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Señor Rector. Nos parece pertinente su comunicación para darle continuidad a las reivindicaciones estudiantiles y al debate sobre la educación superior y la Universidad pública en Colombia. El derecho a la educación tiene un lugar importante en nuestra agenda hacia la Paz con Justicia Social, aunque esta no se encuentra en la misma escala de prioridades del gobierno, negado a discutir problemas centrales de la realidad nacional.

Su carta permite ampliar las opiniones y propuestas en el marco del tema que nos ocupa en éste momento en la mesa: la participación política y ciudadana. En particular, sobre las garantías plenas del ejercicio de la oposición, la cultura política para la participación, la paz, la reconciliación nacional, el derecho a la protesta, la movilización social y popular. Temas estos también objeto de su preocupación, según leemos en la misiva.

Recordará usted que ene este último lustro han sido los estudiantes principales protagonistas esperanzadores de las posibilidades de cambio que puede generar un pueblo en movimiento. Fueron especialmente los estudiantes universitarios quienes le mostraron al país las verdaderas intenciones de la reforma a la educación propuesta por la administración de Juan Manuel Santos. Fueron sus movilizaciones las que evidenciaron la asfixia financiera a la cual ha sido sometida la Universidad Pública, con las lamentables consecuencias en cobertura, calidad e investigación. Pero, estos Movimientos han sido estigmatizados injustamente, una y otra vez, por el establecimiento y algunos sectores académicos domesticados. 

Tampoco se debe olvidar, que fue una conquista de los estudiantes la reversa del gobierno a la reforma, obligándolo a retirar el proyecto de ley. Así mismo, debe reconocerse que si se logró así sea una pírrica adición presupuestal de 100 mil millones de pesos al sistema universitario, esta fue gracias a las marchas, concentraciones y otra serie de formas de la protesta popular, incluidos los tropeles en las universidades de todo el país. Aunque esto no resuelve las necesidades del sector, lo sabemos.

Por ejemplo, en lo referido a la de Antioquia, solo alcanza para que el Consejo Académico tenga la pobre aspiración de incrementar 2 mil cupos estudiantiles en los próximos meses del 2013 y 2014. La cifra contrasta con los 34 mil inscritos en el último examen de admisión y con los más de un millón de jóvenes antioqueños en edad de estudiar en la Universidad.  Permítanos citarlo y decir con sus palabras: estamos muy lejos de ver en la “educación superior colombiana un medio cualificado contra la inequidad social”.

Así las cosas señor Rector, no son “advenedizas” las reivindicaciones estudiantiles”, término desafortunado utilizado por Usted. No entendemos la vehemencia con la cual califica e intenta deslegitimar la protesta estudiantil. Su carta está llena de adjetivos que bien pudieran caracterizar el régimen de terror en Colombia y sus prácticas contra la oposición, negando toda posibilidad de diálogo democrático. Allí encontrará muchas justificaciones de la capucha utilizada como mecanismo de protección.  No es simple coincidencia que en iguales términos sean señalados campesinos, mineros y trabajadores en pie de lucha por todo el territorio nacional, con consecuencias lamentables como los cuatro mártires del Catatumbo.

En ese mismo sentido, hemos notado con cierta extrañeza, que algunos sectores académicos encerrados entre las mallas universitarias (no toda la comunidad universitaria de la cual nosotros también hacemos parte), se han ensañado contra la protesta estudiantil. El mismo tono no lo encontramos para denunciar las causas que originan el conflicto armado, la inconformidad del pueblo y sus justas luchas en todas sus formas. Sobre esto hay un silencio estruendoso y la pluma no se mueve. Menos aún, hemos leído de parte de esos sectores, la denuncia del abuso de la fuerza del ESMAD y otros esbirros no solo contra los estudiantes, sino contra quien decida, con todo el derecho, a recurrir a la protesta como mecanismo de participación.

No podemos compartir sus afirmaciones sobre el movimiento estudiantil. Ya es lugar común señalar a las organizaciones revolucionarias en términos de las únicas responsables de los efectos de la confrontación. Por otra parte, no puede ser que se ubiquen en el mismo nivel los costos de las decisiones de la tecnocracia neoliberal y los de un legítimo tropel universitario. Hay que guardar las proporciones.

Sin embargo, pese a las posiciones diferentes en las que nos encontramos, estamos dispuestos a crear conjuntamente los escenarios de discusión sobre las causas y las consecuencias de esta guerra contra el pueblo, incluyendo nuestros errores si fuese el caso. Hay otros sectores obligados a asumir responsabilidades. Por acción o por omisión, son tanto o más responsables que los estudiantes encapuchados en la lamentable situación de la Universidad pública y en las consecuencias del conflicto armado.
¡El Tropel es la Dignidad de la Universidad!

Saludos, atentamente Jesús Santrich, integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP.

Puede leer también: El rector de la Universidad de Antioquia habla en nombre de la comunidad universitaria. ¿Con qué derecho?


Carta Original:


Carta abierta a la mesa de diálogo y negociación para la paz en Colombia
Medellín, junio 20 de 2013
Señores
Mesa de Diálogo y Negociaciones para la Paz en Colombia
Ciudad de La Habana, Cuba

Los saludamos con el optimismo sobre nuestro futuro puesto hoy en el proceso de negociación que ustedes lideran.

El pasado 13 de junio, un grupo organizado de encapuchados se tomó por la fuerza durante más de cuatro horas el campus principal de la Universidad de Antioquia. A nombre del llamado Movimiento Bolivariano, arropado con la bandera de las Farc-Ep y mediante inusitado despliegue de fuerza violenta, militarmente organizada, amedrentó, amenazó, violentó y desalojó oficinas y laboratorios en los cuales manufacturó sus pertrechos, interrumpió las labores universitarias, atoró el tránsito circunvecino y puso en riesgo la integridad y la vida de miles de personas.

Prevalidos de la liberalidad ideológica que caracteriza a la Universidad y de su inerme capacidad de respuesta a la violencia, estos grupos que abusan de la indefensión de la universidad pública hacen más daño a la causa que dicen defender, porque al deteriorar con sus desafueros la infraestructura y la disposición anímica, al retrasar las labores académicas y al menoscabar la imagen de sus estudiantes y egresados, aumentan los costos de la educación superior y debilitan el logro de los propósitos por los cuales miles de jóvenes ingresan a ella apoyados por sus familias; además, debilitan el positivo impacto social que la universidad pública pretende; pero también hacen daño porque fortalecen los argumentos de los adversarios del actual proceso de negociación del conflicto colombiano que ustedes lideran a nombre de las partes.

No puede pasar inadvertido para la Mesa de Negociaciones el abuso que los violentos encapuchados hacen sistemáticamente de la universidad pública colombiana arrogándose advenedizas reivindicaciones.

Nuestro indeclinable apoyo a la labor que ustedes vienen realizando en búsqueda de salidas racionales al inveterado conflicto colombiano no sufrirá merma por esta afrenta irracional de los encapuchados que actuaron a nombre del llamado Movimiento Bolivariano; pero rogamos que en la Mesa se hable con vehemencia sobre esta clase de actuaciones bélicas aclarando si esos grupos actúan a nombre de la guerrilla en proceso de negociación; porque de ser así, están cambiando la razón de ser de la Universidad, la cual pasaría de ser una institución educativa y por tanto de paz a un campo de guerra.

A raíz de estos últimos hechos, la comunidad universitaria se ha pronunciado en forma contundente, radical y categórica en contra de la violencia, rechazando el ejercicio de poder mediante el uso y abuso de la fuerza, de las armas, de las acciones de hecho, de conductas delictivas y dolosas. Por esta razón hacemos eco del clamor de nuestros profesores, alumnos, egresados y empleados: Exigimos el respeto por nuestra labor y por la universidad pública.

En cualquier caso y contra estos insucesos, mantenemos incólume la decisión de hacer de la educación superior colombiana un medio cualificado contra la inequidad social.

Atentamente,
ALBERTO URIBE CORREA

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