• 1

La primera parte de esta entrevista se publicó el 27 de marzo en memoria y homenaje al comandante Manuel Marulanda Vélez, el héroe insurgente de la Colombia de Bolívar, en el séptimo aniversario de su muerte.

Esta segunda parte, ya no de dos sino de tres relatos que constituyen el total de la entrevista, se pública el 9 de abril, también en memoria y homenaje al comandante Marulanda, pero teniendo presente además la simbólica fecha del asesinato del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán, el cual marco un hito de mucha trascendencia en el desenvolvimiento del conflicto político, social y armado que históricamente ha padecido Colombia por cuenta de sus gobernantes.

Jesús Santrich (J. S.)Habíamos dejado la entrevista en su narración de cómo alcomandante Manuel Marulanda, estando en Ceilán es donde lo sorprende la violencia que se desata con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y como luego se vincula a la lucha armada al lado de sus primos, hasta cuando comienza su vida guerrillera en sí. ¿Por dónde quiere que reiniciemos esta conversación camarada Fernando, podría ser que retomemos un poco lo del año 58, lo que ocurre desde ahí hacia acá con establecimiento del Frente Nacional?

Fernando Bustos (F. B). Sí, me parece bien que reiniciemos por ahí.

Hacia 1958 se da paso a un período en el que hubo la promesa de cierta pacificación. La verdad es que el movimiento se montó en ese proyecto aspirando a que la paz perdurara. Para entonces, ya se tenía alguna poca experiencia y nos decidimos a esperar lo prometido. Así estuvimos por dos años.

El camarada Manuel entró a trabajar de inspector de carretera en el tramo que va del Carmen en el Huila, a Gaitanía en el Tolima, que era la entrada a Marquetalia.

Charro Negro se dedicó al trabajo de organización, e Isaías Pardo se mantuvo en la defensa del área de Marquetalia, y a la vez adelantando el trabajo agrícola. Nuestra moral, a pesar de las dificultades y las necesidades, estaba siempre en alto, y nuestro propósito de lucha por un cambio de régimen se sostenía firme, pues la idea de alcanzar el poder para beneficiar a los pobre era algo que estaba muy inculcado. En aquel grupo de hombre y mujeres que conducían Charro y Marulanda esa concepción de que todos tengamos igualdad de derecho y que el conjunto de la sociedad sin distinciones se pudiera beneficiar de las riquezas del país, tenía un arraigo que se había profundizado con la vinculación al comunismo. Y el fundamento de que esos cambios solo se conseguían luchando no solo por nosotros sino por toda la gente pobre del mundo en general, era también otro asunto que de manera sencilla pero muy concreta estaba en la mente de la gente de Charro y del camarada Manuel. Para ellos el país no podía seguir siendo saqueado por los capitalistas del mundo sino que las riquezas naturales debían ser explotadas para resolver los problema de salud de las mayorías, la atención para los enfermos y los viejitos, la vivienda, el transporte, y el estudio gratuito para todos; debíamos luchar por que se acabara la violencia y por qué hubiera una verdadera reforma agraria rural y urbana, que posibilitara que todos trabajaremos con igualdad de oportunidades y garantías laborales, ojalá con el control del Estado, pero de un Estado decente en el que pudiera confiar toda la ciudadanía y participar como la parte más importante de la democracia. Entonces se quería seguir la lucha por reivindicaciones justas, pero en unas condiciones de paz, sin más violencia, en un escenario en el que a todo el mundo se le respetara la vida.

El primer diálogo con el Frente Nacional.

Entonces, en ese mismo año de 1958, la guerrilla comunista al mando de Charro y Marulanda, realiza el primer dialogo con el gobierno del Frente Nacional en el departamento del Huila, en el municipio de Aipe. Esto se venía trabajando desde finales del 57, pues hay que decir que en las amnistías anteriores con Rojas si no se concretó nada no fue por culpa de las autodefensas ni de guerrilla, comunistas sino simplemente porque antes de ir a mirar qué problemas tenía la gente, lo que se desató fue el macartismo. Pero, bueno, ahora y a pesar que se pensaba que ese Frente Nacional era un parapeto excluyente, la gente se arriesgó a probar.

Los voceros del gobierno de Alberto lleras eran un militar y tres civiles, la guerrilla tenía 5 voceros encabezados por el Camarada Fermín Prías Alape, que es el mismo Charro. Entre ellos se discutieron los puntos de la conversación.

J. S. Detengámonos un poco en estos acontecimientos, Concretamente cómo narraban esta experiencia de diálogo los camaradas Charro y Manuel, ¿qué experiencia les transmitían a ustedes más adelante, cuando usted ya está en filas?

F. B. Bueno, como le dije, para esa época la guerrilla comunista dirigida por Charro y el camarada Manuel ya había logrado una experiencia en la existencia como grupo armado y político y como consecuencia de la pelea también con los liberales se habían retirado de los lugares donde antes se convivía conjuntamente. Ahora la influencia de los comunistas era la ascendencia con la gente del común era mucho más amplia y la gente creía en esa dirigencia, pero lo malo para todos es que en el Tolima la guerra no paraba, incluso, a muchos el ejército también atacó a grupos liberales que no eran de su agrado, matando bastantes de esos guerrilleros. Particularmente contra los liberales de Rio blanco, Chaparral y alrededores, la ofensiva del ejército fue implacable, pero a pesar que la guerrilla comunista viendo eso buscaba la manera de aunar esfuerzos, eso no fue posible.

Entonces el arreciamiento de la guerra de una u otra forma cualificó las unidades comunistas e hizo que las comunidades buscaran apoyo y refugio en estas. Pero el otro inconveniente es que a la gente armada le tocaba andar con sus propias familias y las que huían de la violencia del gobierno. Esa era la forma como se movían, sin mayor distinción con la población, pero ya no en las mismas condiciones del Davis, que otro habían sido muy buenas. Eso se había perdido, y no era poca cosa porque era la perdida también de la unidad que se había logrado con los liberales. Esto había obligado a abrir más el trabajo organizativo y político hacia el Cauca y hacia el Huila. Pero de todas maneras esa salida del Davis, y la confrontación con los liberales y con el gobierno al mismo tiempo, de una u otra forma mantenía a la guerrilla muy centrada en ese territorio donde se daban los acontecimientos armadas, digamos que un poco aislada de lo que ocurría en el país, por eso la noticia de la pacificación del Frente Nacional fue analizada con mucho detenimiento, mirando bien que ventajas podía traer para el movimiento, para su proyección más allá de la pequeñas fronteras sobre las que hasta ese momento se movía dependiendo de las armas.

Todo esto se analizó en Marquetalia respecto a la nueva “pacificación”, balanceando si iría a ser lo mismo que la de Rojas Pinilla.

De esas reflexiones surgen unas conclusiones de orden político, económico y social en las que se juntaban reivindicaciones de la guerrilla y la población que concretamente por un lado tenían que ver con la recomposición de las libertades democráticas afectadas con toda la represión que se había presentado y que estaba oficializada con la permanencia del estado de sitio. Y por otro lado tenían que ver con la solución de las necesidades más importantes y urgentes que tenían las comunidades por el abandono en la inversión social.

Entonces, respecto a lo de más urgencia, las necesidades se referían a abrir vías de comunicación (caminos, carreteras y puentes), construcción de escuelas en las zonas rurales, dotándolas y nombrándoles maestros suficientes, definición de partidas económicas para reconstruir las economías familiares y de las zonas afectadas por la violencia; construcción de puestos de salud con dotación y nombramiento de médicos y enfermeros, disponer de cupos y becas para los hijos de los campesinos, a fin de que pudieran formarse en carreras relacionadas con el desarrollo del campo, se incluyó la necesidad de la cedulación de la gente indocumentada y de los combatientes y la de adelantar gestiones para que se restituyeran las tierras que habían sido despojadas por las bandas de pájaros, que eran los paramilitares de la época y por mandos militares que habían hecho de la violencia un negocio para la acumulación de riquezas.

Ya sobre las exigencias políticas, lo que se dijo fue que lo primero era la exigencia del levantamiento del estado de sitio, lo segundo las garantías para el ejercicio de todos los partidos y la legalización del partido comunista, en tercer lugar se abogaba por una amnistía general para los presos políticos y los combatientes en general y en cuarto lugar se levantaba la bandera de la desmilitarización del país, insistiendo en que se retiraran los puestos del ejército y las tropas de los campos donde se había hecho tan cruda la violencia. Y todo esto se solicitaba como contexto de un proceso de democratización que permitiera la libre organización de los campesinos en la forma como lo quisieran, incluso su sindicalización.

Con ese paquete de exigencias se emprendieron esas primeras conversaciones de la guerrilla comunista con los representantes del gobierno en el municipio de Aipe.

 

J. S. ¿Cuáles fueron los resultadosprácticos de esa decisión de adelantar el diálogo?

F. B. Hasta donde entiendo, eso tuvo varias complicaciones, comenzando por que el movimiento armado que entraba a conversar era de influjo de comunistas, sus dirigentes y quien a nombre de los comenzaba a hablar con el gobierno era un comunista, me refiero a Charro, y lo primero que sugirieron en el encuentro de arranque fue la exclusión de los comunistas. Sin embargo la opinión de la Dirección fue persistir en el diálogo y por eso se asistió a una segunda reunión con representantes de los gobiernos de Tolima y del Huila, sabidos que al mismo tiempo el gobierno se estaba reuniendo con los guerrilleros liberales en una región más o menos cercana a Planadas.

El encuentro con los dirigentes de la guerrilla comunista se produjo en septiembre de 1958. Para entonces ya se sabía que los liberales habían sentado a través de aquel guerrillero de los Loayza llamado Leopoldo García (Peligro), una posición radical y guerreristas. Leopoldo posaba de ser un Brigadier General y Comandante en Jefe del Movimiento Guerrillero Liberal del Sur del Tolima. Este actuaba junto a otro anticomunista llamado José María Oviedo (Mariachi), a quien también le habían dado el grado de General. Su posición fue la de que seguirían combatiendo a godos y comunistas y los voceros del gobierno recibieron el mensaje sin inmutarse.

Al momento de la entrevista con los comunistas, los detalles de la reunión con los liberales eran más o menos de público conocimiento por toda la ostentación de fuerza que hicieron. Por el contrario la fuerza guerrillera comunista no se hizo visible, solo asistieron al sitio de encuentro los designados para hablar. Entre los delegados por el gobierno estaba también el coronel Arce Herrera, comandante del Batallón Tenerife, y estaban políticos conocidos como el ex gobernador liberal del Tolima Rafael Pargas Cortés, y Felio Andrade Manrique, entre otros que estaban muy ligados a los guerrilleros liberales.

Bien, entonces, a ellos se les hizo entrega de las reivindicaciones sinterizadas en la reunión interna de Marquetalia, la cuales fueron expuestas por Charro y otros acompañantes.

Dentro de ese ambiente hostil que incluyó desde el principio saboteos de parte de los guerrilleros liberales y una actitud manifiesta de querer copar zonas para desplazar a los comunistas o no permitirles hacer trabajo organizativo, comenzó aquella etapa de pacificación.

De entrada, se sabía que los liberales quería tomar control sobre Planadas, Herrera, Ataco y Rio blanco, principalmente, con la entera determinación de eliminar de ahí cualquier presencia o influencia comunista. Pero esto que parecía una actitud sectaria de los dirigentes locales en sus áreas resulta que era el desarrollo de un plan de la Dirección Liberal encaminado a entregar también el manejo político-administrativo a sus militantes para tener poder real y sólido en las regiones.

La dirigencia comunista Proyectó su trabajo sobre Gaitania, el sur del Ata, La julia y otros lugares aledaños, pero eso no fue de satisfacción del gobierno. En determinado momento mientras a los guerrilleros liberales les daban rienda suelta y nada se decía frente a los crímenes que cometían, a los comunistas se les ordenó salir de los caseríos, ponerse a trabajar sin meterse en política, y otras exigencias que buscaban neutralizar cualquier avance de su influencia como para que todo quedara bajo el control de Peligro y Mariachi.

La diferencia en el trato era abismal, y se veía en que para los liberales aparecían partidas presupuestales, préstamos de dinero, visitas oficiales, obras y acciones desplegadas sobre Planadas para hacer sentir el cumplimiento gubernamental de los compromisos, por ejemplo, pero para los comunistas no aparecía nada. Incluso, se puede decir que esas prerrogativas para los liberales se quedaban en los altos niveles pero no ayudaban al personal de base.

En mucho también se les dio prerrogativa en los llamados programas de rehabilitación del Frente Nacional, con influencia en la definición de alcaldes, inspectores de policía y otras autoridades menores de aquellos territorios del Cauca, de Huila y Tolima en los que había estado la presencia armada liberal que al final terminó en el desenvolvimiento del pillaje más descarado contra la población de influjo comunista e incluso contra conservadores, lo cual fue deteriorando el medio ambiente cada día más, en el enriquecimiento de algunos de los “Generales” liberales y en la implantación casi absoluta de la vindicta y los atentados personales como forma de imponerse por la fuerza y tomar dominio político. Dentro de esta dinámica los jefes liberales más fuertes asesinan a integrantes de sus propias bases y otros compañeros o contra estructuras más débiles, y en todo caso, contra todos aquellos que estuvieran andando en posiciones favorables a algún arreglo con los comunistas.

 

J. S. ¿Por qué no me precisa un poco, por favor, qué ocurrió con las armas de los comunistas durante ese período de pacificación?

F. B. De parte del movimiento comunista, a pesar de las dudas en que el gobierno cumpliera, la decisión de paz era en serio, por eso democráticamente se decidió por mayoría, la transformación del cuerpo armado en todos los escenarios donde teníamos estructuras, en movimiento de autodefensa pacífica en la que se integrarían también a los vecinos de cada zona donde las condiciones de seguridad habían mejorado, y ello implicó el licenciamiento del personal armado, pero sin entregar las armas. A los que querían partir para sus hogares se les permitió hacerlo con el compromiso de buen comportamiento y para el que quisiera permanecer en la región que tenía a Marquetalia como epicentro, lo podía hacer instalándose para trabajar en la tierra.

Los bienes del movimiento se repartieron equitativamente dejando una reserva para la Dirección que dejó del Estado Mayor Militar para convertirse en Dirección de un Movimiento Agrario. Nadie se quedaría con las armas sino que pasaban a custodia de esa Dirección, la cual al mismo tiempo se encargó de atender casos de compañeras que habían perdido sus maridos; en fin, se trató de que nadie quedara desamparado ni desarticulado y entre todos se garantizara la seguridad y el desarrollo del Movimiento Agrario de Marquetalia.

En eso se estaba y la gente de lleno se metió en el cumplimiento de los compromisos, pero de parte del gobierno lo que se dio fue un alud de incumplimientos y de hostilidades que tuvo como punto cumbre el asesinato del camarada Jacobo Prías por la espalda en Gaitanía; lo hizo Mariachi por órdenes del gobierno, con 50 hombres que entraron armados donde él llego esa noche le pegaron unos 20 tiros por la espalda. Fue el 11 de enero de 1960; la paz no duró ni dos años.

La muerte del camarada Charro Negro, trajo como consecuencia la agudización de la confrontación, porque el ejército entró al área pero no a socorrer a los agredidos sino a darles respaldo a los mariachis tas, quienes al sentirse respaldados continuaron la matanza de gente.

De parte de la Dirección comunista se trató de buscar justicia dentro de las propias instituciones, pero no hubo respuesta favorable y por eso se precipitó la respuesta armada en legítima defensa, para responder a la agresión y no dejarse matar.

Frente a las circunstancias, el camarada Manuel reunió a la Dirección, recogieron también todos los guerrilleros que había en Marquetalia; éramos unos 200 hombres y varias compañeras combatientes de las que no recuerdo el número. La idea era afrontar la ofensiva que se estaba dando contra el movimiento, y que se expresaba en que cada día aumentaba el número de revolucionarios caídos a manos de bandas de sicarios en complacencia con el gobierno. Entonces, yo podría decir que el asesinato de Charro y toda esa situación de guerra sucia e incumplimientos del gobierno prendió la mecha en serio de la guerra de guerrillas, agregando que la operación Marquetalia terminó de complicar el panorama de una guerra que aún no termina.

 

J. S. Si le pidiera que de su visión, en términos generales, sobre los hitos históricos de las FARC a partir de aquella situación generada por el asesinato de Charro Negro y el ataque a Marquetalia, ¿qué periodización haría usted?

F. B. Bueno, yo no me atrevo a decirle una periodización ni a marcar hitos de un proceso tan complejo, pero lo que puedo es narrarle algunos hechos que pueden dar idea de la forma como se fueron desarrollando las FARC a instancias de la conducción del camarada Manuel, aunque aclarando que él siempre actuó apoyándose en la dirección colectiva y no de manera unipersonal.

Entonces, podría comenzar por explicar que cuando el Movimiento en Marquetalia retoma las armas por todas las razones que ya indiqué, el fortalecimiento se fue dando como resultado de todo ese trabajo que los dirigentes hacían a diario con toda la gente; y en eso quienes descollaban como alma del proceso eran los camaradas Charro y Manuel, de tal manera que cuando asesinan a Charro, aunque el vacío que se sintió fue enorme al mismo tiempo la figura del camarada Marulanda adquiere por su ejemplo de abnegación, una dimensión muy grande. Él se pone a la altura de las circunstancias y los retos.

Yo conocí al Camarada Marulanda un día que cruzaron unos cuantos guerrilleros por la región donde yo vivía con mi familia. Eso fue en el 58; ellos iban rumbo a una pelea con el ejército. Entre los acompañantes del camarada iba Jesús Alfonso, su hermano, quien murió en los combates de esos días. Eso, más concretamente fue sobre la carretera que va de Neiva al Espinal. Se sintió la lamentación por la muerte de ese hombre valiente; lo llamaban Gasolina, respetado por honradez sin tacha y admirado además por sus destrezas en la guerra. Siempre, desde los inicios Manuel estuvo a su lado. Era conocedor y amante de las armas. Manejaba cualquier tipo de armas con mucha destreza.

En esos tiempos la región esa era muy transitada por la guerrilla y los que pasaban siempre hacían el trabajo de charlar con la población. El camarada Manuel hacía eso, nos hacia un a que otra conversa para explicarnos asuntos políticos o relacionados con la vida diaria en la zona. Pero el vivía muy ocupado andando de un lugar a otro dirigiendo los planes; eso si que nunca nos olvidaba. Y recuerdo muy bien que la gente solía preguntarle, camarada ¿porque a usted lo llaman tiro fijo? Su respuesta era muy decente y decía: “porque pego muy bien con toda clase de armas”, sin ponerse en más detalles.

Yo desde que conocí la guerrilla, la impresión fue muy grande y placentera. Había como constante una mala propaganda que el gobierno había propulsado en contra de los comunistas, entonces ya uno viendo que la realidad era diferente pues se le alegraba el corazón.

Al camarada Manuel, desde esos tiempos lo fui admirando por su forma que tenía para penetrar en el corazón y en la mente de la gente. Yo asistía a las reuniones, pero todavía era muy joven, muy muchacho, y bastante juguetón, por cierto. Sin embargo él nunca me hizo ningún llamado de atención, porque por más necedades que estuviera yo haciendo, cuando el camarada me miraba, inmediatamente me hacia el serio y muy atento a la charla. Un poco en complicidad, entonces me hacía preguntas fáciles de responder y claro, yo le daba buenas respuestas ya en esa dinámica daba pena seguir sin prestar atención.

Así en ese ambiente nos organizaron a los más pequeños en un grupo de Pioneros, y después pasamos a integrar la Juventud Comunista (JUCO), donde milité hasta cuando me vine para la guerrilla. Mi ingreso fue el 29 junio de 1.963.

Desde que ingresé anduve con los Camaradas Marulanda, Isaías Pardo, Joselo, Rogelio y otros camaradas de dirección, a quienes aprendí a conocer y a querer. Sobresalía la capacidad que el camarada Marulanda tenía tanto en lo militar como en lo político; él sabía muy bien enfrentar los problemas de cualquier índole que se vinieran y nunca utilizaba los sermones para hacer un llamado de atención, o para arreglar cualquier problema que surgiera. Puede decirse que la agente le tenía un a confianza un respeto excepcionales. Su don de mando era único. Sin duda eran una persona especial en todo.

Esas andanzas con los camaradas duraron hasta cuando partí para el Cuarto Frente.

 

J. S. Cuénteme a grandes trazos lo que usted hacía.

F. B. Buen, esa era una etapa de acumulación de fuerzas y organización de masas, y en eso andábamos sin descuidar que estábamos en guerra. Esa era la dinámica, entonces cuando estábamos en Rio chiquito se mete el operativo eso fue en septiembre de 1965 el 4 de octubre salimos rumbo Natagaima desde esa fecha Salí de segundo al mando de un destacamento. En el Tolima. Cumpliendo varias misiones en diferentes misiones; por ejemplo en el año de 1965, al centro del país. Fui nombrado por la Dirección que se encontraba en esa fecha dirigiendo la organización. Nos desplazamos con 150 combatientes y 50 familias que las teníamos que entregar a la organización política en Natagaima, en el departamento del Tolima.

Por la misma época y durante diez años, fui ecónomo y secretario de una de las células de partido. Siempre traté de responder con abnegación y compañerismo, siguiendo los principios y procurando merecer el respeto que los compañeros me expresaban. Yo sentía que todos me apreciaban sin excepción, poseía un gran respeto por todos, sin excepción, y yo ponía todo el empeño en no defraudar a nadie, tal como lo profesó y lo practicó con tanto cariño y firmeza el camarada Isaías Pardo. Y menciono a Isaías porque todo recuerdo de los orígenes de las FARC debe estar ligado a una persona tan especial como lo fue él; un revolucionario cabal hasta su muerte en combate el 13 de septiembre en una vereda de Gaitania.

Él se entregó de lleno, totalmente a la causa revolucionaria mostrando de manera práctica lo que significa ser, como decía el Che, un hombre que actúa como piensa. Él pensaba como revolucionario y actuaba como revolucionario, de manera espontánea, sin poses, haciendo de su vida una escuela de enseñanza de la cual me siento orgulloso de haber hecho parte. Por eso cuando entregó su vida en la línea de combate, su ausencia física no se llevó su presencia de ser ejemplar al que debemos rendir memoria y homenaje actuando en consecuencia con sus enseñanzas. Eso debo decir del camarada Isaías Pardo. En síntesis yo llego a la conclusión de que aquella emboscada fatal de los liberales “limpios” que actuaban junto al ejército como paramilitar, acabó con su vida pero no pudo acabar con su presencia dentro de nosotros. Su ejemplo, sus sueños de libertad, de independencia, de armonía, de camaradería, de Nueva Colombia, de socialismo, están vigentes por siempre como baluarte moral de las FARC-EP.

 

J. S. Camarada Fernando, gracias por darnos ese mensaje. Usted podría decirnos cuál fue la reacción de su familia cuando usted decide vincularse a la guerrilla?

F. B. Mi familia estuvo de acuerdo con mi decisión. Yo creo que familias como esta, son muy pocas en el mundo. Por qué se trata de que mi familia era un remanso de amor, de comprensión, de solidaridad, y en medio de eso hacen un acto de desprendimiento que para mi es grandioso, digno de admiración. Se despegaban de alguien de su propia sangre sí con dolor, pero al mismo tiempo mostrando una capacidad de amor hacia una causa mayor que la entendían perfectamente, y es la causa de la lucha por los demás.

Esa circunstancia, en gran medida también expresaba el trabajo que los mandos, los conductores del trabajo revolucionario habían hecho con las masas. Y pienso que la gente de mi generación contó, por decirlo en términos sencillos, con la con la buena suerte de haber tenido a esa dirigencia tan abnegada, pero al mismo tiempo debo decir que en esos tiempos, en medio de la violencia había gente muy sana, de muy buenas costumbres y sentimientos que se convirtió en el huerto en el que pudo florecer la insurgencia. Y no quiero decir que no había gente de malos procedimientos también, pero en general era gente buena, honesta, muy sacrificada peor muy entregada a la solidaridad.

También quiero decir que los mandos ayudaron muchísimo con su propio ejemplo de entrega, a formar a los nuevos conductores y combatiente, como a los dirigentes populares de cada lugar son sentimientos de fraternidad. Y en eso había un cuidado de resaltar, porque por ejemplo, ninguno permitía que la población fuera maltratada, mucho menos los menores, para quienes se prodigaban un trato respetuoso y de mucha comprensión. Yo particularmente, por decir algo que parecería trivial pero que es fundamental, jamás escuché una mala palabra o una vulgaridad, ni observé algún trato denigrante.

En adelante, y por la misma formación familiar y de escuela guerrillera, me fue entrando un anhelo, un deseo, de ser también un guerrillero transformador, así como nos decían ellos y como lo practicaban en el día a día cualquiera fuera el escenario donde estuviéramos.

Entonces, fíjese que cuando yo apenas tenía 10 añitos ya la idea de ser guerrillero me había atrapado por completo. Yo tomé ánimo y le dije a mi papa que me dejara ir con los compañeros. Él, que tenía un verbo amable pero tras el cual había un sentido muy grande de la responsabilidad me dijo con una voz seca: ¡“no señor, usted tiene que estudiar, cuando sepa leer y escribir, cuando sepa las cuatro operaciones matemáticas y esté un poco más grande y tenga plena claridad de su determinación, entonces sí”.

El camarada Charro andaba por la zona, iba de un lado para otro haciendo su trabajo, y él para nosotros se fue convirtiendo en una persona especial, educadora, bueno; incluso nos daba clases de las mismas que la profesora nos enseñaba como parte del pensum de la escuela, y en medio de eso nos explicaba la política y la historia, incluyendo en su discurso la explicación del proceso de surgimiento de la guerrilla, las causas y las perspectivas de la lucha, etc., para que supiéramos claramente los objetivos del movimiento y las razones por las que se luchaba.

Ya en 1962 el gobierno del Frente Nacional, arremete contra la región campesina con una operación militar que llegó hasta Peña Rica. Era algo difícil la situación porque no se trataba de la sola presencia del ejército colombiano interviniendo con la fuerza bruta en el campo, pues se sabía perfectamente que los Estados Unidos estaban adiestrando a oficiales colombianos en la táctica contra guerrillera con el argumento de actuar contra el bandolerismo. Eso lo inició el Presidente Lleras y lo prosiguió el Presidente Guillermo León Valencia. Precisamente, en el año que menciono, inmediatamente se posesionó este Presidente un grupo especial de fuerza gringa anunciaba su traslado a Colombia a solicitud del gobierno de nuestro país, con el objetivo de instruir a soldados y policías en tácticas contrainsurgentes. Y eso siguió así, profundizándose cada vez más la colaboración militar estadounidense y la sumisión del ejército colombiano al país del norte. Por ejemplo, varios oficiales partieron a Fort Brag, en Carolina del Norte, a recibir instrucción para aplicar las más aberrantes tácticas de guerra sucia. Y eso también se dio en la zona del Canal de Panamá, donde como parte de la guerra sucia aprendieron tácticas de guerra sicológicapara involucrar a los civiles en las labores de lucha antiguerrillera.

Pero volviendo a lo del ataque que se lanzó por parte del gobierno en 1962, la ofensiva no fue poca cosa especialmente contra Marquetalia. Este ataque no debe confundirse con el de 1964. En la ocasión que estoy narrando participaron5.000 efectivos sin contar toda la cantidad de paramilitares, de pájaros, que incluyeron. Nuestra respuesta no se hizo esperar, creo que de una u otra forma ya se esperaba esa arremetida y nosotros diseñamos la defensa y el ataque por varios flancos, ganando movilidad y produciendo golpes efectivos, causando bajas entre militares y paramilitares, lo cual nos permitió también recuperar un importante número de armas, al tiempo que en el país logramos una amplia solidaridad. Creo que el balance fue positivo porque también ganamos en experiencia y pudimos hacer que el plan de exterminio contra nosotros fracasara. De hecho las tropas oficiales tuvieron que retirarse. No obstante, ellos dejaron instaladas y apertrechadas sus bandas de pájaros con el plan de eliminar uno a uno a los dirigentes nuestros. Nunca antes se había presentado una confrontación con esas dimensiones en el sur del Tolima. El epicentro lo instauraron en Gaitania infestando la región de criminales, muchos ex-guerrilleros “limpios” que durante bastante tiempo, desafortunadamente, generaron desestabilidad y causaron muertes de personas inocentes que según su criterio nos apoyaban. Lo cierto es que la matazón era indiscriminada y apuntaba a desarticular el influjo creciente que íbamos ganando en amplios espacios que tocaban territorios no solamente de Gaitania sino también de Bilbao, La Herrera, Planadas, Ataco, San Luis, Praga, Aipe y otros lugares no menos importantes.

Entonces, aunque nuestra resistencia fue exitosa, no podemos restar importancia al daño que le hicieron a las comunidades y a nuestras propias estructuras, pues a la hora del balance autodefensas como las de Natagaima y Ortega las habían diezmado, y en muchos otros lugares la zozobra por los ataque criminales de los pájaros era total. A cuenta de esa situación nos tocó redoblar esfuerzos, brindar apoyo militar y solidaridad.

Ese drama perduró hasta finales del 63, con un saldo deplorable que terminó en peleas intestinas entre los mismos liberales de Mariachi y Peligro. Los unos se mataban contra los otros en una orgía de sangre de la que no podría dar cifras de víctimas fatales porque lo cierto es que todo el sur del Tolima estaba victimizado y en últimas el gobierno salió ganancioso en la medida en que eliminó a sus propios hombres que ya le eran un estorbo. Incluso la emprendieron contra los dirigentes influidos por el MRL que de una u otra forma no querían confrontar con los comunistas. Terminaron también tildándolos de comunistas y haciéndolos objetivo de sus pasiones partidistas.

Para nuestro caso, la pelea era con el gobierno y contra los que presionados por este o comprados habían vuelto su rostro contra sus viejos compañeros de armas y se convirtieron en instrumento de muerte de un Plan que sin duda lo organizó la Dirección Nacional Liberal. De todo lo que sacamos, a pesar d ellas adversidades y el dolor por las tantas muertes ocurridas, fue la más preparación política y militar. La mayoría de peleas las hicieron Isaías Pardo, su hermano Luis Pardo, a quien llamábamos Tula, al lado de Rigoberto Lozada (Joselo) y Rogelio Días.

Desde el principio del operativo, en los primeros ocho días que tuvieron el carácter de una ofensiva relámpago, al ejército le fue muy mal y de ahí que su repliegue tuvo que apresurarse. Y la presencia militar de exterminio confirmó que las nuevas promesas de pacificación del Frente Nacional, eran prolongación de las viejas, con sus mismas característica; es decir que no se cumplió nada de lo dicho o escrito en el papel sobre las remuneraciones económicas y sociales a la región de Marquetalia como eran las de hacer escuelas, un pequeño puesto de salud, ayuda para implementar la agricultura y la ganadería, vías de comunicación, buscar el desembotellamiento de la región. Todo eso quedó en el cajón del olvido, tal como sigue siendo con las reivindicaciones del campesinado en el presente.

Lo que se escuchaba desde el gobierno eran los clarines d ella guerra; se referían a nosotros con los peores epítetos y prometían acabarnos.

Las 5 regiones campesinas donde el influjo d ellos comunistas era mayor eran Marquetalia, Rio chiquito, 26 de Septiembre, Guayabero, y El Pato. En estas zonas había gente probada en la lucha, que no cualquier política los podía comprar, y contra ellas arremetieron con más saña que en cualquier otro lugar.

En adelante, la guerrilla le toco seguir enfrentando toda clase de provocaciones de parte del gobierno de turno, de los paramilitares y pájaros, que mataban a los liberales no afectos a ellos, a los comunistas y a las familias de los guerrilleros.

Esta etapa duro hasta el año de 1964 que es una época en que nuevamente desde la prensa se escuchan gritos oligarcas de guerra con el anuncio de la Operación Marquetalia, la del Plan LASO.. En medio de esto el 17 de abril de 1964 llegaron los camaradas Jacobo Arenas y Hernando González a reforzar la Dirección. Fue un encuentro grato y alentador. El propio camarada Manuel los recibió con un abrazo de hermano y les dio la bienvenida más cálida posible. El camarada dijo: “con la compañía de ustedes la guerra no debe de ser tan dura” y procedió a escuchar el informe que traía el camarada Jacobo Arenas desde Bogotá.

Entrando mayo 1964, los camaradas de la Dirección procedieron a realizar reuniones con todo el personal que se encontraba en la región, tanto guerrilleros como población civil, paralelamente, para tratar sobre la situación que se veía venir.

Para el momento la noticia que se tenía era que la operación Marquetalia estaba para iniciarseel 14 de mayo. Sobre esa base, desde que llegó Jacobo Arenas con Hernando González se comenzó a pensar en qué hacer. En la primera semana de mayo se hizo una reunión más de fondo que duró cuatro días y en ese evento se hicieron los análisis más gruesos y se trazaron las orientaciones principales incluyendo la decisión de hablar con la población para lo cual fue convocada gente de diversas veredas. La idea era explicarles que lo del ataque militar era en serio y había que prepararse.

A nadie le cabía ya duda de que la llegada de tropas era inminente, sobre todo porque se multiplicaron los sobrevuelos de naves militares sobre el cielo de aquella remota región hasta que la propia radio en el medio día del 18 de mayo dijo que había iniciado la operación. Entonces se dio la orientación de evacuar a las familias de Marquetalia, las más numerosas cuya movilización sumó unas 1200 personas. En el terreno quedaron los que estaban en disposición de combatir. Esto fue como en época en que la gente se preparaba para recoger la cosecha de maíz y de frijol. Pero por más orden que se le puso al asunto, el ejército venía copando salidas y muchas personas fueron capturadas por no estar en los censos del ejército o simplemente porque les parecían sospechosas a los militares.

Naturalmente la gente no podía cargar con la comida que habían almacenado, por eso gran parte de lo que había quedó en manos de los combatientes, encaletado todo en el monte para la subsistencia. Parte de esos productos se pagaron y otra la donaron los campesinos, básicamente café, frijol y maíz que era lo que producía la región. Aparte, se logró conseguir algo de dulce y sal.

Entonces, mientras unos se dedicaban encaletar comida, provisiones y otras cosas que podían resultar útiles, otros hacían la propaganda en un mimeógrafo que que los camaradas había traído para esos efectos.

Claramente, el gobierno había declarado abierta la operación militar contra la región agraria de Marquetalia. A una parte de los guerrilleros nos tocó salir con las familias para escoltarlas y ayudarles con el desplazamiento de sus cosas. El plazo que se dio a a los combatientes para volver al área de guerra fue de diez días. Las familias las dejamos ubicadas en las proximidades de Aipe en el Huila, algunos en manos de conocidos de ellas mismas y otras en manos de la organización política. Nadie quedó desamparado, sin embargo, como ya dije, hubo personas que salieron por su cuenta que luego fueron capturadas.

Cuando retornamos a Marquetalia, los camaradas Isaías, Rogelio, Joselo y Tula, estaban al frente del plan defensivo, y el personal estaba adecuadamente distribuido en puestos de observación, avanzadas y exploraciones, cada grupo con su respectivo mando. Todos eran compañeros de ahí, en ese territorio tenían sus fincas y sus bienes. Nadie tenía riqueza de sobre, pero tampoco nadie vivía en la ruina. En el tiempo que tenían de estar ahí trabajando, habían logrado arreglar sus parcelas y habían construido sus modos de sobre vivencia. Marulanda, Lister, Isaías, Joselo..., todos, todos tenían ahí su mundo, su arraigo, las cosas por las cuales pelear hasta la muerte. No todos habían sido combatientes pero ahora ese puñado de 48 valientes, entre los que también habían colonos que se quedaron para defender el trabajo de su vida, estaban resteados, dispuestos a enfrentar la agresión por el tiempo que fuera.

Sabíamos que el número de efectivos desplegados para hacer los bloqueos, el cerco y el ataque sería de unos 14 mil, cubriendo espacios del Huila y del Cauca, seguramente con una conducción principal en Neiva, pero específicamente sobre la propia Marquetalia pondrían a cuatro o cinco mil hombres.

Bueno, yo pensando a lo lejos creo la mejor misión que cumplimos fue la de proteger y orientar a la gente, y la respuesta que obtuvieron los combatientes fue el del respaldo irrestricto y eso fue lo que hizo posible mantenernos tanto tiempo en pie de combate. Nosotros sentíamos que la gente cada día nos apoyaba más entonces eso causo un impacto de motivación en todos los combatientes para continuar adelante. A esas alturas de la confrontación y viendo la magnitud del compromiso éramos conscientes que emprender una lucha revolucionaria no era fácil, pero tampoco imposible si se cuenta con el apoyo del pueblo. Sin este apoyo todo sería una quimera.

A partir del 14 de mayo los días transcurrieron con la tensión y aún con los ajetreos de la preparación para el combate. Las noticias llegaban entre neblinas de dudas e incertidumbre, pero como fuera, siempre venía envuelta la certeza de la inminencia de los choques. Hasta el día 27 de mayo que es cuando se da el primer combate,el primer choque; eso fue con la tropa de Rigoberto Lozada (Joselo) en un punto llamado La Carlota o también digamos que eso es como por los lados de La Floresta, sobre el cañón del rio Ata. Fue una pelea que se realizó rápidamente por que el terreno no daba para más, a lo cual se le agregaba la presencia constante de la aviación. Joselo peleó ahí más o menos una hora logrando un buen resultado, porque además de las bajas que propinó al enemigo, recuperó 15 fusiles M1 con toda su dotación, intendencia y comida de la que los soldados llevaban en los equipos. Recuerdo que era puro enlatado con letreros de los Estados Unidos, mejor dicho en inglés.

El sábado 30, en la Suiza, tuvo lugar un segundo encuentro con unidades dirigidas por el camarada Isaías Pardo, también en la margen izquierda del rio Ata. Isaías Pardo peleó ahí al lado de sus guerrilleros por espacio de 2 horas- También recuperó 15 fusiles M1 con toda su dotación, intendencia y comida.

 

J. S. Tenía entendido que el primer combate fue este que realizó Isaías.

F. B. De pronto hay una pequeña confusión en algunos relatos que hablan de ese combate. Lo que pasa es que tanto el que dirigió Joselo como el que dirigió Isaías fueron más o menos por la misma área y en días muy próximos. Entonces, el primero es el que se da con la gente de Joselo, que es el del 27 de mayo y el segundo es el que se da con la gente del camarada Isaías el día 30. Este es el que se da en La Suiza, no tan lejos de Gaitanía, más abajo del Filo de los Socorreños. Lo concreto es que ahí la situación se presentó con gente que estaba a cargo del camarada Isaías y del camarada Jaime Guaracas. No me detengo en muchos detalles porque sobre esto se ha hablado bastante con las versiones directas de Jaime y del camarada Manuel. Pero en esencia Jaime descubrió la ubicación del ejército, informó a Isaías y este dio las orientaciones pertinentes para organizar la emboscada que los sorprendió en el avance. A partir de ahí se multiplicaron los combates sobre la margen izquierda del rio Ata. Así permanecieron toda la primera semana de junio. Al momento ya la radio hablaba de varios solada muertos y de nuestra parte había caído abatido en emboscada el camarada Luis Salgado.

Luego de estos encuentros nos replegamos un poco y esperamos que continuaran el avance. Prosiguen los enfrentamientos, pero con menor intensidad, pues ya el ejército avanzaba lentamente y tomando todas las medidas. Por este motivo, ya las armas recuperadas eran menos, pero permanentemente los estábamos golpeando, día y noche.

Entre el 7 y el 14 de junio, con la intensificación de sobrevuelos, llamados a que nos rindiéramos y el desenvolvimiento de escaramuzas en toda el área se fue ambientando el bombardeo de Marquetalia. A eso de las 08:00 de la mañana los cohetes y los ráfagas batieron cada filo y roncón aledaño al caserío abriendo paso al desembarco y ocupación por parte de la tropa enemiga. Quizás desembarcaron unos 800 efectivos. El copa miento del terreno estaba concretado.

 

J. S. ¿Camarada Fernando, usted considera entonces que no hubo sorpresa?

F. B. No, de ninguna manera. Lo que pasa es que para una operación de esas dimensiones, por más que se quiera prever todo, no se puede, comenzando porque estamos hablando del ataque de una fuerza totalmente desproporcionada. Pero bueno, pienso que sí estábamos preparados y más briosos que una serpiente cuando esta toreada.

En lo que nos fue posible, tomamos todas las medidas para evitar ser sorprendidos por el enemigo: en este alistamiento no falto la inteligencia día y noche, la dirección estaba integrada de gente muy capaz política y militarmente. Por eso, cuando uno salía con alguien iba confiado que no le pasaba nada. Los mandos eran camaradas que exigían bastante sobre la disciplina, y no solo exigían sino que también se metían en ella dándole cabal cumplimiento, poniendo ejemplo. Y así, lo que se había era pegado al plan defensivo que se había definido por la dirección.

 

J. S. ¿Cree usted que mientras esa ofensiva del gobierno se desataba, hubo suficiente solidaridad con la guerrilla por parte del movimiento popular?

F. B. Yo creo que vale la pena precisar que a pesar de la aguda confrontación armada, se golpearon todas las puertas y no fue posible que escucharan nuestras proclamas. Y nuestras expresiones de paz. Se enviaron misivas al gobierno nacional, al senado, a la cámara de representantes, a los países amigos de la paz y a la iglesia, entre muchos otros destinatarios. Pero nuestro llamado no fue recibido. Entonces, es justo decir que esta labor la hacían también muchas organizaciones sociales, populares. Pienso que hubo solidaridad suficiente, lo que pasa es que el gobierno que estaba no escuchaba razones; lo único que escuchaba eran las órdenes de Washington colmadas de macartismo y del hielo de la guerra fría.

El cura Camilo Torres, que era un hombre de gran prestigio, por ejemplo, propuso viajar a la región pero se lo impidieron. Y esto lo hacía para impedir que se siguiera castigando con el fuego de la guerra sobre todo a la población inerme que estaba siendo desplazada.

Desde esa fecha en adelante, hasta hoy, seguimos luchando por la Paz con justicia social, y eso cree que nunca hemos estado solitarias. El pueblo colombiano anhela la paz, pero lograrla no depende solo de su voluntad ni de la guerrilla como tal. Aquí, quien ha impuesto la confrontación fratricida es el régimen.

Nuestra guerrilla no es guerrerista, no ha habido época en que no estemos insistiendo en la necesidad de una salida dialogada. Nuestra formación no es militarista, es fundamentalmente humanista y eso nos hace unos convencidos del papel que tenemos que cumplir en favor de la reconciliación, pero estamos claros que esto debe darse estableciendo la justicia social, porque sin pan, sin vivienda, sin salud, educación y vida digna no hay paz. Una paz sin esas reivindicaciones sería una paz de mentiras. Estas ideas las que nos enseñaron los fundadores y por esas ideas es que nos guiamos.

 

J. S. ¿Qué otro episodio nos quiere recordar de lo que fue la Operación Marquetalia?

F. B. Hay muchos pero creo que es importante tener presente que desde esa época se ha anunciado nuestro fin. Y eso es reiterativo. Ahora mismo, o mejor dicho en este último lustro se ha hablado del comienzo del fin, y después del fin del fin de la guerrilla, y se nos pone plazos para la defunción o la rendición del movimiento, y esa es una letanía de no acabar jamás. En estos mismos días uno ve como que las propuestas del gobierno de procesarnos con su justicia transicional y su Marco Jurídico para la paz dan la idea de que definitivamente este Estado criminal que empezó la guerra y la mantiene solo por guardar los privilegios de los oligarcas, es el que tiene la potestad de dirigir nuestro destino. Y eso no es correcto, aquí, para cualquier arreglo de paz se debe comenzar por que el Estado reconozca su responsabilidad, que la asuma para poder legar a un entendimiento en el que también se debe reconocer nuestra condición de rebeldes; es decir, nuestra condición de sujetos políticos que hemos ejercido legítimamente el derecho a la rebelión. Por ahí está la cosa, y al lado de esto el Estado debe asumir el compromiso de los cambios sociales que pongan fin a tan profunda situación de miseria y desigualdad.

 

Yo quiero recordar que en aquellos días de la resistencia de Marquetalia, también con el cuento del fin de la guerrilla, el ejército cuando vio que no podía hacernos rendir, en el punto llamado Yurumo, desembarcó mucha tropa. Eso fue muy cerca al poblado de Marquetalia, a unos 500 metros seguramente. Mejor dicho, pusieron toda la seguridad que podían, y ese día hubo entrega de una Marquetalia libre de guerrilla. El famoso cuento de hacer valer la soberanía, como si no estuvieran entregados a los caprichos de Washington. En resumen, el operativo para eso fue muy grande y muy costoso, más caro que lo que hubiera costado resolver los problemas sociales de la región. Ahí nos metieron hasta el Batallón Colombia al mando del general Matallana, y resulta que cuando esas unidades iban entrando, unos 50 de sus efectivos cayeron en una emboscada guerrillera; lastimosamente perdieron la vida decenas de soldados y nosotros tomamos el armamento. En esa emboscada usamos una a la que llamamos doña Anastasia. Desde esa fecha los combates siguieron peleando a diario, hasta el 20 de julio de 1964, cuando se realizó una asamblea guerrillera donde participaron cerca de 70 camaradas todos con derecho a voz y voto. Allí se aprobó el Programa Agrario de los Guerrilleros por la mayoría que nos encontrábamos en ese momento, no contando los camaradas que estaban respondiendo por la seguridad. Y con esa guía nos mantuvimos durante años. Bueno ese programa aún no se concreta sencillamente porque el régimen no realiza la reforma agraria integral que le debe a los campesinos de Colombia, a los que a vilipendiado y despojado. Esta cuando van a estar en esto. No creo que deban haber más Anastasias ni planes Laso, sino sensatez y soluciones a causas de la guerra. No es hablando del fin del fin guerrerista que esto puede terminar sino hablando del fin de la miseria, del fin de las injusticias.

Leer más:

Primera parte: Entrevista con un legendario guerrillero marquetaliano: Fernando Bustos

Tercera parte de la entrevista con Fernando Bustos 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar