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Este mes de mayo, al cumplirse 13 años de los hechos dolorosos de Bojayá, estamos en la distancia del tiempo, pero en la cercanía del corazón de un mismo pueblo, nuevamente expresando nuestro sentimiento de dolor por aquellos hechos que nunca debieron ocurrir, tejiendo la memoria por lo acontecido, recordando además lo que en diciembre del año pasado, 2014, les manifestamos acá en La Habana ante testigos nacionales e internacionales a las víctimas de esa tragedia, así como a sus comunidades y organizaciones acompañantes, entre ellos a la Iglesia y a otras instituciones.

Uno de los aspectos puntuales del ideario bolivariano es el antiimperialismo. Bandera absolutamente vigente, más aún en la actualidad en la que el mundo sufre el imperio más poderoso que haya existido sobre la faz de la tierra, con su estela inherente de represión, expoliación, explotación y usurpación de los derechos de los pueblos, todo en beneficio de sus intereses, ahora presentados como la seguridad estadounidense y defensa de la democracia occidental.
Hablar de Bolívar es hablar de abnegación, es hablar de sacrificio, de entrega, de ideales nobles... es hablar de lucha, es hablar de patria, de valentía, de justicia... de amor al pueblo, de libertad. Todos los monumentos levantados, todas las palabras dichas o escritas describiendo su gesta... todo lo que se ha hecho para definir, describir o valorar su vida toda como hombre y como padre libertador, no basta para entregar el discurso preciso que se aproxime pleno a lo que fue su realidad. No obstante, conocer de Bolívar su condición, no de mito sino de genio rebelde, de hombre pueblo vuelto liberación, es suficiente para inmortalizarlo en la memoria historial del universo y entenderlo como la huella necesaria que indica la ruta para emprender las nuevas luchas hacia la conquista de la nueva liberación.
Con su espada sangrante empuñada, sobre la Pacha Mama y sobre los aborígenes templos saqueados y destruidos, el conquistador levantó sus propios templos para imponer el señorío de un rey extraño. Sobre los lomos de los indios, de sus poetas y cantores, de sus amautas y guerreros, se hizo la riqueza que usurpó como dueño el conquistador.

En defensa de la utopía, como homenaje al Comandante Manuel Marulanda Vélez, el Héroe Insurgente de la Colombia de Bolívar.

El fenómeno mundial del capitalismo, para ser superado de manera definitiva, mirando hacia el horizonte de la utopía comunista, tendrá que chocar con un fenómeno de revolución socialista de alcance mundial que –con seguridad– irá, como diría Lenin, rompiendo con la cadena imperialista por los eslabones más débiles. En todo caso, de la realidad, de nuestra propia historia y circunstancia, ha de nutrirse el marxismo siempre auscultando en cada rincón del tiempo y el espacio para visualizar la marcha de la sociedad, influyendo en ella, transformándola, sin quedarnos esperando a que las condiciones nos caigan de los cielos.

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“Para nosotros, la patria es la América”.
Simón Bolívar.
Proclama a la División de Urdaneta en 1814

1. Rendimos homenaje a Simón Bolívar en su natalicio número 226. En esta oportunidad destacamos una vez más el proyecto de La Patria Grande que impulsó desde los albores de su acción libertadora, al considerar que empezar en Venezuela era poner la piedra fundamental de la libertad Sur americana. (Caracas, 1811). La historia le compensaría. Años después lo dijo con otras palabras: “La reunión de la Nueva Granada y Venezuela es el objeto único que me he propuesto desde mis primeras armas: es el voto de los ciudadanos de ambos países y es la garantía de la América del Sur.” (Congreso de Angostura, diciembre de 1819). Proyecto que orienta hasta hoy, con Manuel Marulanda Vélez.

El papel del Estado colombiano en beneficio de determinadas clases sociales es abiertamente manifiesto en lo relacionado con los procesos de despojo y reconcentración de tierras a manos de la oligarquía latifundista. La utilización de la violencia narcoparamilitar es espina dorsal de sus proyectos económicos; de ahí los millones de desplazados, entre campesinos, comunidades indígenas y afro-colombianos, fruto de esta política.