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No hay que dejarse enredar por tanto cuento de moda. De eso tan bueno, no dan tanto, solía decir el camarada Manuel Marulanda Vélez cada vez que escuchaba tantas promesas bonitas por parte de los gobernantes de turno. 

El imperialismo norteamericano, encabezado  por el monstruoso George Bush, desató la llamada Guerra contra el Terrorismo a partir del 11 de septiembre de 2001, tras los más que sospechosos ataques contra Las Torres Gemelas. Eso al calor de los cantos del Nuevo Siglo Americano, la teoría de dominación universal implementada por la más rabiosa ultraderecha fascista de ese país.

Gran parte de la agenda que trazaron las comunidades rurales, por la que están dispuestas a un nuevo paro nacional agrario y popular, es la misma que el gobierno se niega a discutir en los diálogos de paz en la Habana, y que enarbola un alto significado patriótico y democrático. Para el gobierno una reforma estructural agraria no debe contemplar el reordenamiento territorial, la liquidación del latifundio improductivo, la democratización institucional que permita a las comunidades intervenir en la política agraria y se niega a suprimir los TLCs, la extranjerización de la propiedad de la tierra, las depredadoras concesiones de los territorios a las multinacionales mineroenergéticas y la militarización de la vida rural, entre otras medidas necesarias.

Tras dieciocho elecciones perdidas una tras de otra, de manera inobjetable y limpia, excluida del manejo de los destinos de la nación por la voluntad mayoritaria de la población, esa oligarquía pretende volver al ejercicio del poder por obra de sus acciones terroristas, la campaña mediática imperialista y la presión de sus gobiernos cómplices.

A propósito  del cuarto punto del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, y en él, “la solución al problema de las drogas ilícitas”,  que se está desgranando poco a poco en la mesa de conversaciones en la Habana, vale la pena  repasar el reciente pasado sobre lo poco o lo mucho,  hecho por las FARC EP a lo largo de su historia, alrededor de la escogencia hecha por los campesinos colombianos, en algún momento, para sobrevivir: cultivando coca (principalmente), marihuana y amapola.

Del archivo general de correspondencia de las FARC-EP, extractamos, en consideración al sexto aniversario de su muerte, la carta que el Comandante Manuel Marulanda Vélez dirige, a fines del año 1972, a los delegados al Pleno de Estado Mayor Central de las FARC, desde algún lugar de la cordillera central en el departamento del Valle.

Lo que más impresiona de este hombre de obras tan grandes es su sencillez, su fuerza de carácter, su dulzura y su determinación, sus conocimientos teórico-políticos y un corazón enorme, que le permite crear una empatía positiva en quien lo escucha y se queda encantado para aprender de él. Jesús perdió la visión por culpa de una enfermedad crónica, pero como recuerda él, “basta la luz del alma para ver en las tinieblas”.