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Pero de eso no voy a hablar aquí. Creo con firmeza que la muerte que por desgracia le correspondió, riñó por completo con lo que un hombre como él hubiera merecido. Que lo otro quede para los desarrollos posteriores de la verdad y la justicia. Iván Ríos fue uno de esos seres que conservó a lo largo de su existencia, los rasgos del niño bueno y noble que debió ser en sus primeros años. La bondad, unida a cierta ingenuidad infantil, jamás se desprendió de él.

Tal y como nos escribía usted en su nota anterior, al gobierno le quedó grande la logística. Lo que uno ve es que el papel del gobierno nacional es solamente orientar, pero los encargados de cumplir y hacer cumplir quedan con las  manos libres. Preguntaron datos sobre vehículos y alimentos necesarios para el desplazamiento, pero luego manejaron eso a su antojo. Nos tocó contratar carros, 6 en Caño Tomás y 3 en La Esperanza.

El Camarada Alfonso era muy exigente con el personal en lo relacionado con la mentalidad revolucionaria y la disciplina que debía mantener, pero lo era más con el cuerpo de mandos y todavía mucho más con los de mayor jerarquía. No levantaba la voz ni gruñía, pero con su lógica aplastante y sus incisivas preguntas lograba arrinconar y avergonzar al destinatario de su crítica.

Ahora les digo a los familiares de Leonardo Tovar que comparto su dolor y lamento ser portadora de estas noticias trágicas. Todos en las FARC llevamos en el alma heridas parecidas, y son numerosas las familias de los combatientes que han tenido que soportar esta angustia y esta pena indescriptible. Los queremos a todos, y por eso queremos que nadie más vuelva a sufrir cosas semejantes en Colombia.