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Desde febrero, cuando comenzaron en firme los enfrentamientos en el sur del país, hasta la fecha, el ejército oficial ha sufrido unas mil bajas entre muertos, heridos y mutilados. Un importante mando del operativo se encuentra entre los muertos en combate. La desmoralización ha empezado a causar estragos en el ejército agresor, y se ha incrementado por la constante respuesta militar guerrillera, las inundaciones, las contingencias de la selva y las calamidades del tiempo atmosférico. Muchos soldados y oficiales están pidiendo la baja de filas porque no quieren correr la suerte de sus compañeros en la jungla.


A los familiares de los soldados caídos en esta guerra fratricida impuesta por la oligarquía colombiana y los gringos, nuestras más sentidas condolencias. Las madres de los soldados deben exigirle al señor Uribe Vélez la devolución inmediata de sus hijos, porque ellos no pueden seguir siendo la carne de cañón de la obstinación guerrerista que arrebata al Presidente ni de su ambición reeleccionista.


A los soldados y oficiales, el llamado bolivariano a que se resistan a ser utilizados como instrumentos ciegos de la geopolítica del gobierno de los Estados Unidos que le apunta no sólo a la eliminación de la resistencia de los pueblos a sus políticas de dominación, sino a la utilización del suelo de Colombia como base de agresión y de asalto neo- colonial al continente. Humilla el honor militar que los oficiales colombianos tengan que actuar como subalternos de segunda categoría de un general de una potencia extranjera, como es el señor James Hill, jefe del comando sur del ejército de los yanquis. En estas circunstancias donde se ofende la dignidad y el sentimiento de patria, pedir la baja, es actuar con dignidad.


Muchos soldados y oficiales subalternos quisieran que su servicio en las Fuerzas Armadas no contribuyera a apuntalar un régimen de represión y miseria, que como éste, anda cerrando hospitales, colegios y universidades públicas, echando a la gente del trabajo, inventado nuevos impuestos que ya nadie soporta, gravando las pensiones de nuestros viejos, privatizando lo poco que queda como empresa rentable del Estado, entregando la soberanía a los capitalistas y militares gringos, aprobando estatutos represivos contra el pueblo y derrochando "ternura" con sus paramilitares. Si es para actuar en contravía de los intereses del pueblo y no en defensa de las garantías sociales, la independencia y la soberanía -como lo exhortara el Libertador en su última proclama-, es preferible regresar del campo de batalla a los cuarteles, y de éstos al calor del hogar y sus familias.


Desde hace algún tiempo el Presidente Uribe Vélez ha intentado vender a un sector de la sociedad colombiana y también del mundo la ilusión de una derrota militar de la guerrilla. Esto no es posible, porque la causa del alzamiento armado es el anhelo, que no se extingue, de justicia social, soberanía, libertad y democracia verdadera que anima al pueblo.


Con la más elevada moral, la de los mandos y combatientes de las FARC que resisten en el sur del país y en el resto de Colombia el embate guerrerista de los gobiernos de Washington y Bogotá, reafirmamos que la solución política del conflicto es el camino que hay que transitar. Es la más alta bandera de las FARC y de un pueblo que nunca ha sido tenido en cuenta por la oligarquía gobernante. Estamos dispuestos a emprender, con un nuevo gobierno, la titánica tarea de la paz con justicia social, con la participación del pueblo, y donde los privilegios de los poderosos cedan ante el bien común.

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Montañas de Colombia, Julio de 2004

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