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     1. Por la suficiente y justa recuperación de tierras.

     2. Por la ampliación de los resguardos.

     3. Por el fortalecimiento de las autoridades indígenas.

     4. Por la total eliminación de los métodos de explotación y de usurpación de los terratenientes, que evocan las serviles práctica del terraje y las humillantes imposiciones de la conquista.

     5. Por el saneamiento y la autonomía territorial.

     6. Por el reconocimiento de la cosmovisión, de las prácticas, usos y costumbres de los pueblos originarios, de sus normas, de sus maneras.

     7. Por que se respete y asuma como parte de lo que es nuestra identidad y nuestra patria la historia, la lengua y las tradiciones de los pueblos amerindios.

     8. Por el reconocimiento y el resarcimiento a todas las violaciones cometidas contra los pueblos indígenas; especialmente por el derecho a la vida, a la dignidad y a la libre opción política.

    9. Porque se levanten los bloqueos militares y las políticas de tierra arrasada que se aplican contra la mayoría de los territorios de los los resguardos, tal como ocurre en la Sierra Nevada de Santa Marta y tantos otros lugares a lo largo y ancho del país.

    10. Contra el Tratado de Libre Comercio, megaproyectos de depredación y el inhumano neoliberalismo que avasalla y mata.

Es imperativo ético, patriótico, humanitario..., dar respaldo a estas demandas; a las exigencias, además, que las comunidades indígenas han levantado en cuanto a que se reconsidere el cuerpo normativo de aguas y bosques, entre otras justas reivindicaciones vilipendiadas por el régimen albocrático que impera en Colombia.

La solución a los problemas sociales múltiples de las mayorías empobrecidas, de los campesinos, de las llamadas minorías étnicas…, y especialmente el resarcimiento al indígena, luego de tanto abandono gubernamental, después de tanta segregación y maltrato, es una condición inaplazable si se quiere lograr la reconciliación y la anhelada paz en nuestra desangrada Colombia.

Las jornadas de resistencia de estos días de octubre y noviembre, nos han demostrado el ingente potencial transformador que está en las manos de nuestro sufrido pueblo; sobreponiéndose a la reiterada indolencia del régimen nos han demostrado que en él está la esperanza para lograr ese mundo mejor que ha de salvarnos de la hecatombe que está suscitando el imperialismo.

De tal manera que sumar voluntades, conciencias y todo tipo de emprendimientos en favor de estas sentidas voces, que se han levantado como flama desde el combativo Cauca y desde toda la fragua de la conciencia indiana y de la resistencia popular, impondrá la magistratura del sol, una nueva era de maíz fructificando entre los dolores y el arrojo, desde la inocencia sin codicias…; porque, debemos recordar siempre, más que utopía ha sido la naturaleza de nuestros pueblos originarios, de nuestros empobrecidos mestizos pueblos campesino y de barriada, cuando no se mancha de capitalismo la natural esencia de su todo, donde no hay carneros que se comen a los hombres; con sus papas y ullocos, con sus cuyes y vicuñas, con sus quinas y romeros, con sus ocas y cacaos, con sus sagradas plantas curativas, con su arte, su sensibilidad, su magia y profunda sabiduría, que han concebido y vivido la tierra como el verdadero paraíso eterno de los hombres en quehacer colectivo, poniendo el nosotros a primar en el reino del amor, aun en medio de las vicisitudes de la miseria impuesta en campos y ciudades por los tiranos de la plusvalía.

Hermosa realidad es la tradición más profunda de nuestro ser indoamericano; paradigma urgente para la sobre vivencia del orbe amenazado a cada instante por la contaminación y la destrucción, por la avaricia y la depredación de las trasnacionales y del capitalismo local que, en su profunda crisis estructural, sobredimensiona su perversidad.

 

La creciente presencia anti-imperialista, anti-neoliberal, de los pueblos originarios, en defensa del planeta, del ser humano, de la naturaleza…, de la vida, evidenciada con tanta contundencia, con tanta fuerza en todo el continente latino- caribeño en este octubre próximo pasado, y dentro de ella las manifestaciones valerosas de los indígenas colombianos apoyadas por los sectores más oprimidos y humildes de la Colombia comunera, nos esperanzan en que no está lejos la hora de la emancipación. Todo tiene su tiempo; con certeza, todo tiene su tiempo.

Como en el mito del Incarry podríamos decir, sin falsa expectativa, con fe absoluta, que ya va siendo el momento de la unión de las partes para vencer, “Pay qespiqtinqa, juisuispas kanqacha” (Cuando él se haya reconstruido deberá realizarse quizás el juicio); para los opresores, para los oligarcas, para los imperios el juicio, con los signos de la Patria Grande del mestizo pueblo, del indígena y negro pueblo, con el signo del “macrocosmos de la raza humana” coreando andespi, orqopi, Tupac Amaru

Lundumpi Bolívar;

Andespi, orqopi Bolívar

Lundumpi Manuel Marulanda;

Con el grito de Vilcabamba, de Guazabara, del Peñón de la Tálaga, de Boyacá, Carabobo, Junín , Pichincha, Bomboná, ¡Ayacucho!, ¡Ayacuchu!…; con el grito de unidad diciendo suyay kuway nispa Bolívar; suyay kuway nispa Tupak; suyay kuway nispa Marulanda; ¡suyay kuway, suyay kuway!…; espéranos, espéranos, en el Inti-Raymi de la victoria, en el triunfo de la minga…, levantando del socialismo las banderas, con las manos de los pueblos para gritar al viento ¡suyay kuway nispa libertad!

Pero esa consigna de la conciencia colectiva de Nuestra América lanzada al viento, ha de darse, sí, con la mejor valoración a la humanidad de maíz y de mandioca, amalgamada eso si con la tambora y el batá de los orichas, en argamasa con sangre de negra y mestiza esencia, sumando las polifonías historiales de la madre tierra, de Niwi Zaku, seguramente en la doble latencia del kultrún y la trutruka; aunando los sueños de los hermanos del pehuén y de la nieve, los sueños de los hijos del weichafe viento, de Leftraro flecha…, del valiente hijo de Curiñanko.

Los pueblos originarios, tarde que temprano en el mismo caudal de todos los pobres de la tierra hemos de concretar la hora buena de la vida en justicia, arrullados con los antiguos rumores del Bio-bio y del Toltén, con las esperanzas milenarias de los herederos australes del Wallmapu, hechas de milenarios pehuenes y piñones, de las aguas del Itata..., de las legendarias tierras del Nahuelbuta, que eternizada guardan la historia de Colocolo, de Caupolicán, de Mareande… y del gran Leftraro; con la memoria de Manuel Rodríguez y de Allende…, con el valor del austral pueblo de cobre, heredero del centauro de nevada terrosa hechura. Viniendo, digamos, desde el austral Arauco hasta el Río Bravo, recogiendo los sueños de Zapata, de Villa, de Flores Magón; recogiendo las voces de Tiradentes, Prestes y Mariguela…; las guaraníes voces, las incas voces..., las mestizas voces de los hijos de Artigas, de Cerpa Cartolini, de Fabricio Ojeda, de Jacobo Arenas…, de Morazán como de Sandino, de Fonseca Amador como de Martí y de Torrijos; de Shafik como de las guatemaltecas quiches voces; de Anacaona..., de Enriquillo como de Caamaño..; fundiéndonos en abrazo Andino, de llanura, de selva, de mares…, con el calor de la rebeldía de los pueblos en lucha por la libertad…, incluyendo, como no, a los herederos de Oceola, de Jerónimo de las Montañas Rocallosas, de Tekumse, de Halcón Negro, Toro Sentado, Caballo Loco..., y de los mártires y dolientes de Bad Axe, Wounded Knee y la Caravana de las Lágrimas...; es decir, también con los sueños de los originarios y de los empobrecidos pueblos de Norteamérica que no vergüenza sino orgullo sienten de hijos como Martin Lúter King ó Mumia Abu Jamal.

Porque confiamos irrestrictamente en la capacidad emancipatoria de los oprimidos, tenemos absoluta fe en el credo de su lucha, en el cometido de sus convicciones, en las certezas de su conciencia… Sólo de su perseverancia, lo sabemos, es que podrá emerger el porvenir para nuestra patria que es el gran todo continental. Lo que hagamos deberá echar raíces en la historia propia, porque la virtud se forja sólo si existe conciencia de nuestro ancestral pasado, con inagotable anhelo de superación, porque no hay aurora que no se anteceda del ocaso y de la noche, porque no hay cosecha sin que madure la siembra, porque sin tradición ni identidad no seríamos nada como pueblos…; porque en los revolucionarios la marcha tiene la dimensión de lo infinito, y hasta de lo imposible.

Estamos del lado del ideal de la patria multiétnica, del lado de los que bregan por la unidad y la síntesis de la múltiple raza colectiva, o como diría el propio Libertador, el macrocosmos de la raza humana: indígenas, negras, y mestizas esencias en ese todo de lo real maravilloso que jamás deberá denigrar ni excluir a ninguno de los pueblos ni razas del orbe, en el todo de la Awya Ayala, de la América Nuestra, de la Patria Grande que es como un mágico crisol de futuro y del mundo nuevo socialista que queremos y que haremos.

 

¡KACHKANIRAQMI! decimos; ¡porque todavía somos, porque aquí estamos! nuestra fuerza y nuestra conciencia va con absoluta determinación al lado de los resistentes que marchan hacia Bogotá; con los dolientes de los millares de víctimas de esas infames atrocidades del régimen a las que han llamado falsos positivos marchamos; con los que sufren a los miles de desaparecidos avanzamos…; con los desplazados y desempleados queremos nuestra suerte echar; con los que sueñan una Colombia Nueva continuaremos; con las luchas de los oprimidos, con la MINGA DE LA VIDA Y LA DIGNIDAD es que estamos, de conciencia y de corazón, como con certeza está la Colombia sufrida y victimizada por la jauría fascista que retoza su sed de sangre desde el poder.

 

“nada nos detendrá si el pueblo nos ama”

¡Viva la resistencia popular!

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