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No existen los “misterios de la Historia”.
Existen las falsificaciones de la Historia,
Las mentiras de quienes escriben la Historia.
Roque Dalton.

Específicamente, al lado de algunas precisiones necesarias, daré en este texto cordial, algunas opiniones breves, sin mayor profundidad, respecto al libro de reciente publicación titulado La paz en Colombia. El objetivo, contribuir un poco a que se genere un mayor conocimiento entre revolucionarios, que profundice la hermanación que tanto requiere la urgente necesidad de unidad entre los pueblos que lucha contra el imperialismo y por la segunda y definitiva independencia.

En esta ocasión, comienzo por rendir homenaje a todos los revolucionarios que han entregado sus vidas por elevar al cenit de la esperanza los principios comunista, sobre los que se levanta el ideal de una sociedad sin explotadores ni explotados; especialmente hoy evoco el nombre de Roque Dalton, por sus sueños que aún no hayan sido pero que inexorablemente serán.

En uno de sus militantes versos aguerridos, decía el autor de Alta Hora de la Noche:

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre

Porque se detendría la muerte y el reposo.

Tu voz que es la campana de los cinco sentidos sería el tenue faro buscado por mi niebla.

No será entonces, en vano, que mencione su nombre. Lo hago con orgullo y devoción, porque aunque asesinado por esa escoria inmoral que es Joaquín Villalobos, Roque estará siempre vivo en los corazones insurgentes de quienes compartimos sus sueños.

Pero, aún si muerto fuere, entonces, qué glorioso sería que nos abrace su bruma, y qué satisfacción tendría la pronunciación de sus “sílabas extrañas”; decir “flor, abeja, lágrima, pan, tormenta”.

Seguramente las “once letras” del nombre del poeta le suenen a blasfemia a quienes comparte el pecado del crimen que pretendió anularlo; pero, para quienes le amamos, Roque Dalton es apotegma de la justa rebelión del oprimido, un signo de camaradería…, un eterno paradigma de lucha, a pesar de la infamia de quienes le fusilaron cobardemente; él no sólo seguirá viniendo “desde la oscura tierra” sino desde cada rincón donde el anhelo de la emancipación se mantenga vivo, abonándose, aún con “su silencio”.

Confianza tuve y certeza en su “yo volveré yo volveré”; en que su ceniza, como la del Che, jamás desaparecería con el viento. Porque, “condenado” estaba él, también, a resucitar para quedarse a la izquierda de los hombres exigiéndoles que apresuren el paso por los siglos de los siglos.

Continuaría diciendo, siempre en memoria y honor de Roque Dalton, que aún no entiendo el sentido de su mención en la Introducción al in-prologado libro del Comandante Fidel. No obstante, expreso mi alegría por su remembranza, no sin lamentar profundamente que sus colaboradores y amigos en el continente no le hayan advertido, durante tanto tiempo, sobre de quién era la mano asesina que le cercenó al “Unicornio Azul” su paso sobre la tierra.

 

Cuadernos de Campaña y otros asuntos.

Es afortunado que el poeta venezolano Tarek William, hoy gobernador de Anzoátegui, haya puesto en conocimiento del Comandante Castro tal detalle sobre el horrendo hecho, que seguramente es por lo que más detesta la izquierda latinoamericana al fementido Villalobos. Y valga el momento para decir de manera si no concluyente por lo menos enfática, que no murió Roque Dalton, integro revolucionario comunista que abrazó las filas del ERP, “extrañamente asesinado”; que, hace muchos años no es presunto el nombre de su asesino. Fue ese artrópodo infame y desvergonzado al que los yanquis envían por diversos puntos del continente a desmotivar la lucha revolucionaria, ese anuro que hoy pontifica sobre “el arte de gobernar revolucionariamente”, ese gusano que ahora posa de sapientísimo académico de Oxsford, sabandija venal que espeta bazofia tirándoselas de guerrillerólogo, ese rufián vestido de traiciones y maledicencias, ese impúdico elemento que se atreve de manera cínica a decirle a la insurgencia colombiana que “las guerras se ganan en el terreno moral…”, y agrega que “las FARC están moralmente en bancarrota” sin tener la menor idea de lo que ocurre en el seno de la lucha de clases en Colombia; ese gargajo del destino, verdadero agente de la CIA, fue sí, quien asesino a Roque. Y estas afirmaciones no son, ni deben parecer “simples calumnias”. Los dirigentes más excelsos del FMLN podrán dar fe de la aseveración.

Ahora bien, sobre otras precisiones al libro en comentario, expresaría dos o tres cosas que pudieren motivar la lectura y mayor análisis del mismo y, si fuere posible, la rectificación:

Manuel Marulanda Vélez, el seudónimo tomado por el camarada Pedro Antonio Marín para, como guerrillero, enfrentar al régimen, no correspondía o no había sido tomado “en honor a un colombiano que murió en la guerra de Corea”. El primer Manuel fue realmente un miembro del Partido Comunista de Medellín. Hacia 1936 presidió la Federación de Trabajadores de Cundinamarca hasta su muerte, la cual se produjo como resultado de las torturas que sufrió a manos de agentes del Servicio de Inteligencia del Estado, precisamente en una protesta contra la intervención yanqui en Corea. Al respecto se puede indagar mejor en uno de los libros de Arturo Alape que el mismo camarada Fidel pudo haber consultado para escribir su texto: Arturo Alape, Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, Bogotá: Planeta, 2004, pp. 204-211.

Quizás de manera más amplia está explicada su historia, la del Primer Manuel, en un artículo de la Revista Resistencia, de la comisión Internacional de las FARC-EP (la número 36, de octubre de 2006). En la página 6 se encuentra publicado el artículo de Carlos Hernández Ruiz, titulado “El Primer Manuel, un hombre legendario y emblemático”. De la Revista Resistencia se puede consultar su versión digital pdf en la página Web www.bolivarsomostodos.org , sitio virtual en el que existe una modesta información sobre lo que son y por lo que luchan las FARC-EP.

Sin duda al lado de los libros Cuadernos de Campaña (de Manuel Marulanda Vélez), Diario de la Resistencia , Cese al Fuego , Paz Amigos y Enemigos, Correspondencia Secreta del Proceso de paz, Vicisitudes del Proceso de Paz (de Jacobo Arenas), y esos dos magistrales libros del ya fallecido maestro Arturo Alape titulados: el primero Las Vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo y el segundo, Los Sueños y las Montañas son, seguramente, entre otros que no es del caso mencionar, por el momento, las mejores fuentes publicadas a propósito de la historia de las FARC-EP, que en su amplio espectro aún está por escribirse.

De tal manera que es muy valiosa la recuperación de citas de algunos de los materiales, que para hacer su trabajo consultó el Comandante Fidel. Pero valga decir que si bien en el libro La paz en Colombia se es riguroso en la transcripción de lo citado, atendiendo fielmente a la fuente originaria, el ir dando los necesarios saltos que implica el método escogido, puede suscitar errores involuntarios al dejar, sin advertírselo al lector, la secuencia entre los párrafos de uno u otro documento que hagan parte de capítulos diferentes de un libro aludido; tal como se presenta de bruces en las páginas 63 a la 66 de La Paz en Colombia, por ejemplo, en el sentido que pasa por alto el camarada Fidel que, al iniciar el párrafo 8 su cita corresponde ya a un capítulo que no tiene que ver precisamente con la etapa de los años 50, que es a la que se refieren en esencia los Cuadernos de Campaña.

Estoy describiendo lo que ocurre respecto al capítulo de Cuadernos de Campaña titulado por el camarada Marulanda Vélez como Algunas Reflexiones, en las que el Héroe Insurgente de la Colombia de Bolívar, genio de la guerra de guerrillas, analiza el momento en que se inicia la etapa guerrillera de Marquetalia, circunscrita en su momento cumbre a la resistencia de los años 60. Especifica allí Marulanda algunas razones fundamentales, además, que permitieron mantener la combatividad y que posibilitaron la realización de la Primera Conferencia del Bloque Sur y la Conferencia Constitutiva de las FARC.

En síntesis, el punto de error está en que una vez el comandante Fidel nos lleva en su libro hasta esta nueva etapa de desarrollo de la guerrilla de las FARC, desatiende a que está en un momento que posee sustanciales diferencias de cualificación respecto a las guerrillas inconexas de los años cincuenta. Así, entonces, sin explicación alguna se vuelve de repente a los años cincuenta pegando, a partir del 7° párrafo de la página 65 del libro de Fidel, una cita que corresponde a un capítulo de los Cuadernos de Campaña titulado Documentos, la cual procede del tercer párrafo del texto original, y que en esencia lo que caracteriza es efectivamente la guerrilla de los cincuenta y no la guerrilla que había pasado ya por la Constitución del Bloque Sur y que incluso había establecido el Estado Mayor que convocará la Conferencia Constitutiva del naciente movimiento.

Entiéndase entonces, para ser rigurosos en el análisis, que cuando Marulanda habla de “El defensismo "puro” que llevaba a algunos movimientos a responder a los agresores y nada más” y que “imponía a la vez cierto localismo y en el mejor de los casos regionalismo que impedía considerar, plantear y emprender tareas nacionales con más definido criterio político hacia el derrocamiento de la dictadura”, está aludiendo a las guerrillas liberales de antes de la Operación Marquetalia. Más precisamente indica grupos de los Llanos, Tolima y Antioquia, que teniendo “en su seno los elementos característicos de las causas que los habían hecho nacer”“su mejor organización en relación con los demás”, tenían en común deficiencias que debían ser resueltas. Y a ellas se refiere muy en breve en el capítulo mencionado. Si se prosigue escrupulosamente la lectura de los Cuadernos de Campaña se observará que es sumamente claro que los grupos sobre los que hace su observación Marulanda son los que para ese momento tienen conducción liberal, pero en el libro de Fidel la alusión que corresponde a los grupos de los años cincuenta, al pegarla como cita queda refiriéndose al núcleo que ya se había cohesionado en la Conferencia del Bloque Sur. Desacierto total, que consistente en confundir etapas de características sustancialmente diferentes; incluso, se confunde lo que fue La Primera Conferencia Nacional del Movimiento Popular de Liberación Nacional realizada en Viotá en agosto de 1952, con la Primera Conferencia del Bloque Sur, convocada por el Estado Mayor de la resistencia que se encontraba en Riochiquito con posterioridad a la muerte en combate del valiente guerrillero Isaías Pardo; es decir, 13 años después. y aún con

Esta Conferencia, que es una de las nueve que las FARC-EP cuentan en su historia, a partir de lo que se considera su fecha simbólica de fundación en mayo del 64, fue realizada en el fragor de los combates de 1965.

Por el momento, desearía cerrar esta primera nota referida al importante libro del Comandante Fidel, aceptable intento en cuanto a tratar de formular una valoración de las FARC y del conflicto colombiano, expresando que estoy convencido de que ha sido la falta de conocimiento del recorrido histórico de nuestra organización; la falta de contacto, no mediatizado, con su dirigencia, lo que posiblemente ha impedido que camaradas de otras latitudes entiendan con suficiencia la lógica de nuestras concepciones y nuestras acciones; tal como se nota, verbigracia, en el desafortunado libro Transparencia de Enmanuel, del Embajador de Cuba en Venezuela, el apreciado Profesor Germán Otero, en el que en no pocas ocasiones se toma como fuente el internet para poder recabar datos sobre asuntos cruciales, respecto a los cuales no se pueden establecer criterios si no se tiene información de primera mano. Tremenda incuria conduce a producir un documento ligero, vano en la interpretación de una realidad tan compleja como la colombiana…; pueril en sugestiones que terminan indicando a las FARC como organización innecesariamente intransigente, y hasta necio o insensato cuando bosqueja contextos que sugieren responsabilidad de las FARC en la existencia del narcotráfico.

Me atrevería a sugerir, a quienes deseen introducirse en el conocimiento de esta temática, abordar la lectura del libro de reciente publicación titulado Manuel Marulanda Vélez, el Héroe Insurgente de la Colombia de Bolívar. Pronto estará accesible en el sitio Web antes mencionado.

Finalmente, quizás otros serían los puntos de vista si se supiera sin dubitaciones, que nosotros también actuamos con las mismas convicciones, por ejemplo, plasmadas en la Primera y la Segunda declaraciones de la Habana. Que compartimos, incuestionablemente, aquello de que “frente al hipócrita panamericanismo que es solo predominio de los monopolios yanquis sobre los intereses de nuestros pueblos…” la opción es la militancia en el “latinoamericanismo liberador que late en José Martí y en Benito Juárez…”, y, naturalmente, en las banderas de Bolívar. También “actuamos por libre y absoluta determinación propia”, convencidos de que “la democracia no puede consistir solo en el ejercicio de un voto electoral, que casi siempre es ficticio y está manejado por latifundistas y políticos profesionales”. Plena vigencia tiene la idea de que “La democracia, además, sólo existirá en América cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos, a la más ominosa impotencia”. Que enteramente hemos atendido y seguiremos atendiendo a la convocatoria hecha “a todos los oprimidos y explotados, para que defiendan, por si mismos, sus derechos y sus destinos”. Y que bien hemos asumido y aprendido sobre “el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que estos se encuentren… ¡Todos los pueblos del mundo son hermanos!”, más allá de los intereses de Estado.

En fin, fieles a nuestros sentimientos Martianos, hemos llegado a la absoluta disposición, de estar todos los días en peligro de dar nuestras vidas por nuestro país y por nuestro deber…, siempre en función de la América Nuestra y de los pobres de la tierra, junto a quienes queremos nuestra suerte echar.

Nos es impensable, entonces, dejar de alentar a la liberación y a la toma del poder político para los oprimidos, tal como lo hacía la Segunda Declaración de la Habana; nos es impensable no seguir mirando a través del prisma del Mensaje a la Tricontinental.

Sabemos por todas esas enseñanzas que nuestros adversarios tendrán “las peores armas de la represión y la calumnia” contra nosotros.

Pensamos, ineluctablemente, que “Las condiciones subjetivas de cada país, es decir, el factor conciencia, organización, dirección, pueden acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano, en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce”. Nada ni nadie nos convencerá de lo contrario; sobre todo, porque nuestra mayor persuasión es que “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Y si ese es el deber, pues haremos lo que corresponda, que no es precisamente “sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo…”

Con este espíritu, Camarada Fidel, es que establecemos nuestras relaciones fraternas con el movimiento revolucionario de todas partes, respetando y siendo comprensivos con quienes tengamos divergencias no antagónicas, dispuestos en todo caso, a dar la vida por nuestra causa, y convencidos de que si morimos como los de Cuba, los de Playa Girón…, los de Marquetalia, Palestina…, o los de cualquier latitud del mundo, lo haremos por nuestra única, verdadera, irrenunciable independencia.

Sin embargo, aunque no importa que con muchos de nuestros camaradas en el continente no tengamos el mismo sentido de la “transparencia”, jamás se nos ocurriría develar voluntariamente lo que nos confíen nuestro hermanos de causa; aunque no importa que no compartamos algunas de las soluciones “sui géneris” que de buena fe se nos suele recomendar argumentando la tesis de que hasta “una victoria sería muy difícil de sostener”, jamás quebrantaríamos nuestro juramento de solidaria amistad leal. Claro está, que no admitiremos nunca como “solución decorosa” una salida imbuida de derrotismo. ¡Es nuestra senda, también, la de patria o muerte!

Con nuestro Che Guevara permaneceremos diciendo que “no se trata de desearle éxitos al agredido; hay que correr su misma suerte; acompañarlo a la victoria o a la muerte”. Y con Roque Dalton, con optimismo y eterno compromiso de internacionalismo y solidaridad insobornables, podríamos manifestarle a muchos:


“Habéis despreciado mi amor.
Os reísteis de su pequeño regalo ruboroso.
Sin querer entender los laberintos de mi ternura.
Ahora es la hora de mi turno.
El turno del ofendido por años de silencios.
A pesar de los gritos.
Callad
Callad
Oíd.


Con Bolívar y Manuel, con la ternura de los pueblos de nuestro lado, hemos jurado vencer y venceremos.


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