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EL REALTO.

La llovizna es incesante..., sin embargo, el pito de las 16:30 convida puntual a la formación para el "parte y lectura del servicio". Las voces de mando se escuchan azotadas por la brisa y por el agua pertinaz que cae sobre el campamento. El ruido de las botas cuando la tropa atiende a la voz de “atención fir”, irrumpe nítido tras la orden seca del guerrillero que dirige. Pronto las ollitas estarán colocadas esperando la ración de sena en el mesón de guadua dispuesto para ello a un costado del patio de formación. Y antes de que caiga la noche un guerrillero alegre, un guerrillero retraído, otro lisonjero, uno atento, otro pensativo..., unos guerrilleros de apenas ayer, o los de hoy, o los de hace largo rato de lucha en la montaña, probarán la mazamorra de maíz, medio simple, de los días de escasez en la guerrilla.

La tarde les había sorprendido con un abrazo de neblina que venía anticipando la oscuridad de la noche…; noche fría que llegó puntual, casi un poco adelantada, invitando a contemplar el retorno de la luna con sus rayos tenues que traían el recuerdo de los días en que bajo su luz de platas de horas pretéritas bajaban las recuas de mulas con las cargas de marihuana de la época de la bonanza.

Por aquellos tiempos imperaba el "gobierno" de los combos con sus métodos de terror y muerte. La ley del más fuerte era la norma que encarnaban en su código de comportamiento los grupos de asesinos auspiciados por Hernán Giraldo, los Rojas, los Chamizos, El Mono Abello, Los Dangones... y los Duranes, entre otros agentes del narcotráfico del Magdalena, el Cesar y la Guajira.

La guerrilla apenas iniciaba la penetración a la Sierra Nevada, donde ya desde hacía mucho tiempo retumbaba el eco violento de las armas de los marimberos (traficantes de marihuana). No era extraño escuchar sonar un fusil AR-15 o una pistola 9 mm., ni encontrarse en los caminos con los cadáveres aún tibios de arrieros, amedieros o cultivadores que eran asesinados por otras fichas del negocio que preferían matar para evitar el pago de una deuda, o del arduo trabajo de los campesinos que se quemaban el cuero para sacar adelante una cosecha. "Había traficantes de combos fuertes que cuando veían que un cultivador iba a lograr una buena cosecha -recuerda Rafita, uno de los primeros guerrillero del 19 Frente que llego a la Sierra- lo mataban para robársela. Aquí uno tenía que ponerse trucho (muy despierto) para que no lo rasparan (lo asesinaran). Hasta para no pagar una carguita asesinaron gente Los Barbados y Los Zancudos en la región de La Reserva. Estos criminales, al lado de los Brígidos, eran en aquel sector los combos más temidos".

 

Al 19 Frente le tocó sufrir en carne propia el rigor de la paranoia de esas bandas de asesinos.

Al comienzo toda actividad se hacía dentro de la máxima clandestinidad y cuidado puesto que los combos mataban a aquel que no conocieran, o lo sintieran como forastero, o simplemente no fuera de su agrado. Cada grupo tenía su imperio y ninguno estaba dispuesto a compartirlo con nadie. La desconfianza, la prevención..., eran consignas con las que "trabajaba" cada quien, y la reacción ante la simple duda, sospecha o celo era el accionar asesino..., la muerte.

Ese era el "orden" que imperaba, ese fue el escenario donde arribó la guerrilla a finales de 1.982. "Los primeros contactos, sin debelar nuestra militancia guerrillera, fueron con el Partido Comunista y con algunos campesinos conocidos por miembros de la organización. No se ingresó a nadie sino hasta mediados de 1.983”, Señala Rafita, quien venía ya como combatiente desde los Llanos Orientales a la tarea de fundar el Frente. ”No podíamos confiarnos de nadie; al principio nuestra labor solamente se orientaba a reconocer terreno y a contactar y acercar a personal de las áreas colonizadas por campesinos y los territorios habitados por los pueblos indígenas, para ir asegurando la retaguardia de nuestra asentamiento".

“La penetración la habíamos iniciado por Pueblo Bello en el mes de julio de 1.982. De ahí pasamos a Nuevo Colón y luego a Tucurinca de donde tuvimos que regresarnos por que se nos presentó el primer choque con el ejército. En ese cruce íbamos siete guerrilleros, entre los que recuerdo al camarada Oliverio* y a Jairo Quintero. En aquella ocasión tuvimos que enterrar las armas y salirnos de la Sierra por los lados de Cienaga. En todo ese proceso nos colaboró un indígena al que luego hizo matar el ejército”.

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*OLIVERIO murió en combate con el ejército en área del sur del Magdalena en el mes de junio de 1997, mientras desarrollaba una tarea de penetración encomendada por el 41 Frente Cacique Upar.

Jairo Quintero fue el primer comandante que tuvieron las comisiones de penetración a la Sierra Nevada. Luego, en diciembre de 1.982, llegó René a tomar la conducción de las pocas unidades existentes. Este entregó la Dirección del Frente a Alfredo, quien llegó del Décimo Frente en marzo de 1.983. Alfredo llegó inicialmente a la región de Guachaca pero regresó al Décimo a buscar más recursos para continuar el trabajo en la Nevada.

Corría el mes de junio del mismo año cuando Alfredo estaba de vuelta en la Sierra; venía entrando por la Tagua, vereda serranera del municipio de Santa Marta... "venía con Diomedes, el mismo Oliverio, una mañana, en el carro de línea. Se bajaron en la estación de Los Moros, caminaron un corto trayecto distanciándose del vehículo que los transportó, cuando sonó la detonación producida por una escopeta de cinco tiros. Los balines de la descarga le penetraron por el pecho a Alfredo; cayó muerto en el acto. Oliverio, su acompañante, salió rápidamente por entre el rastrojo y se pudo escapar de las descargas siguientes. La escopeta había sido disparada por Horacio Remanga, del combo de Los Remangas. La razón: por que eran desconocidos", continúa recordando Rafita.

A pesar de la muerte del Comandante del Frente las labores siguieron desarrollándose con entusiasmo. Tito Grande asumió el control de la situación y continuó el trabajo de penetración y consolidación de áreas dentro de la Sierra.

Desde fuera Adán Izquierdo, quien posteriormente sería el Comandante del Frente 19, apoyaba las tareas organizativas y logísticas en coordinación con el nuevo Frente y con el Secretariado. A un ritmo relativamente lento pero seguro se llegó a la Primera Asamblea del Frente. "En ese momento ya habíamos hecho el primer ingreso, el primer reclutamiento en la Sierra -relata Rafita-. Aquel muchacho que se vinculó había solicitado que lo recibiéramos en las filas porque el combo de Los Remangas lo perseguía para matarlo".

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Sentados al pie de la rancha, en la orilla de una quebrada, iniciada la penumbra de las 17:30, Rafa, continúa su relato sobre aquellos días del comienzo:

- Jesús Santrich. ¿Rafita, como iniciaron la penetración en la Sierra?

- Rafita. A la Sierra Nevada, cuando entramos lo hicimos por Pueblo Bello, un corregimiento de Valledupar ubicado en la montaña, en julio de 1.982. Al principio prestábamos el servicio de la guardia con machete porque aún no teníamos ningún tipo de arma de fuego. Como a los cuatro meses de llegar al área, ya estando en otra localidad cercana, en Nuevo Colón, nos llegaron dos pistolas, dos fusiles AR-15 y una metra. Recuerdo que de ese lugar salimos a realizar un cruce de reconocimiento hasta Palmor. De esas áreas sabíamos solo por referencia. Cuando ya teníamos como ocho días de marcha por la zona indígena se enfermaron tres guerrilleros. Íbamos avanzando por una trocha abierta por nosotros mismos, en medio de una montaña en la que en partes de largo recorrido no había ni una sola cañada. En cierto trayecto en el que completábamos ya un día sin beber agua, a dos compañeros se les dio por comerse unas pepas de un árbol y se intoxicaron; les dio diarrea y vómito a los muchachos. A partir de ahí nos tocó continuar la marcha a paso muy lento, durmiendo siempre en el monte y valiéndonos de algunos bejucos para poder beber, hasta que llegamos a orillas del río Aracataca. Durante ese trayecto agotamos la poca comida que llevábamos, cocinando en ocasiones con el agua que se acumula, revuelta con insectos muertos y basura, en las matas de micho, hasta que llegamos a orillas de aquel río donde por fin pudimos bañarnos y beber a pleno gusto, pero con un hambre tenaz que nos obligó a tener que echar mano de algunas yucas de un cultivo indígena que localizamos cercano al sitio entre el rastrojo donde acampamos.

- J. S. ¿Bueno, y los indígenas no les colaboraban con nada?

- R. Nooo..., si es que nosotros teníamos la orientación de andar muy clandestinos, no podíamos tener aún ningún tipo de relación abierta con nadie. Por esa época en la Sierra no se sabía qué era la guerrilla; entonces uno no sabía cual podía ser la reacción de la gente, más cuando la propaganda del enemigo nos mostraba como gente mala. Más bien lo que tuvimos fue problemas con algunos arhuacos, y con el único civil al que nos le destapamos como guerrilleros.

Con lo de los arhuacos, lo que pasó fue que cuando se nos agotó la comida, como ya dije, nos tocó acudir a esas yucas sin pedir permiso... Por un lado, pues matamos el hambre, pero nos descubrieron los dueños y entonces nos llegaron como treinta indígenas armados con escopetas y machetes dispuestos a detenernos. Ahí nos tocó hablar con ellos y decirles que éramos estudiantes de Santa Marta que estábamos haciendo un recorrido del río y nos habíamos perdido. Les dijimos que teníamos mucha hambre y que por eso habíamos tomado las yucas. Naturalmente que las armas las teníamos ocultas para no crear sospecha. Entonces para resolver el problema nos tocó pagarles $ 2.000 que era lo único que teníamos de dinero.

Ese problema lo solucionamos así, pero nos tocó seguir cogiendo una que otra yuquita para comerla cocida con sal mientras llegaban Milton y René que vendrían por Santa Marta, enviados por la Dirección, a reforzar el grupo.

Nosotros estábamos en las cabeceras del río Aracataca, en un lugar llamado La Pista cuando, como a los 15 días de habernos pasado el caso con los indígenas, nos juntamos con los muchachos que venían de fuera avanzando río arriba hacia donde estábamos nosotros. Desde ahí salimos hacia Tucurinca, ya aprovisionados de economía, en un cruce de varios días rumbo hacia la región de Palmor. En el trayecto, en un filo arriba de Tucurinca hablamos con un civil, nos le destapamos como guerrilleros, le explicamos nuestra política y todo eso..., y le pedimos que nos fuera a comprar una economía a Palmor. Efectivamente el tipo nos dijo que si y salió a hacernos la diligencia, pero lo que trajo fue el ejército. A las 06:00 de la mañana, al tercer día de haber salido el hombre supuestamente a hacernos la compra, nos asaltaron los chulos. Se dio un enfrentamiento sin bajas de ningún lado, pero lo preocupante del caso es que se trataba de un choque en terreno desconocido y sin apoyos de ninguna clase, y para complemento, sin dinero y sin comida. A raíz de tal situación nos tocó echar para atrás. En ese proceso de la retirada tomamos la decisión de salirnos de la Sierra, pues la situación se veía muy complicada.

Inicialmente salimos Oliverio y yo por el río Tucurinca hacia la población de Aracataca una mañana a las 05:00 am. Marchamos todo un día intensamente hasta que llegamos al pueblo a eso de las siete de la noche. Al día siguiente partimos para Ciénaga en el departamento del Magdalena, hasta donde un viejo amigo, para buscar contacto con otros guerrilleros que ya andaban por ahí en otros trabajos clandestinos.

A los que se quedaron en la Sierra les metieron un operativo bien fuerte; el ejército la emprendió con toda y hasta puso a indígenas en contra de los muchachos. Los mismos indígenas los buscaban por todas partes para cazarlos. Por esos lados solo hubo uno de ellos que confió en la guerrilla y les ayudó a moverse y eludir el cerco enemigo y el de los propios indígenas. Yuinawi se llamaba el compañero, y los nuestros lo habían bautizado como Henrry; también era arhuaco…, era un hombre ya bastante maduro que poco hablaba el castellano- y tenía u bueyesito de carga en el que metida entre la angarilla les llevó ropa a los muchachos para que se pudieran salir, pues la que ellos tenían estaba ya muy deteriorada. El indígena los orientó en el terreno y les ayudó en la salida luego que enterraron las armas y todos los chécheres que llevaban: hamacas, carpas, cobijas, botas y todas esas vainas que usa el guerrillero.

De todas maneras los chulos se dieron cuenta de que Henrry ayudó a los guerrilleros, y entonces lo capturaron, lo maltrataron, se lo entregaron a los otros indígenas y los obligaron a que lo castigaran; pero como la ley tradicional sólo le impuso trabajos espirituales, cuando lo dejaron en libertad, al salir él compañero hacia su parcela, el ejército lo emboscó y lo asesinó. Eso de nada le valió al ejército, por que lo que generó fue cierta indignación y rabia en la población indígena por las torturas que le hicieron a Henrry y por toda la intimidación que provocaron contra toda la población el asesinato de Yunawi. Como consecuencia de esos abusos de los militares del gobierno hoy hay cientos de Henrrys por todos los rincones de la Sierra Nevada entre la población arhuaca, cogui, wiwa y kankwama, que también miran en nosotros una esperanza para lograr una vida mejor.

Después de esas primeras vivencias en la Sierra, Cienaga fue el punto de reencuentro de aquel grupo de los primeros exploradores. Ahí se separaron nuevamente después de recibir la información de la Dirección en cuanto a la crisis de dinero existente. Debían salir a trabajar para ganarse la comida.

Jairo Quintero y Rafita emprendieron viaje hacia un punto llamado los Cocos, por los lados de Santa Marta, en las exóticas estribaciones de la Nevada, entre la sierra y el mar. Era una finca de un militante comunista el lugar donde llegan hacia finales de 1.982. Ahí se hicieron pasar también como militantes comunistas, abriendo con ello las puertas para que les brindaran trabajo en actividades de campo:”nos tocó tirar rula y hacha por un término de dos meses, hasta que un día Raúl, el compañero que teníamos en Cienaga, se nos apareció con una nota en la que la Dirección nos mandaba a decir que nos moviéramos para cierto lugar que quedaba ubicado en el sector de Don Diego. Él mismo nos llevó al sitio; se trataba de una finca que el movimiento había comprado para hacer un trabajo especial”, recuerda Jairo Quintero mientras degusta un trago de agua de panela caliente sentado en su caleta.

En principio ellos no sabían qué misión les correspondería iniciar. “Se trataba de hacer una casa y abajo de ella un cuarto subterráneo”, dice Jairo Quintero.

En aquel bucólico lugar de estribaciones que abruptamente caen al mar, en el desenvolvimiento de la misteriosa labor encomendada se fueron conociendo con otros guerrilleros, entre los cuales se encontraba Felipe. “Ahí nos tocaba trabajar por seguridad y por secreto en la tarea principal que era la del subterráneo, sobretodo de noche utilizando linternas y la de mechones de petróleo”, apunta Rafita, agregando que “durante el día, dado que llegaba mucha gente, hacíamos labores comunes de una finca como fumigar la maleza, atender una maicera que habíamos sembrado como cobertura de permanencia en el lugar, etc.”

Cuatro meses permanecieron entregados a la tarea sin pausa, hasta cuando llegó Jair, un guerrillero del Décimo Frente que posteriormente murió en combate, para comunicar a Jairo Quintero y a Rafita que la Dirección los solicitaba en Santa Marta. “Partimos con él y allá nos encontramos con otro compañero llamado Fidelito, y con su hermano, que eran apoyos en aquella ciudad…; por entonces ellos aún no eran combatientes, eran militantes del Partido Comunista que secretamente colaboraban con nosotros. Ellos nos pusieron Inmediatamente en contacto con Uriel, otro guerrillero del Décimo que venía a buscarnos para conducirnos a la Sierra. El nos condujo a la región de La Tagua, en las cabeceras del río Guachaca. De ahí pasamos para la finca de un compañero campesino con el cual ya había confianza. Ahí, en ese lugar se había acondicionado un campamento en el que desde hacía poco tiempo estaban instalados vario guerrilleros, unos treinta diría yo (era la finca de Alfredo Rada, el primer compañero que concientemente nos brindó su apoyo en la Sierra Nevada). En ese campamento estaba el camarada Alfredo, quien tenía el mando de las unidades. Los guerrilleros que habían, la mayoría, eran llaneros venidos del Décimo, como era el caso de Estrellita Guevara, Marlene y otros. Había también algunos guerrilleros del Doce Frente, como el caso de Joseito. En ese sector permanecimos aproximadamente tres meses.

Cuando nosotros recién llegamos fue que salió Alfredo a buscar recursos al Secretariado... De ahí no volvimos a tener noticias de él sino hasta la realización de la Primera Asamblea del Frente, que fue cuando se le informó a todo el colectivo que había sido asesinado”.

- J. S. ¿Bueno, y mientras permanecían en ese sector a qué se dedicaban?

- R. “Pues hacíamos actividades muy restringidas, de reconocimiento de terreno, de contactos, etc. pero con mucho cuidado por lo peligroso del área. Ahí casi que el sostén fundamental era el compañero Alfredo Rada y su familia. Ellos nos hacían las compras, nos traían información, etc. En todo ese proceso fue que conocimos a un jovencito que posteriormente se convirtió en el primer ingreso del Movimiento en la Sierra”.

Contaba aquel muchacho que había decidido tomar la senda de la lucha revolucionaria por las circunstancias mismas de amenaza que le generaron los Brígidos. “conocí la guerrilla, decía, en la finca de mi padrastro. Al principio yo no sabía quienes eran; simplemente veía que llegaba gente rara, desconocida, a la finca pero yo no le paraba bolas por que andaba ocupado en mis cosas, en mis labores de campesino, sobre viviendo a las necesidades que podía tener cualquier familia pobre de las que habitaban en esas laderas. Yo trabajaba arriando marihuana. En esa región toda la gente laboraba en torno a la marihuana; el que no sembraba, recogía, o arriaba o comerciaba...; Pero total era que todo giraba alrededor de la marihuana y uno que otro pequeño cultivo de yuca, maíz o plátano para el consumo familiar.

Los primeros guerrilleros que llegan lo hacen con un señor que se llamaba Floro Camelo, tío de mi padrastro. El era miembro del Partido y venía a charlar con mi padrastro, quien también pertenecía a una célula rural del Partido. Floro venía a entregar a mi padrastro como contacto para que los guerrilleros comenzaran a abrir su trabajo en la Sierra. Con Floro llegaron Octavio, Milton (ambos guerrilleros ya fallecidos) y Leonardo. Charlaron con mi padrastro y de una vez se hicieron las vueltas para que Octavio y Leonardo se quedaran en casa de mi abuelo Juan Blanco. Milton se regresó con Floro a hacer contacto con otros guerrilleros que debían estar por los lados de Guachaca. Cuando regresó lo hizo con algunos guerrilleros más que también llegaron a instalarse donde mi padrastro. Ahí se organizó un campamento donde fueron llegando otros guerrilleros en grupitos pequeños hasta cuando se completaron 30. Alcanzo a recordar, sí, que ahí estaban los que mencionó Rafita, ahí estaba Jairo Quintero, René, Arnold, Uriel, etc. y el finadito Alfredo. Esto que cuento sería como en febrero de 1.983; estábamos en período de siembra”.

De aquel campamento del que saldrían las comisiones a las que correspondió explorar terreno ayudándose de estos primeros contactos conocedores del área donde el Frente 19 recién comenzaba su labor organizativa.

A aquel joven que comenzaba su vida guerrillera le había dado sus primeras charlas sobre lo que eran y por lo que luchaban las FARC generando el convencimiento de la militancia un guerrillero de nombre Milton, uno de los tantos llaneros que entregarían su vida en el combate por forjar el ejército del pueblo en el Caribe Colombiano. Un día que había llegado el guerrillero a recoger a otros dos combatientes de nombre Leonardo y Octavio, quienes estaban donde su abuelo, aprovechó un momento para hablar sobre la situación de la Sierra, y desde aquel momento comenzó una fraternal relación de la que nació el vínculo político y de compromiso con el proyecto revolucionario de las FARC, primero mediante pequeñas tareas, enseñando las cañadas y trochas de desplazamiento y haciendo diligencias varias de abastecimiento.

En otra ocasión, durante un desplazamiento hacia donde se encontraba el campamento, la presencia inesperada y cercana del ejército los obligó a buscar un desvío que les permitiera evadir al enemigo. Fue entonces que al tener que usar una trocha que antes la guerrilla no había transitado, a aquel joven que se iniciaba en las andanzas clandestinas le tocó llegar hasta el escondite. Era la primera vez que arrimaba: “yo entré asustado porque todavía no sabía bien como era el asunto con la guerrilla, todavía tenía mis dudas”, recuerda con una sonrisa en la boca. Y prosigue: “Los muchachos con los que charlábamos nos hablaban muy bonito, se les entendía y uno como que compartía con lo que decían, pero como las noticias hablaban tan mal pues entonces siempre uno tenia dudas, temores…”.


Así comenzó aquella relación de colaboración.

A principios de marzo de 1983, los guerrilleros se las arreglan para meter las primeras armas para aquel grupo que se desenvolvía haciendo el trabajo de penetración y reconocimiento de terreno, pues hasta entonces contaban solamente con dos revólveres y una del movimiento y una pistola que les había prestado el padrastro de aquel joven vinculado por Milton. El también les había facilitado un chispún, o escopeta de esas de chispa que se cargan por el cañón. Por la vía de Parranda Seca que era el lugar hasta donde llegaba la carretera que venía de Ciénaga (Magdalena), llegaron las armas en un vehículo expreso, una Ránger (camioneta muy de moda en la época de la bonanza marimbera). Las armas que llegaron fueron: un fusil AR-15, un AR-18, cuatro carabinas M-1 Universal, un revólver y una pistola 9 mm.


A prima noche la guerrilla cargó unos bultos de víveres y entre ello encaletó las armas.

Tomaron una trocha poco transitada y apresuradamente hicieron el cruce hasta las cabeceras de Guachaca, que era el lugar donde estaba ubicado el campamento. Fue de ese lugar de donde salió Alfredo hacia el Secretariado y entonces la guerrilla se movió para las cabeceras de la región de La Reserva, a un sitio que se le puso como nombre Campamento Humo.

“En esa zona se instalaron dos campamentos por que del primero tocó salir por lo demasiado húmedo del terreno. El segundo campamento que se instaló se lo llamó Campamento Mano de Piedra”, recuerda Jairo Quintero. Y al preguntársele sobre Alfredo, sobre su muerte, responde que “Alfredo tenía varios días de haber salido. Sería como el mes de abril cuando el regresaba a la zona y entonces aconteció lo de su muerte. Una tarde se presentó Oliverio todo asustado a la casa de nuestro contacto en los Moros. En esa época él se llamaba Diomedes.

 

“Él llamó al abuelo Juan Blanco. Le comunicó el hecho, y entonces, el compañero, quien en verdad nos trataba como a familiares más queridos comentó la noticia a su nieto que ya por entonces había estado varias veces en el campamento y le dijo que fuera a acompañar a Diomedes hasta allá para que avisara a los demás.

La misma tarde llegó la noticia a oídos de René y de Milton que eran los que estaban al frente de las unidades” recuerda Jairo Quintero mirando a Euder que está sentado en un grueso tronco abrazado a sus muletas. Ya tiene más de tres años de haber sido licenciado y ubicado en esta parcela debido a su lesiones de guerra. Hasta allí llegan los combatientes a departir con él y, como nosotros, a recordar los viejos tiempos pensando en el mañana mejor para Colombia. Él con su mente siempre despierta y su optimismo a flor de piel, siempre sonriente interviene para contar su vivencia:

“ Yo me quedo dos días en el campamento y ahí es cuando Milton me dice que si me atrevo a acompañarlos a buscar a los asesinos de Alfredo. Nosotros ya sabíamos quienes eran porque un hermano mío que estaba ese día en la estación se dio cuenta de todo. Entonces no lo pensé mucho; en esa época tenía 18 años y las cosas las veía fáciles; yo cargaba siempre mi arma corta y mi poquito de locura encima, y como ya la guerrilla la sentía también como mía, entonces les dije de una: ¡vamos!”.

Al día siguiente se pusieron cita en un punto del camino que conducía a la casa del abuelo de Euder. Él debería ir primero a mover algunos víveres que necesitaban en el campamento para después partir hacia el objetivo. Así fue: antes de las nueve de la mañana los que iban a la misión se encontraron enrumbados hacia la casa de los asesinos que quedaba un poco más debajo de las cabeceras de Guachaca propiamente dichas.

La comisión estaba conformada por Efrén, Uriel, Bernardo, Oscar, Ramón y René, quien iba al mando de las unidades. Todos iban armados.

Hecha la exploración para ubicar a los tipos y confirmar que se encontraban en aquel lugar, Euder les llegó a la misma casa, los saludó simulando que iba de paso para otra finca y regresó luego a avisarles a los muchachos que ahí estaban "Los Remangas", que era el nombre con que se conocía el grupo de criminales que dio muerte a Alfredo.

Algo ocurrió, algún inconveniente serio en el campamento, desde donde repentinamente y cuando ya los muchachos iban a actuar contra los remangas, recibieron una nota de un guerrillero que venía apresurado desde el campamento a alcanzarlos. Los muchachos entonces, tomaron la determinación de regresarse, con el inconveniente de que cuando iban pasando por unos cultivos de esa gente, fueron vistos por uno de los llamados “Remangas” que se percató de la presencia de Euder entre el grupo. Para ese entonces el rumor sobre la presencia guerrillera en la zona ya andaba sin control de boca en boca.

No costó mucho esfuerzo a los Remangas relacionar a Euder con la guerrilla y a partir de ahí comenzarle una persecución a muerte que no apresuró la determinación del muchacho de irse para las filas. Él ya no hacía más que esconderse para evadir a los Remangas, al punto que la zozobra fue tal para la familia que su madre y su padrastro le aconsejaron que se fuera para la guerrilla antes que lo fueran a matar miserablemente. Era cinco de junio de 1983.

En los planes de la guerrilla no estaba aún presente vincular nuevos combatientes; estaban aún en una etapa de exploración, de observación, de evaluación… Pero las circunstancias obligan a dar ese primer paso. Las tareas del momento en aquella difícil región a orillas del río Guachaca, eran ante todo de reconocimiento.

En el campamento mano de Piedra Milton y René le pusieron las cartas sobre la mesa a Euder, le leyeron los aspectos fundamentales del reglamento, explicaron sucintamente qué eran, por qué luchaban las FARC, cuales eran los deberes y los derechos del combatiente..., y le dijeron que si estaba dispuesto a admitir esas ideas entonces se podía quedar. En fin, le estaban haciendo el procedimiento de ingreso que se surte con toda persona que se quiere vincular a las filas del ejército del pueblo, que como organización revolucionaria sólo admite vinculaciones voluntarias.

 

La Primera Asamblea: Despliegue con Decisión.

La penetración, el desarrollo, el crecimiento, la cualificación paciente, constante, perseverante. Poco a poco el Frente iba tomando forma. De tal suerte que a finales de julio y principios de agosto de 1983 se efectúa la Primera Asamblea del naciente Frente guerrillero de la Sierra Nevada de Santa Marta. Para ese evento fueron congregados todos los que hasta entonces estaban. Habíamos 35 guerrilleros para hacer el balance y el diseño de nuevos planes para avanzar.

A la Asamblea asistió un representante del Secretariado y como comandantes del Frente estaban René y Milton.

Al respecto, Rafita recordaba: “A mi, a Jairo y a otros guerrilleros nos había ido a buscar Uriel a Santa Marta para conducirnos a la Sierra. Nosotros estuvimos en esos campamentos que se hicieron en la finca del padrastro de Euder. De esa zona fue de donde pasamos a la región llamada la Reserva a realizar la Asamblea. Allá hicimos un campamento en la falda de una montaña, cerca al páramo, en un lugar muy frío donde para construir el patio de formación nos tocó hacer un explanada escarbando en la montaña. Ahí llovía todos los días y había un barrial enrome. Parecía que nunca se iba a secar”

Enviados por el Secretariado llegaron Fernando y Rogelio. A este lo llamaban también Walter o Tito. Ellos enteraron oficialmente, al resto del grupo, de la muerte de Alfredo, para entonces considerado como el primer comandante del Frente en formación, no el comandante de una comisión sino de lo que se tenía por Frente, y nos comunicaron que Tito Grande asumía el mando.

En aquella reunión que se hizo a unos quinientos metros de la margen izquierda de la parte alta de Río Frío, se trazó un plan de exploración y penetración sobre Guachaca, La Tagua, San Pedro, Nueva Granada, Palmichal, El Páramo, San Javier y Palmor. Aún la guerrilla está en un período de aclimatación y de compenetración con el área de operación sobre el macizo montañoso.

Efectivamente, en aquella primera asamblea se rindieron informes de los guerrilleros que hasta el momento estaban conociendo la Sierra Nevada, y se concluyó en que se hacía necesario desplegar ya, con decisión, el trabajo organizativo para tratar de hacer masas, nuevos amigos y colaboradores. Hasta ese momento sólo se contaba con muy poca gente de confianza: el padrastro de Euder, el abuelo Juan Blanco y la familia, más otro muchacho que ingresó con el nombre de Hermides y años más tarde pasó a hacer parte del 41 Frente. Por entonces, unas siete personas más en San Pedro de la Sierra hacían parte de los contactos clandestinos, entre ellos Bartolo, ya fallecido.

Ocho días duró la Primera Asamblea del Frente 19, y durante su desarrollo asumió el mando Tito, quién enseguida organizó las diferentes comisiones y las despachó a realizar el trabajo de penetración de áreas. Así se distribuyó la gente: hacia Palmor salió un grupo al mando de un guerrillero llamado Gustavo, para el lado del Córdoba y de la Nueva Granada salió otro grupo a cargo de Roberto, para Nuevo Mundo salió un tercer grupo conducido por Jairo Quintero, y para Guachaca se desplazó otro grupo cuyo encargado era un tal Alonso, que poco tiempo después fue detectado como infiltrado que venía haciendo su trabajo con el ejército desde cuando estaba en el Décimo Frente.

El puesto de mando del Frente, encabezado por Tito, se instaló en el sector de Páramo, arriba de San Pedro de la Sierra, precisamente cerca de tierras de Bartola.

Cada comisión comenzó a hacer un trabajo casa a casa, a presentar el proyecto político de las FARC a las diferentes personas que habitaban en las veredas de la región y las comisiones coordinando entre ellas mediante correos humanos, estafetas, a pie yendo de un lugar a otro, sin la utilización de radios aún.

Intensamente las FARC habían iniciado el trabajo de penetración y organización. Comenzaron a desarrollar una labor que denotaba que lo que impera en la guerrilla es tener conciencia y disposición de sacrificio por los demás. La comprensión, la colaboración, la fraternidad, la camaradería..., el valor, etc. son cualidades fundamentales del guerrillero que definitivamente aquel Alonso que salió a abrir trabajo hacia Guachaca no denotaba, de tal manera que cuando se observó de mejor manera la atención en sus extraños movimientos que no acoplaban con lo que debe ser un combatiente de las FARC, lo descubrieron mandándole mensajes a los chulos; le hicieron Consejo de Guerra y los combatientes aprobaron su fusilamiento.

Sin aquel elemento el trabajo marchó mejor. Los guerrilleros iban de casa en casa, con mucho sigilo, charlaban con la gente, la ganaban para el trabajo y donde la labor se consideraba exitosamente realizada, pedían que les recomendaran otro buen contacto de confianza, y otro..., y otro más, hasta que se fue estableciendo una gran cadena de personas de confianza.

En toda la región el Frente guerrillero fue paulatinamente logrando influencia. La consigna de ganar la mayor cantidad de población conquistándole el corazón a todo aquel con el que se hablara, buscando aceptación por respeto y admiración y no por miedo, era lo principal al lado del cuidado, y la prudencia que implicaba aquel trabajo paciente de ganar la confianza de la gente mediante el diálogo franco y cariñoso.

En ese período que transcurrió entre la primera y la segunda asamblea llegaron más guerrilleros de fuera de la sierra: Julio Gaviria y Gilberto, que venían del Secretariado; Pedro Parada y Consuelo, que venían del Cuarto Frente; Mario y Elizabeth que venían del Doce Frente, etc.. También se habían dado los primeros ingresos en el área, como fue el caso de Euder, Eduardo y Hermides; estos dos últimos al igual que el primero, antes de ingresar eran activos colaboradores, metían el combustible, las compras, etc. Poco tiempo después se vincularon de ahí mismo, del campo, Alfredo y Richard. Y de la ciudad llegaron Julián Conrado y Emiliano, el primero venía de Turbaco y el segundo de Valledupar; ambos habían sido miembros de la Juventud Comunista en esas ciudades.

Recuerdan Rafita que “en el período anterior a la Primera Asamblea, la vida guerrillera era más bien de campamento, salir a la población civil era una actividad que sólo unos pocos realizaban. Pero luego de la Primera Asamblea, la actividad del Frente comenzó a proyectarse hacia la población civil, por ello, creo, se explica el ingreso de los primeros muchachos de la sierra y de la ciudad, y el incremento sustancial de los contactos y apoyos”.

“Entre las comisiones designadas en la Primera Asamblea para continuar en firme la penetración hacia todas las áreas a mí me tocó salir en la comisión de Gustavo con ocho guerrilleros más, entre los que estaba una de las pocas mujeres que había en el frente, Marlene se llamaba y había venido de los llanos. Partimos hacia un lugar llamado La Navidad y de ahí pasamos a la región de Palmor. Entre esos sectores permanecimos hasta cuando, como a los cuatro meses de estar ahí, en una finca llamada La California, nos asaltaron los chulos. Algunos de nosotros habíamos salido a hacer una vuelta a San Javier, y en el campamento habían quedado cuatro guerrilleros. A las cinco de la mañana de un día miércoles se produjo el asalto. Ahí mataron a Javier. El arma de él, una Uzi, y una carabina M-1 de otro guerrillero se perdieron. Esta era la primera baja que nos hacía el enemigo en combate. Tras la ocurrencia de ese hecho nos regresamos haciendo un recorrido en el que estuvimos por Cerro Azul de Sevilla, Río Piedras y San Pedro de la Sierra; es decir, que nos podía pasar lo que fuera, pero la decisión era avanzar y así lo hacíamos…”.

A pesar de múltiples dificultades la penetración y creación de contactos se iba concretando. Así lo hicieron, también las otras comisiones hasta llegar a la Segunda Asamblea, con un trabajo de penetración y organización que ya había avanzado sobre Galaxia baja y alta, El Cincuenta, Santa Clara, Río Piedras, La Arenosa, El Jobo, parte de Chinchicuá y parte de la zona indígena del mismo Galaxia en lo que concierne a la zona indígena de Úmaque. En este momento los colaboradores firmes del Frente en desarrollo pasaban de 60 diseminados en los diferentes sectores donde se desplegaron las unidades guerrilleras.

La Segunda Asamblea se da en Octubre de 1984 en la región de Río Piedras, sobre la margen izquierda de la parte alta del río, en un lugar al que llamaron Campamento Pavo. Aún estaba como comandante Tito y por entonces el número de guerrilleros habían ascendido a 50. La concentración duró 10 días y en ella se hace un positivo balance de lo realizado hasta el momento:

-La presencia guerrillera en el área es una realidad y un éxito.


-Hay gran aceptación de la guerrilla por parte de la población civil.

-A pesar que aún no se había dado ninguna acción militar, más allá de los choques y los asaltos que había realizado el enemigo, el balance en este aspecto era positivo, puesto que por lo menos se había logrado evadir el asedio constante que mantenía el ejército en las áreas de penetración, y ese hecho había permitido el arraigo en la Sierra Nevada, donde hasta el memento ninguna otra organización había podido sentar sus bases.

- En el aspecto logístico existía evidente crisis. La intendencia que tenían encaletada la había sepultado un derrumbe y hundimiento de tierra. Ahí se perdieron también $6.000.000 que era lo aquellas unidades tenían para mantenernos. El Décimo Frente había seguido auxiliando a quienes desde el llano y otros lugares arribaron a la Nevada a concretar la fundación del nuevo Frente.

- Al momento de realizarse la Segunda Asamblea había ingresado la primera mujer de la sierra a las filas guerrilleras. Desde los comienzos del Frente, la mujer entró a jugar un importante papel en las tareas organizativas y militares de la organización. La imagen de ellas fue un factor importantísimo para que la gente humilde asumiera a las FARC como su ejército. Las primeras guerrilleras de la Sierra fueron: Estrella, Marlene, Milena, Consuelo, Lucy, todas venidas de los llanos, del Décimo Frente que operaba en Arauca. Además estaba Elizabeth, del Doce Frente y el nuevo ingreso, una muchacha a la que llamaron Magnolia quien al poco tiempo, por solicitud de ella misma fue enviada a otro Frente considerando que su vinculación le traería problemas a su familia con los combos armados que aún imperaban en el macizo.

- Entre los más importante de la Segunda Asamblea estaba el hecho de que se amplió la perspectiva, el horizonte de trabajo organizativo; ahí se trazó el plan de penetración al área del Cesar y fundamentalmente a la zona indígena, retaguardia estratégica del Frente.

- Hasta este momento el Frente había sumado tres bajas: Alfredo, Javier y Jair quién también fue asesinado en un trabajo que estaba realizando en Santa Marta. Recordemos que mientras la guerrilla penetraba la Sierra, fuera de ella otros combatientes y contactos se estaban moviendo en la construcción de la red de apoyo exterior. Al mismo tiempo también, se había iniciado desde mayo, el proceso de paz de Belisario Betancurt. De esto importante asunto político también se habló en la Asamblea, y precisamente en el año siguiente toda la actividad del Frente se desarrolló en torno al proyecto de Unión Patriótica.

Inmediatamente después de la Asamblea, casi todo el personal se dedicó en noviembre, durante 15 días, a desarrollar un curso político-militar que estuvo a cargo de Gilberto Dirección y de Julián Conrado. Este último, desde el principio logró gran acogida y popularidad en el Frente por su habladito golpeado de costeño bolivarense, por su forma sencilla de ser y, especialmente por sus canciones; él le puso el toque musical al José Prudencio Padilla y cooperó enormemente en la formación ideológica. Con sus canciones y las de Lucas Iguarán, posteriormente, se hizo el primer trabajo discográfico de contenido revolucionario de las FARC, convirtiéndose el XIX frente en el pionero de este tipo de música vallenata en la guerrilla.

Después de dicho curso es cuando llega Adán Izquierdo al Frente, él venía en condición de ayudantía del Secretariado a observar cómo iba el desarrollo del trabajo; pero Tito, por disposición del Secretariado Nacional de las FARC es trasladado y entonces Adán asume el mando del Frente. Con Adán y el proceso de UP es cuando el Frente despliega su máximo avance organizativo.

La Tercera Asamblea se da en enero de 1986. Entre la Segunda y ésta se desarrolla el proceso de Tregua y despliegue de la Unió Patrióticas, en cuyo período ingresan al Frente Ciro, Jorge, Tobías, Sergio, entre otros camaradas que contribuyeron a que se produjera una presencia imbatible de las FARC en el Caribe.

El crecimiento y desarrollo cualitativo y cuantitativo del XIX adquiere una dinámica muy positiva que incluso ayudó a la creación del 41 Frente en agosto 26 de 1988. Hoy en día podemos decir que el XIX logró copar casi por completo las áreas serranas del Magdalena, Guajira y Cesar, amplió el espectro fariano en el Perijá y generó presencia en la parte plana de estos departamentos, así como también en el Atlántico hasta posibilitar que los desdoblamientos permitieran condiciones para el establecimiento del portentoso Bloque Caribe de las FARC-EP.

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