• 1

 

Ya quisiera ver Álvaro Uribe, el repulsivo ministro Juan Manuel Santos y sus secuaces, a Daniel Piñacué y a toda la dirigencia indígena que hoy eleva las mismas exigencias de Quintín Lame, con la soga al cuello o expuestos como animales en las cárceles tal como lo hicieron con el dirigente caucano en 1917.

Por el momento sus pérfidos procedimientos de guerra sucia tendientes a presentar las justas protestas como acciones terroristas, han sido desenmascarados. El mismo Uribe, después que las imágenes de televisión mostraron al funcionario policial accionando un fusil contra los manifestantes, ha tenido que aceptar que la policía disparó contra los indígenas, y así persista en no admitir que los muertos son consecuencia de su brutalidad militarista, esto es más que evidente. Al menos, por el momento será difícil que sigan presentando a los miembros de la fuerza pública como víctimas y como héroes.

Así van las cosas…, y con las protestas indígenas crece la protesta social en Colombia. De tal suerte que el grito ¡que viva la resistencia indígena!, ¡que viva la resistencia popular!, debe estar ahora más que nunca en el corazón de los colombianos, traduciendo los más profundos sentimientos de identidad con la causa de los pobre de la tierra, según debe ser el pensamiento de un patriota verdadero en esta hora de fascismo en que, a toda costa, los explotadores y sus representantes que detentan el poder, quieren criminalizar y aplastar a sangre y fuego la protesta social.

Con la voz de los oprimidos, con la voz de los indígenas, con la voz de los campesinos, en nuestra indignación de patria deben levantarse hoy las acciones de oposición a este régimen fascista empeñado en la guerra fratricida y en la entrega de la soberanía a la recolonización imperialista.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar