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Por más de 40 años la sociedad colombiana ha sido escenario de una intensa y creciente lucha entre las fuerzas de la dominación oligárquica-imperialista y las que pugnan por la verdadera democracia, la revolución y el socialismo.

Bien lo mencionó el comandante Jesús Santrich frente a sus combatientes en el aula de su campamento bolivariano de dignidad, si las opciones son la muerte y la cárcel, nos tendrán que matar, porque nunca nos verán rendidos.

 

La escena se desarrolla en los subterráneos de una edificación colonial próxima a la ciudad de Santa Marta, distante 740 kilómetros, al norte de Bogotá.

El video permite apreciar la ardua labor de excavación del comando guerrillero y el sitio exacto donde fue hallada la espada. El lugar es un recinto construido en adobe y cemento romano, de 5 metros de largo por 3 de ancho, y en él se observa una gran cantidad de escombros y arena, producto de la remoción. 


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El comandante Ivan Marquez presenta la espada de combate del Libertador a los pueblos de Nuestra America.

Lo que más impresiona de este hombre de obras tan grandes es su sencillez, su fuerza de carácter, su dulzura y su determinación, sus conocimientos teórico-políticos y un corazón enorme, que le permite crear una empatía positiva en quien lo escucha y se queda encantado para aprender de él. Jesús perdió la visión por culpa de una enfermedad crónica, pero como recuerda él, “basta la luz del alma para ver en las tinieblas”.

(Reflexiones sobre cómo alcanzar la paz verdadera)
 
Las expresiones políticas del bloque de poder dominante, conservadoras o liberales, santistas o uribistas, en últimas neoliberales fascistas unos y más fascistas otros, seguirán bendiciendo con elecciones y politiquería clientelar de la más barata, esa que se hace con mermelada y feria de cargos, su reparto del poder, sin resolver  por las buenas las causas de una confrontación de clases de más de medio siglo. De contera, según se ve parece que siguen pensando que en La Habana lo que cabe es el sometimiento de la insurgencia y su posterior encarcelamiento, mientras a gran parte de la izquierda o de los sectores democráticos se los trata de meter en el redil del oportunismo o del miedo y, en últimas, en el sofisma de definirse por la paz o por la guerra, representando estas opciones dentro del falso dilema maniqueo en el que el uribismo es la guerra y el santismo es la paz. Se pretende que pasemos por alto que ambas cabezas de estos sectores del bloque de poder dominante son la encarnación, con matices, del militarismo, la plutocracia y la entrega a Washington.
En estos momentos, cuando las FARC-EP hacen su enorme llamado a empuñar de manera decisiva la espada del libertador impulsando el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, la eterna carcajada llena de optimismo del Comandante Jacobo Arenas vuelve a retumbar en las montañas, con un eco sonoro que se mete por todos los rincones de la patria. Su carcajada libre como el viento, lleva en su melodía, la música emancipadora de su pensamiento inspirado en los ideales del Libertador.

Con la aprobación de la reforma al fuero militar, después de un fuerte debate sobre sus puntos más polémicos (que son prácticamente todos), la población quedó expuesta a las bestialidades que bajo su mampara legal, las fuerzas militares y todo el estamento castrense, llámese como se llame cada dependencia, quiera cometer contra la ciudadanía.