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Tal y como nos escribía usted en su nota anterior, al gobierno le quedó grande la logística. Lo que uno ve es que el papel del gobierno nacional es solamente orientar, pero los encargados de cumplir y hacer cumplir quedan con las  manos libres. Preguntaron datos sobre vehículos y alimentos necesarios para el desplazamiento, pero luego manejaron eso a su antojo. Nos tocó contratar carros, 6 en Caño Tomás y 3 en La Esperanza.

El Camarada Alfonso era muy exigente con el personal en lo relacionado con la mentalidad revolucionaria y la disciplina que debía mantener, pero lo era más con el cuerpo de mandos y todavía mucho más con los de mayor jerarquía. No levantaba la voz ni gruñía, pero con su lógica aplastante y sus incisivas preguntas lograba arrinconar y avergonzar al destinatario de su crítica.