructuras ya existentes se desmembraran y un buen número de campesinos comenzaran a abandonar el área”.

 

Mariachi y Arboleda habían rendido sus comandos al ejército con la excusa pueril e infundada que argumentaba que los comunistas los querían asesinar. Una vez amnistiados, ambos  se pliegan al gobierno y sus otrora grupos de guerrillas liberales se tornan que se dedican a asediar a los comunistas. Otros grupos –como los de Leopoldo García (Peligro) y el mismo Gerardo Loaiza— también se rinden y se brindan para atacar lo que queda de El Davis, de tal manera que los comunistas quedan combatiendo casi en solitario, ahora no solamente haciendo resistencia al ejército, sino defendiéndose de sus  antiguos aliados que se ponen a disposición del enemigo.

 

Martín Camargo, comisario político de El Davis, sin ninguna fundamento claro, había propuesto liquidar el Comando y dispersarse. Pero la Dirección no le acepta semejante opinión. El comité del Partido Comunista de Chaparral tenía más bien una idea en el sentido de que pactaran una entrega simbólica con los militares y luego se trasladaran a otras regiones a organizar acciones campesinas pacíficas de autodefensa. Para ello se estaba preparando una Conferencia, pero de antemano se conocía que el mando militar de la autodefensa no compartía la determinación de la desmovilización, sobre todo cuando ya era notorio que la fuerza contrarrevolucionaria en que se habían convertido los liberales estaba arrinconada. No obstante, esa Dirección militar, los hombres en armas en general, gente curtida en la guerra, tenían la presión de que en cualquier momento el ejército los atacaría a ellos y al campesinado que de una u otra manera tenía la esperanza de un momento de paz.

 

En esta situación, la de tener que definir qué determinación tomar estaban, pero teniendo ya evidencias de la inminencia del ataque. De tal manera que una reserva de combatientes se mantenía como grupo de seguridad en las inmediaciones del río Montalvo, a 2 días de camino de El Davis.

 

Al final, y luego de tres días de deliberaciones, Charro Negro –recién llegado de comisionar en el Huila— Manuel Marulanda, Isauro Yosa, Ciro Trujillo, Manjarrés y Cardenal, toman las determinaciones:

 

Charro encabezaría una misión hacia tierras indígenas del Cauca, buscaría un sitio adecuado y se instalaría con un buen grupo para reorganizar al campesinado. Yosa y Trujillo asistirían a la Conferencia Regional del Partido Comunista y enseguida irían a Gaitania para conectarse nuevamente con Charro.

Charro Negro estaba convencido de que la mejor determinación era la de continuar la resistencia armada, y así lo hace saber a los combatientes en formación, diciéndoles que las promesas de paz de Rojas Pinilla no eran más que una ilusión, que se trataba de un gobierno que más temprano que tarde los estaría nuevamente persiguiendo, que era una trampa en la que no se debía caer, que no estaban dispuestos a entregarse por promesas escritas en papeles. Pero sabía Charro, el valiente Jacobo Prías, también, que muchos campesinos deseaban abandonar la guerrilla para rehacer sus hogares…., que por otro lado los Loaiza, Peligro, Mriachi, Arboleda y otros se habían entregado de lleno al régimen. Era evidente, como tiempo después lo explicaría Marulanda que “Al cesar en el año 53 la lucha guerrillera, por entrega de la mayoría de los combatientes liberales, los comunistas, subjetivamente, no podían continuar por su cuenta y riesgo un movimiento para el cual las condiciones objetivas habían cambiado tornándose adversas”. MMV.

Finalmente, les dice Charro a los combatientes que nadie estaba obligado a compartir ese planteamiento, de tal suerte que quien a bien lo considerara podría acogerse a la amnistía, pero que de cualquier forma las filas del movimiento armado estaban abiertas por si deseaban retornar, porque “lo único seguro en estos tiempos de tormenta es el fusil”. Hizo dar dos pasos al frente a quienes continuarían con él y con Marulanda, alistaron las cosas y partieron rumbo al Cauca.

 

En concreto, el general Rojas Pinilla lo que había encabezado era un “golpe” que en realidad estaba respaldado por la oligarquía y el imperialismo. El camarada Manuel Marulanda explica que “el análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era que la dictadura militar no constituía la solución de los problemas que el pueblo colombiano estaba buscando. No pasaba de ser una gran jugada política de la oligarquía y del imperialismo y que, pasada una tregua en la cual la resistencia sería desorganizada, presionaría sobre las masas populares”.

Así las cosas, los destacamentos deberían tratar de crear condiciones para transformarse de movimiento de resistencia armada en movimiento amplio de masas. No obstante, desarticulado El Davis, manteniéndose dentro del Partido, Charro y Marulanda continuarían en la resistencia armada.

Richard y Yosa se encargaron de otra comisión que tomaría la ruta del río Magdalena hacia el Oriente del Tolima. Ave Negra fue encargado de conducir las familias campesinas hacia Natagaima y luego debía juntarse con Richard y Yosa. Ciro Trujillo debía dar asistencia militar a la comisión de Richard y después pasar al Cauca. Y, así, se repartieron diversas misiones, quedando Llanero a cargo de los campesinos que aún permanecían en El Davis a fin de organizar su evacuación. Y es ahí, en ese momento, cuando toma la determinación traicionera de someterse a los designios de los liberales, lo cual concluye con la muerte del grupo entero a manos de ese enemigo en el que confió y que terminó dándole muerte a él mismo.

 

Peñuela, también toma la misma ruta de Yosa. Diamante marcharía al lado de Richard.

El Comandante Manuel sintetiza este despliegue explicando que “Líster, Richard, Jorge Peñuela, capitán Cardenal, Gratiniano Rocha y otros destacados cuadros político militares pasaron al Oriente del Tolima, donde por la presión de las circunstancias del momento se vieron obligados a realizar una presentación simbólica, con el objeto de consolidar una tregua más o menos larga, porque ya el nuevo gobierno comenzaba a reprimir con el pretexto de la lucha anticomunista”. MMV.

Entre las comisiones que salen de El Davis una son encargadas de fundar asociaciones campesinas de autodefensa pacífica. Charro y Marulanda, no obstante, continuarán en armas con sus hombres. En sus últimas palabras para el grupo del campamento, Charro les dice que “a nadie llevaremos a la fuerza; pero no olviden el camino de la guerrilla si de nuevo se sienten hombres perseguidos”. Sólo nueve hombres salieron con ellos; los secundaron otros del campamento de Montalvo y así completaron 26 combatientes.

En octubre de 1953, en Coyaima, se da la Conferencia Regional del Partido Comunista: consideran que las condiciones objetivas de un conflicto armado ya no existen y que el comando de Calarma debía ser desmovilizado y dar testimonio simbólico de la entrega de armas a los militares.

Los grupos de Richard y Yosa marcharon por separado hacia el río Magdalena. Richard incluso fue atacado en cierto punto por el ejército, saliendo al final bien librado. Yosa cruzó el río en la noche, guiado por los indígenas, y Richard en la madrugada un poco más hacia el sur.

 

Con desconcierto se conoce, aún dentro del campamento de El Davis, la noticia de la traición y muerte de Llanero, quien se entregó a los liberales atendiendo a sus promesas y dádivas. Con él cae también Marco Aurelio Restrepo.

 

Mientras el grupo de Charro y Marulanda avanzan hacia el Cauca, Richard y Yosa logran llegar al oriente y se instalan en la región de Villarrica.

 

2. LA “GUERRA PREVENTIVA”  DE ROJAS PINILLA CONTRA VILLARRICA.

En este marco de circunstancias se comenzaba a desenvolver el poder de facto que, apoyado por los componentes principales del bipartidismo liberal-conservador, asume Rojas Pinilla. Con este personaje se propulsaba una amnistía a la que estaban atendiendo muchos de los guerrilleros liberales y no poca cantidad de campesinos que hacían parte de la resistencia armada comunista. No pasará mucho tiempo para que se evidencie el carácter represivo del gobierno;  sobrevendrá el asesinato de estudiantes en junio de 1954 y la proscripción del Partido Comunista, poniéndolo fuera de la ley. Con esos graves acontecimientos que expresaban el carácter antidemocrático y dictatorial impuesto por el bipartidismo, se producirá la agresión sobre Villarrica y el Sumapaz.

 

La prensa nacional que habitualmente calificaba de chusma a los guerrilleros, acusa al Partido Comunista de estar alentando la guerra para apoderarse de la cosecha del café que ya había madurado en el oriente del Tolima.

 

La Federación de Cafeteros sustrae su presencia de estas áreas y la inminencia de la guerra espanta a los recolectores del grano.

 

En la idea de aplicar su tesis de “guerra preventiva” sobre una basta zona en la que consideraba que se gestaba el embrión de futuras rebeliones –desde el río Sumapaz hasta el río Duda, donde estaba organizada la autodefensa campesina—, el gobierno desplegó una inmensa fuerza proyectada hacia Cunday, a la que denominó Destacamento Sumapaz.

 

Con la desintegración de El Davis, quienes habían marchado hacia el oriente continuaron construyendo efectivamente la organización política e integrando esfuerzo al trabajo organizativo allí existente en torno a la lucha por la tierra. La actividad política y laboral se desenvolvía relativamente en paz, en medio de las dificultades de la pobreza, trabajando en la agricultura. Pero las palabras pronunciadas por Charro mostraban cada día más claridad al observar  la hostilidad del gobierno. El carácter dictatorial anticomunista de Rojas Pinilla había sido suficientemente demostrado el 8 de junio en la masacre estudiantil de Bogotá. A finales de aquel mismo año, Lister había sido capturado en Villarrica y enviado a los campos de concentración de Cunday (Tolíma). La persecución contra el grupo de Marulanda y Charro nunca cesó, y en alianza con ex guerrilleros liberales se cometieron varios asesinatos, incluso contra liberales agraristas desmovilizados, entre ellos Rafael Rangel y el capitán Franco. El mismo Guadalupe Salcedo, legendario personaje que con su enorme guerrilla liberal había rendido las armas en septiembre de 1953, es traicionado. De tal manera que la expectativa por las ofertas de paz se va esfumando.

 

Con la resonancia aún de las ofertas de amnistía e indulto, la creencia de que  la guerra había terminado se convierte en una quimera.

 

La gente que de El Davis  tenía ya suficientes noticias de que muchos de quienes entraron en el proceso de amnistía e indulto habían sido asesinados por el régimen. La desconfianza se generaliza. Es entonces cuando el rearme se plantea como una necesidad de  legítima defensa, tanto en el Sumapaz como en Villarrica, donde todas las intenciones de pacificación que alentaron  a quienes creyeron en la posibilidad del trabajo político en paz se van al suelo.

 

Desde antes de la agresión a Villarrica, entre esta región y el Sumapaz existía un amplio trabajo de masas que había permitido a los guerrilleros de ésta y de aquella zona del oriente del Tolima establecer un Estado Mayor Unificado, del cual Marcos Jiménez, guerrillero liberal de El Roble, era coordinador. Como guerrillero comunista, Tarzán también estaba en la zona contribuyendo decididamente en la resistencia. Más adelante se dará el caso en que Jiménez se convierte, al igual que Mariachi, Peligro y los demás llamados liberales “limpios”, en perseguidores de comunistas.

 

Al Estado Mayor Unificado le había correspondido en su momento, antes de la agresión a Villarrica y cuando aún existía alguna esperanza en la amnistía y el indulto propalados por Rojas Pinilla, abrir el debate sobre el asunto de la entrega de armas, para lo cual se delegó a Marcos Jiménez, quien entraría en diálogo con los militares. Este diálogo no fructificó porque éstos no aceptaron las mínimas condiciones de seguridad y soluciones sociales que los alzados planteaban. De todas maneras se decidió hacer algunas entregas simbólicas.

 

En octubre de 1953, por ejemplo, en Cabrera, Juan de la Cruz Varela, Vencedor y Marcos Jiménez junto con algunos combatientes y campesinos liberales se acogen a la amnistía. Pocos días después de este acontecimiento es que la Dirección y los combatientes del comando del Davis con sus familias –alrededor de 130 personas que marcharon en dirección oriente— llegan a la región de Villarrica.

 

Isauro Yosa (mayor Líster)  se ubica con Jorge Peñuela en la Vereda de Mercadillo; Richard se movió hasta la aldea La Manuelita; y así, cada quién fue posicionándose para trabajar en pequeñas parcelas en dirección de Cunday, La Aurora y San Pablo, o en sitios como Bélgica y El Roble en dirección hacia Sumapaz. Algunos se ubicaron en Cuinde Feo, Brasil, etc. En cada lugar las labores agropecuarias se combinaban con el trabajo político del Partido Comunista entre la población campesina, integrada fundamentalmente por liberales no hostiles hacia los comunistas.

 

Ahí, entonces, encabezados por Richard y Yosa, con la colaboración, entre otros, de Tarzán, Marcos Cubillos (Gavilán) que eran comunistas de la región de El Roble, fueron impulsadas Juntas de Autodefensa bajo los auspicios del Frente Democrático. Pero de momento, tal como había orientado el Partido Comunista, la actividad guerrillera estaba en receso.

 

Como en las épocas de El Davis, cuando existía la coordinación política con militantes comunistas de la región de Villarrica, esta cooperación continuó, incluso, con los campesinos que mantenían la resistencia en el Sumapaz,  recuerda el camarada Guzmán, agregando que  Desde Villarrica se mantenía la coordinación entre Richard y Juan de la Cruz Varela, quien también había surgido en la resistencia como guerrillero liberal. Para entonces, en alguno de sus viajes al Sumapaz, Richard notó el decaimiento en la parte militar del grupo de Varela, cosa que  le preocupaba dado que se escuchaban ya los argumentos hostiles de parte de la dictadura que auguraban el desenvolvimiento de una operación militar sobre la zona”.

 

Transcurrían los tiempos en medio de lo que era una mezcla del anhelo de paz y el deseo de mantener la autodefensa en el trabajo político sin confrontación militar, y al mismo tiempo la prevención y la necesidad de aseguramiento a que obligaba la hostilidad gubernamental. Algunos grupos seguían plegándose al gobierno, incluso en la misma Villarrica, donde poco antes de la navidad de 1953 se habían acogido a la paz de Rojas Pinilla unos treinta integrantes de la resistencia comunista.

 

El ejército había desplegado sus espías en Villarrica valiéndose de varios de los desmovilizados que, además, habían tomado la senda de la traición; de una u otra forma tenían manejo de lo que acontecía en aquella región donde se habían resguardado aquel importante sector de la dirigencia de El Davis, y sabían que si bien en mente de aquellos hombres y mujeres no se anidaban ideas de confrontación sino de reemprender un trabajo político en paz, ninguno estaría dispuesto a claudicar en sus posiciones políticas aventurando entregarse a los brazos del gobierno. En conclusión, seguían siendo oposición y, para el talante que ya había mostrado la dictadura, se infería que de parte de esta dirigencia no habría entregas y más bien se los miraba como un peligro latente.

 

El año que transcurre entre junio de 1954 y junio de 1955 es especialmente crucial. Además de la masacre estudiantil en Bogotá y la ilegalización del Partido Comunista como hechos graves contra la democracia y la posibilidad real de mantener la lucha legal y abierta, era ostensible la presencia militar creciente y las hostilidades,  incluso mediante la prensa contra los campesinos de Villarrica y el Sumapaz.

 

Más soldados fueron llegando a la región y especialmente al poblado de Villarrica, estableciéndose puestos de avanzadas militares en El Roble y La Colina, con agresivos controles contra los campesinos.

 

La actividad organizativa de la Dirección comunista se acentúa, viéndose obligada a desarrollar en la clandestinidad muchos procedimientos de prevención defensiva ya previendo la confrontación. Obviamente, la influencia comunista en Villarrica y sus alrededores se había acrecentado.

 

Reservadamente, y en sitios resguardados no obstante lo tenso del ambiente, el Frente Democrático aún realizaba jornadas de organización que se convertían en verdaderas fiestas populares que expresaban el apoyo de las masas al Partido Comunista. Desde la capital de la república, por medio de los contactos de Viotá, entonces, llegó el análisis sobre la necesidad de armarse. “El campesinado ya estaba absolutamente convencido de esa urgencia desde antes que llegara la orientación, pues la dirigencia del área había hecho suficiente trabajo político y organizativo tendiente a ir preparando la población para cualquier eventualidad”, dice Guzmán.

 

La autodefensa armada había vuelto a resurgir por necesidad de sobrevivencia en toda el área que ocupaban Sumapaz y Villarrica.

 

3. OFENSIVA GUBERNAMENTAL Y RESISTENCIA POPULAR.

 

Desde el 4 de abril de 1955 el gobierno declaró zona de operaciones militares toda la región de Sumapaz y Villarrica. Al mando del Coronel Rafael Navas Pardo estaba la Comandancia Suprema y, en cabeza del Coronel Hernando Forero Gómez, el Destacamento Sumapaz integrado por tropas del Batallón Nacional.

 

Sería el mes de junio de 1955 cuando se inicia en firme el ataque, utilizando varios batallones y bombarderos de la Fuerza Aérea.

 

En el Sumapaz la Resistencia Campesina la conducían Juan de la Cruz Varela y Salomón Cuellar (Vencedor).

 

Con el Partido puesto fuera de la ley por una determinación del Concejo de Ministros y la represión acentuada contra toda forma de protesta social, tal como había quedado evidenciado en la masacre estudiantil del ocho de junio, las promesas de rehabilitación para los amnistiados quedan definitivamente sin piso y las “justificaciones” para la agresión militar se desbocan; en la reproducción de mentiras y calumnias el ingenio de la oligarquía no cesa. El ejército hace efectivos sus anuncios que tenían que ver con su declaración de zona de guerra de la región Villarrica-Sumapaz y despliega lo que llamó el Destacamento Sumapaz “para extirpar preventivamente una futura rebelión”, de tal manera que a todos los venidos desde el Davis no les queda otra opción que apresurar, ya no la organización de juntas pacíficas de autodefensa, sino el frente guerrillero.

 

En un pequeño poblado de influencia de los comunistas y del Frente Democrático se daba instrucción militar, y desde Viotá y Girardot el Partido Comunista enviaba algunas armas que recibían Yosa y Peñuela. Después de recibir una remesa de fusiles y una ametralladora, el ejército hizo un operativo y mató a Peñuela en Mercadilla.

 

Los preparativos continuaron de lado y lado. Por parte de la Dirección Comunista de Villarrica, a fines de diciembre, ya entrado diciembre, los guerrilleros establecieron puestos avanzados en la Aurora, Bélgica y el Roble, mientras Gavilán realiza un hostigamiento preventivo en Agua Blanca para impacientar al ejército y retardar su avance.

 

En ese lapso, entre diciembre y el semestre siguiente, se comenzaron a producir emboscadas, pequeños combates, tiros en uno y otro sitio por donde el ejército hacía presencia hostil. El puente donde la carretera cruza el río Cuinde Feo es destruido por los rebeldes, pero el ejército lo reconstruyó en dos días. En fin, la confrontación ya era un hecho, la provocación contra la población estaba definida.

 

Lo que estaba aconteciendo era el despliegue de la fuerza militar por parte del ejército estatal que venía haciendo un cerco alrededor de la región comprendida entre el río Sumapaz y Villarrica, instalando tropas en Cabrera, Venecia, Pandi e Iconozo (poblados de Sumapaz) y ubicando nuevas tropas en Villarrica, en el propio casco urbano –incluso más que en los puestos avanzados— y en la extensión rural intermedia.

 

Refacciona el comandante Efraín Guzmán en que “lo cierto es que esta forma de despliegue con enorme concentración en Villarrica termina dejando, entre puesto y puesto de mando, un espacio libre de tropas que será bien aprovechado por la resistencia armada comunista para hacer fluida su movilidad y garantizar medianamente el abastecimiento, lo cual fue un factor fundamental que permitió prolongar la resistencia”.

 

El cuartel General de la resistencia se estableció en La Colonia de Villa Montalvo (La Colonia, le llamaban sencillamente) sobre un cordón quebrado que rodea Villarrica, con la determinación que los comandos del Sumapaz y Villarrica debían combatir cada cual por su lado pero coordinando y en contacto.

 

Richard, asumiendo como comandante militar de la zona, despliega a los combatientes ubicándolos en caseríos y veredas diversas que posibilitan establecer una especie de cerco sobre el casco urbano de Villarrica, con mayor cantidad de tropa hacía el oriente, por lugares donde se creía que los soldados del gobierno podían atravesar la Cordillera de Altamizal y atacar por la espalda. Era como una cortina tras de la cual las familias quedaban refugiadas y protegidas.

 

Cuando desde Sumapaz, y después de muchas escaramuzas militares, irrumpen las primeras noticias sobre la llegada de los tanques a Cabrera, entonces la Dirección en cabeza de Richard ordena el movimiento de los campesinos en Villarrica hacía el área protegida por la resistencia popular armada.

 

De muchas partes llegaban labriegos en romería buscando protección y otros a combatir. Presa del temor y la zozobra, una buena parte abandona la región.

 

Por la carretera que de conduce Cunday a Villarrica subieron los tanques con ruedas de caucho. Detrás avanzaba la artillería pesada y camiones grises con soldados levantando nubes de polvo. En la propia Villarrica hicieron trincheras y refugios, fortificaciones y puestos de control.

 

La primera línea de defensa de la resistencia campesina se extendía desde Cunday, pasando cerca de La Aurora, Los Alpes y Villarrica hasta la Colonia, con puntos de defensa, además, al pie de la Cordillera de Altamizal frente a los soldados que acampaban en Cabrera (Sumapaz). A esta defensa la llamaban LA CORTINA. Ahí había hombres apostados, trincheras, refugios donde se comía y se dormía...; se vivía, o mejor, se sobrevivía. Tras ésta había una segunda cortina, y tras ésta otra más: tres en total, con un número aproximado de trescientos cincuenta y cuatrocientos combatientes propiamente dichos y unos 800 o mil campesinos de apoyo, armados con machetes, hachas y cuchillos, entre los que habían desde muchachos hasta viejos.

 

Se establecieron, según el terreno, intervalos de 5 metros donde era menos defendible, y más donde no se consideraba tan necesario, en escuadras de 12 combatientes, con su comandante y sub comandante. Unas 2000 familias vivían resguardadas tras la Cortina en veredas como Bélgica, Los Alpes y El Roble.

 

Los Comités del Frente Democrático coordinaban la cotidianidad, abastecimientos, higiene, etcétera, es decir, la vida diaria con disciplina militar.

 

Luego de haberse instalado en el casco urbano de Villarrica, muy pronto comenzaron los ataques, ráfagas y bombas de los F 47 en el área, mortereo constante: ¡la guerra!

 

Por uno y otro lado, en lugares distantes, aparecían fogatas, sombreros varios montados sobre palos o parapetos de monte a manera de grupo humano: era la manera de despistar a la aviación y a la tropa en tierra

 

La guerrilla queda pegada al terreno sin otra alternativa por el imponderable de tener que proteger a las familias.

 

Era Semana Santa cuando los ataques más crudos del ejército oficial estremecen la región. Los incesantes disparos de obuses se hacían desde la propia plaza de armas de Villarrica, lo mismo los tiroteos en ráfaga de día y de noche hacía todo el campo, haciendo arder ranchos, monte, cultivos”, recuerda el camarada Efraín.

 

Sobre La Colonia el ensañamiento con fuego fue extremo, hasta dejar reducido todo a escombros. El gobierno ya había completado 4000 soldados en el campo de batalla. Richard, Diamante, Tarzán, Ave Negra, entre tanto, de un lado a otro se movían combatiendo y levantando la moral de quienes resistían en La Cortina. La Resistencia se prolonga; no pocos grupos de soldados del tristemente célebre Batallón Nacional, sus llamadas fuerzas veteranas de la guerra imperialista contra Corea que pretenden franquear la Cortina, son golpeados con rigor, obligando a acelerado repliegue y huída.

 

Pero el rigor de la ofensiva enemiga era innegable. La fijación al terreno y la responsabilidad de mantener la seguridad de las familias hacían cada día más tortuosa la resistencia. En un momento de la confrontación, Richard había logrado moverse hacia el puesto de mando de Juan de la Cruz Varela para analizar la situación, y observó entonces que era inminente su caída y que en poco tiempo las tropas enemigas que allí actuaban pasarían también a reforzar los contingentes enemigos de Villarrica.

 

En mayo de 1955, no obstante haber logrado tumbar un avión –lo cual elevó aún más la moral combativa de la resistencia— el cansancio era notorio. Entonces arrecia la presión enemiga sobre la Cortina. Como complemento fatídico, desde Sumapaz por la ruta de Altamizal empieza a llegar la tropa que ataca la retaguardia de la Cortina.

 

La situación se agrava; entre otras muchas penurias que se suman, en Cuinde Blanco un proyectil de tanque le arranca una pierna a un hermano de Richard y a consecuencia de ello muere.

 

Cada día los combates serán más fieros y gravosos para la resistencia. No hay un estimado claro sobre el número de muertos de aquellos acontecimientos, pero lo cierto es que a mediados del año la resistencia se hizo imposible, viéndose obligada la Dirección a ordenar que los campesinos salieran hacia La Colonia y que los combatientes asuman la movilidad, protegiendo la retirada de las familias. La batalla se perdía.

 

4. VILLARRICA, SÍMBOLO DE TRIUNFO A PESAR DE LA DERROTA.

 

Muchos campesinos de la devastada Colonia, desde poco antes que la Dirección de la Resistencia diera la orden de repliegue, ya habían emprendido su marcha hacía Galilea. Iniciaban otra Terrible Columna de Marcha, con penurias, hambre, muertos, y desesperanzas entre el lodo y el frío de la montaña. Atrás quedaba el fuego y la destrucción del campo que dejaban las bombas incendiarias de los aviones.

Algunos, agotados y sin más deseos de andar fueron quedando desperdigados en puntos de la montaña donde creían que ya la persecución no los alcanzaría; otros morían de hambre, de pena, de frío. Hasta la mesa de Galilea llegaron entre 4500m y 5000 campesinos; allí hicieron casuchas y pequeños conglomerados de entre alrededor de 100 personas. Otros prosiguieron caminos diversos en busca de mejor suerte. Quizá quedarían unas 1000 personas y el campamento de los guerrilleros. La lluvia había terminado, recién comenzaba a ceder la inclemencia del invierno, pero el viento frío era inclemente acompañando a la hambruna.

 

Otros volvieron a Villarrica “donde habían dejado sus quimbas”, apunta el camarada Guzmán, “porque decían que preferían morir de un balazo, antes que de frío, de hambre, paludismo o del tiro de gracia de la nostalgia”.

 

El camarada Guzmán considera que “aunque parecía un fracaso, lo cierto era que se había reactivado la resistencia armada y ello contribuiría a que el peso de la represión militar que, luego de la desmovilización del Davis era sólo soportado por los núcleos armados de Charro Negro y Marulanda, ahora mermara un poco”.

 

Richard,  desde Galilea, partió hacia la Hoya de Palacios. Ave Negra decidió marcharse para Natagaima. Durante aquella temporada de inmensas vicisitudes no pocas fueron las coordinaciones con legendarios luchadores como Juan de la Cruz Varela o Januario Valero (Oscar Reyes), ambos dirigentes campesinos de la resistencia armada liberal pero que se habían mantenido fieles a los intereses del movimiento agrario y que poco a poco transitaron hacia las posiciones políticas de los comunistas. Ciro Trujillo, por su parte, partió hacia Río Chiquito para coordinar los pasos venideros con el grupo de Charro y de Marulanda. Había que empezar de nuevo.

 

A partir de las penurias de la Columna de Marcha que sale de la región de Villarrica se pudieron organizar, entonces, las marchas de civiles y combatientes hacia el Pato, el Ariarí y Guayabero. Richard dirigió la primera marcha hacia el Guayabero, orientando fundamentalmente a quienes se mantienen en armas; un pequeño de 12 o 13 años marchaba con ellos; era Efraín Guzmán, o Nariño, quien se había vinculado a la resistencia de Villarrica y en la retirada se vinculó al grupo de combatientes de Richard. Lo cierto es que la mayoría de los marchantes eran gente que había ido a Villarrica desde el Davis y otras regiones del sur del Tolima, pero aún con el esfuerzo que hacían los jefes de la resistencia por atender las necesidades de los marchantes, gente armada y población civil, muchos campesinos se sintieron abandonados. Contra la voluntad de Richard y Juan de la Cruz Varela, el comisario político del Partido Comunista, Martín Camargo se expresaba en contra de priorizar la defensa y aseguramiento de población que marchaba en tan adversa situación de penurias. Martín Camargo ya era para entonces como un ave de mal agüero: se lo recordaba como quien en una actitud liquidacionista persistió en la desmovilización de El Davis en momentos en que la reacción de los “pájaros” liberales ya había sido arrinconada. Como consecuencia de ello, perecieron varios centenares de pobladores  que atendían a las orientaciones de la Dirección Comunista; ahora casi ordenaba dejar en el abandono a la población, al plantear que mientras la gente en armas continuaba hacia las llanuras de Oriente con quienes pudieran realmente proseguir en el levantamiento; el resto -los más débiles, entre los que habían mujeres y niños-, según Camargo, debían “arreglárselas como pudieran”.

 

“La salida de Richard de Galilea fue como una tormenta contra el corazón de los campesinos. No hubo quien no se lamentara y expresara su pesar. Este hecho terminó de desmoralizar a quienes como civiles habían logrado sobrevivir por la fe que le tenían a la Columna de Marcha. Unas cuatrocientas personas salieron con él, entre ellos unos 100 hombres que habían combatido en la Cortina de Villarrica”, recuerda con tristeza el comandante Guzmán.

 

Enrumbados hacía la Hoya de Palacios, pasaron por Santana, surcaron terrenos aledaños a Colombia (en el departamento del Huila), pasando montañas, ríos, selvas. Llegaron a orillas del río Papamene después de atravesar la Cuchilla de los Picachos, para después caer a las riveras del Caguán al que atravesaron cerca de su nacimiento en una marcha lenta y agotadora por el cansancio mismo que ya habían acumulado con todo el trajín de la Cortina y luego en las vicisitudes de la Columna.

 

La Columna avanzará durante largas jornadas hasta llegar al Guayabero, donde se instalan una parte de los marchantes. El resto se trasladan hasta El Pato.

 

Entretanto, la gente de Galilea se dispersó en grupos que partieron hacía distintos lugares o hacia la muerte. Tarzán hizo un intento de reanimarlo pero todo fue infructuoso. La única victoria era la sobrevivencia y que la gente de Marulanda y Charro ya no tenían que soportar solos la embestida del ejército.

 

Pudieron ser unos 5 mil los soldados que atacaron a los campesinos de Villarrica. Junio del 55, y quizás la semana santa de ese año, fueron los períodos más duros de la resistencia en  Cortina de Villarrica que, efectivamente, al distraer al ejército en esta labor de ataque alivia la situación de los guerrilleros de Charro y Marulanda y, lo más importante, aún con los fracasos y las perdidas reinicia la lucha guerrillera en regiones como en El Pato y Guayabero, donde nuevamente surgirán los respectivos comandos de resistencia armada comunista que se sumarán al esfuerzo de Charro y Manuel, que son quienes fundan los comandos de Riochiquito, Marquetalia y el Símbula.

 

Para algunos voceros de la historiografía oficialista del régimen, los cuales no vale la pena mencionar, el Partido de Villarrica y los jefes liberales de Sumapaz provocaron al gobierno y al ejército y por ello se dio la agresión, olvidando que se trataba de la concreción de un plan que el gobierno venía en el desenvolvimiento de su concepción de guerra preventiva. Independientemente de que Gavilán (Luis Mayusa) o Tarzán, que eran guerrilleros de Villarrica, hostigaran a la tropa enemiga para refrenar o retrasar un poco el arribo de las tropas al área de la resistencia y así poder concluir los alistamientos de defensa, tarde o temprano el ataque se daría.

 

Viotá, al que algunos “violentólogos” voceros de oficio de las posturas del régimen consideran un  fortín comunista que no entró en apoyo de sus compañeros, es, por el contrario, el símbolo y baluarte desde donde se podía apoyar a los combatientes, por lo cual había que mantenerlo a toda costa fuera de la confrontación directa.

 

Aquellos que califican los acontecimientos de Villarrica como el desenlace de una confrontación en la que los campesinos de esa región entran en guerra por falta de visión estratégica, no calculando que estaban aislados y en enorme inferioridad numérica respecto a la fuerza enemiga, pierden de vista que frente a la existencia de una doctrina de arrasamiento premeditadamente perversa que tenía la oligarquía contra los antiguos combatientes del Davis y contra las posiciones políticas de los comunistas, los campesinos no tenían otra alternativa que la de resistir o dejar aplastar su dignidad.

 

No es la guerra de Villarrica el producto de una provocación de los campesinos como pretende dejarlo establecido la “historiografía” oficial, sino la resistencia justa a las políticas antipopulares y antidemocráticas del régimen oligárquico, no solo de la dictadura de Rojas Pinilla, sino del bipartidismo que la auspició y avaló toda la cadena de medidas antidemocráticas desde antes, durante y después de la dictadura de rojas, que efectivamente era una dictadura del bipartidismo para fortalecer la tiranía de la oligarquía en el poder.

 

Las prácticas políticas de la oligarquía en los años cincuenta no responden a cosa diferente  que a los dictámenes imperialitas que especialmente desde 1948 se expresaban a favor de la ilegalización de los comunistas, ya en las convenciones conservadoras de Bogotá y Medellín suscitadas luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y que proclamaron un “frente nacional anticomunista”; o ya en la plataforma del Directorio Nacional Conservador  de mayo de 1949 que incluía el planteamiento de que “para la defensa del orden social, amenazado de muerte, lucharemos por declarar al comunismo internacional fuera de la ley”.

 

En un mensaje del racista y fascista dirigente conservador Laureano gómez a las cámaras legislativas hacia octubre de 1951, les conminaba a adoptar una norma constitucional que pusiera al Partido comunista fuera de la ley, solicitud que hizo reaparecer una y otra vez hasta llevarla al ámbito macartista que por cuenta de las “democráticas” concepciones bipartidistas rodeaba la convocatoria  de la llamada Asamblea Nacional Constituyente de la época. Y así, efectivamente, en este escenario los discursos presentados por el detestable Rojas Pinilla y por el nefasto Mariano Opina Pérez como Presidente de la ANC en el acto inaugural de las sesiones de julio del 54, en lo que insistieron fue en exigir la ilegalización del comunismo.

 

No había ambiente diferente que el de la profundización de la anti-democracia y el despotismo liberal-conservador, bipartidista, que no podía augurar sino persecución y muerte contra el movimiento popular, como efectivamente  se había evidenciado con la matanza estudiantil de junio avalada por los directorios de ambos partidos, y se seguiría expresando en hechos como el de la represión al movimiento agrario de Villarrica. Pero, reiteremos, no se trataba de una determinación sólo de la oligarquía. La expresión  desesperada del General, en una comida de palacio, a quienes dentro de la Asamblea Nacional Constituyente se oponían a la ilegalización del PC, es la sobre-evidencia de lo que era un hecho más que notorio: “ustedes tienen que ilegalizar al Partido Comunista, porque ese es un compromiso que yo tengo con los Estados Unidos; me lo están exigiendo los nortemaricanos y yo tengo que cumplir…”. Obviamente, la tristemente célebre Asamblea terminó votando la reforma de ilegalización, que luego fue protocolizada con el Acto Legislativo No. 6 de 1954.

 

A todas estas patrañas del fascismo criollo que seguía las órdenes de Washington se enfrentaba la resistencia comunista en todos los ámbitos, y especialmente con las armas en la mano, lo hacía la resistencia armada comunista y popular en la Cortina de Villarrica.

 

Honor y gloria, entonces, es lo que debemos decir, por aquellos heroicos sembradores de la resistencia que más tarde dará origen a las FARC. Honor y gloria  al valeroso Jorge Alfonso Castañeda (Richard). Honor y Gloria a Isaura Yosa. Honor y Gloria a la abnegación de Juan de la Cruz Varela. Honor y gloria a los resistentes del Davis; a Laura la guerrillera, compañera fiel de Richard; honor y gloria a quienes brindaron el apoyo efectivo desde Viotá y Girardot, a la dirigencia y militancia comunista que creyó y sigue creyendo en los combatientes que desde la montaña anidan la esperanza en el mañana socialista.

 

5. LA VIOLENCIA OFICIAL  CIERRA LAS VÍAS PACÍFICAS DE ACCIÓN POLÍTICA

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En su Octavo Congreso de 1958, el Partido Comunista  había considerado en su Declaración Programática que “podrían abrirse perspectivas para el desarrollo por la vía pacífica de las luchas por las transfor­maciones fundamentales que exige la cri­sis de estructura económica y política de Colombia a condición de que... se con­solide la unidad de la clase obrera, se afiance la más estrecha alianza del pro­letariado con el movimiento campesino y se logren avances decisivos del pueblo colombiano en el camino de la democratización del país”.

 

Pero aquella declaración en función de emprender una vía pacífica de acción revolucionaria no era más que un justo y buen deseo de los comunistas en medio de una realidad cuyos antecedentes históricos estaban signados por la presencia de terribles dictadoras y gobiernos militaristas que lo único que habían demostrado con soltura era su concepción de confrontar a “sangre y fuego” la inconformidad popular frente a las injusticias y la miseria secular. De tal manera que aquellas condiciones planteadas por el Octavo Congreso no tuvieron perspectiva ni por un instante; nuevamente el camino de la participación política democrática para el pueblo fue obstruido por el antidemocrático sistema parita­rio bipartidista, liberal-conservador, que por entonces se imponía mediante el engaño plebiscitario de 1957. Al lado de ese antidemocrático sistema paritario de alianza bipartidista, la oligarquía en el poder desplegó intensas campañas divisionistas contra las organizaciones populares afectando la unidad sindical y con ello las posibilidades de definir un proceso de unificación de las fuerzas sindicales con las fuerzas de resistencia campesina que fueron, además, especialmente atacadas con todo el poder de la represión militar que para entonces tenía evidente subordinación a los militares gringos que eran los que en verdad trazaban la estrategia  de aniquilamiento contra las regio­nes de la resistencia campesina revolucionaria que, aún sobre el deseo de abrirle espacio a la acción pacífica, obligó a mantener la “línea de autodefensa de masas contra la violencia oficial y reaccionaria”.

 

En todas las regiones donde se mantenía la resistencia, con la excusa de acabar con el bandolerismo, el ejército con sus agentes encubiertos y nuevos aliados paramilitares que surgieron de entre los desmovilizados, continuaron las ejecuciones sin fórmula de juicio. Se trataba del desenvolvimiento de la llamada “guerra preventiva”, puesta en marcha por la misión militar yanqui en Colombia con la plena complacencia del gobierno, que utilizaba todo el rigor de la violencia oficial y de la guerra sucia. Esta circunstancia obliga al Partido Comunista a mantenerse en su política de autodefensa de masas aún después del IX Congreso y en cada Pleno subsiguiente del Comité Central, eventos en los que se había analizado como muy graves las consecuencias del Plan Laso y la repartición oficial de armas a los esbirros del latifundismo avalados por la “Sociedad de Agricultores”. El 29 Pleno del Comité Central, por ejemplo, resaltó la autodefensa como una necesidad precisando en que en todo caso debía apoyarse en las masas, no en acciones intrépidas de grupos aislados, y que debía combinarse con la denuncia, la agitación y la propaganda contra la vio­lencia, los planes criminales y las agre­siones contra regiones, organiza­ciones y dirigentes populares.

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