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“La Patria es preferible a todo”. Simón Bolívar.
El Coquí canta su canto libre arrullado con la brisa del mar; suenan palillos y tambores y el aire bantú de la bomba, “cámara”, se enreda entre las ráfagas de timbales que vienen cargadas con el eco sempiterno del Grito de Lares. Se estremecen las Antillas cuando, en coros y pregones, viene la voz de “El Jefe” cantándole al Viejo San Juan; gime el viento acariciando las olas y el murmullo de las horas nos cuenta que los cultores de las artes y las justas luchas de los pueblos de todos los tiempos, se han congregado para decir el “adiós” que ha de sembrarla a ella más hondo en nuestros corazones: adiós, adiós, adiós Borinquén querido; adiós, adiós, adiós Lolita boricua, Lolita antillana, Lolita libertad.

“...la montaña está en la sangre en tantas calles... la montaña está pariendo el porvenir de este planeta”
(canción Vida, Vicente Feliú)

 


El movimiento de resistencia civil en Colombia es tan fuerte y claro en su objetivo, que desespera a la oligarquía. Le falta un despertar, multiplicar...y un salto para el asalto.

Roque Dalton, inolvidable hijo de pulgarcito.

Esta nota inspirada en el inmensurable amor del poeta salvadoreño Roque Dalton hacia la revolución cubana y hacia la causa de la emancipación y el socialismo, la inicio expresando la profunda admiración que guarda mi corazón guerrillero, fariano, por el heroico pueblo del Apóstol Martí, y el cariño inmenso que desde siempre ha florecido en mi conciencia por el entrañable Comandante Fidel, uno de los indiscutible conductores de la emancipación continental.

Después de una ensordecedora campaña propagandística y psicológica sobre la existencia de Repúblicas Independiente dentro del territorio colombiano; que estarían dirigidas por comunistas y amenazaban la integridad y soberanía nacional; todos los poderes del Estado, las élites y sus organizaciones, se pusieron en pie de guerra. El enemigo a aniquilar se encontraba, principalmente y para entonces en la Región de Marquetalia. 
Cuando se habla de una salida humanitaria al problema de los cautivos de uno y otro bando, en el marco de la confrontación política, social y armada que vive Colombia, muy pocos son quienes desde la orilla de la oligarquía tienen la sensatez de referirse a los guerrilleros que se encuentran prisioneros en las cárceles del régimen.


Proclaman a los cuatro vientos que somos una "narcoguerrilla" y pretenden que la gente crea que el problema real detrás del narcotráfico somos las FARC, tercamente negando que la problemática del narcotráfico es un problema social. Y lo es, tanto para los campesinos pobres que cultivan la hoja de coca, como para los -igualmente pobres- pequeños vendedores de drogas que viven en las calles de Chicago o Amsterdam. Mientras tratan a los productores de coca, amapola y marihuana  y sus consumidores como criminales, las instituciones del Estado son cómplices de las actividades de los grandes cárteles de la droga, cuya existencia depende de la connivencia de las autoridades.


Buena parte de los balances del 2012 sobre el conflicto social-armado en Colombia atribuían al inicio de la mesa de conversaciones la derrota estratégica de las FARC EP, término acuñado por el gobierno de Santos y sus Fuerzas Militares para influenciar la opinión pública e infundir confianza en su estrategia, lo cual no tiene asidero en la realidad, sino más bien en los sueños del mandatario y su ministro de guerra.

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