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Pero de eso no voy a hablar aquí. Creo con firmeza que la muerte que por desgracia le correspondió, riñó por completo con lo que un hombre como él hubiera merecido. Que lo otro quede para los desarrollos posteriores de la verdad y la justicia. Iván Ríos fue uno de esos seres que conservó a lo largo de su existencia, los rasgos del niño bueno y noble que debió ser en sus primeros años. La bondad, unida a cierta ingenuidad infantil, jamás se desprendió de él.

Tal y como nos escribía usted en su nota anterior, al gobierno le quedó grande la logística. Lo que uno ve es que el papel del gobierno nacional es solamente orientar, pero los encargados de cumplir y hacer cumplir quedan con las  manos libres. Preguntaron datos sobre vehículos y alimentos necesarios para el desplazamiento, pero luego manejaron eso a su antojo. Nos tocó contratar carros, 6 en Caño Tomás y 3 en La Esperanza.